martes 27 de octubre, 2020

El socialismo del siglo XXI debe integrar los derechos humanos como parte esencial de su propuesta.

Publicado el 14/03/10 a las 9:57 pm

Por Pablo Anzalone.
Discurso de APERTURA DE LA 6ª CONFERENCIA NACIONAL DEL PVP, 6 de febrero de 2010.

Una conferencia de un partido es una instancia de debate, de discusión, de intercambio, de confrontación de ideas. Yo no puedo dejar de recordar a tres compañeros, Gerardo Gatti, León Duarte y Hugo Cores, con los cuales tantas veces participamos en instancias de discusiones, largas, apasionadas. Hugo, particularmente, era un enamorado del debate, creía que las cosas avanzaban y que las ideas se clarificaban a partir de los debates. Cuando no lo había le parecía que las cosas estaban muy mal, porque el debate era imprescindible para clarificar.
Para nosotros la conferencia es una instancia de ese tipo, que apunta a discutir, a hacer una evaluación de lo que pasó, pero sobre todo a proyectarnos hacia la próxima etapa que aparece en el país y tratar de definir —como hemos hecho muchas veces aun conociendo las correlaciones de fuerzas— líneas de acción. Siempre hemos tenido una vocación muy fuerte de analizar el panorama global, de definir los ejes principales de cómo actuar para incidir en la realidad, para cambiar las cosas, pelear para eso. Es una vocación de toda la vida en la fuerza política.
Hoy es una instancia muy especial porque estamos en una etapa muy interesante, muy importante, en la vida del país. Terminamos el primer período de gobierno y abrimos uno segundo, volvimos a tener mayoría parlamentaria, estamos de cara a las elecciones municipales en todo el país en los próximos meses. Pensando históricamente, cuando hemos vivido tantos períodos grises, tantos períodos duros y negros, este es un momento lleno de posibilidades y también de peligros, de riesgos y de temas en los cuales importa profundizar la discusión. Entonces es muy válida aquella idea central de Hugo, porque el acostumbrarse a la lógica del gobierno tiende a menguar, a matar las discusiones políticas de fondo, el análisis más estratégico de las acciones, de lo social, de lo político o en el marco en que estemos.
Estamos en una nueva etapa. Quiero enfatizar tres grandes ejes, tres ideas centrales: la estructura social, el desarrollo productivo y la democratización del Estado y la sociedad.
En esta nueva etapa está en juego la transformación de la estructura social. En el plano de la salud lo que se avanzó en el Sistema Nacional Integrado de Salud requiere consolidarse, ampliarse, profundizarse, generalizarse, transformarse en algo que involucre más allá del sistema de salud a toda la sociedad. Si no logra articular con el resto de la sociedad va a quedar un sistema mejor que lo que había, pero acotado a un conjunto de prestaciones y atención a la salud, y no será una transformación global de la salud de la población y de la manera cómo la sociedad organiza su relación con la salud, que va mucho más allá de la atención y las prestaciones, que significa participación social, integración, con todo lo que tiene que ver con calidad de vida, que significa conexión con el territorio, intersectorialidad, significa pensar globalmente estas cosas.
En el tema educación tenemos un enorme desafío, hay que revolucionar el sistema educativo, transformarlo, apoyarse en lo que se ha acumulado, corregir los errores políticos que se han cometido, buscar generar una dinámica en la cual la sociedad en su conjunto se comprometa con un proceso educativo diferente. Estos días he estado releyendo a Paulo Freire, y hay textos sobre el tema educación y participación comunitaria que son joyas, son piezas clave para el debate que todavía no hemos logrado dar acá, que es cómo hacemos para romper la relación autoritaria docente-alumno y generar procesos en los cuales en el aprendizaje y la enseñanza interactúan y aprenden y enseñan todos. En los cuales, más allá de la enseñanza formal, logremos también articular con la no formal, logremos articular con la comunidad, logremos generar procesos en los cuales los estudiantes, los padres, la comunidad sean sujetos del proceso educativo, sean actores del proceso educativo, sean protagonistas, eduquen y sean educados.
Esa dinámica, que va mucho más allá de la lógica de las comisiones de fomento de padres, implica pensar su participación no solo para arreglar los locales sino para ser educadores. Para eso hay que formar a los padres, generar un movimiento de padres, hay que formar movimientos comunitarios, así como los movimientos de usuarios de la salud transformaron la salud en una bandera, no solo para recibir una mejor atención sino para exigir un cambio en la manera de encarar la salud. La educación sola, consolidada en las mismas estructuras de relación autoritaria, paternalista, no es lo que requiere hoy el país. Porque la apuesta —todo lo que ha dicho Mujica y todo lo que está en el programa del Frente—, la necesidad de este país de proyectarse en el plano de la educación como una de sus principales estrategias , no es solo dar más clases y hacer más escuelas, es cambiar la estructura misma del proceso educativo. El Plan Ceibal es un enorme avance en la medida en que seamos capaces de profundizarlo, de utilizar esa plataforma tecnológica para involucrar a los padres, a los alumnos, para interactuar horizontalmente, para generar sujetos colectivos en torno a estos procesos.
Muchos han criticado en los sistemas educativos lo que Paulo Freire cuestionaba de manera tan fuerte como educación “bancaria”. Hay un texto de Freire sobre Educación y Participación Comunitaria que es particularmente agudo e ilustrador de cómo en nombre de un discurso de izquierda se puede hacer una práctica autoritaria. Y de las dificultades que tuvo cuando fue secretario de Educación del gobierno de San Pablo, mostrando cómo a veces en nombre de la izquierda había procesos de concentración del poder tales que no había manera de incorporar a los alumnos, ni a los docentes, ni a los padres, ni a los funcionarios de los centros educativos, en un proceso participativo. La idea de que se define un paquete central y luego todo el mundo aplica lo mismo en todos lados, esa concepción —que fue la base de la reforma Rama— fue una especie de dictadura interna en un régimen democrático, una enorme concentración de poder que luego pretendió reproducirse en todos lados y generó un conjunto de resistencias cada vez mayores que terminaron en el fracaso en la mayoría de los casos. Como izquierda no podemos reproducir eso, lo cual no quiere decir que nos subordinemos a la lógica corporativa o a las lógicas empobrecedoras del debate que a veces surgen de los gremios, porque no siempre los gremios han logrado pasar de la reivindicación inmediata o de la exigencia de poder para sí mismos a tener una propuesta transformadora más de fondo para el conjunto de la sociedad.
La generación de un sistema global de protección social fue lo que empujó al Ministerio de Desarrollo Social (MIDES), lo que se empujó en el programa; salimos del Plan de Emergencia, ya no estamos pensando solo en la emergencia, estamos pensando en generar estructuras de protección social que funcionen globalmente en la sociedad, que articulen globalmente la sociedad y que corrijan las inequidades que siguen existiendo. A pesar de todo lo que se ha avanzado en materia de reducción de la indigencia y la pobreza, hay un conjunto de inequidades que siguen funcionando socialmente y se reproducen mediante mecanismos que tienen vida muy fuerte en esta sociedad, y si no los desarticulamos, si no generamos una lógica completamente distinta, de empoderamiento de la sociedad en relación con eso, no vamos a lograr una transformación de fondo.
El segundo aspecto que queremos enfatizar hace al tema del desarrollo productivo. Está muy claro que hemos tenido un crecimiento económico excepcional y hay niveles de inversión como hace muchísimos años que no había en el país. Es un elemento extraordinariamente positivo, hay que decirlo con todas las letras, está muy bien que haya inversiones, está muy bien que haya crecimiento económico, porque ese es uno de los componentes de cualquier proyecto de izquierda en este país. Pero está claro que el crecimiento económico no es el objetivo ni el elemento principal; es una parte, es uno de los componentes, pero para desarrollar el país desde el punto de vista productivo, para generar un aparato productivo fuerte es necesario, por un lado, algo que Mujica ha jerarquizado mucho, que es una inversión importante en infraestructura, sustantiva, que genere proyecciones hacia delante y hacia el futuro.
Pero, por otro lado , no alcanza con la lógica del “clima de negocios”. Porque, durante mucho tiempo, como la idea era que el mercado era el que definía y el capital definía dónde invertía, el propio concepto de modelo de desarrollo fue desacreditado, porque qué modelo de desarrollo vas a plantear si lo que importa es adónde viene el capital. El capital define por sí adónde va. Algo de eso ha pasado acá, hemos tenido un incremento muy importante de inversión extranjera en áreas localizadas, pero eso debe articularse de manera tal de desarrollar otros componentes del aparato productivo. Se trata de desarrollar la pequeña y mediana industria, de promover otros elementos que apunten a una sustentabilidad y un desarrollo del mercado interno. Necesitamos un aparato productivo fuerte, afirmado tanto hacia fuera como hacia dentro, y sobre la base de evitar procesos de concentración monopólica, procesos de concentración de la riqueza cada vez mayores, que los hemos tenido.
El desarrollo productivo es un gran capítulo que tenemos para adelante, en el cual es imprescindible utilizar esa plataforma que es hoy el hecho de que el país haya logrado enfrentar la crisis internacional —por lo menos lo que ha pasado hasta ahora, la crisis no ha terminado— con un nivel de éxito importante, y, como decía Bonomi, sin caer en las recetas que apuntaron a descargar la crisis sobre los sectores más carenciados o retroalimentar los procesos de desmantelamiento productivo. Por el contrario, hay posibilidades de desarrollar hacia delante eso, para lo cual se requieren un modelo de desarrollo, políticas de desarrollo, un accionar fuerte en materia de energía, de logística y de iniciativas hacia pequeños y medianos emprendimientos.
Y el tercer elemento que queremos enfatizar es la democratización de las políticas públicas. Concebimos la democratización como una de las claves de todos los procesos de cambio. No se trata solo de procesos de descentralización, se trata de un proceso de transformación más profunda del conjunto del Estado. Eso significa transferencia de poder, significa también involucrar a la población de otra manera en relación con las políticas públicas. No es solo desconcentrar servicios —aunque está bien desconcentrar los servicios para que estén más cerca de la gente—, ni es solo la elección de las autoridades políticas locales, que es lo que se ha logrado con la ley de descentralización. Nos parece bien que haya elecciones directas, que la población elija directamente sus autoridades locales, que se creen municipios, que se elijan concejos municipales, que se elijan alcaldes o alcaldesas. Pero eso debe ser parte de una estrategia más global que incluya un incremento, una diversificación y un enriquecimiento de la participación social y de la participación ciudadana en un conjunto mucho más amplio de posibilidades, eso solo no alcanza.
Entonces aplicar la ley de descentralización, construir alcaldías, generar instancias de elección directa, pero también promover cabildos, como está planteado en Montevideo, lógicas y ámbitos donde todas las organizaciones sociales de una zona sean capaces de discutir un plan de desarrollo local, que se puedan discutir y generar instancias de consulta a la población, de involucramiento de la población, instancias en las cuales además de la relación representante-representado haya posibilidades de participación directa. Construir esta democratización de las políticas públicas va mucho más allá de lo municipal; pasa por lo municipal, pasa por lo departamental. Las cuestiones municipales no son temas menores, son temas centrales de aplicación del programa, pero también tiene que involucrar a las estrategias nacionales que se aplican en todos los ámbitos de la vida del país, desde el accionar de los entes autónomos hasta la salud, la educación, cada una de las instancias en las cuales se juega la calidad de vida. Sobre todo eso es importante generar procesos de empoderamiento, de fortalecimiento de la ciudadanía y del pueblo.
Un aspecto importante en este capítulo es el tema de los derechos humanos, de la justicia, de la verdad, sobre lo cual hay que seguir avanzando, hay que seguir peleando. Debemos valorar cosas que se han dado en estos días, la extradición de Cordero, por ejemplo, o la reafirmación por parte del Tribunal de Apelaciones de la condena a los represores, a los torturadores que hicieron desaparecer a tantos compatriotas. Compañeros nuestros junto a otros familiares promovieron las causas judiciales que metieron presos a estos milicos, y hoy la justicia lo reafirma, a pesar de la derrota que tuvimos en el tema del voto rosado . Lo que se ha acumulado en ese sentido es una base para seguir avanzando en ese plano, hace a la democratización más profunda de la sociedad, a erradicar para siempre el terrorismo de Estado, la doctrina de seguridad nacional y el lastre que son las concepciones autoritarias.
En la Conferencia hay algunos materiales que pretenden desarrollar un análisis y una reflexión sobre los temas del socialismo. La explicación nos parece importante: estamos en un momento de cambios fuertes en toda América Latina, una parte de esos procesos ha tomado la bandera del socialismo del siglo XXI, otros no, y en nuestro país no hemos tenido en estos años un proceso de discusión y de debate que vuelva a plantear el tema socialismo, que proponga debatir, discutir al respecto. Y a la hora de definir grandes lineamientos estratégicos, encarar procesos de transformación estructural, encaminar grandes orientaciones, es imprescindible tener un marco teórico general de para dónde vamos, para dónde queremos ir.
No quiere decir que esté en el orden del día la implantación del socialismo, pero fue un error histórico de concepciones anteriores pensar que todo era un desarrollo tan preciso que determinaba etapas prefijadas, compartimentos estancos. Lo que pase mañana se basa en lo que pasa hoy, y lo que se vaya construyendo hoy va a condicionar las posibilidades de lo que se haga mañana. Por lo tanto todas las reflexiones globales implican necesariamente volver a pensar, retomar esa discusión, sobre todo porque el capitalismo sigue demostrando que no le ofrece a la humanidad ningún futuro de paz ni de crecimiento económico ni de desarrollo humano. Por el contrario, junto con procesos de crecimiento hay gravísimas crisis, y junto con procesos de derrota de dictaduras en América Latina sigue habiendo invasiones de los países imperialistas a países dependientes o del Tercer Mundo, y se legitima el statu quo por el cual hay fuerzas de ocupación en determinados países, lo que termina siendo aceptado por el conjunto del contexto mundial. De modo que la guerra sigue estando en el escenario mundial todos los días. Y eso surge básicamente por los elementos que desde hace varios siglos originan la guerra, que son la rapacidad imperialista, los intereses económicos, el control de las materias primas, los intereses de hegemonía y de control político. Eso sigue siendo así, por lo tanto ese tema implica también ver cuál es el horizonte de superación de ese marco global.
Y el horizonte de superación del capitalismo puede ser el socialismo. Pero para serlo hay que saldar cuentas con concepciones erróneas del pasado. No es posible replantear las banderas socialistas si no saldamos cuentas con algunos de los errores más graves que se cometieron en nombre del socialismo. Si no, sería levantar un ídolo con pies de barro, un ídolo que, en algunos de sus desarrollos, generó procesos que fueron contradictorios en su esencia con los postulados básicos que se levantaban.
No hay procesos irreversibles, lo decía Bonomi, no corre más la idea de la linealidad del desarrollo histórico, la idea del desarrollo indefectible hacia el socialismo, de que la historia tenía un solo carril y una sola flecha y eso era indefectible. Esa manera mecanicista, lineal, de concebir la historia, demostró ser profundamente equivocada, no hay ninguna garantía de que el socialismo vaya a ser la sustitución del capitalismo, dependerá de cómo los pueblos se organicen, peleen y desarrollen sus luchas. Pero para desarrollar las luchas tenemos que ponernos de acuerdo en qué entendemos por eso, cuáles son las banderas, de qué estamos hablando en cada caso.
Y para eso creemos que vale la pena retomar ese proyecto ideológico, replantearlo en términos de reflexión, sin pretender ideas acabadas, ni pontificar, ni definir dogmas o establecer recetas para aplicar en todos lados, sino generar ideas fuerza que nos ayuden a actuar en la realidad de hoy, en la realidad que tenemos en este período.
Una de las cosas que nos parece necesario saldar con el pasado es la subestimación de la democracia, de las libertades públicas y de los derechos humanos. No todas las corrientes de izquierda, pero muchas y una gran parte de las experiencias llamadas del socialismo real, dejaron de lado esos componentes, le cedieron al capitalismo esa parte del discurso, cuando en realidad es un discurso de izquierda, transformador. Es un discurso revolucionario plantearse el tema de los derechos humanos en toda su integralidad, o plantearse el tema de las libertades públicas en profundidad, como proceso de transformación en el que se vayan combatiendo las amputaciones que el capitalismo le genera a la democracia, y se generen procesos cada vez mayores en ese plano.
La idea economicista de que el desarrollo de las fuerzas productivas va a generar un cambio indefectible y predeterminado en las relaciones de producción no puede sustentarse ya, no funciona así la historia, no ha sido así. Hay que romper con esa idea y pensar que el desarrollo de las fuerzas productivas tiene que estar integrado con un modelo productivo determinado, con una manera de concebir el conjunto del desarrollo social, de lo cual esto es una parte, interactúa con lo político y lo ideológico.
Está muy claro que en una concepción del socialismo en este período es necesario poner el énfasis en los temas políticos e ideológicos. El Che en su momento planteó los temas ideológicos, el tema del socialismo y el hombre en Cuba, y desarrolló una larga polémica sobre por qué la cuestión ideológica , los valores morales, era un elemento fundamental para la transformación socialista. No alcanzaba con mecanizar o instaurar sistemas para tener una producción seria, más eficiente. Era necesario generar un hombre nuevo
—hoy decimos un hombre y una mujer nuevos.
Sigue siendo así, hay que apoyarse en esa tradición, en las tradiciones que ponen el énfasis en la transformación en los valores, que es y va a ser una de las claves del debate político y de la lucha política en los próximos años, porque no hay manera de construir una sociedad de izquierda si esa sociedad está permeada por valores autoritarios, machistas, individualistas que fundamentan la violencia intrafamiliar, la discriminación o la segregación. No es posible sustentar a la izquierda con esto y muchísimo menos generar procesos socialistas. Entonces jerarquizar ese componente, desarrollarlo como parte de una discusión forma parte de esta concepción de socialismo.
Y el tema político. Para nosotros la idea fuerza central de una concepción de socialismo con base libertaria, con preocupación libertaria es la democratización radical de la sociedad. Es crear una democracia participativa, un sistema político en el que la población tenga una participación fuerte, protagónica en el desarrollo de las políticas públicas, en el accionar del Estado y de los procesos sociales más amplios. Ese componente de la participación social y política es el eje central de una propuesta de transformación de tipo socialista. Porque es crear nuevas relaciones de poder en la sociedad, es cuestionar los mecanismos de reproducción del poder, es generar una lógica que abra nuevas reflexiones sobre los micro-poderes, sobre la manera como los poderes se reproducen en el interior de las organizaciones políticas y de las organizaciones sociales, de las organizaciones estatales. También la manera como la institucionalidad de esta sociedad reproduce un conjunto de micro-poderes que escamotean a la gente la posibilidad de decidir, de ser protagonista, de incidir, de gestar procesos nuevos.
Generar esto también tiene que ver con una concepción del socialismo según la cual es necesario reivindicar la diversidad en la trama social. Pensar en una trama social protagónica, participativa, que es el componente central de un proyecto socialista. El Estado también necesita reformularse en ese plano. Es necesario repensar la sociedad desde el ángulo de este componente de democratización, de involucramiento, rescatando la diversidad de participación, no pretendiendo uniformizar todas las formas de participación social, sino apoyándolas, incentivándolas y generando mecanismos de confluencia, porque si no hay mecanismos de confluencia no hay posibilidades de discutir el poder. El poder se organiza desde el nivel nacional. Por lo tanto la democratización del mismo para los sectores populares requiere ser capaces de plantear opciones a nivel nacional, opciones en las cuales la participación social local se transforme en voluntades globales para incidir en la esfera nacional.
Esa es una discusión que importa en la concepción del socialismo, porque como izquierda hemos desarrollado una larga reflexión sobre la participación comunitaria, sobre la descentralización, que no siempre ha sido coherente con las prácticas pero que tiene un discurso fermental. Es la idea de que lo local y el territorio son un ámbito privilegiado para generar el involucramiento de la sociedad civil y para generar actores locales que incidan en cada uno de los temas de la calidad de vida. Ese componente del territorio y de lo local, esa jerarquización de lo local es un elemento fuerte que hay que incorporar en el discurso de la izquierda, que hay que incorporar en la concepción finalista; no es una etapa de transición, hace a la concepción finalista la idea de que haya poder local, participación local, involucramiento social comunitario en cada ámbito local.
Pero no alcanza con lo local, esto tiene que articularse en lo regional, en lo departamental y en lo nacional. Cualquier trabajador, cualquier sindicalista, cualquiera lo sabe: ningún comité de base de una fábrica va a lograr generar un convenio general, se necesita un sindicato nacional, se necesita una organización nacional. También cualquier corporación empresarial lo sabe, por eso están tan bien organizadas las corporaciones empresariales, porque, más allá de cada empresa, para incidir en la escena política nacional hay que tener un discurso y una organización globales. Eso también pasa con todas las formas de organización popular que existen a nivel comunitario.
Eso también significa tener una concepción de las clases que no reduzca, que no sea reduccionista, que piense las clases insertas en una estructura de fuerzas sociales, desarrollándose en múltiples contradicciones, en una estructura dinámica en la cual se pueden y se deben generar múltiples alianzas entre áreas y sectores que tienen intereses parcialmente distintos pero que a su vez tienen áreas comunes, áreas de negociación o enemigos comunes.
Esta idea del territorio, de lo local, de lo nacional pensados desde una estrategia de descentralización, esta idea de generar y profundizar procesos participativos que abarquen al conjunto de la sociedad hace a una concepción de tipo finalista democratizadora.
Por otro lado, también es importante señalar que no se limita a generar ámbitos de participación. Hay que generar ámbitos de participación pero luego hay que hacer un duro debate ideológico, de organización, de trabajo con la gente para que esto se llene con prácticas de tipo solidario, cooperativo, fraterno, de respeto a la equidad, de promoción de determinados valores. Eso que Jorge Bentancur y los compañeros del Cerro saben tan bien, el desarrollo de este tipo de prácticas en cualquier barrio, en cualquier zona. Y que sabe cualquiera que trabaje en una organización social, en un sindicato. Muchas veces hay un debate ideológico a dar en el campo popular sobre cuáles son los valores, cuáles son los objetivos. Eso forma parte de una práctica que la fuerza política debe tener en cuenta, no para manipular nada sino para saber que tiene que desarrollar en la sociedad ese combate ideológico.
El otro aspecto fundamental que hay que incorporar en cualquier reflexión es el rol de la fuerza política. Una de las grandes, gravísimas catástrofes, tragedias que ha tenido la izquierda ha sido la fusión del partido con el Estado, ese ha sido uno de los factores que han generado la destrucción de varios procesos revolucionarios, la transformación de esos procesos revolucionarios en sistemas autoritarios, porque el partido no puede mimetizarse con el Estado, el partido tiene que jugar un rol diferente, tiene que jugar en la sociedad, tiene que jugar en esa cancha, tiene que ser una instancia permanente de reflexión y de acción hacia la comunidad, hacia la sociedad. Y tiene que ser capaz también de hacer autocríticas y de revisar su propia estructura y su propia práctica. También hace a una concepción finalista, no podemos pensar en una concepción en la cual el partido se identifique con el Estado; el partido y el Estado tienen que tener sus roles específicos, y el partido y los partidos tienen que generar, por medio de una trama políticamente democratizadora, esta transformación que hace a reivindicar y a retomar la política en un sentido liberador, en el sentido transformador más profundo. Una política organizada en cada barrio o pueblo, cuyas prácticas no se limitan a la gestión estatal, implica una subversión  y un antídoto contra la cooptación por parte del Estado.
Para redondear, ninguna idea del socialismo puede pensarse ya como un estadio final de nada, debe pensarse como una etapa, una instancia, una meta, un gran cambio revolucionario por el cual pelear desde ahora, sabiendo que va a generar luego otras metas, otras utopías, y que esa dinámica de ir generando nuevas utopías es esencial a la propia concepción del socialismo, que no es la aplicación de un modelo y que con eso se alcanzan todas las metas, sino al contrario, pensar en un proceso en el cual cada avance genera mayores posibilidades en todos los campos de la vida.
Todas estas cosas pueden ser muy abstractas y muy generales, y en parte tienen que serlo, porque hay una parte de la reflexión que tiene que ser teórica, pero hay mucha experiencia muy rica en toda América Latina y en nuestros propios procesos para llenar esto de contenido y atar estas reflexiones con nuestras prácticas. Las banderas socialistas no pueden ser una especie de miriñaque. Raúl Cariboni, un gran compañero nuestro que hoy no está, decía que algunas concepciones transformaban la teoría en una especie de miriñaque, aquellos vestidos con andamiaje de alambre que en realidad dificultaban la danza. Las banderas socialistas no pueden ser un rótulo desvinculado de las ideologías, de las estrategias y de las prácticas.
El socialismo del siglo XXI debe integrar los derechos humanos y los avances doctrinarios en este campo como parte esencial de su propuesta, enfrentando las situaciones de opresión e injusticia. La creación de una cultura de derechos contribuye a dignificar a los hombres y mujeres y a proyectar sus objetivos de desarrollo humano.
Hablamos de ideas fuerza sobre socialismo y no de recetas. No se trata sólo de postulados a aplicar en un futuro más o menos mediato, sino de ideas para orientar nuestra lucha ahora. Respetando los procesos que nuestro pueblo está llevando adelante, las correlaciones de fuerzas y buscando influir sobre ellos en el sentido de los objetivos populares más trascendentes. Actuando sobre los desafíos de hoy, con espíritu crítico pero con compromiso, aportando todas nuestras fuerzas para hacer avanzar nuestro país hacia una democracia participativa, con justicia social, con desarrollo productivo. Para pelear la batalla de los valores morales, de la ideología, del hombre nuevo. Cuestiones todas difíciles, complejas, que se construyen entre todos.
Para discutir todos estos temas, iniciamos hoy nuestra sexta conferencia.
Gracias , compañeros.

3 Comentarios para “El socialismo del siglo XXI debe integrar los derechos humanos como parte esencial de su propuesta.”

  1. roberto

    Mar 15th, 2010

    La realidad:

    De no haberse desmoronado el socialismo real, todavía estaríamos combatiendo la cultura anti-comunista, y seria bien dudoso que el progresismo hubiese crecido hasta arribar al gobierno nacional. Las sucesivas creaciones como producto de las amplitudes de las alianzas, permitieron incluir sectores sociales, que cuestionan el proyecto de la izquierda revolucionaria.

    Un tema apasionante, la revisión de esas construcciones que permitieron el desarrollo de una política de la reacción, definida como guerra fría, al termino de la cual el Imperio tuvo que generar la guerra contra el fantasma del terrorismo, liberando de nuevo sus fauces sangrientas para destrozar pueblos e imponer su hegemonía guerrerista.

    Uruguay tiene una deuda profunda, que se titula recobrar su independencia política, atenazada por los imperativos geo-políticos, sobre todo económicos, baste el ejemplo de lo que tendremos que pagar, en años sucesivos, inhibiendo nuestro desarrollo, desde nuestra propia energía, en lugar de tener que vendernos al inversionismo extranjero, mas allá de las piruetas de vitrina, los que vienen a invertir se la llevan, de lo contrario bien simple no lo harían, y este juego nos condena a muchísimo tiempo de capitalismo y de ignominia y retraso.

    No estamos perdidos, pero que hay mareo, y escasez de manejo de la realidad es indudable, no creo que sean malas intenciones, pero en verdad crea un mundo bizarro de ilusiones hacia la agonía de la identidad con que nació el proyecto frenteamplista.

    A modo de ejemplos: – se ensancho la distancia entre los pobres y los ricos, a favor de estos últimos.
    20 años de Intendencia Capitalina, no lograron establecer ni participación ni se democratizo el departamento, demostrando sin lugar a dudas una enorme incapacidad, salvo algún chispazo, baste repensar el planteo de la futura candidata.

    Si alguien quiere polemizar con este axioma, de la realidad, que piense en los más de 50 mil votos que perdimos en Montevideo, y los que perderemos.

    Perdimos representación parlamentaria, aun manteniendo la mayoría.

    No seria digno de análisis estas realidades?

    La fuerza política, fue absorbida por el gobiernismo, que al igual que hoy, parece que va hacer lo que se le antoja, como le parece, y ¨a naides va escuchar, mas allá del teatro.

    20 años no es nada canta el ¨mago¨¨, hurgando por generaciones, y sin un proyecto que los quite de allí. Por el contrario, los organizamos para que continúen de forma mas efectiva, en recoger lo que otros tiran.
    Paradojalmente, los Mirza y indamais, cobrando sueldos enormes para armar proyectitos de sustentabilidad de la miseria.

    Freire, no estaba enfrentado a las fuerzas conductistas de los medios de comunicación actual, que han invadido todos los silencios, exacerbando, minando, degenerando.
    Combate estratégico, controlar y digitar, estos sistemas y personajes, para empezar hablar de comunicación de educación de restablecimiento de valores.

    Los derechos Humanos, son de un universo que abarca cuanta acción, condición y proyección, tengan un hombre u mujer sobre el hábitat de la tierra toda, solo que en lugar de hacernos los perros boludos, con los genocidios actuales del continente africano, de Haití, de Irak, deberíamos no solo condenar al Imperio, sino tomar cuanta distancia nuestro coraje y compromiso con la historia lo permitan.

    20 años de IMM, da para pensar, que pasara si logramos gobernar 20 años, con la anuencia de la derecha y el beneplácito del Imperio.

  2. arlette

    Mar 16th, 2010

    UN PEQUEÑO APORTE PARA REFLEXIONAS…

    martes 16 de marzo de 2010
    La izquierda latino-americana en el poder: ¿Cuál izquierda?
    Mauricio R. Alfaro (especial para ARGENPRESS.info)

    Introducción

    En América Latina, la izquierda en el poder refleja ser algo móvil. Algo que se vuelve difícil de evaluar, de pensar. Ya que, de acuerdo a las circunstancias, cambia.

    Cambios producidos por actores políticos de izquierda que, en un momento, eran y decían una cosa y luego en otro, sin inmutarse, dicen y hacen otra.

    Lo que produce confusiones, frustraciones, cansancios que tienden a provocar giros en cuanto a la sensibilidad política del electorado. Giros que, como es ya el caso en algunos países de la región, podrían significar el comienzo del fin de un ciclo de izquierda y el inicio de otro, marcado, esta vez, con el retorno al poder de la derecha regional.

    Ese hipotético regreso de la derecha al poder (tomando en cuenta que fue la que propició el casi vaciamiento de la región con su programa neoliberal), nos hace pensar en algo así como sí la América Latina hubiese sido alcanzada por la maldición de Sísifo.

    El cual, según cuenta la mitología griega, había sido condenado por los dioses a llevar, cuesta arriba, a la cima de una colina, una enorme piedra. Pero siempre, cuando estaba a punto de llegar, después de grandes sacrificios, la piedra caía de nuevo y con ello, Sísifo tenía que recomenzar todo el ciclo.
    A nosotros, la maldición de Sísifo, nos hace pensar en algo que se parece a un péndulo político. El cual, en referencia a los pueblos latino-americanos, simbolizaría el eterno retorno, después de grandes luchas populares, a lo mismo.

    Lo que, por hoy, como expuesto más arriba, sería esa amenaza de un posible regreso, a lo largo de la región, de la derecha al poder.

    Derecha que, como es de esperarse, inmediatamente después de su triunfo, con su instinto malinchista profundamente interiorizado, comenzaría todo un proceso para reinstalar, con bríos revanchistas, su implacable política de despojo. Hasta que el cansancio popular se reinstale y con el recomience, una vez más, el famoso ciclo del que ”se vayan todos”.

    ¿En la América Latina de hoy, cómo pueden entenderse estas idas y vueltas del péndulo político?

    Tesis, antítesis y síntesis

    La izquierda latino-americana (I. L.) en el poder suscita diversas reacciones que van desde el más amplio optimismo como es el caso de Noam Chomsky, Ignacio Ramonet, Eduardo Galeano -que recientemente celebró con comentarios muy optimistas la llegado al poder del izquierdista José Mujica en Uruguay –, hasta ciertas miradas críticas (la de James Petras, por ejemplo,) que se cuestionan sobre el papel transformador de la I. L. en el poder.

    Para captar en sus tendencias más generales estos puntos de vista divergentes de una misma dinámica política, hemos ideado utilizar la trilogía tesis, antítesis y síntesis

    . En donde el momento optimista ocupa el lugar de la tesis y que siguiendo a Chomsky (en Rebelión), puede plantearse así:

    “América Latina es hoy el lugar más estimulante del mundo.

    Por primera vez en 500 años hay movimientos hacia una verdadera independencia y separación del mundo imperial; se están integrando países que históricamente han estado separados.

    Esta integración es un prerrequisito para la independencia. Históricamente, Estados Unidos ha derrocado un gobierno tras otro; ahora ya no puede hacerlo. Hay un movimiento hacia la unificación regional: se empiezan a formar instituciones que, aunque no funcionan del todo, comienzan a existir
    . Es el caso de Mercosur y Unasur.
    Otro caso notable en la región es el de Bolivia. Después del referendo hubo una gran victoria, y también una sublevación bastante violenta en las provincias de la Media Luna, donde están los gobernadores tradicionales, blancos. Un par de docenas de personas murieron. Hubo una reunión regional en Santiago de Chile donde se expresó un gran apoyo a Morales y una firme condena a la violencia, y Morales respondió con una declaración importante.

    Dijo que era la primera vez en la historia de América Latina, desde la conquista europea, en que los pueblos habían tomado el destino de sus países en sus propias manos sin el control de un poder extranjero, o sea Washington.

    Esa declaración no fue publicada en Estados Unidos”.

    En contraposición a la tesis optimista, existe una antítesis la cual es de contenido crítico.

    En esta corriente se sitúa James Petras (en Aporrea) el cual resume en una entrevista el contenido de un análisis que él viene repitiendo desde hace ya algún tiempo.

    En esa entrevista, Petras plantea lo siguiente:

    “…sobre la política en América Latina, argumenta James Petras, podríamos anotar dos cosas.

    Una, es el debilitamiento de la derecha tradicional, un repudio en las elecciones, aparte de Chile.

    Y segundo, el surgimiento del liberalismo social; es decir, [haciendo avanzar] el capitalismo a partir de los agro minerales, exportadores y algunos sectores manufactureros.

    Con altos precios en gran parte de las industrias mineras, de gas, petróleo, metales, los agro-negocios de granos, azúcar, soya, han conseguido ingresos y apoyo de sectores de la burguesía para una victoria para el centro-izquierda en Uruguay, en Bolivia, que son gobiernos realmente capitalistas que tienen enorme presencia de capital extranjero…

    En el sur de La Paz que era bastión de la derecha Evo Morales consiguió la mayoría por primera vez y también contribuyentes importantes para su campaña de sectores de Santa Cruz y otros lugares.

    ¿Qué significa el liberalismo social?

    ndica simplemente una política asistencialista, programas contra lo que llaman la pobreza extrema, dentro de los parámetros estructurales del capitalismo.

    Y eso indica que las estructuras de clase, las desigualdades y la concentración de riqueza van a seguir igual.

    Y la izquierda ignorante sigue hablando de cómo estos son grandes avances de izquierda, que no lo son. Son lo que son: capitalismo con programas asistencialistas.

    Todo eso significa que los movimientos sociales se han enganchado al tren del liberalismo social, han dejado de ser protagonistas con su propia agenda.

    Lo mismo pasa en Brasil y podríamos decir que en Argentina no hay gran diferencia”.

    Lo vemos, la I. L. en el poder nos sitúa frente a un movimiento contradictorio en donde para unos, ella es fuente generadora de optimismo mientras que, para otros, el mismo movimiento, es fuente de fuertes críticas y de un cierto escepticismo.

    En la perspectiva de Chomsky, la izquierda en el poder es presentada como aquella fuerza que, en su movimiento, está en proceso de preparar las condiciones necesarias para realizar lo que Evo Morales llama: la segunda independencia de la América Latina. En función de este objetivo, la izquierda estaría fomentando, desde ya, importantes iniciativas autónomas -tales como el Mercosur y la Unasur- que, en su momento, podrían ser las bases institucionales desde las cuales, la región podría renacer a su vida independiente.

    Para Chomsky, estas iniciativas de autonomía regional ya no son simples formulas declarativas sino que ya demostraron sus primeros actos soberanos. Y esta ocasión se presentó cuando Evo, con la alianza regional, fue capaz de revertir y tomar la iniciativa frente la amenaza de golpe de Estado orquestado por la Media Luna boliviana. El todo demostraría entonces que, para Chomsky, la América del Sur, progresivamente, con sus iniciativas, ha dejado de ser el patio trasero de los EE UU. Dado que los nuevos gobiernos de izquierda, han dejado de ser simples marionetas bajo control de la potencia americana.

    En contraposición, lo vemos en su discurso, Petras se sitúa frente a la I. L. en el poder en otra perspectiva y desde aquí, no ve en ella otra cosa que una continuación de lo mismo, por otros medios.

    Es decir que los antiimperialismos, los nacionalismos, el indigenismo y todas las formas discursivas de la izquierda regional en el poder, en los hechos, no van más allá que producir y concretizar un simple asistencialismo, detrás del cual se produce y reproduce el mismo capitalismo dependiente de siempre.

    El cual ha aceptado, como un destino inevitable, el carácter agro-exportador y extractivo de la región.

    Esto significaría, al contrario de lo que sostiene Chomsky, que la América Latina con la I. L. en el poder, no se orienta hacia su independencia, sino al fortalecimiento de un modelo económico viejo de cinco siglos

    . Lo que implica, sostiene Petras, que en esencia: “las estructuras de clase, las desigualdades, y la concentración de la riqueza va a seguir igual”.

    Lo nuevo que encontramos en el discurso de Petras es cuando él observa que las derechas regionales, como sería el caso en Bolivia y en Uruguay, han evolucionado políticamente, ya que ellas, gracias a las nuevas posibilidades de enriquecimiento que la I. L. en el poder les ofrece, se ha movido al centro-izquierda.

    El caso a anotar es que en su movimiento, la I. L. y su programa político de liberalismo social, sostiene Petras, ha enganchado a los movimientos sociales en su dinámica.

    Lo que significa, según él, que estos han dejado de ser protagonistas en la dinámica política regional.

    Nuestras observaciones de los procesos políticos de la I. L. en el poder, nos hacen decir que, en efecto, durante algún tiempo, ella creo grandes expectativas en la región e hizo de ésta, como Chomsky lo plantea, “el lugar más estimulante del mundo”.

    Pero constatamos que el optimismo va, progresivamente, cediendo y con él, abriendo paso a un período de incertidumbre en cuanto a su propio avenir

    Llegamos entonces, luego que comparamos las dos corrientes de izquierda dominantes en la región, tal como expuestas más arriba, al momento de la síntesis. La cual, desafortunadamente, como ya puede deducirse de nuestra exposición, no se concretiza en una unidad superior si no en una unidad regresiva.

    Esta síntesis regresiva, nosotros la detectamos en una entrevista hecha al general Alberto Müller Rojas (en Aporrea), vicepresidente del Partido Socialista de la Unidad de Venezuela (PSUV). En ella un periodista hizo el planteamiento siguiente:

    “Fidel Castro dijo que veía la posibilidad de que en América Latina vuelvan gobiernos de derecha, y uno piensa en Venezuela. [A esto último, el vicepresidente del PSUV responde] Esa es una posibilidad…”

    Lo vemos, la síntesis regresiva a que ha llegado la I. L. en el poder se concretiza en una incertidumbre, en donde las posibilidades existen, según Fidel, de un regreso de la derecha regional al poder.

    Es decir, a lo mismo, según lo expresábamos con nuestra imagen del péndulo político latino-americano.
    El caso sorprendente de todo esto es que uno de los países amenazados con el regreso de la derecha, es la Venezuela de Hugo Chávez.

    Referencia de la izquierda mundial y uno de los más grandes promotores de los cambios regionales. ¿Ese progresivo desencanto del electorado latino-americano con la izquierda en el poder, cómo podría explicarse?

    De la ruptura a la institucionalización

    Creemos que con lo expuesto anteriormente, ya hemos avanzado un buen tramo para tratar de responder a esa pregunta y que siguiendo a Petras se podría resumir así: la I. L. en el poder no ha ido más allá que ser un cambio en la continuidad.

    Es decir que todas las luchas populares que impulsaron la llegada de la I. L. al poder con el fin de que está aportara cambios substanciales, en los hechos, se redujo a gobiernos asistencialistas (o socio-liberales) que se cuidan muy bien de no tocar los fundamentos del poder elitista regional.

    La I. L. renunciaría, de esta forma, a promover el cambio social y en su lugar, adoptaría, como lo veremos más lejos, un pragmatismo remarcable.
    De ahí, nuestra pregunta: la Izquierda latino-americana en el poder:

    ¿Cuál izquierda? Para tratar de responder a esta interrogante, sigamos ese proceso que va: de la ruptura a la institucionalización.

    El momento de ruptura es, para nosotros, aquella etapa inicial en que los movimientos políticos de izquierda enfrentaban con métodos extra parlamentarios de lucha a las élites regionales en el poder.

    Generalmente, en esta fase, la izquierda se descubría como la portadora de una causa noble, a través de la cual, ella podía imaginar una América Latina distinta.

    En donde los ideales de justicia social, fraternidad y libertad de los pueblos comandarían las decisiones políticas.

    Y con ellas, ir creando, progresivamente, las condiciones históricas para alcanzar un fin único: terminar con el oprobioso neo-colonialismo regional. Fuente inagotable de pobreza y de exclusión social de las mayorías latino-americanas.

    La América Latina sería así, al fin, fuerte, soberana y, por lo tanto, responsable de su propio destino.

    Eran estos aquellos tiempos, en que la izquierda regional propagaba su “Buena Nueva.”

    Y para ello, ella adoptaba una mística de lucha ejemplar; con la cual, por su impacto sugestivo, lograba atraer a pequeños grupos (o individuos) aislados que, progresivamente, ella cohesionaba.

    Y luego que esto sucedía, estos se ligaban a su vez a otros grupos (o individuos) y los consolidaban. Y así, paulatinamente, con una buena dosis de paciencia de largo alcance, los grupos iniciales se convertían en células orgánicas que, en un momento de su desarrollo, lograrían forjar la militancia revolucionaria regional.

    La etapa de ruptura, por su fe inquebrantable en el futuro y su generosidad, la podemos entonces también llamar la etapa idealista, utópica de la izquierda regional.

    La cual blindada con la pasión revolucionaria decidía ir al “asalto del cielo”.

    Eran estos los tiempos de la lucha de clases; de la definición de las tácticas y las estrategias; de la definición de quienes son los amigos y quienes son los enemigos del pueblo, etc.
    Pero sobre todo, eran los tiempos en que se creaba al Hombre y la Mujer del futuro.

    Los que forjados al calor de la lucha, serían los artífices de la Nueva América Latina. Lula y Mujica, el Presidente electo del Uruguay, clarifican, por su entrega militante, el sentido de nuestras palabras:

    “El mayor símbolo en toda América Latina de esa nueva izquierda es el brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, pero Mujica significa todavía algo más, porque Lula fue un sindicalista, que peleó con huelgas y manifestaciones, y el uruguayo, un guerrillero tupamaro, que defendió la lucha armada y que, con un fusil en la mano, secuestró y combatió a la Policía y al Ejército no sólo durante la dictadura, sino también, al principio, durante la democracia.

    Mujica pagó muy caro.

    Estuvo once años en la cárcel. Dos, directamente enterrado en una especie de pozo, con muy poca movilidad. Siete años sin leer nada.

    Fue uno del llamado «grupo de los rehenes», nueve dirigentes tupamaros que el Ejército uruguayo amenazaba con fusilar en cuanto se produjera algún acto que amenazara la seguridad de la dictadura…
    Durante aquellos dos años en el pozo, descubrí que las hormigas gritan: basta con acercarlas al oído para comprobarlo», relató Mujica en una famosa entrevista que concedió al poco de salir de la cárcel, en 1985”.

    Veamos bien, esto último es algo sumamente impactante. Diríamos algo profundamente humano y poético.
    Un militante de izquierda que, en la soledad, en el terror de su cautiverio, no se deja abandonar a la locura, a su propia autodestrucción, si no que decide, como salvación última: escuchar el lenguaje de las hormigas.

    En ese momento de ruptura, lo vemos claramente, el estilo de vida por el que opta la izquierda montante es de entrega total (diríamos casi mística) a la causa popular.

    Testimonio vivencial de sacrificio que termina estimulando la decisión de lucha de los sectores populares; que, en su momento, serían utilizados para quebrar, utilizando para ello todas las formas de lucha, la resistencia de las élites en el poder. Siendo de esta forma, como la izquierda adquiere reconocimiento y con el, luego que todas las barreras han sido superadas una a una gracias al esfuerzo de las masas, abre su camino hacia su institucionalización.

    Simultáneamente, observamos, es aquí que se produce la mutación que señalábamos arriba: ella se vuelve pragmática
    . ¿De qué pragmatismo hablamos? Lo que sigue lo explica:

    En un artículo de Eduardo Abeleira publicado en Argenpress, titulado Uruguay: Queríamos cambiar el mundo y ahora queremos arreglar la vereda (José Mujica dixit 1 Dic. 2009) el autor sostiene, refiriéndose a la vereda de Mujica:

    “Es una opción, seguramente con más probabilidad de ser concretada. El “arreglo de veredas”… lo superficial, el cambiar algo para que nada cambie… No hay nada novedoso en esas palabras… lo novedoso es que lo diga Mujica.

    Que lo viene repitiendo pero no se escucha o no se quiere escuchar”.

    Frente a esta mutación pragmática del discurso de izquierda que va de querer cambiar el mundo (o sea refundar a la América Latina), al arreglo de veredas (que podríamos generalizar siguiendo a Petras, con lo que él llama: el asistencialismo de la I. L. en el poder) preguntamos:
    ¿Y que pasó con el pasado de la izquierda? (Es decir, con aquel momento de ruptura.

    En donde a lo largo y ancho del continente, miles y miles de latino-americanos -que siguiendo los ideales de una América Latina más justa- se lanzaron a la lucha y en ella encontraron la persecución, la tortura, las desapariciones y la muerte) A lo que Mujica , el futuro Sr. Presidente del Uruguay, responde:

    “…de los años sesenta y setenta «no quedó ni la ceniza»… Nosotros tuvimos una experiencia que no buscamos ni planeamos.

    No podemos vivir esclavizados por las cuentas pendientes de la vida. Yo tengo memoria y recuerdos, pero una cosa está bien clara: es importante mirar el pasado, pero también es necesario perderle el respeto» [el subrayado es nuestro], explicó en una entrevista con el periodista brasileño Marco Aurelio Weissheimer.
    «La vida es porvenir», insistió”. [Es de observar, que con este comentario de querer suprimir el pasado, o sea, la etapa de ruptura de la I. L., estamos ya, lejos pero muy lejos, de aquel militante tupamaro que escuchaba estoico: el lenguaje de las hormigas]”.

    Conclusión

    Pero detrás de ese discurso pragmático de la izquierda en el poder, algo aflora. Algo que se esconde muchas veces en poses y discursos de apariencia progresista pero que lo que sigue, revelaría en su naturaleza íntima.

    Petras, estamos en el final [de la entrevista] (en Aporrea) y yo quería decirte en un análisis muy breve que se reduce en una frase, que en 50 años de periodismo he venido a aprender que aquí en Uruguay, los grandes dirigentes de izquierda no eran otra cosa que gentes que querían estar un día gozando de los privilegios que tenían los integrantes de los partidos tradicionales que habían gobernado hasta entonces.

    Esa sería la síntesis que podría hacer de mi país en este momento…”

    Pensamos que cada pueblo de los países en donde la izquierda está en el poder debería de discutir, de analizar lo anterior para saber si el comentario del periodista es una excepción o la regla.

    ¿O no será, nos cuestionamos, que el electorado latino-americano ya descubrió paulatinamente (y a su gran sorpresa) que aquella izquierda soñadora, idealista, utópica que estaba dispuesta de ir al asalto del cielo, en realidad, se convirtió en una izquierda electorera, pragmática que ha adquirido (después de un largo tiempo en la dirección de partidos y movimientos de izquierda) el gusto burocrático del poder.

    Y que siendo así, entre izquierda y derecha no hay diferencias substanciales sino sólo de formas?

    Es por ello, es decir, a causa de esa similitud de hecho entre la izquierda y la derecha, que ese mismo electorado, en futuras elecciones, podría optar con su voto, según las palabras utilizadas por el sociólogo argentino Atilio Borón (en Aporrea) para comprender la derrota de la izquierda chilena en las últimas elecciones, por el original (la derecha) y no por la copia (la izquierda).

    Ya que para maquillar el sistema neo-colonial dominante en la región, qué más da que una opción o la otra, esté en el poder.

    Referencias:
    – Atilio Boron: Elecciones en Chile: el original y la copia. http://www.aporrea.org/tiburon/a93767.html
    – Eduardo Abeleira: Uruguay: Queríamos cambiar el mundo y ahora queremos arreglar la vereda (José Mujica dixit 1 Dic. 2009) http://www.argenpress.info/2009/12/uruguay-queriamos-cambiar-el-mundo-y.html
    – Entrevista a Alberto Müller Rojas: «Fue un error convertir a burócratas en líderes del PSUV». – http://www.aporrea.org/ideologia/n146379.html
    – James Petras: La postura militarista de EEUU es un peligro para todo el continente. http://www.aporrea.org/internacionales/n148164.html
    – Noam Chomsky: América Latina es el lugar más estimulante del mundo. http://www.rebelion.org/noticia.php?id=91901&titular=chomsky:-am
    – Soledad Gallego-Díaz: El presidente guerrillero. http://www.el país. com/articulo/reportajes

  3. roberto

    Mar 17th, 2010

    Hace unos años, lei de el Siglo de las luces, y tambien un reportaje al Ultimo Cimarron, que fue publicado en los primeros años de la revolucion cubana, comprendi que la politica, es como bien la definieron los griegos drama y comedia.

    Los anglo sanjones, dueños de la politica mundial, al decir de Leon Felipe, cuando poemisa sobre Inglaterra, tienen la curiosa particularidad de que cuando el enemigo es incambiable, sumarsele y dirigir su camino. El Imperio tiene mas capacidad de adaptabilidad que las colonias, en cuanto al cambio, son ciclos de la historia.

    El proceso uruguayo, ha permitido que se recicle la pequeño burguesia y la clase media, retomando su papel de administrador del Estado, es mejor, sin lugar a dudas que la barbarie de los oligarcas, estancieros y comerciantes especuladores y ajenos a cualquier interes nacional, pero estos sectores no estan capacitados ni lo estuvieron el las luchas de nuestra Ameria, para ser coherentes con el sentido de liberacion y destruccion de la estructura de clases de la sociedad, dado que pertenecen, gozan y se benefician de la estructura.

    El fusil, es la cultura, y cuan lejana y despojada esta, en estos procesos, diz que liberadores, no ha sido capaz ni interesada esta clase que ha encabezado la lucha de liberacion nacional, en distribuir poder desde el pie, por el contrario, ha seguido la corriente y las condiciones del sistema, ayudando a emborrachar a las masas de que es posible mediante el voto encontrar caminitos que conduscan a la independicia y a la libertad.

    Iconos y mitos, eufemismos y idealismos, de hombres y mujeres, por consecuencias de un transito elegido, por conciencia, todas formas de cortapizar y obstaculizar, la libertad, mediante los elegidos.

    El hombre y mujer que construye a diario, desde el vulgo, desde la masa, desde el anonimato, que es en definitiva quien en verdad construye, ausente.

    El pueblo uruguayo, libero, creo y derribo a la dictadura, saco de la carcel a rehenes y a quienes ya no soñaban con encontrarse con el cielo, sin embargo el pueblo uruguayo, no es reverenciado, no es exalsado, no es el heroe, el heroe tiene nombre y apellido.

    Agregaria, seria bueno buscar la responsabilidad intelectual de muchos dirigentes, de pasado de izquierda sobre el pasado pasado reciente..

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