martes 27 de octubre, 2020

PARTIDO Y GOBIERNO EN EL NUEVO CICLO POLITICO URUGUAYO

Publicado el 08/02/10 a las 11:34 pm

Por Constanza Moreira


Desde que Tabaré Vázquez eligió armar su gabinete con los principales referentes del Frente Amplio, se asentó la impresión, en muchos, de que los roles del partido y el gobierno comenzaban a indiferenciarse. Aquel gabinete tenía sus ventajas: aseguraba gobernabilidad, ya que ponía a todos y cada uno de los liderazgos de los principales grupos en situación de corresponsabilidad con las decisiones del Poder Ejecutivo.

Esa estrategia, unida a las enormes asimetrías de tiempos y procesos entre partido y gobierno, tendió a generar cierto «vaciamiento» del Frente Amplio. Los principales cargos de responsabilidad en el gobierno no tuvieron tiempo ni energía para hacer frente a las tareas del partido y no se produjeron en tiempo y forma los reemplazos respectivos. Los propios comités de base parecieron quedar encerrados en una lógica compleja, en la cual su rol y funciones no eran demasiado claros. ¿Se transformaban en espacios de debate sobre la marcha del gobierno? ¿Participaban en la hechura de sus políticas? ¿Volcaban hacia el barrio información y análisis sobre las decisiones del gobierno? Sus conflictos existenciales parecieron terminar cuando la campaña electoral arreció: fue entonces cuando aparecieron los cuadernillos de militancia, que explicaban cómo defender los logros del gobierno ante la opinión pública y, claro está, facilitar la victoria del FA. Pero, ¿es esa la función de los militantes, de los comités de base? ¿Funcionar como «correa de trasmisión» de los logros de gobierno?

Por estas y otras cosas, durante estos años se fue abriendo paso la idea ­consolidada como interpretación sólo recientemente­ de que el gobierno había «fagocitado» al partido. Una profusa literatura enseña, asimismo, que el partido en el gobierno produce un «descreme» entre su clase gobernante y sus bases, que tiende, con el tiempo, a erosionar las relaciones de lealtad entre ambas. ¿Qué pasará ahora? ¿Tenderá a pasar lo mismo? Aparentemente habrá otros riesgos, pero no los mismos. Varias razones dan cuenta de esto.

En primer lugar, la conformación del gabinete actual deja fuera a los principales referentes de los partidos. Con la excepción de los propios líderes, Mujica y Astori, la conformación del actual gabinete no repite el padrón de 2005. Eso deja fuera de la escena del Poder Ejecutivo a muchos cuadros políticos de importancia. Algunos están en el Parlamento, otros, en cambio, todavía no tienen lugar en el gobierno. Tampoco existe en el Frente Amplio la idea de que «invertir» en el partido deba ser una estrategia perseguida conscientemente. Pero al menos deja espacio para un reflujo hacia la política partidaria de los cuadros de importancia.

En segundo lugar, la competencia de las candidaturas de Mujica y Astori a la Presidencia mostró, a todas luces, que no existían «consensos naturales» en el Frente en relación a las candidaturas (como lo fue la de Tabaré Vázquez), ni autoridades «incuestionables» que pudieran imponer su criterio (como lo supo ser, en su momento, Seregni). El actual Frente Amplio exhibe otras características, que deberán ser analizadas.

En primer lugar, la conformación de los dos bloques: el Espacio 609 y el Partido Comunista por un lado, y el Frente Líber Seregni, por otro, parecen ser algo más que simples acuerdos electorales. A pesar de haberse creado a propósito de las candidaturas de Mujica y Astori, tienen la potencialidad de rearmar el espacio de las negociaciones en torno a bloques que tienen cierta continuidad ideológica y política. En un partido que tiene entre cinco y seis grupos de relevancia a la hora de negociar, esta reorganización en dos bloques tiene sus ventajas. Claro está que para las terceras opciones la cosa se complica, porque en un espacio de dos bloques difícilmente pueda haber espacio para una tercera opción.

En segundo lugar, la aparición de las redes frenteamplistas y su despliegue en la campaña electoral utilizando símbolos de unidad como la bandera, con resultados no menores en el plano simbólico y de la identidad, es también una señal de cambio en la izquierda. Estas redes nuclean a personas que muchas veces han hecho su socialización política en los partidos que conforman el Frente (especialmente en el Partido Comunista) y ello deja en evidencia la necesidad de grupos que provean, efectivamente, de capacitación y formación política. Sin embargo, su propia existencia revela la necesidad, sentida por muchos, de un espacio en la izquierda de reflexión «independiente». Grupos como Uytopías, Espacio Miramar, Espacio Frontera y otros, atestiguan esto. ¿Qué cabida dará el Frente Amplio a estas redes?

En tercer lugar, el Frente Amplio exhibe y expresa hoy otras necesidades de reconocimiento que no hicieron parte de su constitución original. La de género es una de ellas. La de la diversidad generacional, esto es, la distinta comprensión de la política y el sentido del proyecto de la izquierda que tienen las distintas generaciones, es otra. Pero es el reconocimiento de la diversidad, como tal, lo que hace parte hoy de la izquierda, como no lo hizo parte en el pasado. En su documento, «Un socialismo con vocación libertaria» (presentado ante la VI Conferencia del PVP, 6 y 7 de diciembre, Montevideo), Pablo Anzalone señala que «el análisis de clases se empobrece al no integrar a las múltiples fuerzas sociales» y debe apelarse a un concepto de «entramado social participativo, integrador, heterogéneo», en una reivindicación de la diversidad junto con la equidad, como parte esencial del proyecto. Así, dice el documento, «no podemos desestimar las contradicciones que surgen de las relaciones de desigualdad o de opresión en otros planos como el de género, de raza o de culturas impuestas por los sectores dominantes. El machismo, la violencia intrafamiliar contra niños y mujeres, la discriminación contra distintas opciones sexuales, la estigmatización de lo diferente, no aparecen como campo de batalla integrado a la lucha por el socialismo, y por el contrario muchas veces se reproducen dentro de sistemas autodenominados socialistas».

En cuarto lugar, y vinculado con ello, el Frente Amplio no es ni puede ser hegemónico en la representación de todos los intereses sociales de los sectores populares. Es necesario que exista un movimiento sindical autónomo, y que éste se vea fortalecido por la protección institucional que un gobierno de izquierda, necesariamente, debe darle (tanto desde el punto de vista de la vigencia de leyes que defiendan los derechos de sindicalización y protesta, como desde el punto de vista de la existencia de espacios institucionalizados de negociación con el sector empresarial que funcionen como garantes de la negociación). Es necesario que los movimientos que defienden intereses y derechos, como el movimiento de derechos humanos o los movimientos de mujeres, tengan su propio espacio de accionar. Sin una sociedad civil organizada, la política se volverá inoperante, elitista, y últimamente, irresponsable. Pero en la construcción de estos espacios sociales (y culturales) también hay izquierda. Y el Frente Amplio debe tener la apertura suficiente para construir espacios de interlocución con todas estas formas de construcción de la izquierda que, siendo políticas, no son, ni deben ser, partidarias.

Por todas estas razones, es probable que el Frente Amplio esté llamado a ocupar un rol más central en el actual gobierno que el que ocupó en la administración anterior. Este rol debe ser entendido como distinto y separado del rol del gobierno. Como se señala en el documento de Anzalone antes citado, la separación entre el partido y el Estado, es central a cualquier reflexión crítica sobre el campo del socialismo. «Ni encerrado entre las cuatro paredes de la institucionalidad, ni anémico apéndice del gobierno, el partido debe ser un centro de prácticas políticas hacia la población, con capacidad de iniciativa, de movilización ciudadana, un dinamizador de ciudadanía activa».

Para hacerlo, claro está, deberá renovar sus dirigencias, deberá remozar su estructura, deberá extender a lo largo y a lo ancho del país una reflexión crítica sobre lo que sucedió en estos años, y aprovechar el impulso que las «bases» (en el sentido más lato del término) han tomado en la campaña electoral, y que aún durará hasta mayo, para acompañar un proceso que demandará energía, compromiso y creatividad.

Tomado de http://www.larepublica.com.uy/contratapa/399198-partido-y-gobierno-en-el-nuevo-ciclo-politico-uruguayo

Un Comentario para “PARTIDO Y GOBIERNO EN EL NUEVO CICLO POLITICO URUGUAYO”

  1. roberto

    Feb 14th, 2010

    Otra opinión.

    Desde distintos lugares se tiran piedras al techo de chapas, de la estructura del FA, sobre todo denostando, vapuleando, obviando, diz que críticamente.

    Así van apareciendo, análisis dignos de irlos tomando en cuenta para ir sumando a un diagnostico, que sin lugar a dudas es sobre la muerte de los comités, el desarme de los estatutos, la eliminación de la participación de la gente y que solo sirva para ser el arte de entregar sillones pero que no tome parte en las decisiones.

    El combate del futuro es entre una pujante y renovada derecha, tanto interna como externa y una izquierda que tiene que hacer primar, su entrega y su heroísmo en la construcción de la realidad, sin empantanarse en el desequilibrio de la autocomplacencia, o esa común desviación de inflar globos y quedarse rezando, el catecismo de un pasado, sin ver en el ahora, un presente de debate y lucha.

    Allí están los operadores, valentis, bitacorianos, la republica y sus contratapas, de pintados y otros, incluyendo al gran fassano, luego los interpretes politólogos y diagnosticadotes, y aquellos que tienen la necesidad permanente de salir en la foto.

    Hay quien sale ha criticar como se ha o se resuelve la interna, y no es menos cierto que deja mucho que desear, el uso y abuso de los estatutos y la estructura, fundamentalmente por los viejos partidos de la izquierda y ahora con esta política de zorro que aplica Mújica y consortes.

    Pero tampoco es menos pernicioso, intentar ser del FA, sin participar, en una militancia, que obra y trabaja, desde el barrio, como podríamos decir de los 26 o 29 grupos y grupitos, que no se ven por ningún lado, dentro de los comités a la hora de movilizarse o de reunirse para discutir.

    Nos hace acordar las viejas políticas del neoliberalismo, cuando intento privatizar las empresas publicas, primero poner en el imaginario, que lo que existe no es funcional, después venderlo con la complacencia de la muchedumbre, en nuestro caso, peleamos y defendimos por suerte, a pesar que hoy halla sindicatos muy cuestionables en como se paran frente al su pueblo.

    En la interna, de forma inconsulta, han creado nuevos tipos de organismos, que diversifican las operaciones e ejecuciones, pero que además toman decisiones, de las que ya han saltado mas de una contradicción entre la mesa política y estos, sin hablar de los funcionarios que por lo general son a su vez funcionarios de sus partidos, que ya tienen tantos años en la función que podrían cómodamente jubilarse, total las comisiones que representan por lo general no funcionan.

    Empezar a debatir, los estatutos, vigentes, seria una tarea prioritaria,

    Exigir un balance, pormenorizado de las comisiones y responsables existentes.

    Y no aceptar postergar lo esencial por las elecciones de Mayo, porque esta dinámica ya les ha rendido muy buen fruto a quienes solo pretenden estar en la vidriera sin que nadie les haga ruido, aprovechándose de la desculturizacion política interna.

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