jueves 22 de octubre, 2020

LA IZQUIERDA Y EL MALESTAR

Publicado el 02/02/10 a las 1:37 am

Por Constanza Moreira

Por la casi unanimidad de los presentes, el Plenario Departamental del Frente Amplio resolvió el pasado viernes impulsar la candidatura única a la Intendencia Municipal de Montevideo, de Ana Olivera. El resultado parece a todas luces el mejor posible, habida cuenta de que la decisión por las candidaturas de Daniel Martínez y de Carlos Varela no parecía salir de un punto muerto.

El porcentaje de votos que requiere toda candidatura casi obliga al consenso: son los cuatro quintos o los tres cuartos. Estos porcentajes se establecieron para que la «colcha de retazos» se viera obligada a procesar hasta el cansancio cualquier decisión, y ninguna mayoría, salvo una mayoría muy especial, pudiera por sí y ante sí tomar la decisión. Entonces, la exigencia de las mayorías especiales obligaba al «consenso», y el consenso fue un valor en la izquierda durante mucho tiempo. Ya no lo es. Es evidente que otros valores (como los que habilitan al pluralismo y la diversidad) se están incorporando a la cultura política de nuestra izquierda. Y no está mal.

Ana Olivera consiguió lo que no consiguieron ni Martínez ni Varela: las mayorías especiales. Tiene dos características que la hacen especial. En primer lugar, sabe muchísimo sobre la Intendencia Municipal de Montevideo, ya que fungió en cargos de responsabilidad en ese organismo antes de incorporarse al Mides, donde tuvo una actuación que mereció evaluaciones muy positivas. Sus credenciales y su idoneidad son, sin duda, de destaque. En segundo lugar, es mujer. Y esta es, para muchos (en especial para muchas), una credencial insustituible. Las mujeres están en franco retroceso en la administración actual, ya que el número de mujeres en los ministerios ha disminuido sensiblemente respecto al pasado. Una mujer en un cargo tan importante como la Intendencia de Montevideo, debe ser un gesto aplaudido.

Sin embargo, estas dos cualidades no estuvieron en consideración en la primera hora, donde su nombre no apareció mencionado porque, entre otras cosas, había sido nombrada ministra de Desarrollo Social. Su nombre aparece vinculado a las bases, pero aparece vinculado a la idea de que el Partido Comunista tenía «también» derecho a ocupar la Intendencia, al igual que Asamblea Uruguay. Es la lógica sectorial que dominó la discusión sobre las candidaturas: esa lógica primero la ignoró, y luego la impulsó.

La discusión entre Varela y Martínez, por su parte, parecía inzanjable. Y el Frente Amplio no quería apearse de su idea de una candidatura única. Las razones para ello, claro está, no son de principio, puesto que el Frente Amplio va con más de un candidato en varias intendencias del interior del país.

La idea de un candidato único era no exhibir las «disidencias» internas frente a un electorado tan amplio (y calificado) como el de Montevideo, al tiempo de ahorrarle a los grupos y sectores participar con sus listas en una puja interna, en la cual aquellos que apoyan al candidato perdedor salen en general muy mal parados electoralmente (como ya sucedió en la elección de octubre, entre otros, con la Vertiente Artiguista).

Sin embargo, razones tan simples como esta difícilmente sean expresadas públicamente, porque existe una cierta cultura «vergonzante» de que las razones puramente políticas deben ser ocultadas al gran público, so pena de que al conocerlas nos dejen de votar. Esgrimimos entonces razones de principios (como la candidatura única en Montevideo, habida cuenta de que muchos otros lugares son múltiples), que se evidencian, al menos para los conocedores, como poco creíbles. Y debilitamos nuestra credibilidad política. O al menos contribuimos a hacerlo, en el corto plazo.

La candidatura de Martínez corría con desventaja: la fórmula presidencial no la apoyaba. Pero a todas luces, la fórmula presidencial es tal porque lo fue contra las opiniones del presidente Vázquez, quien, en su momento, expresó sus preferencias por Astori. Esto es: no siempre las preferencias de los máximos cargos ejecutivos triunfan. Y es bueno que así sea: eso expresa el dinamismo de un partido. Los partidos vivos son los discutidores, los disidentes. La política uruguaya se ha mantenido viva porque, justamente, no prima el acatamiento sino el debate. En todo caso, también aquí la propia fórmula hubo de apearse de su intención original de apoyar a Varela, dado que su candidatura no convencía. Entre otras cosas, porque crear un liderazgo con alcance en todo el electorado montevideano no se logra de un día para el otro.

Una encuesta de opinión vino a decir lo que ya se intuía: que los montevideanos preferían, en mayor medida, a Daniel Martínez. Probablemente, más que una preferencia eso expresaba un reconocimiento básico: los montevideanos conocen a Daniel Martínez. Su nombre estuvo propuesto para la presidencia del país, fue director de un ente autónomo y ministro, y actualmente es senador. De todos los candidatos, Martínez es, como vino a mostrar la encuesta, el segundo más conocido (la primera es la candidata nacionalista Piñeyrúa).

Daniel Martínez sacó, además, casi dos tercios de los votos del Plenario. Para muchos, la candidatura de Martínez estaba avalada suficientemente: por los montevideanos (a través de una encuesta) y por la mayoría del Plenario. Sin embargo, los resultados fueron otros y la candidata será Ana Olivera. Por varias razones, y entre otras porque es mujer, todos deberemos apoyarla.

El tema es que aunque la decisión de impulsar a Ana Olivera haya permitido zanjar una interna muy difícil y peleada, sobrevuela en la gente un cierto malestar. No verlo, negarlo, silenciarlo, no hace bien. Los malestares se administran, se ventilan, se hablan, se expresan.

Las razones que producen el malestar son varias. La primera es que la candidatura de Ana Olivera es muy reciente y mucha gente la ve como una candidatura destinada únicamente a vetar la candidatura de Martínez. Todo este episodio mostró la existencia de vetos recíprocos al interior del FA que no colaboran a consolidar su imagen de unidad. Por otra parte, la idea de que la Intendencia es un trampolín para la elección nacional alimenta el sentimiento de que se vetan posibles candidatos para 2014. Si fuera así, se cometería un grave error: lo que hay que hacer es empezar a impulsar figuras de renovación para 2014. Cuantas más figuras de relevancia nacional existan en el Frente Amplio, mejor. La segunda razón es que para la inmensa mayoría de los frenteamplistas interesados (pero no vinculados a ningún partido o sector, que son la mayoría), la Intendencia se «reparte» como si fuera una moneda de cambio en la lógica sectorial de reproducción del partido. Otras lógicas podrían anteponerse a ésta: la lógica de que el partido más votado en el departamento tenga la prioridad de proponer su propio candidato, o la de que se propongan varios nombres y que en una elección los frenteamplistas decidan, u otras. La forma en que se exhibe la lógica sectorial es muy antipática a la mayoría de la grey frenteamplista.

Pero la más importante de las razones del malestar es que la gente se acostumbró a votar y a participar. El recuerdo de la elección está muy cerca y quieren que su opinión sea tomada en cuenta. La forma en que se tomaron las decisiones, si bien es correcta (los partidos toman su decisión en el ámbito que les es propio), les parece «cupular». Esta última razón del malestar es quizá la más importante y la que habla mejor sobre nosotros mismos. Eso quiere decir que hay un montón de frenteamplistas «de a pie» que quieren opinar, participar, y que siguen día a día el tema de las candidaturas y debaten y discuten, y esgrimen argumentos sobre pros y contras de unos y de otros. Sí, claro está que no son la inmensa mayoría de los montevideanos que apenas se enteran de los meandros de esta decisión, pero son ese intermedio entre el elector y la cúpula que construyen izquierda todos los días: en sus trabajos, en su familia, en el barrio. Sería bueno que empezáramos a escucharlos. Y a tratar de entender las fuentes del malestar. Porque, como dice la canción: «hay que sacarlo todo afuera, para que adentro nazcan cosas nuevas».

Tomado de http://www.larepublica.com.uy/contratapa/398323-la-izquierda-y-el-malestar

3 Comentarios para “LA IZQUIERDA Y EL MALESTAR”

  1. roberto

    Feb 3rd, 2010

    Comparto en general el enfoque, desde punto de vista de una metodologia, es probable que colabore, a entregar argumentos e inquietudes a quienes se atribuyen a decidir por la gente, para alertarlos de esta cronica a la debacle, que estan escribiendo los sectores, en su lucha por posicionarse por encima de la gente, que construye en el dia a dia, sin nombres y sin ambiciones, desde el llano.

    Es curioso, que en el ultimo congreso, ya se hablara de la futura intendente de Montevideo con nombre y apellido, tal cual lo fue, y nada tenemos en contra, muy por el contrario, sabemos de ella, hace mucho rato, de sus inmejorables condiciones para el cargo.

    Pero, y aca empieza la cronica, asistimos a un permanente manejo y maniobras en la interna para salirse con las suyas, los sectores, alguien por alli, dirigente, hablo de la magistral jugada politica, es licita si asi fuera, pero no etica, y se suma a las tantas.

    Por ejemplo la composicion partidarias, de las llamadas ¨bases¨, es mas queda al desnudo la falta de coherencia entre el planteo de mayor protagonismo y participacion de la gente (los verdaderos protagonistas), camino que de seguirse ira generando muchas dificultades en la capacidad de convocatoria, elemental, para enfrentar entuertos o embates de la derecha, que no duerme en el continente, tampoco en nuestro pais.

    Queda claro tambien, que hay, un esfuerzo, sostenido, para derrumbar los vestigios de los comites de base y su participacion, el programa por ejemplo, no tuvo discusion, ya que arribo tardiamente y tampoco se impulso su construccion desde el pie, con tiempo, no es la primera y tal vez no sera la ultima, basta ver el proceso de las decisiones departamentales, decentralizacion, basura etc.

    Es notorio, que se plantearan, reformular estatutos, y esto sera una batalla fundamental, para el futuro del proceso, pero esta batalla, puede que resulte solo una forma mas de lo mediatico, ya que la gentes estamos amarrados, si no tenemos mas militancia que la frenteamplista.

    Pero en el caso de las elecciones del futuro intendente, es tambien una hipotesis posible, que se pierda la IMM, hay un pronunciado malestar, basta recorrer los barrios y hablar con la gente, mas alla del saludable espiritu critico del uruguayo, para saber que los 20 años de Intendencia, no han dejado sastifechos a los Montevideanos, es probable que el nivel politico colabore a que sepamos dicernir, pero para ello tendrian que haber jugado un papel fundamental los comites de base, no solo en la difusion sino en la aclaracion y organizacion del vecindario.

    La multiplicidad de candidaturas, fue planteada, en muchos comites, era la logica mas demostrativa, de la inclinacion a la democracia, a la participativa, mas alla de los costos economicos o intereses sectoriales.

    Cuando iniciamos esta gesta frenteamplista, estabamos contra la cuotificacion politica, muchos seguimos estando, pero las señales siguen el mismo derrotero de los partidos tradiccionales, y la perdida de moral frente a las masas va mas alla de las mejoras estomacales.

    Por ultimo, aunque reclamar debate, sea un grito en el desierto, con quienes se ubican en absoluto acriticismo oficialista y quienes se van al otro extremo, de no ver las reformas, lo cierto que lo que aun no se ve es verdadera voluntad de cambio, audacia y rotura con esa sociedad que no solo soñamos con transformar.

    Como dicen algunos quedarse en lo posible, es renunciar a nuestro origen, es renunciar a la prueba practica y realista, que los imposibles son posibles, si somos capaces de no andar los mismos caminos de un progresismo que se viene cayendo a pedazos.

    No seria tan dramatico, si esto fuera un simple cambio de lugar, lo tragico es que tira por la borda enormes sacrificios y dolores y derrota esperanzas.

    Los enemigos de la decentralizacion, alli estan, hoy en nuestras propias filas, esto esta diciendo mucho, alargar este proceso lo unico que hace es coartar la participacion de quienes tienen que asumir su propia gobernabilidad en la toma de las deciciones.

    La cuestion sigue en pie, o alternativa electoral o alternativa popular.

  2. Mariana

    Feb 3rd, 2010

    Me parece un aporte más a esta discusión que está en medio de todos los frenteamplistas, pero me deja cierto sabor a «conformismo». Hablar de que esto nos parece una decisión cupular, como si no hubiera sido eso exactamente, es menospreciar la inteligencia de muchos.
    El nombre de Ana Olivera no surge de forma espontánea en el plenario, es un nombre largamente barajado, desde antes de las elecciones nacionales, y cuando Mujica recibió el apoyo del PC ya se hablaba de compromisos asumidos con esa fuerza política para la Intendencia, y ya ahí el nombre de Ana Olivera se mencionaba.
    Sin hacer ningún comentario respecto a la compañera, que nadie pone en duda su capacidad e idoneidad, todos sabemos que este tema está mal parido. Y muchos militantes de a pie están haciendo campaña de voto en blanco.
    Hasta cuando nuestros dirigentes van a seguir apostando al voto cautivo. Solo basta mirar a Chile para saber que los votos nunca son seguros, y este desconocimiento de una mayoría que apoyaba a Daniel Martínez, y me refiero a la encuesta, no es más que una expresión de soberbia de quienes piensan que somos incondicionales.
    Sería terrible que el costo político de esta maniobra fuera la pérdida considerable de votos, pues hay una derecha que puja para llegar, una derecha que moderniza su discurso y puede llegar a sacar rédito de todo esto.

  3. arlette

    Feb 6th, 2010

    11.03.2008 10:11

    Parece que el silencio no puede con la verdad
    Escribe: Hugo Cores
    Si las pautas económicas acordadas con el FMI nos obligaran a transitar el mismo camino de los gobiernos neoliberales anteriores, esas pautas tendrán que ser modificadas. Sería, apenas, un acto de lealtad con lo que prometimos y de ejercicio de la soberanía nacional.
    Resulta indudable que los obstáculos que se levantan frente a la nueva Administración resultan muchas veces de una magnitud inesperada.
    Las condicionantes económicas pactadas con el FMI confinan al gobierno a una perspectiva de estrecheces y recortes que vuelve toda la tarea de reconstrucción mucho más difícil.
    Prevalece una línea de pensamiento económico sobre la que tarde o temprano habrá que reflexionar.
    Debemos analizar si el cumplimiento de las metas que nos han sido impuestas desde afuera permiten la realización de los objetivos económicos y sociales que constituyen el corazón de nuestro programa histórico transformador, nuestra razón de ser como fuerza política con un proyecto de desarrollo nacional, popular y democrático basado en la justicia social y el respeto por la soberanía del pueblo.
    Probablemente la discusión del Presupuesto hará aflorar estas tensiones y será el escenario donde se module, ahora ya de manera más circunstanciada, aquella resolución del Congreso «Héctor Rodríguez», demasiado general, una especie de salomónico aforismo, al decir «no pagaremos la deuda externa con el hambre de nuestro pueblo.» Enunciado cuyos contenidos deben ser examinados en cada circunstancia.
    SI LAS PAUTAS ECONÓMICAS NOS OBLIGARAN A TRANSITAR EL MISMO CAMINO DE LOS GOBIERNOS NEOLIBERALES ANTERIORES, ESAS PAUTAS TENDRÁN QUE SER MODIFICADAS. SERÍA, APENAS, UN ACTO DE LEALTAD CON LO QUE PROMETIMOS Y DE EJERCICIO DE LA SOBERANÍA NACIONAL.

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