martes 20 de octubre, 2020

UN SOCIALISMO CON VOCACION LIBERTARIA

Publicado el 03/01/10 a las 7:00 pm

Escribe Pablo  Anzalone

Es necesario abrir debates sobre las metas finales, los proyectos de sociedad futuros, las grandes definiciones estratégicas, que nos fijen parámetros para orientar nuestros avances.

Un segundo gobierno del  Frente Amplio abre un campo fecundo de posibilidades de avance hacia un país con un  aparato  productivo  fuerte,  con una estructura social más justa, y con una democratización profunda de la sociedad y el Estado. Defensa y profundización del proceso de cambios ha sido el santo y seña del Frente en esta campaña electoral.
Está claro que no vivimos procesos lineales, y coexisten con los avances populares, muchos factores de disgregación social, de enriquecimiento concentrado,  de valores individualistas, y corporativos. Existe una derecha social y políticamente organizada, con enorme peso en los medios de comunicación, en los partidos tradicionales y en las asociaciones empresariales.  Hay una pugna entre proyectos de país distintos que se traduce en muchos campos. Existen ideologías  diferentes y modos de reproducción social  que expresan intereses  de clase contrapuestos, aunque su constitución en la formación social no opera de modo simple  sino a través de fuerzas sociales, agrupamientos y alianzas, con múltiples contradicciones. En las políticas públicas, en los  procesos  de construcción de  trama social, en los  valores ideológicos, en la acción política, se produce una gran lucha por la hegemonía.
Por eso mismo es necesario abrir debates sobre las metas finales, los proyectos de sociedad futuros, las grandes definiciones estratégicas, que nos fijen parámetros para orientar nuestros avances.
En ese campo es que se sitúa el debate sobre el socialismo.
Durante los siglos XIX y XX el socialismo estuvo en el centro de los debates y de las grandes luchas de la humanidad. Jugó un rol fundamental  en los avances sociales que se produjeron en todo el mundo. Muchas  gestas heroicas  se llevaron a cabo en pos de los objetivos  socialistas.  La  resistencia  a la explotación  del hombre por el hombre, la rebeldía ante la injusticia  tuvo esa impronta. Frente al capitalismo  rampante y sus consecuencias el socialismo apareció como  la gran alternativa.
A lo largo del siglo XX aparecieron corrientes  como la socialdemocracia  europea que  se adaptaron y potenciaron   al capitalismo  central.
Por otro lado  en el  nombre del socialismo se construyeron sistemas  autoritarios que entronizaron en el poder a minorías burocráticas. Verdaderos regímenes policiales  donde la represión sistemática  eliminó las libertades públicas y toda forma de disidencia aún desde filas populares. El  estalinismo fue la imagen del socialismo para muchos millones de  personas.
La debacle estrepitosa de los regímenes llamados del “socialismo real”  generó una violenta ofensiva económica, política y sobre todo ideológica del  capitalismo y sus vertientes más extremistas como el neoliberalismo. La monstruosa ambición de liquidar la historia, congelando la humanidad en el modelo neoliberal, fracasó. Una y otra vez el capitalismo ha mostrado sus enormes falencias.
En América Latina soplan vientos de pueblo. La izquierda ha  llegado  al gobierno nacional en la mayoría de los países del continente. La inflexión por la justicia social, por el desarrollo económico y social, por el avance democrático,  tiñen un conjunto de transformaciones  relevantes.  En algunos de estos procesos se retoman las banderas del socialismo, proyectándolo hacia el Siglo XXI.
En nuestra opinión el socialismo precisa refundarse como proyecto ideológico, para dar horizonte a la superación del capitalismo. La herencia de los modelos aplicados durante el siglo XX pesa demasiado para poder levantar las banderas socialistas sin saldar cuentas con el pasado.
Algunas de las ideas asociadas a determinadas concepciones del socialismo han demostrado ser profundamente erróneas. Señalemos solo unas pocas.
1)    La subestimación del valor de las democracias, de las libertades públicas y los derechos humanos, como parte esencial del socialismo,  dejando estos principios  al discurso capitalista, supuso un grave daño a las luchas populares. Cuando predominaron,  estas concepciones privaron a la izquierda de su esencia libertaria, contrapusieron la justicia social y la democratización. El terrorismo de Estado en América Latina marcó de tal manera a nuestras sociedades que clarificó la principalidad de las luchas democráticas.  Dejó claro a su vez las contradicciones y amputaciones que el capitalismo impone a la democracia. La derrota de las dictaduras y las luchas posteriores contra sus secuelas de impunidad y olvido, generó una experiencia política y cultural de grandes masas, que valorizaron los componentes democratizadores  del sistema.
2)    La concepción de la historia como un avance ininterrumpido hacia el socialismo, con todas sus consecuencias de linealidad, de fatalismo y determinismo mecanicista. La idea de procesos irreversibles está asociada a una visión donde “la toma del poder” se transforma en un hito mágico que se resuelve en un acto y garantiza hacia adelante el devenir del proceso.
3)    El socialismo como producto  del desarrollo de las fuerzas productivas que chocan con las relaciones de  producción capitalistas y construyen indefectiblemente las relaciones socialistas. La identificación de relaciones de propiedad de los medios de producción  con las relaciones de posesión o apropiación real de los mismos, termina justificando la concentración del poder y la falta de participación de los trabajadores en los procesos de trabajo, en aras de una  propiedad estatal que supuestamente los representa. Existe un economicismo que está en la base de esta visión mecánica, exhorbitando la imagen de la infraestructura y la superestructura, simplificando las interrelaciones complejas entre las distintas estructuras sociales.
4)    La identificación de socialismo con propiedad estatal configura un reduccionismo que subestima las formas autogestionarias, cooperativas, o cogestionarias, de organización económica y social.
5)    La “dictadura del  proletariado”  como régimen político del proyecto socialista, que fundamentó teóricamente  sistemas autoritarios y represivos, es decir, la antítesis del socialismo como proyecto de liberación y desarrollo pleno del hombre.
6)    La fusión del Partido y el Estado  está asociada con el punto anterior. La concepción del “partido único” donde los sistemas de concentración del poder van consolidando la supremacía del Partido sobre toda la sociedad, la Dirección  sobre el Partido, y en muchos casos el Lider como expresión máxima  de la autoridad. No hay democracia en la sociedad, pero tampoco en el Partido revolucionario. La ausencia de debates y la estigmatización de toda diferencia con la conducción en aras de la defensa del proyecto socialista,  es contradictoria con aspectos esenciales del mismo. El corolario fue la justificación de todo tipo de acciones en función del fin, que suponía la preservación de estos regímenes. Trosky, Rosa Luxemburgo, las corrientes libertarias y una larga lista de grandes luchadores jalonan la historia de quienes enfrentaron esta concepción dogmática y autoritaria.
7)    La subestimación de los componentes ideológicos del socialismo y su postergación ante los estímulos económicos. La polémica del Che contra las concepciones economicistas y burocráticas, tiene como sustento  la jerarquización de la lucha ideológica contra los valores capitalistas y en pos de valores sustancialmente diferentes. El hombre nuevo es una bandera, una meta, que por el contrario centra el proceso de construcción de un mundo nuevo en los mejores valores de los hombres y mujeres. Como decía Buenaventura Durruti “construiremos un mundo nuevo porque llevamos un mundo nuevo en nuestros corazones”.
8)    La   sociedad aparece reducida en su diversidad, y el análisis de clases se empobrece al no integrar a las múltiples fuerzas sociales que se constituyen en cada formación social. Las clases aparecen reducidas a lo económico, o a lo sumo a la dicotomía “clase en sí”, “clase para sí”, dejándose  de lado las prácticas políticas e ideológicas. Para estas  ideologías  “socialistas” no existe el concepto de entramado social participativo, integrador, heterogéneo, como un factor esencial de la transformación socialista y  no solo como transición sino como destino final. Falta la reivindicación de la diversidad junto con la equidad, como parte esencial del proyecto finalista.
9)    Se desestiman otras contradicciones que surgen de  las relaciones de desigualdad o de opresión en otros planos como el  de género, de raza o de culturas impuestas por los sectores dominantes. El machismo, la violencia intrafamiliar contra niños y mujeres, la discriminación contra distintas opciones sexuales, la estigmatización de lo diferente, no aparecen como campo de batalla integrado a la lucha por el  socialismo, y por el contrario muchas veces se reproducían  dentro de sistemas autodenominados socialistas. Las pretensiones del “realismo socialista” en materia artística entronizaron dogmas  que empobrecieron la creatividad, el espíritu innovador, en estos planos.

¿Cuáles serían las ideas fuerza  de un proyecto socialista en el siglo XXI?

La principal idea- fuerza del socialismo del siglo XXI es, en nuestra opinión,  la democratización radical de la sociedad y el Estado, profundizando el sistema democrático hacia un régimen participativo.
La mención de ideas-fuerza  supone también descartar  la definición de modelos acabados, transferibles a todas las realidades,  bendecidos por alguna autoridad superior, sea esta “el rumbo de la historia”, “el marxismo  científico”, “la ideología del proletariado” o  “las leyes del mercado”. Las herramientas teóricas  como el marxismo crítico y creativo, son muy  válidas para construir en cada formación social los caminos  para avanzar, definiendo los rumbos en cada etapa, gestando las fortalezas, las alianzas y las luchas para enfrentar  a los enemigos. Nunca nos dan las respuestas sino  las herramientas para construirlas, aprendiendo de las experiencias  que la humanidad ha llevado adelante en todo el mundo.
Una democracia participativa  significa una forma de Estado donde la población tiene injerencia  en las políticas públicas, en el plano local y en el plano nacional.
No excluye los mecanismos representativos  pero crea mayores controles y vínculos con los representantes y a la vez desarrolla un abanico de prácticas directas de la población en relación con los temas colectivos. Instancias  consultivas  de información y escucha, recogiendo las preocupaciones de la población, y también mecanismos de  participación  en la toma de decisiones, consultas vinculantes, procesos amplios de debate sobre temas priorizados.
Para esta concepción del socialismo  la democratización  a fondo en el plano político  y social  ocupa un lugar clave. Es una nueva forma de organización y funcionamiento del poder, que  no aspira al monolitismo sino a la participación más amplia, en los grandes rumbos de la sociedad y  también a escala local.  Una concepción que cuestiona  la reproducción de micro-poderes  a la interna de las instituciones y organizaciones y  se propone una reformulación  profunda  de los  mismos.
Lo local es un espacio privilegiado para el desarrollo de formas de participación popular. Lo  comunitario y lo  ciudadano son  planos  convergentes de la organización de la vida  en sociedad. El territorio  opera como campo donde se concretan las políticas generales, tanto nacionales  como departamentales.  La cercanía con la gente, con el contexto familiar y barrial, con el medio ambiente comunitario,  es un factor clave para la accesibilidad a los servicios públicos, y  ello da pie a distintas estrategias de desconcentración  del Estado.  La incorporación de nuevas tecnologías de información y comunicación abren  camino, además,  a  grandes líneas como  el llamado “Gobierno electrónico”, que  agregan otras formas de vinculación de la población con el Estado.
Además del aterrizaje  de las políticas generales en la práctica, el territorio es el ámbito fundamental para su interrelación. Los problemas  que hacen  a la calidad de vida de la gente no son compartimentos estancos, sino que se interactúan,  se potencian o se contraponen, en formas complejas. Trabajo, salud, educación, vivienda, protección social, espacios  públicos, seguridad, limpieza, vialidad, iluminación, actividades culturales, deportivas,  y muchos  otros planos de la vida cotidiana, coexisten  y se articulan en la población,  en cada territorio. Por lo tanto las acciones para avanzar sobre ellos, tanto en las políticas estatales como en las intervenciones comunitarias, deben asumir la intersectorialidad  y la interinstitucionalidad como grandes ejes estratégicos. En el territorio confluyen estos distintos aspectos  y por lo tanto  allí deben generarse formas de participación comunitaria en torno a las políticas que los articulen. De últimas la vida no se parcela de acuerdo a los ministerios o instituciones estatales.   La ciudad es  un factor fundamental del desarrollo humano. Su diseño y funcionamiento reproducen  la fractura social o por el contrario la cohesión e integración.
El involucramiento de la población a nivel local genera mejores condiciones para impulsar las reformas estructurales en cada campo  y en su interacción en el territorio.  Desde los planos  departamental y  municipales existen condiciones para apoyar las políticas nacionales en este plano, creando una trama social participativa, que opere fuertemente en la implementación local de dichas políticas y constituya una base activa para las representaciones sociales a nivel de la escena política nacional.
Debemos  entender   que la sociedad produce modos de participación muy diversos según las necesidades y motivaciones de distintos actores. En lugar de querer uniformizar, se trata de apoyar y enriquecer el  desarrollo de múltiples formas, con valores de solidaridad, cohesión social, equidad, innovación, democratización.  La constitución de ámbitos  donde confluyan todas las organizaciones sociales de cada territorio  junto con las instancias de Gobierno Municipal, Departamental y Nacional, abre cauces para que  esa diversidad se exprese y pueda aportar al desarrollo colectivo desde lo local.
La construcción de un entramado social democrático y democratizador  se convierte en una estrategia  fundamental de cambio y de empoderamiento de los actores populares. Esta concepción implica reconocer el rol propio de las distintas formas de organización social y  de participación,  estimular su vínculo horizontal  con la gente y promover el diálogo y la interacción entre ellas.
La elección abierta de representantes es un elemento de la democracia en todas las instituciones. Mucho más en ámbitos complejos o multitudinarios o  extendidos.  No obstante, la reducción de la participación democrática a la relación representante –representado consolida un sistema de micropoderes que coartan el protagonismo  de la gente.
Sin embargo sería un grave error reducir la participación ciudadana a los ámbitos locales. Este tipo de concepción, explicable  tal vez cuando la izquierda sólo accedía a gobiernos municipales,  en soledad y aún  con la hostilidad de gobiernos nacionales de derecha, deja de lado la centralidad de la escena política nacional. En términos de poder  limita a los sectores populares a áreas y temáticas restringidas. Los actores  sociales, aunque se constituyan a partir de  su rol en estructuras particulares, locales o sectoriales, solo  se proyectan como fuerzas sociales cuando producen efectos pertinentes en la escena política nacional.   El bloque en el poder  de la formación social se organiza y funciona a escala nacional. Para que los actores sociales populares puedan formar parte de dicho bloque deben tener proyección nacional , es decir  poseer una organización  extendida y  un discurso que los unifique, actuando sobre los problemas generales.  Cuanto más acotado , particularista, economicista,  es el horizonte de sus prácticas , más se limita su accionar al corporativismo y menos posibilidades de hegemonía tiene un sector social. Con proyección nacional funciona el movimiento obrero y también las asociaciones empresariales.  En cambio las organizaciones sociales de base comunitaria no han logrado aún  gestarse como sujeto  popular  en el plano político nacional. La fragmentación y la sujeción a la institucionalidad estatal operan  como factores de debilidad.
Estas formas de ciudadanía activa van creando  otras relaciones de poder, democratizando las  políticas públicas. Son formas más democráticas de poder  ciudadano y por lo tanto de poder popular.  El poder ciudadano  en manos de las amplias mayorías populares es una forma de poder popular.  En nuestra concepción no hay socialismo sin organizaciones sociales fuertes,  diversas, con un protagonismo destacado en relación con las políticas públicas.
En ningún caso se trata solo de crear los ámbitos de participación sino de contribuir a la forja de actores que les den contenidos, valores y prácticas sociales que superen lo corporativo.
A diferencia de la concepción de la “vanguardia”, el “partido del proletariado”, “el líder carismático”, el socialismo del siglo XXI debería bregar por la forja de un conjunto diverso de sujetos populares.  Fuerzas sociales  sin sujeción al Estado o a los partidos, pero capaces de sumar  con otros para empujar los cambios, de interactuar con el Estado no solo desde lo reivindicativo, con capacidad de propuesta y acción  transformadora.  Con independencia que   no implica  prescindencia, sino por el  contrario comprometidos con perspectivas nacionales de cambio.
Concebir  el socialismo  con un contenido profundamente democrático implica el reconocimiento de la política como un campo de la sociedad  donde existirán distintas opciones políticas e  ideológicas, expresando intereses y visiones diversas, en contradicción o en alianzas.
El socialismo  que propugnamos  establece una separación clara entre el Partido y el Estado. El papel de la fuerza política no se limita a hacer elegir los gobernantes cada cinco años.  Es un control sobre su propio  gobierno y un ámbito de discusión de los grandes temas estratégicos que surgen de la gestión estatal y de la evolución de la situación nacional. Pero sobre todo la fuerza política   tiene un rol propio de vínculo con la población, donde debe  desarrollar  su acción política e ideológica. La absorción del Partido por el Estado tiene muchos antecedentes históricos, todos negativos para el proceso.  Ni encerrado entre las cuatro paredes de la institucionalidad, ni  anémico apéndice del gobierno,  el Partido  debe ser  un centro de prácticas políticas  hacia la población, con capacidad de iniciativa, de movilización ciudadana, un dinamizador de ciudadanía activa.  La lucha ideológica por los valores solidarios, inclusivos, participativos,  debe tener en la fuerza política popular  un gran motor. La elaboración de los  grandes lineamientos estratégicos  del proceso tiene en la organización política su ámbito privilegiado.
Esa política que se organiza desde abajo, que articula pero no se limita a la gestión estatal, significa una subversión  y un antídoto contra la tradicionalización.
Implica  también la coexistencia  en un régimen democrático con diversas opciones, concepciones y formas de hacer  política.
El plano ideológico  es un aspecto central  de la concepción del socialismo, que no  es  subsidiario del avance económico o consecuencia directa del mismo. Por el contrario es  una batalla  permanente  para el desarrollo de valores  solidarios  y  participativos. Como afirmaba el Che, en el Socialismo y el Hombre en Cuba, la indignación y la capacidad de rebeldía ante la injusticia  son cuestiones esenciales.
Debe existir una Etica de la política, donde  la honestidad , la transparencia,  el espíritu de trabajo,  la entrega a las grandes   causas   colectivas  sean los valores guía .
Que no deba concebirse socialismo como equivalente a estatización no significa que el rol del Estado sea menor para la gestación de las transformaciones económicas, políticas y culturales.  Por el contrario su papel es decisivo incluso en los desafíos actuales del desarrollo nacional  y en la construcción de los pilares del aparato productivo.
En el plano económico  construir una alternativa  socialista  significa  crear  relaciones de posesión o apropiación  real donde los trabajadores  tengan mayor  participación en la organización y planificación del proceso de trabajo.  Combatir la alienación  del trabajo a través del control y la participación de los  trabajadores requiere innovar , crear nuevas relaciones  de producción. En esa línea está la promoción   decidida de  formas de autogestión o cogestión, extender y  profundizar los principios del cooperativismo.  El desarrollo de formas de propiedad social de los medios de producción  genera experiencias imprescindibles para  una perspectiva socialista.  Aprendizajes sobre errores,  problemas y posibilidades, sin los cuales el socialismo  no pasa de una formulación teórica. No son soluciones mágicas que resuelven los problemas de una vez y para siempre, sino construcciones humanas,  perfectibles, en permanente  cambio.
El socialismo  es un gran cambio revolucionario  pero no es el estadio final de la historia sino un proceso de conquistas  políticas, económicas, culturales y sociales que abre caminos para nuevos avances. Esa renovación de las metas, en pos de utopías liberadoras, es una cuestión esencial del  socialismo.
El capitalismo globalizado  no es otra cosa que el imperialismo.  Sus políticas  de dominación mundial  mantienen guerras y ocupaciones, a pesar de,  e incluyendo las contradicciones  que determinaron los cambios de gobierno en Estados Unidos.  La banalización de la guerra  incorpora en el status quo internacional  la ocupación militar de  países del tercer mundo por parte de Estados Unidos  y sus aliados.
El capitalismo  genera   periódicamente crisis económicas o financieras, que  determinan graves retrocesos y aún catástrofes  en los países dependientes.
Episodios  recientes como la conferencia mundial sobre medio ambiente, reiteran lo que ha sido una experiencia histórica. Los  centros capitalistas de poder mundial no están dispuestos a ceder en sus intereses inmediatos en aras de un futuro para el planeta.
La doctrina de los  Derechos Humanos  ha reflejado avances sustanciales de la humanidad  que se enfrenta  diariamente con las realidades  de opresión e injusticia. El socialismo  del Siglo  XXI  debe integrar esos Derechos  como parte esencial de su propuesta. La construcción de una cultura de derechos contribuye a dignificar a los hombres y mujeres y a elevar sus miras de desarrollo humano.
Estas ideas fuerza  sobre socialismo  no se piensan como recetas o   postulados a aplicar en un futuro mas o menos mediato, sino  de ideas para  orientar nuestra lucha ahora.  Respetando los procesos que nuestro pueblo está llevando adelante, las correlaciones de fuerzas  y buscando influir sobre ellos en el sentido de los objetivos populares  mas trascendentes.  Nos está faltando abrir un debate serio y enriquecedor  sobre estos temas, sin pretender ideas acabadas sino  como  un proceso fermental, disparador de nuevos aportes.

4 Comentarios para “UN SOCIALISMO CON VOCACION LIBERTARIA”

  1. Daniel Nacele

    Ene 3rd, 2010

    Estimado Pablo me parece muy bueno tu aporte al debate sobre el camino al socialismo libertario. En especial comparto la enumeración que haces al respecto de las ideas del socialismo probadamentente erroneas. Es bueno no solo «mirar por la ventana hacia afuera» sino también hacer una miradita de nuestra casa de la «puerta para adentro». Sin lugar a dudas este material es un anticipo de los debates que nos esperan en el mes de febrero. Muchas gracias por el aporte.

  2. roberto

    Ene 19th, 2010

    Para bailar se precisan, por lo menos dos, esta elucubracion abstrata, sin desmedro al ejercicio de elaboracion, al interes en la busqueda, no deja de poner en una bolsa un monton de temas por demas complejos, tomados de a uno.

    Este gran baile de iluciones, desde la experiencia en un paisito irrelevante en la geopolitica, a quien no se le presta mas atencion que la simpatia por los esfuerzos que realizan para hacerse sentir, hace que tengamos tiempo para empalagarnos con abstracciones masturbantes.

    Es propio, de una clase social, que es determinante, en el terreno ideologico y politico, dado a las deformaciones de la desconstruccion del Estado y la estructura de clases de un pais mono-productor, dependiente.

    A no dudar que nos vaya bien, hasta es probable, que el propio Imperio, nos facilite las cosas, para tener donde justificar sus actividades en otros campos de nuestra America, que sin lugar a dudas entrara en una fase tragica nuevamente, dado el impulso que ha tomado el Imperio en la velocidad que actualmente desarrolla para retomar el papel dejado de lado al dedicarse a otros travesuras, destruyendo paises en otros lares.

    Otro gran pecadito, de la aldea, como decia Jose Marti, …cree el aldeano que es el univeso…, y la bonanza economica, del mundo, posibilito, que poniendo al dia y en claro los numeros, tuvieramos para realizar una administracion mas o menos mas higienica.

    Seria bueno observar con detenimiento, concreto, la experiencia del gobierno departamental, por casi 20 años, y con verdadera honestidad revolucionaria, levantar la mira hacia el horozonte, y pensar si con el gobierno nacional sucede lo mismo, lo unico que habremos logrado es reciclar a la clase media y volverle a dar su papel de administradores.

    Pablito, anda un rato a la playa del Cerro, pasea por el Parque Capurro, mira la indigencia, la indiferencia de las autoridades en cuanto al uso, cuidado y preservacion de los espacios publicos, espacios que nos pertenecen a todos, pero que de forma descontrolada, lo unico que sirven es para una participacion de la impunidad en el relacionamiento social.

    !!Concreto!!,

    No al trasiego de dirigentes a las actividades administrativas.

    No a cargos a aquellos que tienen una formacion academica, inversion del pais.

    No a repartijas politicas, priorizar la capacidad.

    Renovacion e igualdad de genero.

    No a la obsecuencia.

    Construccion de poder popular, potenciando el papel del comite de Base.

    Que tal, si habra para hablar y discutir, cosas concretas del ahora, que hace sin duda la construccion del mañana.

  3. daniel gerhard

    Ene 28th, 2010

    Como ya te lo dije, agradezco el aporte y el esfuerzo que eso implica: tiempo y pensar…

    Comparto con mi tocayo la cereza de la torta (la utocrítica) muy bien localizada.
    Respecto a lo que dice roberto (aparte de la mala leche) creo que «cosas concretas» es lo que más se hace, y el proyecto club de niños (de Inau) donde trabajo es uno ejemplo claro. A la fuerza política tambien le falta este tipo de aportes, bien bajados a la realidad y no lo veo perdida de tiempo (si lo fuera tú no responderías).

    Ademas de suscribir a lo que escribió pablo, le haría mayor incapié al aprendizaje de la izquierda (no la uruguya especificamente por razones obvias) de los aspectos socializantes de las culturas originarias, sobre todo (y mea culpa) despues del 1º de enero del ´94. . . esa comunión que se intenta hacer entre marxismo e «indigenismo» es un paso adelante en nuestra izquierda de hoy.
    Enganchado con lo anteriror, me parece que hay que dejar -por más duro que suene- bien claro que no es viable «todo para todos» en materia de consumo, pues el mundo no permite un autito para 6.000 millones de habitantes etc. Ademas de rechazar el desarrollismo, y modernizando el discurso del Che manteniendo su escencia, la vida material con moderada austeridad debe ser parte del discurso del Socialismo, no como proclama New Ege (o algo asi) sino para que nuetro mundito dure un poco más. Y a esta batalla ideológica ninguna Izquireda se la juega (¿tendremos miedo de ver de forma grotesca nuestra contradicción?)

    Gente linda, la seguimos en la conferencia! ARRIBA LOS QUE LUCHAN
    Daniel, frente juvenil

  4. arlette

    Feb 6th, 2010

    SOLO VOY A PEGAR ALGO DEL COMPAÑERO HUGO CORES

    CREOQ UE EL F.A SE DEBE UNA AUTOCRITICA…..

    11.03.2008 10:11

    Escribe: Hugo Cores
    Si las pautas económicas acordadas con el FMI nos obligaran a transitar el mismo camino de los gobiernos neoliberales anteriores, esas pautas tendrán que ser modificadas. Sería, apenas, un acto de lealtad con lo que prometimos y de ejercicio de la soberanía nacional.
    Resulta indudable que los obstáculos que se levantan frente a la nueva Administración resultan muchas veces de una magnitud inesperada.
    Las condicionantes económicas pactadas con el FMI confinan al gobierno a una perspectiva de estrecheces y recortes que vuelve toda la tarea de reconstrucción mucho más difícil.
    Prevalece una línea de pensamiento económico sobre la que tarde o temprano habrá que reflexionar.
    Debemos analizar si el cumplimiento de las metas que nos han sido impuestas desde afuera permiten la realización de los objetivos económicos y sociales que constituyen el corazón de nuestro programa histórico transformador, nuestra razón de ser como fuerza política con un proyecto de desarrollo nacional, popular y democrático basado en la justicia social y el respeto por la soberanía del pueblo.
    Probablemente la discusión del Presupuesto hará aflorar estas tensiones y será el escenario donde se module, ahora ya de manera más circunstanciada, aquella resolución del Congreso «Héctor Rodríguez», demasiado general, una especie de salomónico aforismo, al decir «no pagaremos la deuda externa con el hambre de nuestro pueblo.» Enunciado cuyos contenidos deben ser examinados en cada circunstancia.
    SI LAS PAUTAS ECONÓMICAS NOS OBLIGARAN A TRANSITAR EL MISMO CAMINO DE LOS GOBIERNOS NEOLIBERALES ANTERIORES, ESAS PAUTAS TENDRÁN QUE SER MODIFICADAS. SERÍA, APENAS, UN ACTO DE LEALTAD CON LO QUE PROMETIMOS Y DE EJERCICIO DE LA SOBERANÍA NACIONAL.

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