sábado 24 de octubre, 2020

«Hay que cerrarle el paso a la restauración de derecha»

Publicado el 10/11/09 a las 12:00 am

Luis Puig. El retorno del PVP al Parlamento y la lucha contra la impunidad

Por Julio Guillot

Luis Puig es una figura suficientemente conocida. Dirigente del sindicato de la Compañía del Gas, integrante del Secretariado Ejecutivo del PIT-CNT y cuadro relevante del Partido por la Victoria del Pueblo, ha sido electo diputado por el Espacio 609.

Luis Puig hace un alto en sus tareas para dedicarme un tiempo y responder a mis preguntas, que abarcan tópicos diversos. Inevitablemente, lo primero que surge es el análisis del resultado del plebiscito.

-Hay una sensación generalizada de frustración entre los jóvenes al no aprobarse la anulación de la Ley de Caducidad. ¿Qué reflexión te merece?

-Evidentemente fue un golpe muy fuerte para todos. Allí lo que perdimos fue la posibilidad de anularla mediante la iniciativa popular, pero sin duda esto no implica el fin de la lucha contra la impunidad. Por el contrario, creo que en esta campaña de recolección de firmas y en la campaña por el voto rosado estamos ganando una enorme batalla contra la impunidad. La incorporación de miles y miles de jóvenes, haber reinstalado el tema en la sociedad, son cosas que hay que valorar. La campaña dio la posibilidad de incorporar a grandes sectores de la población, y fundamentalmente a muchísimos jóvenes que ni siquiera habían nacido cuando el plebiscito del 89. Y eso es una enorme apuesta al futuro.

-Sin embargo, no se llegó al 50 por ciento. ¿Qué pasó?

-Hay que desmitificar un poco la cosa; hay que dejar de estigmatizar al pueblo o responsabilizar a la gente, porque en realidad, ese millón y algo de personas que pusieron la papeleta rosada en el sobre estaban claramente decididos por la anulación de la ley. La composición del resto es muy heterogénea: allí hay gente desinformada, porque los grandes medios de comunicación jugaron a desinformar (el tema no debía existir, no estuvo en los debates televisivos); gente que pensó que a pesar de la ley se pudo avanzar en el tema de derechos humanos; gente que quiere mantener la ley, que yo creo que son los menos; después están los votos en blanco y los anulados… A todo eso había que ganarle. De todos modos, yo pienso que ha habido un avance importante en la incorporación masiva del tema, y la gente comprendió que la impunidad trasciende la Ley de Caducidad; es una cultura que ha impregnado la sociedad a partir del terrorismo de Estado, y la acción de los gobiernos que sucedieron a la dictadura que es entre otras cosas, desvalorizar al ser humano como tal. Seguimos en lucha, porque la lucha contra la impunidad no empezó con la recolección de firmas y no termina con el último plebiscito; por el contrario, yo creo que se incrementa, y se incrementa en otros planos. Se abre un abanico con varias perspectivas de trabajo: además de la movilización, tenemos la declaración de la Suprema Corte de Justicia, que si bien sólo tiene efecto para el caso de Nybia Sabalsagaray, la posición de la Corte es concluyente en cuanto a que esta ley es inaplicable porque es violatoria de la Constitución, además de violar aspectos elementales de la dignidad humana. Por otra parte, el próximo Parlamento tendrá que buscar los caminos, en concordancia con toda la sociedad, para erradicar esta ley, porque ya no hay nadie que pueda razonablemente defenderla. Asumimos que el 25 perdimos la oportunidad de anular la ley pero no nos sentimos derrotados ni estamos de luto: seguimos en pie de lucha. Y en esa lucha por la verdad y la justicia, también se incorpora, en este mes, la necesidad de cerrarle el paso a la restauración de derecha. Un triunfo de la derecha significa contribuir con la impunidad, porque la derecha es gestora de la impunidad. Los Sanguinetti, los Lacalle, los Batlle, son gestores de la impunidad y cómplices de los terroristas de Estado. Por eso nos parece que en esta apuesta general de lucha, de movilización, de articulación de la movilización popular, más los dictámenes de inconstitucionalidad de la SCJ, también hay que cerrarle el paso a la derecha.

-Bueno, pasemos a otros temas. El PVP hace hincapié en la unidad pero al mismo tiempo se define como de izquierda radical. ¿Cómo se conjugan ambos conceptos?

-Creo que hubo algo que Hugo Cores acuñó durante mucho tiempo y que el compañero del PVP Pablo Anzalone desarrolla muy bien: ser radical implica ser profundamente unitario. Y creo que esa cultura de unidad, de construcción de las herramientas populares, a lo cual nuestra organización, como uno de los tantos vectores, ha contribuido a forjar, tiene un hito muy importante cuando dirigentes sindicales de orientación anarquista como Gerardo, como León Duarte, como Hugo, junto a dirigentes comunistas, socialistas, cristianos, entendieron que más importante que las diferencias entre dirigentes era la unidad de los trabajadores. Y gestaron un proceso de construcción conjunta de una herramienta sindical como la Convención Nacional de Trabajadores, que es un ejemplo claro de la madurez de la izquierda en el país. Nadie abdicaba de sus ideas pero todos eran conscientes de que la unidad es un artículo de primera necesidad para alcanzar los objetivos del socialismo y la libertad.

-Sin embargo, en sus orígenes, el PVP no se integró al Frente Amplio…

-Es cierto. Fue un hecho del que luego el PVP hizo una autocrítica y llegó a la conclusión de que había sido un error no haber contribuido a la unidad política como sí lo había hecho para la unidad sindical. Faltamos a la cita en esa construcción de la unidad política. En esa autocrítica, en la que el PVP se dijo cosas muy duras, más duras que las críticas que podían venir de afuera, asumimos nuestra cuota parte de responsabilidad en la derrota del movimiento popular; al mismo tiempo no nos propusimos desensillar hasta que aclarara, sino continuar en la resistencia a la dictadura, en la resistencia clandestina, en la solidaridad con los presos. Todo eso se ha hecho desde la modestia de nuestra fuerza política pero con una profunda convicción unitaria.

-¿Cuándo se produjo el ingreso formal del PVP al Frente Amplio?

-A comienzos de los ochenta, y en 1984 participamos en la IDI (Izquierda Democrática Independiente). Nos mantuvimos allí hasta mediados del 85, cuando surgieron diferencias y resolvimos mantenernos como PVP siempre dentro del FA. Luego participamos en la creación del MPP junto a varias organizaciones y militantes independientes en el 89; Hugo fue electo diputado por la 609. En el 94, diferencias políticas llevan al PVP a abandonar el MPP, pero en una decisión conjunta; en el momento en que decidimos no seguir participando en la interna del MPP, Hugo Cores, por decisión propia y del partido, hace entrega de la banca. Me parece que es una señal de identidad del PVP, que identifica nuestra forma de hacer política. Pero nuestro relacionamiento con el MPP y con todo el Frente ha sido siempre respetuoso, y hoy estamos en la misma línea de construcción, esta vez dentro del Espacio 609, junto a varias organizaciones y personalidades.

-¿El PVP prioriza la lucha en el frente sindical?

-Durante esa etapa en que estuvimos en el llano, nuestra tarea fue contribuir al desarrollo de las orientaciones obreras. El movimiento sindical uruguayo tiene características que lo distinguen de otros, no sólo por tener una sola central, sino porque no es un movimiento obrero que se dedique sólo a las reivindicaciones inmediatas, como salario o condiciones de trabajo, sino que tiene una profunda vocación de transformación social. Eso viene de la historia del movimiento obrero, de sus orígenes, del aporte de inmigrantes españoles, italianos o alemanes, que trajeron una concepción de lucha, una concepción de clase, una concepción independiente e internacionalista. Durante esos años en que el PVP no tuvo representación parlamentaria después de la renuncia de Hugo, se fue fortaleciendo como organización política, y sin olvidar que la lucha parlamentaria es sólo un aspecto de la lucha política, no debemos menospreciar esa lucha sino conjugarla con la lucha en otros frentes como el sindical.

-A propósito, vos sos dirigente sindical, ¿qué vas a hacer el 15 de febrero?

-Bueno, está decidido que asuma el lugar de lucha en el Parlamento, y por tanto voy a abandonar la actividad sindical que quedará en manos de otros compañeros del sindicato del gas. Y seguiremos luchando por un proceso de cambios muy trabajoso, que no se logra en un solo acto, que enfrenta los procesos de resistencia de la derecha, porque el programa del Frente Amplio, sin ser un programa socialista, afecta intereses de las clases dominantes desde hace 170 años; y la defensa de esos intereses de los poderosos lleva a la derecha a organizarse para resistir esos cambios. La derecha no se resigna a que este país esté cambiando, y mucho menos a que el proceso de cambios se profundice. La idea nuestra es seguir avanzando, con más consejos de salarios, con más negociación colectiva, con más acceso a la salud para todos, con un sistema educativo que dé respuestas a las necesidades de los jóvenes. Hablar de profundizar los cambios es hablar de mayor resistencia de la derecha tratando de dar marcha atrás a la rueda de la historia, tratando de retrotraernos a las gestiones de gobiernos neoliberales que concentraron la riqueza en unos pocos y condenaron a la miseria a las mayorías. Habrá que profundizar la redistribución de la riqueza, para lo cual el tema del salario es fundamental. Habrá que plantearse que la descentralización no es solamente desconcentración administrativa sino fundamentalmente mayor participación política de la gente. Hay que fomentar las nuevas formas de participación que los jóvenes han integrado en esta campaña, y no tener miedo de que los jóvenes empiecen a asumir posiciones y a ofrecer iniciativas; bienvenidas esas iniciativas. El FA debe admitir que los jóvenes están tomando un protagonismo que siempre reclamamos, bueno, ahora que esto se empieza a dar, no le pongamos trabas. Pero tengamos claro que la movilización no puede ser sólo hasta el 29 de noviembre; no es cuestión que una vez logrado el segundo gobierno le digamos a la gente «muchas gracias, ahora váyanse para su casa». El Frente tiene la obligación de integrar esa gente a un proceso muy dinámico como forma de reaseguro contra la resistencia de la derecha y contra nuestras propias vacilaciones.

38 años de militancia

-Bueno, tengo 54 años, tres hijas, tres nietos. Empecé a militar a los 13 años siendo estudiante liceal y me integré a la ROE (Resistencia Obrero Estudiantil) en el año 71. Participé en la resistencia a la dictadura y en la conformación del PVP; estuve exiliado en Argentina, donde empezó la lucha por verdad y justicia, allá por el 75 o 76, cuando se produjeron las primeras desapariciones de compañeros, de modo que no es una lucha de ahora sino que viene de lejos. Siempre con la orientación de compañeros como Hugo Cores, con el ejemplo de Tota Quinteros, el PVP hizo de la lucha por verdad y justicia uno de los elementos fundamentales de su plataforma, junto con la defensa de los derechos de los trabajadores, con la lucha por el socialismo y la libertad. Hace 38 años que estamos integrados en este grupo político.

INSEGURIDAD

­¿Cómo se resuelve el problema de la inseguridad?

­No olvidemos que los jóvenes han sido quienes llevan la carga más pesada de los efectos de las políticas neoliberales. La derecha dice «queremos un país más seguro», pero no dicen que las políticas que se llevaron adelante bajo gobiernos blancos o colorados generaron una situación social que es un caldo de cultivo para las conductas infractoras. Hay que profundizar una política económica al servicio de la gente; una política de redistribución de la riqueza es el mejor camino para tener un país más solidario, más integrado. La derecha apuesta al miedo y a la mano dura, pero si no hay una mejor distribución de la riqueza, no se resuelve el problema de la inseguridad. Creo que más educación, mejor salario, mejor trabajo, más acceso a la salud, más democracia, más verdad y justicia, son cosas que apuntan a integrar la sociedad y hacerla más solidaria y menos violenta.

IDEOLOGIA DEL PVP

-El sustento doctrinario del PVP tiene un fuerte componente libertario pero también se han incorporado elementos del marxismo. ¿Se mantiene esa línea ideológica?

-Los orígenes de la FAU, la ROE y el PVP son sin duda libertarios, pero la Federación Anarquista Uruguaya, ya en la década del sesenta, a influjo de lo que fue esa gran discusión que se dio en toda América y en el mundo, sobre los caminos al socialismo, fue claramente influenciada por la Revolución Cubana. Gerardo Gatti, León Duarte, el propio Hugo ­que venían de raíces anarquistas­ abrazaron con mucho calor, con mucho entusiasmo, la gesta que abrió la Revolución Cubana en América Latina y, de alguna manera integraron aspectos fundamentales en la lucha contra el imperialismo y por el socialismo que vienen de la Revolución Cubana. Ya a partir de los sesenta no se trataba de un anarquismo ortodoxo sino que hubo una apertura a incorporar otras doctrinas como el marxismo.

Tomado de La República, 9/11/2009

Un Comentario para “«Hay que cerrarle el paso a la restauración de derecha»”

  1. daniel

    Nov 22nd, 2009

    Compa me pareció bueno la entrevista pero quiero puntualizar que cuando Luis se refiere al llano puede generar confusión. Me hiso acordar a aquello de la cancha chica y la cancha grande de otras épocas La cancha es una sola y es una sola Es la lucha política que tiene distintos espacios y diferentes niveles donde de se desarrolla y en los cuales nosotros pretendemos participar para modificar las relaciones de fuerzas existentes Lo nuevo hoy tal vez sea la participación en el gobierno y en la estructura del estado cosa que no se jerarquiza en la entrevista con parte de la practica política del partido. Sobre el «sustento doctrinario» tenemos que ser cuidadosos. El anti imperialismo y la lucha por el socialismo y la libertad no vienen de la mano de la revolución cubana viene de mucho antes de otras gestas revolucionarias y de las cuales supimos nutrirnos. Sobre la incorporación del marxismo tenemos que ser bien claritos No llegamos a él para sentarnos arriba de los libros y leer acríticamente a los clásicos sino al revés .Letra critica e incorporación de un conjunto de teóricos ignorados por el marxismo soviético y otros en franca ruptura con el mismo..Y el marxismo como herramienta para interpretar la realidad, como sustento para el desarrollo de la acción política a todos los niveles Y por último en el conjunto de nuestro sustento doctrinario debemos incorporar los documentos del partido que han orientado nuestra práctica política.

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