miércoles 28 de octubre, 2020

Sara Méndez: madre, abuela y militante

Publicado el 21/09/09 a las 2:06 am

Por José López Mercao

Simón escribe su historia

A comienzos del mes en curso, Simón Riquelo, el niño arrancado de brazos de su madre por los represores y reencontrado por su madre un cuarto de siglo después, comenzó el trámite judicial para recobrar su identidad. Una historia de dolor, de desgarramientos, de marchas y contramarchas, pero también un proceso de quién lucha por reencontrase con ese atributo a menudo esquivo, que llamamos identidad

En julio de 1976, un operativo encabezado por Nino Gavazzo, secuestra en Buenos Aires a Sara Méndez y a su hijo de tres semanas, Simón Riquelo. Sara es separada del niño, torturada en Automotores Orletti y posteriormente conducida al Uruguay. Liberada en 1981, emprende en condiciones desventajosas la búsqueda de su hijo.
Sara expresa que “Esta búsqueda fue a un tiempo algo muy personal, pero también un hecho colectivo, que se vio precedido por el hallazgo de otros niños secuestrados. Fue el caso de Mariana Zaffaroni. Su ubicación, su redesaparición y el proceso por el cual se llega a la recuperación de su persona, es parte de un largo proceso cuya parte medular es el proceso interior que tiene que hacer cada uno de los chicos victimizados por esa situación. Hoy los uruguayos saben de una Mariana que viene a Uruguay, que tiene una actitud muy abierta, intentando comprender la historia de sus padres biológicos para asumirla. Pero tal vez no sepan que detrás hay una historia durísima, cargada de marchas y contramarchas”.

Historias irreparables
En 1984, cuando aun Uruguay vivía en dictadura, Sara Méndez viaja a Buenos Aires a verificar un dato sobre el paradero de Simón conseguido por las abuelas de Mayo. “Para mí –recalca Sara- fue un hecho trascendente, porque me incorporé como madre a una lucha que ya tenía fuertes raíces”.
Al familiarizarse con la lucha de las abuelas, se adentra en el dolor. En sus palabras, “comprendí que ese dolor no radicaba en lo que nos tocaba a nosotros, sino en la tremenda contradicción que se les presentaba a esos chicos. Eran hijos de la lucha y el sacrificio, la vida de sus padres había sido amputada de la manera más cruel y no era solamente eso, sino que muchos de ellos estaban en manos de sus verdugos, habían sido criados y educados por ellos. Por eso, no nos sorprendía que cuando eran hallados, se debaten entre el afecto a quiénes los criaron y la constatación de que fueron parte de esa maquinaria siniestra que aniquiló a sus padres”. Esto quiere decir que “la parte más dolorosa de esta historia no es el choque de nuestra presencia en sus vidas, sino la historia que había venido después, con la apropiación. La mentira, el ocultamiento y la historia fingida de aquellos que habían sido parte de ese aparato represivo. Por eso yo hablo de historias irreparables”. Por eso la depresión inicial: “Caí en un pozo en el cual había sólo dos respuestas posibles: sigo o me quedo”. Por eso la pregunta: “¿Esta lucha que voy a emprender es válida o no? Porque sabíamos que íbamos a ser los cirujanos de nuestros propios hijos.
Sara cuenta que los encuentros de los chicos fueron en distintos momentos sociales y etarios: “No es lo mismo cuando encontramos a Victoria Moyano, con nueve años. Una Victoria que estaba mirando por el juzgado por que ventana podía escapar. Era una niña que un buen día se encuentra con su historia, con la abuela biológica, con un juez que iba a disponer que iba a vivir con una familia biológica que le era completamente extraña y lo único que se le ocurría era fugarse. Eso nos preparaba para lo que iba a suceder cuando encontráramos otros niños u hombres, como fue el caso de Simón, que fue ubicado a los 25 años”.
Cada uno de esos descubrimientos era el arranque de un proceso distinto. Lo de Simón tenía una particularidad, era el único chico que se iba a reencontrar con su madre biológica. En el caso de Simón, estaba con el matrimonio que lo había criado de apellido Parodi y con dos hermanos de crianza. El hombre pertenecía a los aparatos represivos y tenía un cargo importante en esa estructura.
Sara presentía que “para él esta historia no era nueva. Luego fui comprobando que efectivamente era así. Por experiencia sabía que esas historias están subyacentes. Además, Simón había tenido tres años atrás dos llamadas de abuelas de Plaza de Mayo que le confirmaban su identidad. A pesar de todo eso él respondía con una negación”.
En 2002, luego de sucesivas aproximaciones, se produce el primer contacto telefónico entre madre e hijo: “El 3 de marzo, Rafael Michelini nos trae la noticia de que se había intervenido en el caso y el mismo día la familia de crianza le cuenta la historia que le habían ocultado. El 8 de marzo tenemos la primera comunicación, nos escuchamos las voces y el 18 de marzo tenemos el resultado final. Un mes después Simón viaja a Uruguay,  empieza a conocer a su familia biológica, a reconocer parecidos fisiognómicos y empieza un proceso muy contradictorio. Yo ya estaba familiarizada con eso, porque estuve muy cerca de los chicos que eran reubicados. Me contaban que tenían idas y venidas, días en que creían comprender todo y se llenaban de euforia y sentían cariño por esta nueva historia, como también otros en que todo se revertía. Pasaban de sentir mucha bronca hacia los apropiadores a un sentimiento que consideraban de ingratitud a quienes los habían criado. Todo eso debía ser tenido en cuenta para comprender sus actitudes y su proceso”.
En ese proceso Sara llega a descubrir que “el sentimiento que tienen hacia la apropiación es similar al de la persona violada, que se siente culpable a pesar de haber sido la víctima. Desatar ese nudo es muy fuerte, muy duro y lleva mucho tiempo. Tenemos que ser sostén de ese proceso, pero por momento empujarlos. Yo comparo este proceso con el que vivieron nuestras sociedades. Hoy estamos en el proceso de sacarnos la ley de impunidad de arriba y pienso que hemos tenido que ir operando así, en medio de una situación de avances y retrocesos”.

De Simón a Juan Ignacio
En abril de 2007, cuando nace el hijo de Simón, Juan Ignacio y eso coincide con la citación judicial a la madre apropiadora (el hombre ya había fallecido al año de ubicar a Simón) y allí se da la situación más difícil: “Iba a ser padre, pero al mismo tiempo se ve metido en esa encrucijada. La mujer que lo crió no se presenta ante la justicia, queda prófuga, sus hermanos de crianza lo presionan haciéndolo responsable de esa situación y él adopta una conducta dura conmigo. Me llega a decir que no va a cambiar su nombre, más allá de que el proceso judicial que se seguía iba a concluir en el imperativo de que se le restituyera el apellido”.
Esa dualidad se prologó durante dos años. Pero en junio, Simón le dice a Sara que quiere cambiarse el apellido, por él y por su hijo: “Lo que ahora le planteo es la posibilidad de que incorpore el Simón como segundo nombre (lo llamaron Aníbal), por lo que significó en su vida. Le escribo, en una carta le cuento que durante 25 años buscamos a Simón. No teníamos un rostro ni un nombre, sólo ese nombre lo representaba. Yo siempre pensé que asumir el nombre, no que se le imponga, era una especie de mojón, el cierre de una parte del proceso y el comienzo de otra. En el nombre se termina resumiendo la pregunta de ‘¿quién soy yo?’, sino además la del ‘¿quién soy yo para los demás? Pero el verdadero Simón era Aníbal y esto tenemos que tenerlo en cuenta. No podemos acercarnos a esa historia con una mentalidad apropiadora, repitiendo lo que ya le hicieron. Teníamos que hacer nosotros también un proceso de aceptación y comprensión. Ahí jugó un papel muy importante Juan Ignacio, su hijo. Ser padre implica una conmoción muy grande, pensarte como padre es recrear la historia que viviste tú y tus padres tiempo atrás, es un centro de perspectiva que conmueve. A mí me coloca en el rol de abuela, juego con él y me ayuda mi experiencia como maestra de preescolares. Todo cambia. Veo que Simón se acerca y nos mira, incorpora cosas de nuestro juego y las repite con Juan Ignacio.  Juan Ignacio ha sido la llave que nos ha permitido poder encontrarnos, a él como hijo y a mí como padre”.
Luego vendrían los detalles, la comparecencia ante la secretaría de derechos humanos, ante el juzgado, el llanto emocionado de los familiares y los propios funcionarios, la conciencia de todo lo que ha representado la historia de Simón en el imaginario colectivo.
“Es un triunfo trabajoso –concluye Sara- pero con bases sólidas. Yo lo uno acá a lo que va a suceder el 25 de octubre, al necesario SI a la anulación de la ley de impunidad. Desde la salida de la dictadura hubo un mojón en el ’89, fue una derrota pero de allí sacamos fuerzas, el proceso abarcó a Chile, a Argentina, hubo juicios en Italia, en España, fue un avance en materia de legislación. Hoy queremos ponernos a la altura de ese proceso. Esto no es sacado de la galera. Es un mojón de un largo proceso de nuestro pueblo, de madurez, pero también de aceptación del pasado. Porque no podemos legar a las generaciones que vienen la impunidad de aquello que sucedió en el pasado”.

Tomado de Caras & Caretas, 19/9/09.

2 Comentarios para “Sara Méndez: madre, abuela y militante”

  1. DAYSI SILVERA

    Oct 24th, 2009

    que emocion ver el rosttro de simón, desde que tengo 8 u 9 años recuerdo los carteles de ¨´donde estas Simón¨´ en todas las paredes de la casa de mis padrinos. Lo que ha significado este rostro para mi no tiene explicación , se que sonara tonto ,pero fue como ponerle una identidad a un pedazo de papel escrito con lágrimas de angustia de una madre por recuperar a su hijo.Mi mas fuerte admiración sra Sara mendez. hoy más que nunca siiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii a la ley de caducidad,

    Daysi 33 años

  2. lylian velazquez

    Nov 21st, 2009

    yo tambien me emocione al ver a simon ,tantas fueron las veces que gritamos aparicion con vida los desaperecidos… tantas las marchasy en todos los lugares que podiamos lo gritabamos,no fue en vano por lo menos hoy esta simon!!!y sara que feliz estara!!

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