sábado 24 de octubre, 2020

BOLIVIA: DE LA CONSTITUYENTE A UN SEGUNDO MANDATO DE EVO

Publicado el 16/06/09 a las 12:00 am

Por Constanza Moreira

El proyecto de reforma constitucional fue el objetivo más ambicioso y el aglutinador de todas las fuerzas que se encolumnaron detrás de Evo Morales, en Bolivia. La nacionalización de los hidrocarburos, las reformas sociales, o aún los propios procesos de revocación de mandatos, fueron secundarios al objetivo principal que tuvo el gobierno, que fue la refundación del Estado boliviano como Estado plurinacional. Y esto, exactamente, es lo que fue aprobado en la nueva Constitución.

Pero la labor que queda ahora no es menor, y es reglamentar todo lo que se aprobó. En esas está el gobierno de Evo, mientras caduca su primer mandato, en diciembre de 2009, y se apresta a iniciar un complejo proceso electoral que designará el gobierno que habrá de emprender los cambios consagrados en la nueva Constitución, en enero de 2010.

El formato de Estado «plurinacional» es inédito y consagra el reconocimiento de varias naciones conviviendo dentro de un mismo Estado: la nación aymara y la nación quechua, entre ellas. La nueva Constitución combina formas de representación «tradicional» de la política, con formas de representación específicas de las comunidades indígenas. La llamada «democracia comunitaria» se suma a las formas de democracia representativa, donde cada comunidad votará en forma unánime, o por consenso, y serán incorporadas como tal, junto con las que tomen los órganos representativos parlamentarios. Asimismo, a las formas de justicia «ordinaria» se incorporarán formas de justicia comunitarias, y se establecerá la forma en que primen una y otra.

Los mecanismos de la vieja democracia representativa están muy denostados por la nueva clase política boliviana, habida cuenta del pésimo desempeño de los viejos partidos tradicionales (MNR, MIR, ADN) en la conducción política de las últimas dos décadas en el país. No solamente estos partidos no lograron mejorar los niveles de vida de la inmensa mayoría de los bolivianos (Bolivia es, después de Haití, el país más pobre de América Latina), sino que ni siquiera pudieron mantener un mínimo de estabilidad política. El gobierno de Sánchez de Losada, previo al de Evo, fue el ejemplo más dramático de la fragilidad de una clase política pertrechada en sí misma, reactiva y represiva frente a los movimientos sociales, e incapaz de concitar un mínimo de legitimidad en el conjunto del electorado.

Evo Morales es el primer presidente en ser electo por la mayoría de los bolivianos, y por consiguiente, es el primer presidente electo por voto directo. En la definición de un Estado plurinacional él mismo se define como parte de la nación aymara. Al mismo tiempo, debe encarnar, en tanto figura presidencial, la representación de todas las naciones, incluyendo a los blancos. Los indígenas, sean originarios o mestizos, son más del sesenta por ciento de la población boliviana. Recién hoy, con el triunfo de Evo Morales, son parte integral del poder político. Más aún: hoy ejercen el poder político, aun cuando ellos reconozcan que no tienen el poder «estatal». Lo que está en juego en las elecciones de 2008 es que el poder estatal en manos de las fuerzas que se encolumna detrás de Evo debería ensancharse, si de lo que se trata es de refundar Bolivia, de acuerdo al nuevo proyecto.

Una de las formas de ampliar el poder del Estado, para el gobierno, es conquistar la mayoría en ambas cámaras. Hoy, las fuerzas de la oposición (cuyo principal partido es el Podemos) tienen mayoría en el Senado y obstaculizan buena parte de los proyectos del MAS. La razón por la que las fuerzas de la oposición son mayoría en el Senado son las habituales de las constituciones bicamerales. Aunque Evo Morales tiene la mayoría de los votos (y fue respaldado por el 67% de los votantes), el Senado se compone por un número fijo de representantes de cada Estado: tres hasta el momento, y cuatro con la nueva Constitución. De los nueve departamentos en los que está dividida Bolivia, cinco están en manos de la oposición, con Santa Cruz a la cabeza como el bastión de «la resistencia» contra Evo.

El gobierno actual en Bolivia se conoce técnicamente con el nombre de «gobierno dividido». En los gobiernos divididos las instituciones más importantes del Estado están en manos de distintas fuerzas políticas. Un parlamento donde la cámara baja es predominantemente de un partido y el senado de otro, es un ejemplo de parlamento dividido. Pero además, en Bolivia, la división se expresa en la disputa territorial. Los departamentos de la llamada «Media luna» (Santa Cruz, Beni, Pando, Tarija) están en manos de la oposición, y los llamados occidentales (básicamente los del altiplano) en manos de Evo. A eso se le suma la división, en algunos departamentos, entre el campo y la ciudad. En Cochabamba la ciudad vota en contra del gobierno, pero en el departamento en su conjunto gana el gobierno de Evo, fundamentalmente con el voto rural y campesino. Por consiguiente, a la división del poder regional se suma otra división vertical del poder, entre los municipios, y de estos entre las zonas rurales (más pobres) y las zonas urbanas.

La implementación de la nueva Constitución, el principal proyecto y logro político del gobierno de Evo Morales, dependerá de la composición futura de fuerzas en el nuevo gobierno. La oposición se encuentra momentáneamente debilitada, a raíz de los sucesos acontecidos en Santa Cruz recientemente, donde fue desmantelado un grupo armado que pretendía apoyar el «separatismo» cruceño y cuyas vinculaciones con los movimientos cívicos que representan a la oposición al MAS está por demostrarse, pero es vox pópuli. Así, los partidos políticos que compitan para estas elecciones de diciembre intentan desmarcarse de los movimientos cívicos, contaminados hoy por las acusaciones de «terrorismo».

Evo Morales se apresta a iniciar un segundo mandato. La intención de voto al mandatario está hoy entre 37% y 39%. El segundo que le sigue tiene 8%. La oposición quiere ganar tiempo para buscar liderazgos alternativos, pero eso ­al igual que el liderazgo de Evo­ no se construye de un día para el otro, sino que lleva años. La imposición de elaborar un nuevo padrón electoral (biométrico) o de correr las elecciones de diciembre para el año que viene, forman parte de estas estrategias de corto plazo. Estas no suponen proyecto alternativo al del MAS y los movimientos sociales, sino interponer vetos y bloqueos que impidan la concreción de la propuesta de la nueva Constituyente.

El gobierno, mientras tanto, juega fuerte. Juega más fuerte. Ya midió sus fuerzas con el referéndum revocatorio, que lo confirmó por el 67% de los votos, pero que en su momento pareció un salto al vacío. Es que el gobierno boliviano toma riesgos, apuesta, no se acomoda. Juega a su favor el apoyo de los movimientos sociales, de los sindicatos, de los campesinos, de las mayorías indígenas y mestizas. Es un apoyo difícil, crítico, lleno de contradicciones. Pero el único discurso político creíble en este momento en Bolivia es el que surge del diálogo de todas estas fuerzas. Han mostrado audacia en sus planteos y pisan ahora el acelerador, y piden más. Y están en lo correcto: este, y no otro, es el momento preciso en que los cambios pueden ser profundizados.

Tomado de http://www.larepublica.com.uy/contratapa/367762-bolivia-de-la-constituyente-a-un-segundo-mandato-de-evo, 8/6/09.

Un Comentario para “BOLIVIA: DE LA CONSTITUYENTE A UN SEGUNDO MANDATO DE EVO”

  1. GRACIELA

    Jun 23rd, 2009

    Constanza: te felicito. Todos los militantes políticos de América, deberían seguir tus análisis. Tengo para mí que la historia de nuestro continente pasa hoy por Bolivia y por Evo.
    Necesitamos de tus análisis periódicamente,para no perder cada detalle, puesto que cada acción está pensada en función del siguiente paso. Me cuesta ser crítica con Evo y su gobierno. Me gustaría encontrarle fisuras, pero no: lo admiro.

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