viernes 27 de noviembre, 2020

VICTORIA JULIEN: «PENSÉ QUE MORÍA ANTES DE LOS 40 AÑOS»

Publicado el 03/03/09 a las 12:00 am

Por MAGDALENA HERRERA


Hasta los nueve años vivió una infancia feliz en Chile. Pero al saber la verdad sobre sus padres, cayó en depresión y excesos. Recuperada, aunque no del dolor, Victoria Julien cuenta su historia y la de su hermano, quien con cuatro años vio morir a su padre y madre, tras un violento operativo militar en Argentina.

Dos niños vagaban por una plaza pública de Valparaíso, Chile. Un auto los dejó allí a fines de noviembre de 1976. Los hermanos, de cuatro y año y medio respectivamente, llamaron la atención de inmediato por sus ropas y por el acento -para nada chileno- del varoncito, el mayor, que cuidaba de la niña.

Una vez en manos de las autoridades de ese país, los separaron hacia un hogar de niños y otro de niñas. Luego, dieron al varón a un matrimonio para que lo cuidara y, a la beba, a una señora, Claudia, que pretendía adoptarlos pero sus recursos no se lo permitían.

El varón repetía que se llamaba Anatole y su hermana, Victoria.

Esa señora, Claudia, conocía a un matrimonio que se encontraba en tratamiento para concebir hijos. Le propuso así a Jesús Larrabeiti adoptar a los pequeños. Él con su esposa, Silvia Yáñez, quien aceptó. Con año y medio, Victoria ingresó por primera vez a esa casa de Valparaíso y se colgó del cuello de quien era una extraña, y le dijo «mamá». Actualmente, continúa viviendo con ella y la sigue llamando «mami».

«Se ve que tenía una necesidad imperiosa de tener padres», dice Victoria, ahora con 34 años. «De niña sentía una tristeza y no sabía de dónde venía. Tenía pavor de que mi mamá (adoptiva) se fuera a trabajar. Todas las mañanas eran un suplicio, pensaba que se iba a morir. Tenía muchas pesadillas, que me iban a separar de ella. Mis papás adoptivos me dijeron que mis viejos habían muerto en un accidente de tránsito», recuerda Victoria, que por estos días se encuentra en Montevideo, para informarse sobre la causa que inició en 2008 para conocer y «hacer justicia» sobre lo ocurrido con sus padres, y para apoyar la campaña de recolección de firmas para anular la Ley de Caducidad.

«A diferencia, mi hermano siempre supo que mis padres adoptivos no eran sus papás. Fue muy destructiva su infancia. Le decía: `tu no eres mi padre, hijo de puta, y cosas así`. Mi viejo, por suerte, era de una familia que no tenía nada que ver con la represión. Era un matrimonio ejemplar, de una izquierda suavecita, moderada, que nos crió con los mejores valores, en una excelente escuela», cuenta Victoria.

-¿Ellos no sabían que eran hijos de desaparecidos?

-Estaba en el terreno de la especulación. Era raro: nadie nos reclamaba, el acento, aparecidos en una plaza. Especulaciones.

APARECIDOS. Tres años después de aquel abandono en Valparaíso, mediante una fotografía de los niños en un diario, fueron reconocidos como hijos de desaparecidos, de un matrimonio uruguayo que se refugiaba en Argentina. En septiembre de 1976, luego de un violentísimo operativo en la calle porteña Mitre, murió el padre de los niños: Roger Julien, dirigente del Partido por la Victoria del Pueblo (PVP) y requerido por la «justicia militar» uruguaya. Existen dos versiones. Una señala que fue asesinado durante el operativo. Otra supone que él habría tomado una cápsula de cianuro. Su cuerpo nunca apareció.

Su esposa, Victoria Grisonas, habría intentado escapar con los niños (escondidos en la bañera para que no fueran blanco de la balacera). Pero fue detenida, supuestamente herida, y trasladada con sus hijos a Automotores Orletti. Anatole, con cuatro años, habría visto cuando le dispararon a su madre, que caía -según él- viva.

-¿Tiene alguna comprobación de lo que sucedió con sus padres?

-No hay comprobación de nada, por eso quiero que se investigue. Para saber la verdad. Quiero saber de mi madre, si salió viva del operativo tiene que haber pasado por la tortura, la violación. Lo peor que le puede ocurrir a un ser humano no es morir sino lo que puedan hacerle en vida. Me causa mucho dolor y conflicto pensar en lo que le pudo pasar en los centros de tortura. Por mí que hubiese muerto en el operativo. Pero fantaseo con esas ideas horrorosas. Hay cosas peores que la muerte, y la tortura es una de ellas. Mis padres eran militantes de una organización que no mató a nadie. Más allá de un secuestro, un robo a un supermercado, no hubo más. De su grupo, el PVP, nunca mataron a nadie. No había un tema de violencia. Tengo entendido que con el que secuestraron, tomaban mate y jugaban a las cartas. En cambio, hubo cien desaparecidos.

-¿No cuestionó a sus padres por haberlos expuesto a algo así?

-Por supuesto que pasé por algún momento así, pero tampoco fue radical. Después de pensar `qué irresponsabilidad, eran padres, en qué se estaban metiendo`, me di cuenta de que había algo que trascendía cualquier egoísmo. Ellos decían: `mis hijos tienen esto, pero quiero lo mismo para todos los hijos uruguayos`.

-¿Cómo asume la muerte de sus padres?

-Lo de mi padre está más asumido. Pero mi madre… siempre sueño que pueda estar viva, que un día toque la puerta.

-¿Cuánto cuesta eso en su vida actual?

-En Chile lo separo más. Es distinto cuando vengo a Uruguay o Argentina. Es fuertísimo verlo desde otro ángulo. Pasé muchos años de mi vida en depresiones, en excesos, en problemas internos. Pensaba que no iba a pasar de los 40 años, que moriría antes. No pensaba en el futuro, no, porque no iba a vivir lo suficiente. No estaba bien, estaba enferma del corazón, de la mente. Hasta que hice lo necesario para recuperarme. Recién hace un par de años pude empezar a respirar más en paz. Por eso mismo hoy puedo estar acá para tratar de ayudar a que se elimine esta ley inconstitucional. Lo que me cuesta entender es la falta de ayuda del gobierno y de conciencia de la gente por un derecho que debería ser pleno. Todos los obstáculos: firmas, plebiscito, para comenzar a investigar.

-Un plebiscito que tuvo la aprobación mayoritaria del pueblo uruguayo decidió que la Ley de…

-¿En plena dictadura? En Chile pasó lo mismo. Primero ganó Pinochet. Y en el segundo, disipado el temor, ganamos en enorme mayoría los del «no». Hay momentos para cada cosa. La historia se repite mientras no se establezcan cosas que salvaguarden los derechos, mientras no se sane, no se tire la verdad arriba. Estamos condenados a repetirlo.

Traslado. Supuestamente, luego de la muerte de Roger Julien y Victoria Grisonas, sus hijos fueron llevados a Montevideo, y de acuerdo a testigos, habrían estado un tiempo en el Servicio de Inteligencia de Defensa (SID), en Bulevar Artigas y Palmar. La voz de Anatole, con cuatro años, no pasaba desapercibida para otros detenidos. Además, según recuerdos del niño, el oficial retirado José Gavazzo jugaba con él, y le decía «coyote». Luego, no se sabe por qué, los niños subieron a un avión de línea a Chile. «Creo que nos iban a entregar a alguna familia. Pero algo salió mal. Porque los militares son sistemáticos, ordenados, tienen registro de todo. Es otra razón por la que estoy acá, queremos que abran los archivos, sabemos que están y ahí lo dice todo. ¿Por qué no tengo ese derecho?», dice Victoria.

Cuando se supo la verdadera identidad de los hermanos, las familias Julien y Grisonas los reclamaron desde Uruguay. Para entonces los niños se llamaban Anatole Alejandro y Claudia Victoria Larrabeiti Yánez. Con poco más de cuatro años, Anatole se había puesto firme en que Victoria siguiera llamándose Victoria. «Siempre defendió mi identidad, y no me la pudieron robar».

Una vez que se encontraron ambas familias, la natural y la adoptiva, por mutuo acuerdo se decidió que Victoria y Anatole continuaran su vida en Chile, pero que todos viajaran para comenzar a generar un vínculo. «Se entendió que emocionalmente no íbamos a tolerar otra pérdida de padres. Pero a mí no se me contó nada, mi hermano protegió eso. Mis papás estaban de acuerdo para salvaguardar la inocencia de mi infancia. El tema es que pasaban los años y a mí no me llevaban a Uruguay, entonces se comenzaron a enojar desde aquí. Cuando tenía nueve años, por primera vez viajé con toda mi familia vía terrestre. Ya conocía a mis tíos y abuelos porque habían ido varias veces a Chile. Y mi hermano siempre viajó a Uruguay».

Pero hasta ese viaje a Montevideo, Victoria permaneció absolutamente ajena a su tragedia familiar, y confiesa haber vivido una infancia muy feliz, no así la adolescencia ni su primera adultez. De niña, se daba cuenta de que tenía más abuelas que sus pares, pero no preguntaba. Envidiaba a su hermano que siempre viajaba a Uruguay, pero a su regreso le «traía regalitos». Tampoco interrogaba cuando llegaban todas esas «personas lindas de Uruguay que la llenaban de obsequios».

«Mis viejos eran algo ambiguos y entonces crecí en esa ambigüedad, pensando ambiguamente. No había conflicto. Mi infancia fue muy linda, fui a un colegio católico, tengo una formación que no olvido. Mis padres eran sobreprotectores, pero recuerdo Navidades hermosas, mucho cariño, mucho. Aunque sentía esa tristeza que no sabía de dónde venía».

-¿Nunca sintió rechazo para con sus padres adoptivos?

-La bronca de cualquier adolescente. Era sobreprotegida, no me daban mucho permiso y eso generó peleas.

-¿Por qué tan sobreprotegida?

-En la época que aparecimos había un revuelo mediático y me querían proteger. Por otro lado, siempre existía ese temor de que pudieran secuestrarnos nuevamente. Eso genera una cosa muy paranoica tal vez para un padre. Luego aparece mi abuela paterna con la intención de llevarnos. Entonces está eso de `no me lleven a los niños`. Fue muy tensionante pero finalmente llegaron a un acuerdo.

dolor. Para Anatole, en cambio, la infancia resultó bastante más dura. «Fue destructiva, era agresivo y muy peleador. Pero también era muy cariñoso, inventivo, con personalidad, y se ganaba a todo el mundo. Entiendo que Gavazzo se haya encariñado con él. Por eso, también, él tiene recuerdos del avión que nos llevó a Chile. Era un nene adorable, y lo dejaron entrar a la cabina a mirar la cordillera. Se acuerda vívidamente. También recuerda que le dispararon a mi madre, que la vio caer viva, o que a mi viejo le gustaba pescar».

-¿Su hermano no le contó lo ocurrido a sus padres adoptivos?

-No, se activó todo cuando aparece mi abuela paterna, Angélica. Hay que entenderla: no había nadie que le pudiese decir qué había pasado con su hijo Roger, mi papá. Entonces, en Chile, salimos todos de paseo y se llevó a Anatole un rato. Y le preguntó qué se acordaba. Mi hermano volvió a casa hecho una bestia, golpeando todo, rompiendo cosas. Él tenía recuerdos de Orletti, del SID, de María Claudia de Gelman, quien me cuidaba encapuchada, esposada y estando embarazada de Macarena. Imaginate lo que fue para mi hermano. Eso significó que lo llevaran al psicólogo, tuvo que hacer olvidos selectivos, para que no recordara ciertas cosas en salvaguarda de su estabilidad emocional y psíquica. Con el tiempo logró ir sanando y hoy es Fiscal del gobierno de Chile por crímenes violentos.

-Y usted es psicóloga, ¿reacción a lo que le sucedió?

-No, antes de saber mi historia quería ser psicóloga. Pero una vez que me cuentan la verdad, me comienzan a encajar ciertas cosas de mi infancia que no entendía porqué me sucedían.

Reacción al saber toda la verdad

A los nueve años, en su primera visita a Montevideo, Victoria comenzó a sentir algo extraño. Sus familiares hablaban, y cuando ella entraba, callaban. «Uno de esos días, bajé al cuarto de mi tía y le dije: `¿por qué no me cuentas?`. En ese momento, lo supe todo y fue muy impactante, un golpetazo. Tuve que incorporar una historia terrible, de terrorismo de Estado, con la mente de 9 años. Cuando volví a la escuela, lo primero que hice fue preguntarles a mis compañeros: `¿saben quien soy? ¿Saben lo que pasó con mis padres?`. Lo sabían, así como los profesores, apoderados, todo el mundo».

De una infancia feliz y «ambigua», Victoria pasó una adolescencia intentando armar una identidad «plasmada por lo que significaba algo tan terrorífico». Tuvo secuelas casi fatales en todos los ámbitos. «Intentaba asimilarlo, pero costaba. Por ejemplo, mi hermano y la gente que iba conociendo me contaban cosas. Y yo tendía a olvidarlo. No recordaba nada como defensa».

Ahora, en cambio, lo quiere saber todo. Sintió culpa porque no tenía una actitud clara con respecto a la investigación. «Mi hermano, en cambio, inició una causa judicial en Argentina, que fue prescripta luego de un proceso que duró 14 años en el que tuvo que dar testimonio con recuerdos dolorosos. Pero perdimos, y como que él sintió que había dado todo. Eso hizo que yo asumiera una actitud más activa y me sentía más preparada. El año pasado inicié una causa en Uruguay para que se investigue qué pasó con mis padres. Pero la jueza no hizo nada en diez meses. Con mi abogado, estamos intentado acelerar el proceso ¿Mi objetivo? Que se haga justicia como cualquier persona que tiene ese derecho. Tener un lugar donde recordar a mis padres. Me gustaría que dejaran de ser NN para la sociedad. Eran personas valiosas, no merecían ese destino. Tengo entendido que eran admirables. Mi padre era pacífico, un hombre brillante, de estrategia. Estaba a cargo de temas logísticos. Por eso era clave tomarlo con vida, pero el enfrentamiento terminó con su vida».

-¿Qué haría si tuviera enfrente a Gavazzo?

-No siento odio, sino la sensación parecida a la de estar frente a un insecto. Porque creo que Gavazzo y sus secuaces perdieron su calidad de seres humanos. Si bien respiran, tienen pelo, piel, toda su vida giró en matar, torturar, desaparecer, y luego protegerse. No me interesa vivir con ningún odio. Que me da bronca, sí, pero no voy por la vida pensando que quisiera matarlos.

-¿Perdonaría?

-Sí. Pasa por el mismo tema del odio. Más que perdón quiero justicia, con eso me basta. Que no hagan que mis viejos no existieron y que lo que nos pasó a nosotros no existió.

«Somos una piedra en el zapato de todos»
La entrevista transcurre en la cafetería de la librería Puro Verso en 18 de Julio y Zelmar Michelini. Casualmente, el ministro de Relaciones Exteriores, Gonzalo Fernández, miraba libros. Quien acompañaba a Victoria, lo interceptó y lo llevó a saludarla. Se dieron la mano.

-¿Quién es? – pregunta Victoria a la periodista.

-El canciller.

-Y da la mano, ¿no saluda? Y bue… en fin – dice con cara resignada.

-¿Se siente identificada con algún partido político?

-Nunca he estado en ningún partido ni me interesa. Para mi separan más que ayudar.

-¿Qué opina de los dichos de Mujica de perdonar a los militares que aporten datos?

-Sigue manteniéndose la injusticia, la impunidad. Si tu mataste, ¿por qué tiene que haber un intercambio? Si a ti te matan a un hijo, ¿vas a transar? ¿Por qué yo tendría que hacerlo? No tengo vergüenza en ser quien soy. ¿Por qué me tratan como alguien que debe pedir por favor? Lo que pasa es que casos como el mío son una piedra en el zapato de los gobiernos. Ningún gobierno ha venido a tocarme la puerta o a ofrecer un pasaje para poder ver a mi familia. Siento que quieren hacer como que no existimos. Nunca, de ninguna embajada, se acercaron para ver si necesitaba algo. Parece que es tan truculento que no podemos tratar el tema. La única persona que me ha tratado en forma entrañable fue Belela Herrera.

-Hay casos de notoriedad pública, como el de la nieta de Gelman, que no pasaron desapercibidos ni para gobiernos anteriores ni para este.

-Fue por la presión que generó Gelman y el apoyo internacional. Eso me duele, por eso solo prestan atención.

-¿Se refiere a todos los gobiernos, incluido este?

-Supongo, no sé, no estoy en política. Estoy metida en los derechos humanos. En mi caso, por la interpretación de la Ley de Caducidad que hizo este gobierno, pude abrir la causa judicial.

-¿Pedirá audiencia con el Presidente Vázquez?

-No está descontado hacerlo, pero ¿me va a ayudar en algo? ¿O es para la foto: me junté con esta pobre niñita?

-¿Cree en la justicia?

-Sí, de lo contrario no estaría haciendo esto.


RED DE NOTICIAS DE DERECHOS HUMANOS / COMCOSUR MUJER

http://www.elpais.com.uy/Suple/DS/09/03/01/sds_401551.asp

4 Comentarios para “VICTORIA JULIEN: «PENSÉ QUE MORÍA ANTES DE LOS 40 AÑOS»”

  1. leonardo irureta

    Mar 12th, 2009

    realmente muy buena la entrevista y la historia,felicito a julien y k siga adelante en esta k es su verdad y la d muchos uruguayos,por suerte tenemos un gobiernopara todos

  2. silvia chiarelli

    Mar 15th, 2009

    Que ovarios mujer!!!!! no se q mas decir. Se necesita decir algo mas para q de una vez por todas se investigue?

  3. Beatriz Pin

    Mar 16th, 2009

    Mandé un saludo y un comentario a el otro artículo sobre Victoria. Este me deja sin palabras, por la emoción. Un gran abrazo para ella y su hermano. Y que siga luchando. A la madre la vi una sola vez. De Roger tengo un recuerdo entrañable

  4. ALDO GOMEZ

    Jul 1st, 2009

    He conocido a Victoria en Chile, soy chileno y puedo corroborar lo potente, fuerte y poética que es, tiene el alma fuerte y un corazón de oro, su historia y su busqueda de justicia es un ejemplo de valor y valores humanos, ójala y logre darle a sus viejos un lugar donde ella y todos los uruguayos puedan recordarlos

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