domingo 25 de octubre, 2020

CONTIGO APRENDÍ

Publicado el 03/01/09 a las 12:00 am

50 años de la Revolución Cubana. La mirada diversa de los militantes.

Muy pocos se animaron a responder sobre la marcha la propuesta de Brecha. La mayoría pidió tiempo para pensar. No es fácil para un militante de izquierda enfrentarse al mito y exponerse. Todos se mostraron cusdadosos. Tanto los que reivindicaron esa suerte de amor incondicional como los que marcaron una inevitable lejanía generacional.

Por ROSARIO TOURIÑO

LA IDEA ERA consultara militantes de izquierda más que a los dirigen­tes, e implicaba tomar en cuenta diferentes edades y «pelos» políti­cos. El corte generacional parece incidir: para los más jóvenes, el influjo de la revolución aparece como algo más simbólico que con­creto. La pertenencia sectorial tam­bién marca las diferentes lecturas. De todas formas, hay algunas coin­cidencias interesantes. Todos los consultados concuerdan en los im­portantes avances en justicia social registrados en Cuba, que la con­vierten en una de las sociedades más igualitarias de América Latina. Ninguno dejó pasar esa historia de resistencia de un país jaqueado por la primera potencia mundial, los asombrosos niveles de participación popular y las particularidades inimitables del proceso cubano. Eso sí, el devenir de la transición -y de una isla sin Fidel- arrojó pronósti­cos bastante disímiles.

La búsqueda propia

Eduardo Vaz (militante del Pro­yecto Miramar, docente, 51 años)

Su historia en la militancia co­mienza en 1973, en oportunidad de la huelga contra la dictadura. A diferencia de la generación prece­dente, no recibió un influjo tan directo de la revolución cubana. Pero Eduardo se «enroló» en la UJC y a los 26 años viajó a la isla. «A la salida de la dictadura tuve la suer­te de viajar y vine maravillado, porque además yo salía de un Uru­guay deshecho. Me encontré con un pueblo cubano culto, solidario y muy formado políticamente. In­mediatamente fui un enamorado de la revolución -cuenta-. Ade­más hay que entender lo que era Uruguay en dictadura. Escuchar Radio Habana nos daba un oxí­geno impresionante. Y todo lo que venía de Cuba: la música que lle­gaba clandestinamente de Silvio Rodríguez y Pablo Milanés, o la solidaridad con nuestros compa­ñeros exiliados. » Hace un par de años su hijo -también en sus 20 viajó a Cuba, pero con la diferen­cia de que no volvió enamorado. «Encontró que había mucha re­presión, falta de posibilidades de la oposición para expresarse, la dualidad que existe con los turis­tas, el mercado negro paralelo… Me dijo: `Papá, si eso pasara en Uruguay, yo sería un opositor fe­roz.
A pesar de algunas de estas falencias -y de los problemas que la caída del socialismo real le acarreó a Cuba-, Eduardo cree que muchos de los avances y va­lores de la revolución siguen vi­gentes («cuando uno ve la expe­riencia de los médicos cubanos, ve a ese pueblo solidario y culto dispuesto a salir a contribuir con cualquier país «). Para él, el pro­ceso iniciado por la asunción de Raúl Castro se encamina hacia más apertura: «Se pueden equi­vocar, pero defienden una causa justa. Y una de las grandes ven­tajas es que ésta ha sido una revolución siempre apegada al pueblo. Creo que va a existir la inteligencia suficiente como para defender lo mejor de lo hecho y encontrar formas de superación de su realidad política actual». Será difícil, cree, que la isla pue­da frenar los embates de un ca­pitalismo como el actual. Por eso piensa que el desafío es que se renueve sin perder los importan­tes logros de la revolución.
Para Eduardo está claro que el continente ensaya otros modelos, y que en la izquierda uruguaya existe un doble discurso: «Por un lado Cuba es fantástica, pero por lo bajo reconocemos limitaciones que no queremos para nuestros países. La regla es que los modelos no se pue­den copiar. Ya lo dijo el Che hace 50 años y mucha gente no lo quiso escuchar. Los modelos van evolucionando. Pero en todo caso de­fiendo a muerte el derecho de auto­determinación del pueblo cubano «.

«Referencia inexorable»

Edgardo Oyenart (sindicalis­ta, PVP, 54 años)

«A mi generación la marcó a fue­go. Para quienes tuvimos un com­promiso desde el primer momento con la revolución y marcamos una distancia con la construcción de otros procesos como el de la Unión Soviética, Cuba es uno de los ejes fundamentales. El modelo tiene para los cubanos hoy una vigencia absoluta y para la izquierda uru­guaya es un punto de referencia absolutamente inexorable «, apun­ta el dirigente del sindicato de la industria del medicamento. Oyenart no cree que la impronta de la revolución se reduzca a lo míti­co. La ve concreta, material y tan­gible: «Significó un cambio tan brutal en una sociedad que estaba en uno de los enclaves más atrasa­dos del mundo. Ha soportado los avatares de todo tipo de imperia­lismo. Y lo que ha avanzado en salud, desarrollo intelectual, vi­vienda, alimentación, en justicia social… En América Latina esta­mos a años luz de lo que han logra­do en las grandes cosas que hacen al hombre libre. Uno se tiene que parar con mucha humildad, por­que nosotros no hemos podido eli­minar la pobreza infantil, la exis­tencia de viejos durmiendo en la calle o la profunda desigualdad entre las clases sociales. Todo eso junto hace que la revolución sea tan humana como para que lo per­fecto y lo imperfecto convivan «. Confiesa que no puede ver a Cuba con «asepsia», sino con «ternura y cariño».
El militante del PVP no deja escapar ni una sombra de duda cuando opina que el proceso de transición en la isla irá hacia más socialismo. «Es que el proceso no está conducido por un individuo, sino por un partido y un pueblo organizado -alega-. Si algo tiene en claro la dirección del PC cuba­no es que ninguna forma de capi­talismo es la solución. Yo estuve el último Primero de Mayo y fue algo absolutamente maravilloso. En las propias definiciones de Raúl para esta etapa queda claro que la cons­trucción del socialismo no está en juego. Lo que hay son procesos de transformación en el área de la producción o en la denominada revolución técnico -científica. » Admite que la apertura hacia los capitales transnacionales o la in­dustria del turismo trae consigo contradicciones. «Para poder re­partir riquezas, hay que generar­las, y más aun después del blo­queo brutal. Aun en el socialismo, donde las relaciones de producción son diferentes a las del capi­talismo, es fundamental la gene­ración de riqueza. El turismo fue uno de los motores que permitió mantener a la revolución. El tema es cómo desde los valores cons­truidos, y después de cinco generaciones, te enfrentás a algunas tentaciones. Aquí no se trata de que cada uno tenga un Rolls Royce en la puerta, sino de que el hijo del campesino más humilde pue­da ser ingeniero nuclear (y eso en Cuba es real). No creo que la revolución esté en risego por esos capitales. Si la revolución estuviera en riesgo, lo estaría por sus propios errores de construcción, y no por esto. «

«Repensar el modelo»

Nicolás Núñez (secretario ge­neral de la Juventud Socialista, 25 años)

Su inquietud militante no tuvo una inspiración cubana: «No pienso que la revolución sea una refe­rencia para mí, más allá de la cantidad de cosas destacables. El modelo de referencia para mí es el chileno». Nicolás no pisó nun­ca la isla y su relacionamiento se dio a través de los libros. «Lo que hice fue contraponer un poco el modelo de la revolución armada con otros modelos de revolución democrática. Pero también reco­nozco que conocer Cuba -vivir el modelo- debe ser un factor medio clave, porque si no uno solamente puede hablar en términos metodológicos o ideológicos. «Le reconoce al sistema esos puntos de abrumadora coincidencia (como la educación y la distribu­ción de la riqueza), pero siente que el modelo necesita una pro­funda revisión: «En estos 50 años el proceso no tuvo grandes reno­vaciones, tanto a nivel ideológico como a nivel de liderazgos. Y eso va más allá de que se haya retira­do Fidel. Si él no se hubiese ido, yo seguiría creyendo que se debe­ría repensar el modelo».
La reformulación para él debe incluir aspectos económicos, so­ciales y culturales. Entre ellos ubi­ca el posicionamiento del gobierno cubano en cuestiones de diversidad sexual y de libertad individuo es que los procesos revolucionarios dual. «No veo hoy condiciones en narios históricos son a medida el continente para que exista otro de cada nación y «–es posible régimen parecido al cubano, ro trasladar un mismo proceso a no es una cuestión de qué proyecto es el más válido. Me parece que el tema es cómo integrar a Cuba en la región, más que competir por la legitimidad de los proyectos.»

«Cambios dentro del cambio»

Juan Gómez (dirigente de FANCAP y militante comunista, 51 años)

Gómez es uno de esos militantes a quienes la experiencia cubana mar­có para siempre. Esos que tienen la camiseta puesta: «Es un faro en la lucha por construir una sociedad sin explotados ni explotadores. Es un sentimiento que sigue vivo. No han podido y no van a poder». Se resiste a hablar de una transición, considera que se trata de un pro­ceso dinámico y dialéctico, en el cual algunas cosas se revisan para mejorar. «No tengo temores de que el proceso vaya a tener grandes modificaciones. Hay una al­tísima participación de la gente en él y eso lo distingue. El protagonismo que tiene el pue­blo en la cotidiana, el nivel de conciencia y de educación que tiene es asombroso. Van a existir cambios naturalmente, pero creo que van a ser cambios dentro del cambio», opina. Estuvo en Cuba en 2004 y 2006.
Gómez reconoce que hay una tendencia a un mayor aggiorna­mento en materia de «opciones de vida » o ciertas libertades individuales, ya que estos temas se están incorporando a la agenda pública. «Se va hacia ese proce­so, pero sobre la base de que la sociedad esté preparada. Tiene que existir un control, en el buen sentido de la palabra. Hay que ir construyendo, pero sobre la base de que cualquier modificación no implique una agresión de un ser hacia otro. Ellos han sido absolutamente cuidadosos del ser humano, del ambiente, de la edu­cación y la salud, para que la persona pueda vivir íntegramen­te dentro de un colectivo. Buscando el equilibrio, estoy con­vencido de que hay que abrir la cancha para que estas cuestio­nes puedan ser desarrolladas. «

Priorizar las libertades

Christian di Candia (27 años, ex Jota 21, hoy militante del Movimiento de Integración Alternativa)

«Si pienso el proceso de la revo­lución, desde mi generación – que nació) con una concepción de la libertad individual muy am­plia- es difícil imaginarse la vida en un sistema de esta naturaleza. Pero también puede ser difícil para un cubano imaginarse un lugar donde no todos tengan para comer, donde el acceso a la sa­lud no sea cien por ciento universal o donde haya ciudadanos sin un techo para dormir», resume Christian. Reconoce, de todos modos, que no le gusta pararse en el papel de «juez» de las cons­trucciones sociales, culturales y políticas. El proceso  cubano le sugiere dos mensajes. «El primero es que los procesos revolucionarios históricos son a medida de cada nación y no es posible trasladar un mismo proceso a otro lado. Los intentos de trasla­ción no fueron positivos y creo que la militancia de izquierda ha aprendido. Y el segundo es la convicción de que para un grupo de hombres y mujeres, con uto­pías claras, nada es imposible: derrocar a un gobierno tirano, bancar intentos de desestabilización o soportar décadas de em­bargos… »
Christian considera que para el núcleo militante «duro» del Frente Amplio la revolución cu­bana sigue siendo un modelo a imitar. En cambio, cree que para los militantes y los votantes frenteamplistas de su generación el proceso de la isla representa más un «¡cono de transgresión» que un camino a recorrer. No vislumbra una transición trau­mática: «Me parece que el prin­cipal caldo de cultivo para las críticas de la derecha es el tema de las libertades individuales. Solucionado ese problema, no creo que vaya a ser un proceso caótico como se ha dicho «. Y en cuanto a una mentalidad más aperturista y una agenda más re­novada, Christian advierte que la clave está en el entramado social: «Si las sociedades no tienen cier­to proceso de maduración y de emancipación es difícil que se vea en las cúpulas de gobierno. En Uruguay la sociedad ha teni­do una maduración en temas como el aborto y el consumo de drogas, pero las cúpulas partida­rias no han hecho carne de ese proceso».
Tomado de Brecha, 31/12/08.

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