domingo 25 de octubre, 2020

La nueva carrera imperialista. Entrevista a José Luis Fiori

Publicado el 20/12/08 a las 12:00 am

Por Cássia Almeida.

Profesor y director del Programa de posgrado de Economía Política Internacional de la Universidad Federal de Río de Janeiro, José Luis Fiori refuta la tesis de que la crisis global, que nació en la cuna norteamericana, signifique el fin o el colapso del poder global de los Estados Unidos o la crisis terminal del capitalismo. En el libro que llegó a las librería esta semana, «El mito del colapso del poder norteamericano (Ed. Record), escrito conjuntamente con Carlos Medeiros y Franklin Serrano, Fiori regresa al Siglo XIII para describir el movimiento de formación de los Estados nacionales. Él prevé una «nueva carrera imperialista», con EE.UU. en un rol central, junto con China y la India, en dirección al control de África y Asia Central. Y afirma que terminó la «adolescencia asistida de América del Sur».

-En su libro, prevé una nueva carrera imperialista ¿Cómo va ocurrir, quienes serán los actores de esa carrera?

-Es la idea de una explosión, que yo expongo por primera vez en este libro. Llegué a esa conclusión, a partir de una larga reflexión, con un diálogo crítico con toda la teoría de los ciclos hegemónicos. Coincido en que los EE.UU. están enfrentando en el campo económico y de su estrategia  militar internacional una gran crisis. Mi divergencia es teórica y tiene que ver con la propia idea de que el foco de análisis del sistema mundial sea el ascenso y declinación de los países tomados individualmente. Mi investigación histórica y  reflexión teórica fueron haciéndome pensar cada vez más en la relación de Inglaterra y Estados Unidos, no como una sucesión de ciclos hegemónicos, y sí, en una continuidad de una misma fuerza expansiva anglosajona  que arranca de Holanda, pasa por Inglaterra y llega a los Estados Unidos. Aunque aceptara que estuviésemos frente al fin de un ciclo hegemónico, él no tiene nada que ver con el fin de un modo de producción y de una formación social.

-¿Se habla del fin del capitalismo?

-Incluso sí admitiera ese colapso, el fin de la supremacía norteamericana no es el final del capitalismo. No va a ser el fin del capital financiero. No hay ninguna señal de eso. El origen de este sistema mundial, que nació en Europa y es ganador, impone su supremacía al mundo, en sus formas básicas de organización del poder como estado y de la economía como capitalista. Victoria estruendosa que se origina en la Europa de los Siglos XII al XIV hasta la aparición de las economías nacionales al final del Siglo XVI. Fernand Braudel sugiere que es preciso bajar al sótano para ver las relaciones del príncipe con el banquero. El sistema mundial que nació en Europa se parece más a un universo en expansión continua que a una sucesión de ciclos vitales o biológicos. Como sí este sistema acumulara energía y se expandiera de forma permanente desde el Siglo XII y pasando momentos de explosión expansiva, como en los Siglos XVI y XIX y ahora nuevamente en este inicio del Siglo XXI.

-¿Y la globalización?

-Lo que se globalizó fue el fenómeno del Estado nación. Ahora tenemos estado nacional por todos lados. En el comienzo del Siglo XX, había no más de 80 países, como máximo. Ahora tenemos 200 Estados. El capital, cuando más se fortalece y expande, se hace más nacionalista.

-¿Con la crisis eso quedó más claro?

-Ahora sólo un ciego no lo ve. Quedó transparente la relación inseparable que siempre existió entre el príncipe y el banquero, de la que habla Braudel.

-¿Usted quiere decir que no es posible esa separación entre Estado y mercado?

-Jamás, porque la unión entre el Estado y el capital fue la originalidad de Europa y es la gran fuente de la fuerza expansiva y victoriosa de este sistema que nació en Europa. Una teoría que sólo hable del mercado no da cuenta de qué es el capitalismo. Como dice Braudel, «el capitalismo es el anti mercado». Lo peor del punto de vista ético es que lo que «ordena» este sistema mundial es la posibilidad permanente de la guerra, y la existencia de «ejes de conflicto crónicos». No son los acuerdos internacionales o multilaterales, estos acuerdos son siempre transitorios, lo que permanece es la posibilidad y la preparación permanente para la guerra. Además de esto, este sistema en expansión es siempre «imperialista» y en este sentido el imperialismo no es una etapa superior del capitalismo, es su condición originaria y permanente. En este sistema interestatal capitalista su liderazgo es siempre colectivo, competitivo y complementario. Y sus líderes transitorios nunca desaparecen. En este sentido, una vez que se afirmó globalmente el poder norteamericano, se puede transformar, pero no desaparecerá nunca, a menos que este sistema o universo desaparezca como un todo. Para bien o para mal, ya no hay posibilidad de un orden mundial futuro, cualquiera que él sea, sin la presencia del poder norteamericano, que nunca parará de acumular poder y riqueza, incluso cuando esté a kilómetros delante de sus seguidores y competidores inmediatos.

-¿Y a dónde se puede dirigir esa nueva onda expansiva de la que Usted habla?

-Mi impresión es que esta expansión competitiva e imperialista se dará inmediatamente en África Central, y en un tiempo más en América del Sur.

-Entonces, ¿África es el continente maduro?

-Lamentablemente, porque es un continente que fue castigado por todas las ondas expansivas e imperialistas del sistema mundial. Además de eso, la competencia entre las grandes potencias genera zonas de «fractura» donde tienden a multiplicarse las guerras civiles, como ya está ocurriendo nuevamente en África. América del Sur podría luego seguir por tratarse de un territorio con inmensos recursos energéticos, minerales, hídricos, con zonas de cultivos de alimentos espantosamente productivas y población escasa. Es un territorio potencial, sin duda. Hay señales de eso. Conflictos aquí y allá. Una manifestación indiscutible de que la región se está integrando dentro del sistema mundial de competencia entre las naciones. Ya no hay más un espacio vacío. Todos están dentro de la zona de presión competitiva global. En este sentido, acostumbro a decir que terminó la «adolescencia asistida» de América Latina. Llegó la hora de caminar con las propias piernas dentro de un mundo cada vez más complejo. El nivel de relaciones económicas, intercambios de comercio e inversiones, está creciendo. Las conexiones energéticas y de transporte se están condensando. Seremos, en breve, los mayores exportadores de alimentos del mundo, y la Argentina ya ocupa un lugar destacado en este campo. No es una cosa trivial. Y hay petróleo. El agua es cuestión esencial.

-¿Ya hay señales de eso?

-Por todos lados. Pequeños conflictos ya son manifestaciones de cosas que están en curso. Se ve menos porque América Latina es una región conocidamente de supremacía norteamericana. Sin embargo, la activación de la IV flota norteamericana es un ejemplo de este aumento de la preocupación sobre el continente. Estas disputas en el continente no pasan apenas por los intereses y la competencia externa, pasan también por la expansión de Brasil y de sus intereses económicos y políticos que también se van internacionalizando rápidamente. Aquí también, este aumento de la presión competitiva tiende a crear nuevas «zonas de fractura», activando asimetrías y diferencias preexistentes que terminan transformándose, casi invariablemente, en guerras civiles regionales como ocurrió en todo el mundo. Las asimetrías y conflictos locales que estaban latentes y que se transforman en conflictos vivos.

-¿Y Rusia?

-En realidad, uno de los grandes desestabilizadores del sistema mundial en las próximas décadas tendrá que ser Rusia y no China. Rusia fue la gran derrotada en los finales del Siglo XX, y perdió cerca de un tercio del territorio de su viejo imperio. De aquí para adelante su estrategia estará siempre dirigida a recuperar total o parcialmente sus pérdidas. Ello será un factor básico de confrontación de cualquier nuevo orden que surja en las próximas décadas. Es inevitable. No hay manera de que la política externa y la estrategia internacional de Rusia no estén orientadas en los próximos 50 años por las pérdidas que tuvo en los últimos 15 años. No hay cómo. Es una lógica del sistema y de la historia.

-¿Por qué?

-No se pierde un tercio de su territorio y de su población sin provocar una respuesta. Nadie, ningún pueblo jamás aceptó pacíficamente este tipo de amputación.

-En su libro, dice que no habrá un duelo final entre China y los Estados Unidos.

-No habrá un duelo final y la integración financiera sólo tiende a crecer, en una alianza virtuosísima. Esto no quiere decir que no van a competir fuertemente por el control de la energía y de los alimentos.

-¿Y Obama?

-Frente a una situación como la que estamos viviendo, no hay chamullo. Es una crisis económica, profunda, extensa, gravísima, prolongada. A esto se une la inseguridad del punto de vista estratégico militar norteamericano después del fracaso de Oriente Medio. La confluencia de las dos cosas crea una situación de gran complejidad sea en la administración de la crisis económica, sea en la reorientación de la estrategia militar de los Estados Unidos.

-¿Y con relación a su futura política externa?

-En este campo, muchos depositan expectativas contradictorias en el nuevo gobierno norteamericano. Pero, el programa demócrata de la señora Hillary (Clinton) como el de Obama es explícitamente intervencionista. Además de ello, la probable futura secretaria de Estado Hillary Clinton, estuvo a favor de la guerra de Irak. Y en el gobierno de Bill Clinton, los Estados Unidos realizaron cerca de 48 intervenciones alrededor del mundo al contrario de lo que se imagina fue la década de los ´90. Los Estados Unidos tienen hoy acuerdos militares con casi 130 países y más de 700 bases militares en todo el mundo. Los Estados Unidos no tienen cómo retroceder de esta posición global. Enfrentarán dificultades y contradicciones crecientes, pero no retrocederán por su propia voluntad.

-¿Usted dice que Brasil no tendrá una presencia internacional mayor, que va a consolidar su posición en América del Sur?

-Lo que digo es que Brasil no tiene capacidad ni muestra interés en proyectar globalmente su poder. Pero sí tiene un poder y capacidad creciente dentro de América del Sur. En este sentido, se debe prever una mayor tensión entre Brasil y la nueva administración demócrata de la que existió durante la administración republicana. Habrá una disputa creciente de intereses de todo tipo, aunque no quiere decir un rompimiento con los Estados Unidos. Por su tradición, los demócratas, y por los programas de Obama y de Clinton, se puede prever una intervención norteamericana mayor en América del Sur. Por consiguiente, podrían surgir más áreas de divergencia entre Brasil y EE.UU. Es natural que así sea. Yo diría que es inevitable. Asimismo, Brasil ha ampliado su presencia en varios escenarios e instancia multilaterales, en eso Brasil se expandió mucho. Relaciones con África, con Asia, el G-20. Pero eso es diferente de tener una capacidad de proyección global de poder que tiene que ver básicamente con cañón y capital.

-¿Usted piensa en un cambio en la ingeniería financiera después de la crisis?

-Sí. Pero sin cualquier tipo de acuerdo o regulación multilateral. Una vez más, como en las décadas del ´70 y del ´80, los Estados Unidos van a intentar reorganizar y regular el sistema a partir de sí mismo. El resto serán reuniones y discursos. Buen material para discusiones de intelectuales y tesis académicas. Pero que no servirán para nada más que eso.

Traducción: Carlos Abel Suárez
Tomado de www.sinpermiso.info, 14/12/08.
Fuente original: O Globo, 29 noviembre 2008.

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