lunes 19 de octubre, 2020

LA CRISIS FINANCIERA Y EL VALOR DEL DOLAR

Publicado el 09/10/08 a las 12:00 am

Por Alberto Couriel

El primer centro financiero mundial, el de Nueva York, está sufriendo una de las peores crisis de su historia. La burbuja financiera venía siendo denunciada desde hace mucho tiempo. La crisis hipotecaria se desató en agosto de 2007 con la caída de grandes instituciones financieras y la pérdida de sus casas por quienes no podían pagar sus créditos. En esta contratapa, la economista mexicana María Eugenia Correa nos había mostrado con gran lucidez las principales características del fenómeno. El setiembre negro del año 2008 sigue profundizando la crisis, que la globalización financiera expande al resto del mundo. Hoy podemos afirmar con nitidez que los principios básicos del Consenso de Washington, del neoliberalismo, se han derrumbado. Estos principios se basaban en la mínima intervención del Estado porque el mercado y el sector privado resolvían todos los problemas económicos y sociales. Se exigía la desregulación y la liberalización financiera para que la intervención del Estado no distorsionara el libre juego del mercado. Se suponía que toda la acción del sector privado era virtuosa y en cambio la acción del Estado era viciosa. Por lo tanto se planteaban las privatizaciones. Junto a la liberalización financiera se proponía la liberalización comercial para asegurar la libertad de comercio. La libertad de comercio no existe por la muy fuerte intervención del Estado de los países desarrollados, especialmente de los EEUU y la Unión Europea, a través de los subsidios a sus productores agrícolas, de la existencia de cuotas, contingentes y prohibiciones y la discriminación arancelaria contra los países subdesarrollados. Con esta crisis se caen la desregulación y la liberalización financiera. Esta fue la causa central de la crisis financiera de los países asiáticos en 1997. La inexistencia de regulación financiera es la causa central de la profunda crisis que estamos viviendo. Quedó en evidencia que el libre juego del mercado no solamente no asigna adecuadamente los recursos, sino que ha generado una de las crisis financieras más profundas que se tenga conocimiento. También quedó demostrado que no todo lo que hace el sector privado es virtuoso. Sin duda el sector privado innovó, fue extraordinariamente creativo en la generación de nuevos papeles financieros, como el caso de los derivados, que se fueron traspasando y ocasionaron la burbuja hipotecaria que inicia este proceso especulativo. El sector privado innovó para especular y, por lo tanto, para destruir y tiene enorme responsabilidad en el origen de la crisis. Del Estado mínimo hemos tenido que pasar al Estado intervencionista. De las privatizaciones hemos pasado a la estatización y nacionalización de grandes instituciones financieras o a garantizar sus fusiones. En el futuro, para prevenir nuevas crisis, tendremos mercados y sectores privados, pero regulados y controlados por el Estado. La salida de la crisis pasa por la intervención del Estado, por la primacía de la política sobre la economía. Esto no quiere decir que la política sea perfecta, que siempre actúe correctamente. Depende de que interprete bien la realidad. Pero lo que está claro es la muerte del fundamentalismo del mercado.

De esta crisis financiera surge también como conclusión que la economía de los EEUU es la más fuerte y la más poderosa del mundo. En una situación de elevada incertidumbre, como la que se vive en la actualidad, los inversores buscan seguridad y tratan de minimizar los riesgos. Para ello compran títulos emitidos por el Estado norteamericano que están respaldados por la economía de los EEUU. China, la más grande potencia emergente, colocó sus reservas internacionales en títulos públicos de EEUU. Hoy la seguridad la otorgan los títulos públicos de este país. La crisis financiera se genera en EEUU por causas internas en dicho país. Pero su moneda no se deprecia. Por el contrario el dólar se aprecia, porque es la moneda de reserva respaldada por la economía norteamericana.

El dólar se aprecia internacionalmente frente a las principales monedas del mundo. En Uruguay los inversores financieros se resguardan comprando dólares, empezando por las principales instituciones financieras instaladas en el país. La política cambiaria del gobierno uruguayo fue de flexibilidad y de monitoreo constante por parte de las autoridades monetarias. Por lo menos era lo que derivaba de sus discursos. Recordemos que el tipo de cambio de 2004 promedió los .70 por dólar y que fue cayendo permanentemente hasta llegar a cifras apenas superiores a los por dólar. El Banco Central tuvo flexibilidad para que cayera e inclusive con fines antiinflacionarios impulsó su caída. Un descenso tan pronunciado de la cotización del dólar se podía mantener por el alza de precios de los principales productos de exportación, por la fuerte apreciación del real brasileño y del euro. Con la crisis financiera se deprecian el real y el euro y comienzan a descender los precios internacionales de las commodities. En Uruguay, como en el resto del mundo, el valor del dólar aumenta lentamente. El Banco Central propone controlar la volatilidad y las oscilaciones bruscas lo que nos parece correcto. Cualquier devaluación elevada y abrupta es absolutamente negativa como lo muestra la historia de nuestro país. Pero el dólar venía aumentando gradualmente cuando el jueves 2 de octubre entra el nerviosismo en las autoridades del Banco Central, liderado por su presidente, y venden 47 millones y medio de dólares en una jornada, para detener un lento incremento del precio del dólar. No había nerviosismo en el mercado financiero local ni volatilidad ni oscilaciones bruscas. Parecería que la flexibilidad de la política cambiaria era válida cuando bajaba pero no cuando subía la cotización del dólar. Se le teme a la inflación cuando su causa principal, la evolución de los precios internacionales, está jugando a favor. En una tarde se gastan 47 millones y medio de dólares que, como senadores, nunca podemos encontrar para atender requerimientos presupuestales. Hay incertidumbre y es muy difícil prever cómo evolucionarán los precios internacionales ni las apreciaciones del euro y el real, pero en Uruguay estamos poniendo límites a un imprescindible aumento lento y gradual del precio del dólar. Estamos poniendo un techo inadecuado. La tecnocracia solo mira la inflación. Vive, sueña y se despierta pensando en la inflación. La política cambiaria debe atender como objetivo prioritario la competitividad, para colocar en el exterior rubros con mayor valor agregado, con más empleo y con más contenido tecnológico. En el mundo internacional la política comienza a predominar sobre la economía y la tecnocracia. En Uruguay la política cambiaria la siguen definiendo concepciones tecnocráticas ortodoxas. Esta semana continuó la apreciación del euro y el real, pero en Uruguay se mantiene un techo que terminará afectando al conjunto de la economía nacional.

Tomado de www.larepublica.com.uy, 8/10/08.

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