viernes 23 de octubre, 2020

Al amparo de la convivencia

Publicado el 21/09/08 a las 8:09 pm

Al gran Florencio Sánchez.

Escribe: Milton Romani Gerner

Debate Abierto

El Proyecto de Ley sobre la prevención y regulación de venta de bebidas alcohólicas ha despertado debate. Bienvenido, porque por primera vez la política publica sobre alcohol comienza a ser discutida.  Virtudes que tiene el alcohol. Democrático. Pagano y religioso. Euforizante y depresor. Lubricante social o co-victimario de hombres, mujeres y niños cuando se toma en exceso. Según las personas. Los contextos. Pharmacon en el sentido griego: medicina y/o veneno.

Todos tenemos experiencias con el alcohol. No es como “esas drogas malditas”, “delincuenciales” “de pobres peligrosos”, que según el estigma construido, las consumen Otros. Además juegan y presionan muchos intereses económicos Algunos lícitos,  otros no tanto.

Como en todas las drogas, hay consumidores habituales, recreativos, ocasionales. O adictivos y/o problemáticos. El desafío es construir políticas publicas con esta heterogeneidad y aportando desde el Estado una enfoque socio-cultural. También regulatorio. En este contexto signado por el consumismo, por la ausencia de ética comercial y por el individualismo de todos contra todos.

Muchas criticas. Algunas sin reparar el texto real. Otras, sin considerar el conjunto de herramientas que la JND viene realizando con otros actores,  Intendencias, Universidad,  ONGs (Programa Consumo Cuidado, Carpas de Achique, etc.)

Cuerpo felicidad mercado y Estado

La crítica desde la libertad del cuerpo contiene una  versión bastante parcial de la libertad. El proyecto en cuestión no prohíbe el derecho al consumo de alcohol sino que regula su comercialización y promoción  publicitaria. Limita el negocio montado sobre el mismo. ¿Qué tiene que ver con la libertad del cuerpo, o con el disfrute de la vida, que haya anuncios que nos prometan “la» felicidad si tomamos una cerveza? Esa manipulación no preocupa, no merece críticas. La intervención del Estado en un mercado como ese, si.

El modelo capitalista actual no tiene su centro en “disciplinar” hombres y mujeres. Sino en producir sujetos flexibles y blandos, modulables para la producción continua de consumidores compulsivos. Deseantes no saciados que renuevan el circuito para resolver la crisis. Individualismo fugaz al servicio de la lucha por la sobrevivencia. Cultura hegemónica que naturaliza Sociedades Anónimas  Financieras de Inversión a un nivel, o un puesto de torta fritas con “la especial” de pasta base por otra. Todos “empresarios” para el lucro. Sin responsabilidades, sin ética, sin vínculos solidarios.

Estrategia en construcción

La Junta Nacional de Drogas, de este Gobierno construye  políticas públicas sobre un fenómeno social complejo. Sin pautas programáticas previas. Bajo la  emergencia del patrón de pasta base que irrumpió con la fractura social, y puso el tema en clave de alarma. Con la vulnerabilidad (desconocida) de caer en la lista negra por “país-lavandería”. Otra invisibilidad: ya en el 98 (investigación del Dr.Guido Berro) se registraba un 40% de casos fatales de siniestros por el alcohol.

De todas maneras las definiciones del Programa del FA han sido el norte. Jerarquizar la prevención y promoción de salud, dar respuesta con un nuevo modelo en tratamiento, priorizando la importancia del primer nivel de atención, la acción comunitaria, el respeto a los derechos humanos, la promoción de políticas inclusivas.

Generando implicancia de todos y gestionando a partir de equipos intersectoriales, públicos  y con actores sociales.

Poner el cuerpo

Algunos conceptos sobre cuerpo y felicidad, derecho al goce, cuerpo-jurisdicción privada – centro de la autonomía individual de sujeto libre- tendrían que someterse a la prueba de campo de las poblaciones excluidas. Fracturadas social y vincularmente, con horizontes de solidaridad perdidos. Con estrategias de sobrevivencia devenidas del neodarwinismo social pero en clave de pobre.

El desafío de políticas publicas deviene no solo de las obligaciones de un Estado presente (luego de muchos años y retórica de ausencia) Sino de la inmanencia de los cuerpos. Etica que interpela en forma desnuda y cruel frente a un  sufrimiento social profundo. Malestar que se despliega  dominado por la máxima de “hace la tuya” y “dame la mía”. No incorporar estos aspectos del tráfico y consumo problemático de drogas es detenerse apenas en un aspecto parcial, cómodo y banalizado del tema.

Se trata de un proyecto y no un decreto.

Las comisiones parlamentarias escucharán todas las voces. Plantea la soberanía del artículo 10 de la Constitución. Mandata a las Intendencias y no al Poder Ejecutivo el otorgamiento del futuro “permiso de expendio” que hoy no existe. Se prohíbe la venta en ciertos comercios que no giran en ese rubro. Con los eventos masivos  se contemplan las excepciones, donde se otorgaran permisos especiales y donde se introducen medidas preventivas. La limitación de publicidad, esta concentrada en la que se dirige o utiliza a menores de edad. Se pretende amparar a los niños y adolescentes. Se instituye la responsabilidad de los adultos. Las obligaciones del Estado en prevención educativa, laboral y comunitaria quedan establecidas en todo un capítulo.

Uruguay en el contexto internacional

La Junta Nacional de Drogas no adhiere al paradigma prohibicionista ni a los principios de la “guerra de las drogas”. No hay inferencia posible a partir de una herramienta necesaria pero que integra una caja de ellas.

Por otra parte. La JND ha afirmado que con el marco jurídico actual se pueden hacer mucho y no es necesario tocarlo. Se ha priorizado la intervención en el debate de la estrategia mundial.  Uruguay no solo adhiere y es ejemplo de las corrientes de despenalización del consumo sino que  promueve el principio de proporcionalidad entre las ofensas menores en drogas y las penas. Promueve la inclusión del modelo de reducción de daños y del equilibrio entre reducción de la oferta y la demanda.

El proceso de revisión de UNGASS 98 (sigla que alude a Asamblea General de la ONU de 1998 donde se fijo la estrategia mundial a 10 años) es el escenario para impulsar un debate serio, confiable, con evidencia científica para evaluar seriamente en el seno de la NNUU la política de drogas.

El marco ineludible en políticas de drogas son las Convenciones del 61,72 y 88. Abrir un debate sobre ese marco, es un camino arduo, difícil, pero  el único real y creíble para que la comunidad tenga una actitud más humana, democrática y progresista. Lo expresamos en la OEA (CICAD) defendiendo solitaria pero dignamente a Bolivia en su camino de la erradicación consensuada de cultivos y en su derecho a plantear la desclasificación de la hoja de coca de las listas.

En marzo de este año, Jorge Vázquez y quien firma presentamos  un texto de Declaración en la Comisión de Estupefacientes de ONU (Viena) sobre “Integración adecuada de los instrumentos de DDHH de la ONU con la política de fiscalización de drogas”. Llevamos este debate hasta las últimas consecuencias.  Frente al obcecado obstruccionismo de varios países, arriesgamos, para sorpresa de muchos, la solicitud de votación.  Hecho sin precedentes que quiebra una historia de “consenso” en Viena. Conseguimos el copatrocinio de Argentina, Bolivia, Suiza, Ecuador y el apoyo de la Unión Europea. Al final (con modificaciones) fue aprobada. No es fácil.

Desregular mercado, desregular ciudadanía

Hay una hegemonía ideológica: la del retiro del Estado de sus obligaciones fundamentales. Postrarnos ante el dios mercado. Que construye una subjetividad: la del individuo solo con su producción deseante. ¿Para que? Para consumir y competir. Desregulación del mercado de bienes financieros. Imperio de las SAFI.  Desmonopolización del mercado de alcoholes en el 90. Aumento de venta de destilados y pérdida de control de ANCAP. Desregulación del comercio de venta y expendio. Siniestros, violencia domestica, problema de salud publica. La responsabilidad social en la seguridad ciudadana sigue siendo ambigua cuando se tocan intereses. En el fenómeno del abuso de alcohol está planteado una resistencia cultural de fondo. Construir vínculos que den otro sentido compartido a nuestras vidas. El Estado no regula eso. Promueve o no la tutela a ese derecho. Las primeras organizaciones obreras, en su prensa y sus tareas, los escritores anarquistas y socialistas integraban este aspecto, porque el alcohol minaba la organización de la clase y porque promovían un estilo saludable de los trabajadores.

Sobre el “prohibicionismo”: las SAFI fueron prohibidas. De mano de la Reforma Impositiva de este gobierno. Que junto a las políticas sociales del MIDES,  la Reforma de la Salud, los Consejos de Salarios,  la nueva protección social del BPS, y el desafío en Educación constituyen las acciones  preventivas más potentes de la política de drogas. Sin mencionar las incautaciones record y  los procesamientos (sea quien sea) en materia de trafico y lavado.

El narcotráfico es una expresión cruda y cruel, no solo del curso ilegal de las sustancias.  Es mercado puro y duro. Sin Estado. Ni cultura ciudadana solidaria. Francisco Thoumi, en conferencia  (Paraninfo de la Universidad – 2006) que organizó la JND en oportunidad del Primer Dialogo Informal organizado por TNI y WOLA, explicó esto meridianamente.

Por otra parte: en las secuelas a terceros que ocurre con el consumo abusivo de alcohol, algo hay que hacer. Ante la agresividad del mercado y las industrias o de la potencia de los medios de difusión, el Estado debe estar presente. Tiene instrumentos y recursos Su función es garantizar los derechos de tod@s, incluido el amparo de una convivencia donde las garantías para ser autónomos y libres, sean eso y no una pantomima.

Tomado de BRECHA, 19/9/08.

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