jueves 22 de octubre, 2020

“LO QUE YO BUSCO SON VERDADES”.

Publicado el 27/08/08 a las 12:00 am

Nota publicada en el Semanario AREQUITA de la ciudad de Minas el 15/8/08.

Organizado por la Coordinadora por la Anulación de la Ley de Caducidad, en salones del Centro Cultural de la Casa de la Juventud, el pasado sábado a la noche estuvo presente el periodista de La República, Roger Rodríguez, quien brindó una muy interesante disertación.


Roger Rodríguez es un periodista  reconocido por su consecuente compromiso con el tema de los derechos humanos, al que ha abordado desde el rigor profesional de periodista militante, portador de verdades incómodas. Sus trabajos de investigación han contribuido en forma decisiva a develar muchas de las interrogantes planteadas sobre las desapariciones ocurridas en nuestro país y el cono sur en tiempos del Plan Cóndor. Su trabajo ha sido fundamental en la ubicación de Simón Riquelo y el posterior reencuentro con su madre, Sara Méndez, tras 26 años. Publicó los detalles del “segundo vuelo” y una revelación fundamental: la existencia de un hasta entonces ignorado centro clandestino de detención en Villa Dolores, conocido como Valparaíso, lugar donde se ultimaba a los prisioneros.

Previo a la charla, accedimos a la palabra de Roger Rodríguez.

– ¿Cómo es hacer periodismo de investigación en el Uruguay?
-Muchas veces, estudiantes me vienen a entrevistar porque están haciendo algún tipo de trabajo sobre periodismo de investigación. Yo no creo en el periodismo de investigación. Yo no estoy de acuerdo, creo que cualquier periodista es investigador. Uno está trabajando en un medio, es un comunicador en primer lugar, cuando repites algo que te dieron, es un insumo rápido, estás comunicando. Ahora, si haces periodismo, siempre estás investigando, siempre estás consultando una segunda fuente, llamando a alguien, y eso es investigar. Entonces, el periodismo de investigación, como “título nobiliario”, no estoy de acuerdo. Sí creo que en el periodismo se investiga, que es otra cosa. No es que haya periodistas de investigación sino investigación en periodismo. Y en ese sentido, depende mucho del tema. Yo he trabajando en estos 30 años de periodismo arrancando en “El Día’ en 1978, que te imaginarás que no era en las mismas condiciones que ahora, trabajando después en varios Semanarios a la salida de la dictadura, desde “La Democracia” a “Convicción”, trabajando luego en publicaciones como “Brecha” durante seis años, en “Posdata” cinco años y hace seis en “La República”, de donde me habían echado la primera vez por la formación de un sindicato. Y en ese período uno termina investigando determinados temas un poco por aquella frase  de Horacio Verbitsky “periodismo es aquello que alguien no quiere que se  sepa; lo demás es propaganda” ¿Y que es lo que no se quiere  que se sepa? Generalmente cosas que no están muy bien. Entonces, por lo general estamos hablando de corrupción, de maniobras ilícitas, de algún tipo de mafia, o estamos hablando de otras cosas como las pasaron en este país, relacionadas con el tema de los Derechos Humanos. El periodismo, lo que ha aportado en estos años en Uruguay, es saber, porque se tomaron decisiones políticas, determinaciones históricas sin saber. Entonces, es generar una contra historia oficial porque hay una historia oficial mal escrita. En la medida que la gente no sabe lo que pasó, no puede juzgar lo que pasó.
– Comisión para la Paz vino a traer una versión oficial de las cosas?
-Creo que fue muy importante la aparición de Macarena, porque cuando ella apareció, la historia oficial que decía que en Uruguay no existían los niños desaparecidos se cayó. Cuando, a través de un informante argentino, yo conseguí los datos para encontrar a Simón Riquelo, se sigue cayendo esa historia oficial de que no había niños uruguayos desaparecidos. La aparición de Amaral ya lo había demostrado y del resto de los chicos que fueron apareciendo. Fíjate que todos los casos de niños uruguayos desaparecidos fueron reencontrados, menos dos que ya eran grandes y que probablemente fueron muertos.
Cuando ese mismo informante de lo de Simón Riquelo me dio datos diciéndome que en Orletti habían existido dos operativos en 1976 contra el PVP, que el primero lo habían traído y lo habían blanqueado en un falso operativo de captura en un chalet de Shangrilá, y me dicen que hay un segundo vuelo, empezamos a descubrir que los 120 desaparecidos que creíamos que teníamos en la Argentina, en realidad no estaban allí, habían sido traídos para aquí. Y eso cambia la historia oficial, porque ya no es que 26 personas murieron en Uruguay o desaparecieron aquí porque “se nos fue la mano con la tortura” o por esto o por aquello. Estamos hablando de que se trajeron grupos de gente y se ejecutaron masivamente, y eso cambia la historia oficial del Uruguay.
– ¿Qué opinas de la cadena de mandos y de la obediencia debida?
-La cadena de mandos existe cuando también existe una decisión de Estado de generar un operativo. ¿Hay cadena de mando en los Escuadrones de la Muerte de los años ‘70? ¿Quién me responde eso? Sí hay Escuadrones de la Muerte que actuaron amparados por el Estado en los años ‘70 aplicando el terrorismo de Estado. En un gobierno cívico-militar, en una dictadura, como se le quiera llamar, ¿qué fue lo que hubo? Habían mandos que ordenaban reprimir y represores que actuaron según la línea de mando, pero después, ¿qué pasó?. Cuando se habla de la pérdida de puntos de referencia de las Fuerzas Armadas, yo no digo que sean las Fuerzas Armadas porque son una institución que existe desde Artigas. Aquí lo que hubo es gente que no es que perdió los puntos de referencia, sino que tuvo otros puntos de referencia, que fueron una re presión desatada, con un objetivo político por un lado, económico por otro porque si uno mira en todos los casos de desaparecidos hay plata de por medio. Desaparece gente como el Esc. Miranda o Liberof del Partido Comunista que eran parte del aparato financiero; en el caso del PVP hay un dinero que juega con un plan de extorsión. Una hija de un diplomático del PVP es extorsionada para que su padre -diplomático- de dinero. En el caso de los GAU no sé si no lo hubo. En el entorno de gente como Rosario Barredo y William Whitelaw, que aparecen para ensuciar los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz, se habla de que hubo dinero de por medio. Entonces, si se supone que trajeron 8 millones de dólares de lo que tenía el PVP en Buenos Aires, ¿entró en las arcas del Estado? ¿En qué papel? ¿Qué se hizo con ese dinero? ¿Esos negociados chicos no estaban encubriendo negociados grandes? ¿Qué sabemos del Plan “Conserva”? Entonces, lo que hubo en la cadena de mandos fue la impunidad, una impunidad que sigue vigente hoy.
-¿Cuál es tu posicionamiento sobre la Ley de Caducidad?
-Estoy a favor de su anulación y no lo hago solamente por la necesidad de conocer la memoria histórica de lo que pasó durante la represión y la dictadura. Yo digo que a partir de esa ley se institucionalizó en el Uruguay una cultura de la Impunidad, y es la que ha permitido que en el Uruguay en los últimos 25 años pasara de todo: un Banco se funde tres veces, lo salvamos tres veces; las deudas del sector agrícola o rural hay que mirar de quiénes son; los grupos, las mafias, el “Cangrejo Rojo”, la “Merluza Negra”, el ingreso de sectas, los negociados de aquí, los negociados de allá, las tablitas que se rompen, las coimas, los favores, y otras impunidades. Aquí tenemos impunidades, tenemos gente desaparecida después de la dictadura que son impunes porque esos crímenes lo protegen grupos de poder. Entonces, es noticia porque hay alguien que no quiere que se sepa y estamos viviendo una cultura de la impunidad. Siempre digo lo mismo: yo tenía 13 años cuando el golpe de Estado. Yo no vi la democracia anterior , a la dictadura. Vi la dictadura y después la impunidad y loque yo digo es que hay que terminar con la impunidad para que mis nietos no la vean.
-Y esa es tu lucha…
-Ellos mismos decían en el año 1975: “quien olvida su pasado está condenado a repetirlo”. No podemos repetir ese pasado, no podemos dejar de ser iguales. Una sociedad sin iguales es una sociedad no solidaria. Una sociedad sin memoria no sabe a dónde va porque no sabe de dónde viene. Cuando a mi me hablan del punto final, el punto final no existe. Quien habla de punto final no sabe de historia y no sabe de gramática. No sabe de historia, por que no existe un punto final en la historia, ésta se sigue escribiendo permanentemente, das vuelta la página y tienes que seguir escribiendo, no hay fin de la historia, no hay fin de ideas, no hay fin de nada, el fin de la historia es que se acabe la humanidad, y la van a escribir los marcianos, los dinosaurios y las cucarachas. Y el punto final no existe. Cuando estoy escribiendo y tengo una duda, pondré puntos suspensivos. Y si tengo una certeza, pondré dos puntos y sigo la frase, o punto y seguido, o punto y otro párrafo. Cuando doy vuelta la página, tengo una historia por escribir y no puedo dar vuelta la página si la anterior no la terminé de escribir. No se puede tener un libro histórico donde hayan tres páginas en blanco y se siga leyendo. Entonces, quien habla de punto final no entiende ni la historia ni la gramática.
-¿Por eso elegiste el tema de los Derechos Humanos?
-No, este tema yo me lo encontré, no lo elegí. Cuando yo tenía 16 años supe que el cuñado de una compañera de clases estaba preso, yo no vengo de una familia que tuviera posiciones políticas o militancia política en los ‘60. Mi padre era un electromecánico de autos, colorado, mi madre una maestra herrerista. Me fui encontrando con una realidad a medida que iba haciendo periodismo y en la medida que alguien me decía “no escribas”. Yo vivía en una dictadura y me daba cuenta de que no sabía dónde estaba viviendo y qué había pasado. Cuando uno tiene 13 años en el golpe de Estado y después te vas enterando de lo que pasó en los ‘60, quiere saber más, y entonces te enteras de lo que pasó en los ‘70 también. Buscar eso, buscar verdades, levantar cortinas, dar luz, se transformó en un objetivo humanamente político, no político partidario. Lo que yo busco son verdades, y a veces te das de narices contra la realidad y cuando se escribe algo que no coincide con la realidad, el equivocado es lo que está escrito.
-¿Hay una real libertad de expresión o en realidad se trata de libertad de empresa?
-Hay libertad de empresa y hay libertad de expresión, lo difícil es ejercerla, porque uno tiene que ejercerla no a través del grito en la plaza o a través de Internet que es gratis, pero en la medida que dependas de un medio para ejercer la libertad de expresión, tienes el problema de la libertad de empresa. Y en cualquier medio, de cualquier tendencia —yo he trabajado en diarios colorados, blancos, frenteamplistas e independientes- cuando vas a escribir algo que se da contra el avisador, tienes problemas. Y es un error de los directores de medios pensar prioritariamente en el avisador, porque ese avisador vino porque vos vendés, y vos escribís verdades y vas a vender más, entonces, si vos escribís sin presiones y con libertad de ex presión, van a venir más avisadores, no es que dependas de esos dos avisadores que te están apoyando. Y si ese avisador esta cometiendo algo que por algo vos tienes que escribir, terminas siendo un cómplice. Y eso ha pasado siempre. Uno de los mecanismos más fáciles de presión en los medios es la publicidad. Las agencias de publicidad a veces tienen más poder que los propios medios, y si es la publicidad oficial, mucho más aún, depende del gobierno de turno: si es la publicidad municipal, depende del Municipio de turno; y si es la empresa poderosa privada, estás dependiendo de más cosas todavía. Yo he visto en este país transnacionales que hicieron echar periodistas. Yo mismo he sufrido presiones de ese tipo. Siempre hay censura, pero la peor censura es la autocensura, que es lo que el periodista no tiene que hacer, que lo hagan los directores de los medios.
-¿Cómo es convivir con tantas presiones, habrás sentido miedo en muchos pasajes de tu carrera profesional?
-Miedo sientes siempre. Si no sientes miedo, eres bobo. Yo no soy ningún valiente ni ando prepoteando a nadie. Al contrario, trato de pasar por el costado de la ola y verla, porque mi misión no es la de ser el protagonista. En este momento no estoy cumpliendo mi misión, estoy charlando y contando una experiencia individual, no estoy siendo periodista sino protagonista. El periodista no es protagonista, es testigo de quienes sí lo son. Pero a veces, en los temas en los que uno se mete, termina siendo protagonista pero no por culpa propia, sino porque no está haciendo las cosas que tiene que hacer quien tiene que hacerlas. Si la Justicia no juzga y la Fiscalía no tiene un sistema de investigaciones que le permita investigar lo que pasó, tiene que hacerlo un periodista. Si no existe un sistema de control del Estado que permita que no haya corrupción estatal, lo termina haciendo el periodista. El periodista tiene que investigar e informar pero tendría que haber otra clase de contralores. El periodista no es un Fiscal del pueblo, es eso, un periodista que informa e investiga sobre lo que ocurre, a veces, otros no cumplen con su deber porque estamos situados en la cultura de la impunidad. Entonces, esa cultura de la impunidad que existe, por la cual el Estado no cumple, el otro no hace, ¿por qué voy a hacer yo si total, aquellos hicieron aquello y nadie los molestó? Tampoco es una cuestión de que hay ocho tipos presos. Por mi que no esté preso ninguno. El tema es que se sepa la verdad. El tema es que cuando tienes la verdad, necesariamente pides justicia, porque cuando se comprenda quién mató a Cecilia Fontana de Heber, y que la mataron dentro de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia, con presiones de Estados Unidos, y cuando se entienda que las personas que trajeron acá fueron ejecutadas masivamente, uno llega a la conclusión de que no es aquello que se votó en 1989. Estamos hablando de la verdad, y la verdad duele, para un lado y para otro.
-¿Cómo ha sido investigar durante un gobierno de izquierda?
-Igual que con los demás. A veces incluso es más difícil porque en las otras ocasiones podías ir al Directorio, y tenías una versión oficial, y cuando no te gustaba la versión oficial, te ibas al Sindicato y por allí tenias la extraoficial. Hoy vas al Directorio y tienes la versión oficial, y vas al Sindicato y te dicen “no me jodas con el Directorio porque son mis amigos”. Antes siempre tenías un informante, hoy todo el mundo se cuida de serlo. Entonces a veces es más difícil. Yo soy votante de este gobierno, no tengo por qué negarlo, pero he tenido y tengo terribles diferencias con la política que en materia de Derechos Humanos ha llevado adelante. Se tiene que hacer otra trabajosa juntada de firmas para anular una ley cuando basta que levanten la mano para anularla el propio Parlamento.
-¿Por qué no lo hace? ¿Por una cuestión de costos políticos?
-No lo sé, son decisiones políticas tomadas en una campaña pre electoral, pero una campaña pre electoral que no tenía la información y la verdad que tenemos hoy. Cuando la campaña pre electoral, el actual gobierno tenía una investigación periodística que decía que hubo un segundo vuelo. Cuando asumió el gobierno, el Comandante en Jefe de la Fuerza Aérea reconoce que existió ese vuelo que había sido denunciado tres años antes, y necesitamos tres años más para que una fiscal pida una condena de 25 años de prisión por ese segundo vuelo. En esos ritmos es muy difícil trabajar. Ahora, lo que se ha sabido en este período, desde la Comisión para la Paz en adelante, estuvo oculto durante tantos años, 20 años de absoluto silencio, de absoluta oscuridad. No existían, eran marcianos, era gente que está tomando el dulce caviar del exilio… Es un disparate, porque estamos hablando de esa falsa contradicción guerrilla- militares, acá no se está hablando de ningún desaparecido de antes de la dictadura. Cuando el 27 de junio se dio el golpe de Estado se cambiaron los roles. Hasta esa fecha habia una serie de gente que por razones políticas cometía ilícitos punibles por las leyes que existían, aún cuando hubiera un terrorismo de Estado ya vigente. Pero el 28 de junio, los que estaban reprimiendo pasaron a ser los subversivos y los otros se transformaron en patriotas porque estaban luchando contra una dictadura, y todas las personas que están desaparecidas son del Partido Comunista que nada tiene que ver con la guerrilla, los GAU, los PVP, que tampoco tienen nada que ver…
-Hay una serie de conceptos aún instalados dentro de la sociedad como la teoría de los dos demonios…
-Eso es una parte de la impunidad. La impunidad instala la teoría de los dos demonios, porque entonces hay uno bueno y uno malo, y no hay ni buenos ni malos, hay una realidad, y todos los agentes externos que tienen que ver con esa impunidad, como las Embajadas norteamericana, la francesa, la brasileña, la argentina, la chilena, la paraguaya. Algún día sabremos cómo fue la fuga de cómo fue la fuga de los 111 de Punta Carretas. Si estaban todos presos… Yo tengo informantes de la Dirección Nacional de Inteligencia diciéndome que le habían ganado a los tupamaros, que los largaron a todos y que tuvieron que empezar de nuevo. Son cosas que tenemos que saberlas.

La investigación del caso Simón

Rodríguez, en el transcurso de la charla, habló del privilegio de haberle realizado la primera entrevista a Sara Méndez. “Siempre digo que es la entrevista más dura que tuve en mi vida porque teníamos que parar el grabador para que llorara ella o llorara yo. Incluso hoy, cuando recuerdo aquella cuestión me emociono”, confesó. También habló sobre el encuentro mantenido en su momento con “Tota” Quinteros.
Entre sus investigaciones, habló específicamente sobre el caso de Simón Riquelo: “Pude hacer contactos con un represor argentino que había integrado la Banda de Gordon que era la que comandaba el Centro clandestino de detención y torturas llamado Automotoras Orletti en Buenos Aires, que fue donde en el año 76 pasaron buena parte de los uruguayos desaparecidos. Esta persona me dice que no había tenido que ver con los asesinatos de Michelini y Gutiérrez Ruiz pero me reconoce que había estado en Orletti. El acepta, en determinado momento, empezar a colaborar. En todo esto, Rafael Michelini tuvo mucha más importancia que yo. Fue importante una frase que dije yo en determinado momento, luego de ocho horas de conversación y no sé cuántas tazas de café. Fue en la casa de quien luego fue el Canciller argentino, Rafael Bielsa. Entonces estaba Bielsa, Rafael Michelini, esta persona y yo. Y luego de ocho horas de café yo tenía ganas de tomar algo más fuerte. Ni Michelini ni Bielsa toman alcohol. Entonces, cuando Bielsa iba a traernos otro café le dije: “no tienes algo un poquito más fuerte”. Me dijo que él no tomaba pero que iba a ver. Fue a la cocina y nos dijo: “tengo una cosa que se llama Chivas Regal 12 años”. Miré al muchacho que tenía enfrente y le brillaron los ojos. “Sirve, sirve, le dije. Se trajo dos vasos de cerveza, llenos y sin hielo. Nos miramos con este sujeto y se creo una complicidad de alcohol. Cuando íbamos por la mitad, ellos dos no sabían de qué estábamos hablando nosotros dos. En un momento le dije que entendiera que lo que yo quería saber, a mi me lo sacaban en cinco minutos de picana. Hizo un silencio y desde entonces empezó a colaborar y empezó a darnos los datos que nos permitieron encontrar a Simón Riquelo. Siempre le digo a Rafael Michelini que él no consigue más cosas porque no toma….”.

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