martes 20 de octubre, 2020

Argentina, ahora

Publicado el 28/07/08 a las 12:30 am

Paz y Rudy en Página 12, 19/7/08Escribe: Guillermo Almeyra

Argentina era un país de muy temprana concentración urbana ya a finales del siglo XIX, lo que originó un fuerte y numeroso movimiento obrero industrial y una vasta clase media en las principales ciudades cuando aún la burguesía era muy débil y el eje de las clases dominantes estaba constituido por el capital extranjero y por los terratenientes que controlaban el Estado.



Las clases medias urbanas, descendientes de inmigrantes, exigieron su lugar en el país en disputa con la oligarquía. Eso dio como resultado el voto universal en 1912, la Reforma Universitaria en 1918 y el apoyo urbano a Hipólito Yrigoyen. El movimiento obrero, en cambio, clasista, anarquista y socialista, siguió un camino independiente y el gobierno de las clases medias urbanas y rurales, yrigoyenista, cometió las matanzas de peones en la Patagonia y asesinó a 3 mil obreros en la capital durante la Semana Trágica. Ese fue el primer choque entre obreros y un gobierno “progresista”, y entre aquéllos y las clases medias. En 1930, el golpe de la derecha oligárquica y de la derecha antiyrigoyenista de la Unión Cívica Radical fue apoyado por las clases medias urbanas y por el partido de izquierda mayoritario, el Socialista, y el resultado fue la Década Infame, el gobierno proimperialista de la oligarquía y del fraude, que las grandes huelgas obreras de 1935-36 conmovieron, preparando el camino, en 1945, al triunfo de Juan Domingo Perón con el apoyo de los sindicatos y de los obreros industriales y rurales, pero en contra de la alianza entre el imperialismo estadunidenses, los conservadores, la UCR, los comunistas y los socialistas con el apoyo de las clases medias urbanas.

En 1955 la oligarquía, con el apoyo de éstas, el ejército y la Iglesia, que forman parte de las mismas, derribó a Perón, que huyó sin combatir. Pero en 1957 el presidente Arturo Frondizi, quien había llegado al poder gracias a la dictadura (y con el apoyo del propio Perón), quiso abrir el camino a la privatización del petróleo y conceder la educación pública a la Iglesia: los estudiantes se unieron entonces a los obreros en la oposición a ambas medidas y comenzó un proceso de acercamiento entre aquéllos, mayoritariamente peronistas, que resistían al margen de las órdenes de Perón, exiliado en la España franquista, y la juventud de las clases medias urbanas. Ese acercamiento se hizo alianza en los 70, cuando muchos hijos de antiperonistas furibundos, radicalizados por la revolución cubana, el 68 y Vietnam, creyendo acercarse a la clase obrera, se hicieron peronistas para combatir mejor la dictadura militar pro oligárquica, que tuvo que traer a Perón para frenar el proceso de luchas obreras radicales y de guerrillas hasta que preparó el golpe militar.

La dictadura de 1976 encontró a las clases medias divididas entre el sector que, unido a los obreros, resistió y fue masacrado por decenas de miles, y el numeroso sector conservador, antiobrero y racista, que toleró la dictadura hasta que ésta cayó sola tras la aventura sin gloria en las Malvinas. Después de la dictadura el peronismo presentó una fórmula presidencial de derecha incapaz de entusiasmar a los obreros y las clases medias arrastraron a sectores obreros y populares detrás del candidato de la Unión Cívica Radical, el neoliberal Raúl Alfonsín. Éste se alió con la derecha peronista y cedió la presidencia a Carlos Menem, el gran privatizador, ladrón y proimperialista, cuya política de derecha contó con el apoyo del aparato peronista y con las esperanzas de la mayoría de las clases medias y de los obreros. Pero en diciembre del 2001, ante el congelamiento de los depósitos bancarios de los pequeños ahorristas y el derrumbe de la credibilidad en los partidos tradicionales, una parte importante de las clases medias urbanas se opuso a la corrupción al grito de “¡que se vayan todos!” y dio su apoyo a los desocupados con la consigna de “¡piquetes y cacerolas, la lucha es una sola!”

El gobierno de Néstor Kirchner, tras varias vicisitudes, fue el resultado de este nuevo acercamiento entre los sectores populares. Sin embargo, la rápida recuperación económica y el alto precio de las materias primas agrícolas transformaron a los ex colonos y arrendatarios en rentistas que alquilan sus campos a grupos financieros que explotan la soya y con sus ganancias extraordinarias compran o construyen casas en las ciudades convirtiéndose en especuladores inmobiliarios y financieros. Y las clases medias urbanas reforzaron su afán de diferenciarse de “los negros”, “los grasas” (los obreros, los desocupados y el subproletariado urbano), que según ellas son subsidiados por el gobierno, olvidando el “que se vayan todos” para pensar sólo en su bolsillo. De este modo se formó un bloque entre el capital financiero internacional y nacional, los grandes exportadores de granos, la vieja oligarquía terrateniente, las grandes industrias extranjeras y la mayoría de las clases medias urbanas y rurales. Este bloque acaba de vencer al gobierno y rechaza los intentos de aplicar una política social redistributiva.

Como en 1930, 1945, 1955 y 1976, la derecha tiene ahora una base de masas. Las torpezas, el autoritarismo de los medios oficiales, su incapacidad para hacer política, aunque han quitado credibilidad al gobierno, no son la causa principal de esta evolución que reside en los cambios económicos y sociales internacionales. Ahora o los Kirchner buscan apoyo social con medidas de fondo e intentan separar sectores importantes de clase media del bloque reaccionario donde éstos militan, o la derecha sacará más ventajas de su triunfo en las calles y en el Parlamento, pues ha declarado que no se conforma con “cambiar el collar al perro”, sino que exige que “se cambie el perro”. Es decir, que no le basta con los cambios en el gabinete que ha podido ya imponer, sino que exige la aceptación total de su política neoliberal.

Tomado de La Jornada, 27/07/08.

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