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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

Sobre reflujos y resignaciones. ¿Qué hacer?

 

Vivimos tiempos de retrocesos programáticos, de rebaja de la política y de resignación, donde la capacidad de pensar el país está siendo desarmada. ¿No hay nada que pensar o imaginar además del superávit primario, de la ejecución presupuestaria o de las tácticas electorales de ocasión?

Hay un indescifrable malestar en la sociedad brasileña en relación a la política y a los políticos. En verdad, no se trata de un fenómeno exclusivamente nacional. En las últimas décadas, algo se rompió, se perdió, y ese algo tiene que ver con el propio sentido de la política. Se perdió la dimensión de la disputa civilizatoria, disputa de valores y conceptos, lucha de las palabras, que presta sentido a la acción política. En lo que concierne a la izquierda, esa crisis pone en cuestión su identidad y su propia supervivencia como proyecto político. En el caso brasileño, los recientes acontecimientos que marcaron la crisis política que alcanzó el PT y al gobierno de Lula sólo acentuaron una tendencia que ya era fuerte: la transformación de la política en espectáculo, en un proceso mercantilizado, donde las ideas ya no sirven para gran cosa. La corriente dominante del discurso político hoy, a la izquierda y a la derecha, con diferentes inflexiones, trata las ideas de modo absolutamente instrumental, vaciándolas de sentido, reduciéndolas a expresiones vacías, repetidas mecánicamente en los medios de comunicación y en reuniones públicas.

En el libro “El Fin de la Utopía – Política y Cultura en la era de la Apatía” (Ed.Record), el historiador Russell Jacoby resume ese cuadro de la siguiente manera: “Somos cada vez más insistentemente invitados a escoger entre el status quo o algo peor que él. No parece haber otras opciones (...) No hay alternativas. Es esta la sabiduría de nuestro tiempo, una era de agotamiento y reflujos políticos”. En su libro, Jacoby busca rastrear una cierta tendencia cultural para batirse en retirada. “El problema no es la derrota, sino el desánimo y el disimulo intelectual, fingir que cada paso atrás o al costado significa diez pasos adelante”, observa el historiador, y añade a su diagnóstico: “Hoy la visión se apagó, la autoconfianza se desvaneció y las posibilidades desaparecieron. Casi toda la izquierda recula, no sólo políticamente, sino también –lo que puede ser más decisivo aún– intelectualmente”.

PROYECTOS Y AMBICIONES

La izquierda comenzó a hablar libremente el lenguaje del liberalismo y los liberales, privados de un ala izquierda, ven cada vez más debilitada su determinación y su imaginación, denuncia además Jacoby. En la mejor de las hipótesis, según él, la izquierda propone una sociedad modificada, con pedazos más grandes de la torta para un número mayor de clientes. “El mismo mercado que era considerado por la izquierda una forma de explotación es hoy visto por ella como algo racional y humano. La cultura de masas, antes despreciada como otra forma de explotación, es celebrada como algo de la esfera de la rebelión. Los intelectuales independientes, otrora festejados como hombres de coraje, son ahora tachados de elitistas (...) Estamos asistiendo no sólo a la derrota de la izquierda, también a su conversión y tal vez inversión”. ¿Exagera? Mucha gente de izquierda cree que sí, argumentando que el reflujo político e intelectual se debe a una correlación de fuerzas desfavorable.

Pero ¿qué se está haciendo para revertir esa correlación? Considerando los últimos años de la vida política brasileña, ¿es más o menos desfavorable? ¿Cuál es realmente la disputa de proyectos, principios y valores que está en curso hoy? En entrevista al periódico Valor Económico, publicada este lunes (13/3/06), el presidente nacional del PT, Ricardo Berzoini, dice que una de las principales metas del partido para el próximo periodo es trabajar por una ejecución presupuestaria más rigurosa (en el gobierno federal), lo que no significaría necesariamente reducir el superávit primario. “
En la política, tenemos que lidiar con el cortísimo plazo, el corto plazo, el medio y el largo plazo. El superávit primario no es un tema central, pero garantizar una ejecución presupuestaria lo es”, afirmó. En la entrevista, el presidente del PT también defiende el  derrumbe de la “verticalización”[i] en las elecciones de este año. ¿Qué indican estas posiciones, exactamente, para la sociedad?

¿NO HAY NADA A HACER?

Volvamos, por un instante, a Russel Jacoby: “
En una época de descomposición ideológica, los hombres de izquierda sólo se arriesgan a proponer las más modestas metas e ideas. Muchos intelectuales políticamente comprometidos, escribe el sociólogo Jeffrey Alexander, adoptaron ideas sobre el mercado como algo racional o liberador. Estamos asistiendo a la muerte de una importante alternativa, no sólo en el pensamiento social sino también en la propia sociedad”. Teniendo en cuenta esas palabras, cabe preguntar: ¿será que todo lo que el mayor partido de la izquierda brasileña tiene para ofrecer, en el corto plazo, es una mejor ejecución presupuestaria y el derrumbe de la verticalización, instituida para intentar un mínimo de consistencia programática al caótico sistema partidario del país? Nada contra una buena ejecución presupuestaria (tarea de cualquier gestor público), todo a favor de algunas palabras que vayan más allá de la jerga económica y dialoguen con el clima de escepticismo y desencanto en relación a la política.

¿O esa no es una tarea necesaria? Hay quienes sostienen, y no son pocos, que lo importante ahora es concentrarse en el proceso electoral y en la táctica adecuada para vencer. Las llamadas cuestiones de fondo, por lo tanto, deberían ser dejadas para después, a fin de cuentas ellas no rinden votos. Tal vez no rindan, lo que es discutible, pero rinden al menos en una cosa sin la cual la política continuará despegándose cada vez más de lo cotidiano de las personas y perdiendo sentido: una reflexión crítica sobre la vida y sobre la posibilidad política de contribuir para mejorarla. En los días que corren, exigir eso puede sonar ingenuo, pero, tal vez, la ingenuidad mayor sea creer que despreciar el pensamiento crítico puede traer alguna victoria que merezca ese nombre. ¿No hay nada a hacer? ¿Estamos todos condenados a la resignación y al cansancio político? ¿No hay nada a ser pensado o imaginado además del superávit primario, de la ejecución presupuestaria o de tácticas electorales de ocasión?

RESIGNACIÓN Y RETROCESO PROGRAMÁTICO

En una larga entrevista publicada en el cuaderno “Mais”, de Folha de São Paulo, el cientista político Luiz Werneck Vianna, identificó del siguiente modo esa cultura de resignación y de retroceso programático: “
En la universidad y en la opinión pública, la tradición más capacitada para pensar el país está siendo desarmada. Tenemos hoy una ciencia social enteramente agachada frente al mundo, reverente a una empiria ciega y que se rehúsa a ver el estado carencial de nuestras principales instituciones políticas. Se hizo un saber enteramente entregado a la naturalidad de nuestra sociología y especular a ella. Cabe a la inteligentsia brasileña hoy, nuevamente, una intervención esclarecedora sobre el estado de cosas que asola el país. El otro lado no ha hecho sino avanzar en su proyecto de deshacer lo que aún resta de público en la sociedad brasileña. El foco de la resistencia aún es la Constitución de 1988, que institucionalizó, de algún modo, la tradición republicana brasileña".

Y el avance del proyecto de privatización del espacio público, en casi todo el mundo, va de la mano a una especie de paz resignada. El filósofo esloveno Slavoj Zizek, en un artículo titulado “El espectro de la ideología”, describió irónicamente ese escenario: “la propia paz, la ausencia de lucha, ya es una forma de lucha, es la victoria (temporal) de uno de los lados en la lucha.
En la medida en que la propia invisibilidad de la lucha de clases (la paz de clases) ya es un efecto de esta –o sea, de la hegemonía ejercida por uno de los lados la lucha-, uno se queda tentado a comparar la situación de la lucha de clases con la del McGuffin de Hitchcock (en un curioso diálogo):

- ¿Qué es la lucha de clases?
- Es el proceso antagónico que constituye las clases y determina sus relaciones.
- ¡Pero en nuestra sociedad no hay lucha de clases!
- Ya lo ve, ¡es así que funciona!

[i]  Nota del Traductor: Nos referimos a lo que en Brasil llaman verticalização: “Se trata de una norma electoral en vigor, definida en 2002 por el Tribunal Superior Electoral (TSE), según la cual los partidos que se unieran para presentar un candidato único a la Presidencia de la República deben repetir la alianza en los estados, en los municipios y en el Distrito Federal.”  (http://www.senado.gov.br/comunica/agencia/infos/Infoverticalizacao_.htm) El término verticalização se debe a que la instrucción del TSE "verticaliza" la deliberación del partido de arriba hacia abajo, del órgano nacional hacia los provinciales.

 

Traducido por Angel Vera para www.pvp.org.uy.

Tomado de CARTA MAIOR, 13/03/2006.

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