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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

Pablo Stefanoni entrevista al Vicepresidente de Bolivia Álvaro García Linera

La firma de los nuevos contratos entre YPFB y las empresas petroleras afincadas en Bolivia, el 28 de octubre pasado, logró revertir el bajón político del gobierno y recrear un clima de optimismo colectivo. Este hecho tuvo un doble efecto: emotivo –al reactualizar los sentimientos nacionalistas que conocieron su máxima expresión en la nacionalización del 1ro. de mayo– y pragmático, al asegurarse inversiones y abultados ingresos para el Estado para los próximos 30 años.
El vicepresidente García Linera dice en esta entrevista que "el acuerdo con Argentina permitió romper una suerte de sindicato de las empresas petroleras" que querían postergar la firma de nuevos contratos. Se refiere al convenio firmado el 19 de octubre por el cual Bolivia aumentará la provisión de gas al país vecino hasta 27 millones de metros cúbicos diarios, con un precio base de cinco dólares el millón de BTU y una fórmula reajustable en el tiempo. García Linera añade que hay estabilidad macroeconómica y financiera porque la administración de Evo Morales "no despilfarra el dinero público como lo hicieron los neoliberales".
En su modesto departamento de Sopocachi, el segundo hombre del gobierno analiza la coyuntura política boliviana, poniéndose en varios momentos el traje de sociólogo que lo acompaña en la función pública. Se define como alguien "que entiende la lógica de la dirección estatal como una lógica de negociación". Su lectura más importante para entender este momento político: "El Lenin de 1918-1919". Es decir, el que tuvo que batallar con las contradicciones entre el pragmatismo y los sueños que enfrenta cualquier proceso de cambio en marcha.

"Ahora Bolivia se inserta en la globalización con un Estado fuerte"

El gobierno vuelve a tener el favor de las encuestas, ¿por qué tanta volatilidad en la opinión pública?

El Movimiento al Socialismo (MAS) tiene dos pisos de votación. Una votación más sólida, con fidelidad a largo plazo y con una temporalidad política diferente de la de los medios de comunicación. En ese bloque –conformado por campesinos y sectores populares de las ciudades– no hay volatilidad, pero es menos visible mediáticamente. Luego hay un núcleo de clase media y sectores populares emergentes –comerciantes, artesanos, etc.– que es políticamente más inestable y más sensible al clima político y mediático. Es en este último sector donde se hacen las encuestas. Y aquí sí hubo variaciones, para arriba y para abajo.

Ahora el apoyo subió nuevamente al 63 por ciento.

Sí, vuelve a crecer a partir de tres actos muy fuertes del gobierno, que quiebran los sentimientos de inestabilidad e incertidumbre generados en los últimos dos meses: la firma de los contratos petroleros, el apoyo externo materializado en el acuerdo de venta de gas a Argentina y, en el terreno social, el bono "Juancito Pinto" contra la deserción escolar, que es una suerte de socialización de los beneficios de la nacionalización.

¿La principal demanda social es la reconstrucción del Estado?

Definitivamente. La construcción de un "yo colectivo" mucho más activo, que controle los recursos naturales que han sido devastados en las últimas décadas. Ese es un sentimiento que atraviesa a todas las clases sociales. No hay que olvidar, además, que sobre este gobierno –por ser liderado por un indígena– hay una sospecha de debilidad de gestión económica. Entonces, cuando en este ámbito se logran cosas inéditas en la historia boliviana se cohesiona con mucha fuerza la fidelidad de los sectores sociales afines y se atrae nuevamente a las clases medias.

Las actuales cifras macroeconómicas serían la envidia de los gobiernos de los 90: proyecciones de superávit fiscal, reservas y exportaciones récord, ¿es un mérito de la actual administración o el resultado de un buen contexto internacional?

El contexto, sin duda, ha ayudado, pero fue decisivo un conjunto de decisiones políticas muy precisas. Por ejemplo, la manera de abordar las presiones sociales. Los propios neoliberales, en tiempos electorales, despilfarraban los recursos estatales. (El ex presidente) Jorge Quiroga llegó a un déficit del ocho por ciento, más alto que en la época de la UDP en medio de la hiperinflación. Hubo una especie de libertinaje. Nosotros no hicimos eso. Apostamos por la austeridad en el gobierno y por mejoras moderadas en el sector público: siete por ciento de aumento a trabajadores de salud y educación y tres por ciento a policía y FFAA. Así evitamos que se dispare la inflación y el déficit fiscal, y logramos consolidar la confianza en el sistema financiero pese al terrorismo que quisieron lanzar desde algunas usinas conservadoras. Luego está la estrategia petrolera: consolidar los acuerdos con Argentina para apalancar las negociaciones con Petrobras y el resto de las petroleras.

¿Cree que el acuerdo con Argentina influyó en la firma de los nuevos contratos petroleros?

Enormemente. Porque garantizó mercados a muy bueno precio y, como señaló Kirchner, la posibilidad de inversiones de Argentina si las empresas que están acá no las hacen. Fue una decisión política. Eso permitió romper una suerte de sindicato de empresas petroleras que había decidido no negociar y obligar al Gobierno boliviano a ampliar a otros 90 ó 180 días la negociación de los contratos. Con esta política establecimos un mecanismo distinto de inserción en la globalización de un país pequeño como Bolivia: inversión extranjera pero con reglas definidas por un Estado fuerte, controlando y usufructuando la mayor parte del excedente gasífero. Todo ello influyó en las cifras macroeconómicas que tenemos hoy. Crecimiento de más del cuatro por ciento, reversión de la tendencia decreciente de la inversión privada externa, superávit fiscal de entre uno y dos por ciento para el año próximo, récord de exportaciones que superan los 3.100 millones de dólares.

¿La presencia de Kirchner en Santa Cruz de la Sierra muestra también que Bolivia no sólo mira hacia Caracas?

Claro, Bolivia tiene en Venezuela un gran aliado pero también tiene en Argentina un socio estratégico con quien estamos haciendo negocios y hemos planificado una integración energética de largo aliento. Con Brasil las cosas no pudieron ir tan rápido como quisiéramos pero el cierre del contrato con Petrobras es una muy buena plataforma para potenciar acuerdos estratégicos con este país hermano.

¿Hay conspiración contra el gobierno?

Ha habido intentos serios de conspiración entre agosto y septiembre, como lo ha dicho el presidente Evo Morales. Algunos creyeron que se podía impedir la continuidad de este proceso aprovechando un conjunto de malestares, especialmente a nivel urbano. Hubo ciertos medios de comunicación que apostaron a eso, junto con algunos sectores que buscaron apoyo en comandos militares pero, rápidamente, fue denunciado y desmontado.

¿Cuál es el verdadero García Linera, un político dialoguista o un lobo con piel de cordero? Algunas frases, como cuando recordó sus andanzas por el altiplano con un fusil bajo el poncho, confunden a la gente.

Hay que ubicar los discursos en los tiempos. Los discursos fuertes fueron en un momento en el que se estaba expandiendo un proceso de conspiración y apuesta a la ruptura de la continuidad institucional de algunos sectores. Ahí había que dar una señal también fuerte: que quien quisiera jugar a la desestabilización iba a tener una respuesta muy vigorosa. Pero, más allá de esos momentos puntuales, Alvaro García es una persona que se esfuerza en dos cosas: primero, ayudar a la reconversión de una mentalidad y unos hábitos de resistencia de los sectores populares hacia hábitos de gestión y de cumplimiento estatal de decisiones. Segundo, hacer del Estado una síntesis connotada de la sociedad y no ya el Estado como facción. El Estado como la materialización de alianzas sociales, de todos. Esa es la idea de un Estado real, no un Estado aparente. Tienes allí un hombre que entiende la lógica de la dirección estatal como una lógica de negociación.

La nueva Ley de Tierras está alterando, otra vez, los ánimos entre sectores empresariales de Santa Cruz

En el tema de la tierra se entrecruzan intereses de grupos empresariales productivos legítimos y sectores especulativos influyentes en la sociedad oriental, con amplio peso político. Nuestra estrategia es potenciar la alianza con el sector productivo y aislar al político-especulativo, aunque a veces se entrecruzan ambos intereses. Obviamente, la revolución agraria va a generar una serie de conflictos, estamos tratando de atenuarlos pero no vamos a ceder en nuestra lucha contra las tierras improductivas.

La Asamblea Constituyente parece empantanada y genera cada vez menos entusiasmo, ¿cuál es su lectura?

Está costando que la Constituyente agarre ritmo. En ello influyen varios factores: el primero es que, de entrada, hubo un sector que no quería la asamblea. Y eso dificultó más aún cuando el 95 ó 99 por ciento de nuestros constituyentes es gente sin experiencia política previa, que viene de las bases sociales y se enfrenta con una trama política muy compleja de sectores obstruccionistas, negociaciones políticas, búsqueda de consenso. Han tenido que ir aprendiendo sobre la marcha. Esto ha demorado el arranque de la Asamblea Constituyente y ha generado cierto distanciamiento de la propia sociedad, que la ve muy conflictiva, muy tardada, envuelta en discusiones que a veces no se las entiende bien. Pero esperemos que, una vez superado el debate sobre el reglamento, la discusión de temas específicos pueda despertar mayor entusiasmo de la gente. No se va a anular contradicciones y tensiones, eso es normal, para eso es la Constituyente. Si no hubiera conflictos, para qué la Constituyente. Lo que falta es canalizar de manera adecuada esas contradicciones y esos conflictos. Ahí nuestros constituyentes han tenido debilidades, pero se va avanzando gradualmente.    

"Estoy releyendo a Lenin"     

En el MAS hay muchas críticas en el sentido de que hay más "clasemedieros" que indígenas en el gobierno...

El tema de la indigenización de las estructuras del Estado es algo que está teniendo dificultades porque la mayoría de los indígenas ha sido relegada en el ámbito de la formación profesional o directamente a no tener profesión. Entonces, los cuadros que requiere el Estado son ocupados casi automáticamente por profesionales mestizos de clase media. Es un problema que sólo se puede resolver, gradualmente, en el marco de una revolución administrativa que permita formar cuadros indígenas en igualdad con los blanco-mestizos. De todas formas, aunque falta mucho por hacer, no hay que despreciar a los cuadros indígenas en este gobierno. Además, los movimientos sociales e indígenas –que conforman el MAS– deben dar su aval para que indígenas o no indígenas puedan ocupar una dirección o un ministerio. Eso es algo inédito, antes esos avales los daban organismos internacionales o embajadas. Y, finalmente, no hay que olvidar que en Bolivia el Estado es el principal medio de ascenso social. En ese caso lo indígena o no indígena es un pretexto de una práctica política que hoy está siendo descubierta por sectores populares. Evo Morales fue muy fuerte contra este hábito en el congreso nacional del MAS, al decir: "No quiero ver dirigentes firmando avales cuando deberían estar concientizando a las personas".

¿Socialismo del siglo XXI o capitalismo andino?

En Bolivia hay una revolución democrática descolonizadora. Una anulación progresiva de los mecanismos de exclusión económica y cultural, que han marginado a sectores indígenas, culturalmente oprimidos y económicamente explotados. Y, junto con ello, está en marcha un proceso de ampliación de derechos, democratización de funciones y potenciamiento de núcleos comunitaristas, que ameritan a mediano o largo plazo un horizonte poscapitalista, pero hoy se dan al interior, en lucha contra el propio capitalismo. Mi idea de socialismo del siglo XXI es la que tenía Marx en el siglo XIX: un proceso corpuscular de superación del orden capitalista existente. No lo veo como algo palpable, ejecutable ya, en estas décadas.

¿En qué estante de su enorme biblioteca buscaría ayuda para entender lo que está pasando en Bolivia?

En el del Lenin de 1918-1919, que escribe sobre el papel de la burocracia, la falta de cuadros, la persistencia de estructuras comunitarias y campesinas, la necesidad de potenciar los atisbos de autodeterminación en el ámbito productivo sabiendo de que estás en un ambiente adverso. Volví a esas lecturas que me resultan muy útiles.

 

Tomado de Clarín, 14/11/06.

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