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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

DOS ENFOQUES SOBRE LA BOLIVIA DE EVO

STEFANONI RESPONDE A PETRAS

 

Ante el comienzo del mandato de Evo Morales, James Petras emitió duras críticas al primer Presidente indígena de Bolivia en dos artículos periodísticos. Concretamente, el sociólogo norteamericano encuentra en Evo Morales a un neoliberal con retórica populista. El  sociólogo boliviano Pablo Stefanoni responde que el doctrinarismo de Petras y su condena inapelable a la nueva administración es tan estratégicamente inútil como una simple visión apologética del Presidente Morales. 

 

Evo Morales y Bolivia: Gestos populistas y fondo neoliberal

Escribe: James Petras

Introducción

Una evaluación realista de la victoria electoral de Evo Morales requiere conocer el papel desempeñado en las recientes insurrecciones populares en Bolivia, su programa e ideología, así como las primeras medidas adoptadas por su gobierno. En el pasado inmediato, innumerables intelectuales de izquierda, académicos, periodistas y ONG se han subido neciamente al carro de una serie de nuevos presidentes “populares” electos (Lula en Brasil, Gutiérrez en Ecuador, Vázquez en Uruguay y Kirchner en Argentina) que han respetado a las empresas privatizadas, que pagan rigurosamente la deuda exterior, que aplican las políticas fiscales del FMI y envían fuerzas militares a Haití para mantener al gobierno títere impuesto por EE.UU., y para reprimir las luchas de los pobres para restaurar el gobierno de Aristide elegido democráticamente.

De nuevo, tenemos un líder popular elegido en Bolivia. Y de nuevo, un ejército de incondicionales entusiastas de izquierda dominan el debate, dejando de lado hechos significativos y los cambios de política de los últimos cinco años.

El significado de la victoria electoral de Morales

El margen de la victoria electoral de Evo Morales, un 54 % frente al 29 % de su más cercano adversario, supera al de cualquier anterior presidente en los últimos 50 años. Su partido, el MAS (Movimiento hacia el Socialismo) ha conseguido mayoría absoluta en la Cámara Baja y casi ha alcanzado la mayoría en el Senado, así como 3 de los 9 gobernadores elegidos, a pesar de que el Consejo Electoral eliminó casi un millón de electores del censo (la mayoría votantes indígenas de Morales) por razones técnicas. En segundo término, Morales ganó en todas las grandes ciudades (con excepción de Santa Cruz, baluarte de la extrema derecha), y superó el 65 % de los votos en muchas zonas rurales y urbanas empobrecidas. En tercer lugar, Morales y el MAS vencieron a pesar de la oposición de los principales medios de información electrónicos e impresos, de las asociaciones de empresarios y propietarios de minas y de las intervenciones y amenazas de la embajada de Estados Unidos. En este caso, la oposición de las empresas estadounidenses a Evo Morales sirvió para aumentar el apoyo popular, dando lugar a una masiva participación nunca vista. Al contrario que los muy prestigiosos “críticos de los medios”de todo el mundo, la gran mayoría de la gente no se dejó influir por las 24 horas de avalancha de propaganda sucia llevada a cabo en todos los medios de comunicación. En cuarto lugar1, se ha presentado a Evo en los medios, y a través de sus propios publicistas, como el primer presidente indígena de las Américas, lo que en sentido técnico es cierto pero debería haberse señalado que el presidente Chávez de Venezuela es mestizo, que un ex vicepresidente de Bolivia fue un (neoliberal) indígena; que el presidente peruano Toledo proclamaba sus orígenes indios y llevaba un poncho durante su campaña electoral; que en Ecuador ha habido indígenas ocupando importantes puestos ministeriales en el gobierno del derrocado presidente Gutiérrez (entre ellos en Agricultura y Asuntos Exteriores). Con excepción de Chávez, la presencia de indígenas en altos cargos no ha servido para aprobar medidas progresistas en regímenes esencialmente neoliberales.

La respuesta a la victoria electoral de Morales y el MAS

La respuesta generalizada de los gobiernos de izquierda, de centro y de derecha a la victoria de Morales ha sido positiva. Fidel Castro, Chávez, Zapatero (España), Chirac (Francia) y Wolfowitz (del Banco Mundial) felicitaron al ganador. Estados Unidos adoptó una posición ambigua. La cautelosa alabanza del proceso electoral realizada por Condoleeza Rice llegó acompañada de la previsible advertencia de que debería gobernar por “métodos democráticos”( según las indicaciones estadounidenses). Al mismo tiempo, poco después de las elecciones, las Fuerzas Especiales estadounidenses, con base en Paraguay, iniciaron unas maniobras militares en la frontera con Bolivia. Las principales compañías de petróleo (Repsol, Petrobras, etc.) expresaron su deseo de trabajar con el nuevo presidente (siempre que respete las reglas del juego). Mientras tanto, anunciaron que se mantendrían las nuevas inversiones.

Los dirigentes de las principales confederaciones de trabajadores: la Confederación Obrera de Bolivia (COB), la Confederación de Mineros, las Confederaciones de barrio de El Alto (ciudad obrera de 800.000 habitantes, cercana a La Paz) adoptaron una prudente postura de “esperar y ver”, exigiendo que sus primeras medidas incluyan la nacionalización de las compañías de petróleo y gas y la convocatoria de una asamblea constituyente. A pesar de las reticencias de estos dirigentes, incluso en apoyar la elección de Evo, la gran mayoría de sus seguidores votaron abrumadoramente por Morales.

En resumen, con excepción de Estados Unidos, ha habido un amplio apoyo a la victoria de Evo, que comprende desde los grandes capitalistas a los parados, del Banco Mundial a los indígenas descalzos de los Andes, cada uno con su propia interpretación y expectativas sobre las políticas que van a seguir la presidencia de Evo Morales y el Congreso con mayoría absoluta del MAS.

Dos opiniones sobre la presidencia de Evo Morales

Al menos, existen dos opiniones con ideologías contrapuestas sobre qué se puede esperar de la presidencia de Evo Morales.

La izquierda eufórica y sectores de la ultraderecha (en particular en Estados Unidos y Bolivia) prevén un escenario en el que un presidente indígena radical de izquierdas, para contentar a la inmensa mayoría de bolivianos pobres, transformará Bolivia desde una oligarquía blanca e imperialista, que domina el país con una economía neoliberal, hasta convertirla en un Estado de obreros agrícolas indígenas con una política exterior independiente, la nacionalización de la industria petrolera, una profunda reforma agraria y la defensa de los cultivadores de coca. Esa es la opinión del 95 % de la izquierda y la de la extrema derecha en general, incluida la Administración Bush.

Un escenario alternativo, el que mantengo yo, considera a Morales un político social liberal moderado que en los últimos cinco años ha evolucionado hacia el centro. No nacionalizará las multinacionales del petróleo o del gas sino que es probable que renegocie un aumento moderado de sus impuestos, y “nacionalice” los minerales del subsuelo, dejando que las compañías los extraigan libremente, los transporten y comercialicen. Promoverá tres variantes del capitalismo: protección de las pequeñas y medianas empresas; invitación a las inversiones extranjeras y financiación de las compañías estatales de petróleo y minería como socios menores de las multinacionales. Para compensar y estabilizar su gobierno, nombrará a una serie de líderes populares para puestos gubernamentales relacionados con el trabajo y el bienestar social, con presupuestos exiguos que estarán sometidos a los ministerios económicos y financieros dirigidos por economistas liberales. Morales promoverá y financiará actividades culturales indígenas así como la utilización de la lengua nativa en las escuelas andinas y en la Administración. “La reforma agraria” no implicará expropiación alguna de explotaciones agrarias sino que se reducirá a proyectos de colonización en zonas despobladas y sin cultivar. El cultivo de la coca se legalizará pero restringido a menos de medio acre por familia. Se prohibirá el tráfico de drogas. Morales propondrá trabajar con la DEA (Drug Enforcement Administración) estadounidense contra el tráfico y el blanqueo de dinero.

Análisis de Datos

Una enorme cantidad de datos- hechos relevantes para evaluar ambos escenarios- están disponibles para cualquiera interesado en formarse un juicio completo sobre la dirección que va a tomar Evo Morales:

1.      Antes incluso de tomar posesión, Morales ha dado luz verde a la privatización de MUTUN, una de las mayores explotaciones mineras del mundo (Econoticias, 25 de diciembre de 2005). A finales de 2005, se puso en marcha una subasta para su privatización, en circunstancias muy controvertidas, entre varias multinacionales en competencia. El presidente saliente, Rodríguez, consultó a dos de los principales congresistas del MAS y aceptó paralizar la subasta como deferencia al gobierno entrante de Morales. Morales y su neoliberal vicepresidente, Álvaro García Linera, desautorizaron y amonestaron a los líderes del Congreso y a sus consejeros parlamentarios y comunicaron al presidente Rodríguez que prosiguiera con la subasta para la privatización. La mina tiene una reserva de 40.000 millones de toneladas de hierro y 10.000 millones de toneladas de magnesio (el 70 % del total mundial). En el proceso hasta llegar a su decisión unilateral, Morales se doblegó a las presiones de la derecha provenientes de los empresas pro-imperialistas de Santa Cruz e hizo caso omiso de los intereses nacionalistas de los ecologistas y de los trabajadores.

2.      Mientras los mal informados admiradores izquierdistas de Evo lo describen como el líder revolucionario de las masas bolivianas, ignoran el hecho de que no desempeñó papel alguno en las insurrecciones de octubre de 2003 y de mayo-junio de 2005. Durante las huelgas generales y las batallas campales de octubre, Evo estaba en Europa en una reunión de parlamentarios en Ginebra discutiendo sobre las virtudes de la política parlamentaria. Mientras tanto, montones de bolivianos estaban siendo masacrados por el régimen electoral de Sánchez de Losada por oponerse a su política sobre la propiedad extranjera del petróleo y el gas. Morales volvió a tiempo de celebrar la caída de Sánchez de Losada y de convencer al medio millón de insurrectos para que aceptaran al neoliberal vicepresidente Carlos Mesa como nuevo Jefe de Estado. Menos de dos años después, otra oleada de huelgas y barricadas desembocaron en la caída de Mesa por dar continuidad a la política petrolera de Sánchez de Losada. Una vez más, Morales intervino para encauzar la insurrección a través de canales institucionales y proponer a un juez del Tribunal Supremo como presidente interino mientras se convocaban las nuevas elecciones presidenciales. Morales consiguió acabar con la batalla popular en las calles y desmantelar los incipientes consejos populares para canalizarlos hacia las instituciones burguesas establecidas. En ambas crisis, Evo favoreció la reposición neoliberal en contra de las exigencias del pueblo de establecer una asamblea nacional controlada popularmente.

3.      Durante la presidencia de Mesa, Evo apoyó el último referéndum (2004) que permitió a las multinacionales extranjeras continuar con el control del gas y del petróleo con un pequeño aumento de los pagos por derechos de explotación. Aunque se aprobaron partes del referéndum, fueron rechazadas después por el masivo movimiento insurreccional.

4.      En la campaña para las elecciones presidenciales, la candidatura Morales-García-Linera (vicepresidente) tuvo un “triple discurso”: para las masas urbanas y los sindicatos hablaron de “socialismo andino”; para los indígenas de las tierras altas lo hicieron de “capitalismo andino”; para los dirigentes empresariales afirmaron que el socialismo no estaba previsto en su programa antes de 50 ó 100 años. En reuniones privadas con el embajador estadounidense, con los oligarcas bolivianos, con los banqueros y las multinacionales, Morales y García Linera renunciaron a las intenciones de nacionalizar y por el contrario anunciaron que las inversiones extranjeras serían bienvenidas siempre que fueran “transparentes”. Por transparente querían decir que las multinacionales pagaran sus impuestos y no sobornaran a los encargados de su regulación. El mensaje para las masas carecía de concreciones; los discursos para las elites empresariales se sustentaba en compromisos concretos.

5.      Evo y su vicepresidente Linera han prometido mantener la política fiscal y macroeconómica de sus predecesores y respetar las compañías ilegalmente privatizadas. El portavoz económico de Evo, Carlos Villegas, declaró que el presidente Morales “ derogará de forma simbólica el decreto por el que se privatizaron las empresas” pero añadió que “no tendría efectos retroactivos”. Los gestos simbólicos de carácter puramente retórico, desprovistos de todo contenido nacionalizador, parecen ser la vía elegida por Morales y Linera.

6.      Los próximos presidente y vicepresidente han dejado bien claro que no van a expropiar ninguno de los grandes monopolios o grandes terratenientes ni las inversiones extranjeras. El 13 de enero de 2006, Evo Morales viaja a Brasil para negociar con las grandes corporaciones brasileñas nuevas inversiones en los sectores del gas, de la petroquímica, petróleo y otras materias primas. Según el brasileño diario financiero Valor (26 de diciembre de 2005), Lula le va a ofrecer préstamos estatales y a insistir en que Evo cree “un clima de estabilidad para las inversiones”. PETROBRAS, la gigantesca empresa brasileña, paga menos del 15 % en impuestos por la extracción diaria de 25 millones de metros cúbicos de gas natural a precios muy por debajo de los del mercado internacional. Lula espera servirse de la “ayuda” para profundizar y ampliar las explotaciones a bajo coste de las valiosos recursos energéticos que llevan a cabo las multinacionales de Brasil. Mientras tanto el gas que se vende en La Paz es tres veces más caro que el que se vende en Sao Paulo.

7.      Evo promete “cobrar impuestos” a los ricos ya que sabe muy bien que establecer nuevos impuestos para los grupos con ingresos más bajos provocaría una insurrección semejante a la que se produjo en 2004. Sin embargo, los impuestos previstos para las propiedades valoradas en 300.000 o 400.000 dólares no van a afectar a la gran mayoría de las clases medio-altas ni a prácticamente ninguno, salvo al uno por ciento, de los muy ricos. Como fuente de ingresos tendrá un impacto insignificante pero el valor “simbólico” propagandístico será enorme.

8.      En cuanto a las exigencias de los campesinos, la comisión agraria de Evo no ha planteado ningún objetivo concreto para la reforma agraria (ni el número de acres para distribuir ni ninguna relación de beneficiarios entre familias sin tierras).

9.      Mientras sus partidarios locales e internacionales resaltan sus orígenes “populares” e indígenas (el “rostro de la América India”), no hay duda de su apoyo a las grandes empresas, sus acuerdos con el Comité Cívico pro-imperialista de Santa Cruz, con PETROBRAS y las otras multinacionales del petróleo y el gas. Lo que resulta crucial no es la militancia de Evo durante los años 80 sino sus alianzas, compromisos y programa en su camino hacia la presidencia.

Conclusión

Todos los datos sobre las políticas de Evo Morales, en particular desde 2002, indican un giro decidido hacia la derecha, desde las luchas populares a la política electoral; un deslizamiento hacia las actuaciones en el marco del Congreso y con las elites institucionales. Evo Morales ha cambiado desde al apoyo a las insurrecciones populares a dar su apoyo a uno u otro presidente neoliberal. Su estilo es populista, su manera de vestir informal. Habla el lenguaje de la gente. Es fotogénico, bien parecido y tiene carisma. Se mezcla a gusto con los vendedores en la calles y visita las casas de los pobres. Pero ¿a qué política sirven esos gestos y símbolos populistas? Su retórica anti-neoliberal no tiene sentido alguno cuando invita a más inversores extranjeros a expoliar el hierro, el gas, el petróleo, el magnesio y otras materias primas. No se van a producir transformaciones sistemáticas si se mantienen las privatizaciones ilegales, si se respetan las elites financieras y empresariales de La Paz y Cochabamba y las oligarquías de Santa Cruz. En el mejor de los casos, Evo impulsará algunos aumentos marginales de impuestos sobre el patrimonio y las patentes y quizás incremente un poco el gasto social o los servicios sociales (pero siempre limitados por un presupuesto fiscal muy reducido). El poder político se repartirá entre los nuevos pequeños burgueses en ascenso, que ocupan puestos dirigentes en el MAS, y la vieja oligarquía económica. Las relaciones diplomáticas con Cuba y Venezuela, sin duda, mejorarán enormemente. Las relaciones con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional no experimentarán cambio alguno- salvo que la mafia cubano-estadounidense de Washington lleve adelante su programa extremista. Si bien es posible cualquier agresión mientras los responsables políticos fascistas manden en Washington también lo es, habida cuenta de la política liberal de hecho de Morales, que el Departamento de Estado opte por presionar a Evo para que se incline más a la derecha y haga más concesiones a las grandes empresas y en la reducción del cultivo de coca. Desgraciadamente, la izquierda continúa reaccionando ante los símbolos, las historias míticas, la retórica política y los gestos, en lugar de hacerlo ante el fondo programático, las experiencias históricas y las políticas socio-económicas específicas. Parafraseando a Marx: La retórica populista es el opio de los intelectuales.

1 N.T.: En el original el autor dice en “quinto lugar”

Traducido para Rebelión por Felisa Sastre

Tomado de Rebelión, 6/01/06

 

Una respuesta a James Petras

Los límites de la sociología “doctrinaria”

Escriben: Hervé Do Alto y Pablo Stefanoni

Desde el punto de vista del pensamiento crítico el artículo del sociólogo estadounidense Jaime Petras (“Evo Morales: gestos populistas y fondo neoliberal”, El juguete rabioso 15/1/2006 http://www.rebelion.org/noticia.php?id=25141 es bienvenido. Sin embargo, no podemos menos que interrogarnos sobre los objetivos de un artículo de un intelectual de izquierda que caracteriza sin más al presidente electo que aún no entró en funciones como neoliberal, sometido a Estados Unidos y a las multinacionales.
Como él mismo admite, Petras va a contracorriente de la izquierda continental que ve en el “primer presidente indígena de la historia boliviana” una esperanza para Bolivia y América Latina. Y es cierto que Evo Morales, al igual que otros dirigentes populares victoriosos es objeto de idealización y folklorización que, más que echar luces, opacan la comprensión del ciclo político operado en Bolivia desde octubre de 2003. Sin embargo, no cualquier crítica contribuye al noble propósito de entender más y las críticas de Petras parecen ser víctima de la sociología doctrinaria, de escasa base empírica.

En primer lugar, el análisis de Petras se basa en una categoría que oculta más de lo que aclara, cancela ensayos de explicaciones más complejas y es cara a un sector de la (ultra)izquierda: la categoría de “traidor”. Sumada a la dicotomía: las masas (casi) siempre son revolucionarias, los dirigentes (casi) siempre conservadores, axioma al que Bolivia aportaría una nueva constatación. Por ejemplo, señala: “(En octubre de 2003) Evo Morales regresó a tiempo para convencer al más de medio millón de insurrectos para que aceptaran al neoliberal vicepresidente Carlos Mesa como nuevo Jefe de Estado”. Cualquiera que haya estado en Bolivia en esas fechas sabe que Carlos Mesa fue aclamado en la ciudad de El Alto en un acto del que participaron “radicales” como Felipe Quispe y que, incluso poco antes de su caída, el ex mandatario conservaba un no despreciable apoyo popular en esa “ciudad rebelde”.
¿Realmente era tal la capacidad de Evo Morales para “convencer” a una ciudad entera, recorrida por poderosas organizaciones sociales no masistas, que puso varias decenas de muertos en la guerra del gas y en la que el MAS poco después obtuvo solamente el 18 por ciento de los votos en las elecciones municipales?
Casi dos años más tarde Morales habría vuelto a aparecer como una suerte de bombero para apagar el fuego de la ira popular y transformar a los combativos alteños en dóciles artífices de la investidura de Eduardo Rodríguez Veltzé. Esta vez, Petras habla de “incipientes concejos populares”, lo cual parece más una expresión de wishful thinking (la toma de los propios deseos como realidad) que una constatación sociológica digna de ese nombre. La confusión entre acciones radicales e intenciones radicales en los movimientos sociales bolivianos recorre todo el artículo en cuestión, lo cual aportó confusión no sólo al proceso boliviano sino tuvo graves consecuencias en el análisis de otras experiencias latinoamericanas como la Argentina (crisis de diciembre de 2001).

También Petras afirma –sin ningún sustento- que el MAS pondrá ministros progresista en carteras marginales y neoliberales en el área económica… por lo pronto Morales dijo que “no nombrará ningún neoliberal en el gabinete” y aún conserva el beneficio de la duda. El sociólogo norteamericano habla de “las exigencias (de tierra) de los campesinos” y aquí vale la pena detenerse unos minutos. Es cierto que la política agraria del MAS es imprecisa y moderada, pero eso tampoco carece de sustento sociológico: el núcleo duro masista, los cocaleros y campesinos del occidente del país, son pequeños propietarios y no tienen la demanda de reforma agraria entre sus ejes programáticos. Más bien los movimientos sin tierra son uno de los movimientos sociales más débiles del país… otra vez, no bastan las fórmulas y se requieren análisis concretos de los procesos concretos.
Igualmente, valdría la pena que Petras eche una mirada más precisa al tema de los intelectuales y “pequeños burgueses” al interior del MAS, una confederación de sindicatos, sin escuelas de cuadros, que intenta un precario equilibrio entre el “asalto corporativo” del Estado por los sindicatos (en una suerte de clientelismo popular) y su copamiento por tecnócratas ajenos al proyecto político masista o paracaidistas recientes en el bando de los ganadores (en una reedición de la vieja política).

El artículo –centrado siempre en los dirigentes o “el” dirigente y alejado de los movimientos de masas– omite las trasformaciones operadas en el último quinquenio en Bolivia: un ciclo de acumulación política plebeya que logró llevar al primer indígena de la historia boliviana a la silla presidencial. Un gesto simbólico para Petras, quizás tanto o más simbólico que cuando Rosa Parks se sentó en un asiento para blancos y dio inicio a un largo proceso de luchas por la igualdad étnica en Estados Unidos. Y en un país cuya historia está atravesada por el desprecio étnico quizás estos “hechos simbólicos” sean la condición necesaria para avanzar en una lucha emancipatoria de dimensiones más amplias.

Como señala Petras, el MAS es reformista, tanto como casi todos los movimientos sociales bolivianos y latinoamericanos, y era igualmente reformista en 2002, cuando el académico veía a este movimiento de matriz sindical con ojos más indulgentes. Cualquier análisis político serio demostrará que, en la actualidad, ninguna organización relevante en Bolivia levanta un programa de transformaciones socialistas y que las diferencias entre moderados y radicales, además de difusa, está referida a la profundidad de la nacionalización, lo cual, dicho en un lenguaje pasado de moda, se encuentra dentro de los márgenes del “nacionalismo burgués”.

Al rigor de un análisis sobre el terreno, el sociólogo de la Universidad de Binghamton prefiere la excomunión. Una mala noticia cuando se trata de abordar los desafíos de la izquierda indígena que llega por primera vez al Palacio en un contexto en el que el pueblo boliviano intenta tomar en sus manos su propio destino con las imprecisiones, ensayos y errores del caso. Al nuevo gobierno le aguardan decisiones complejas y riesgosas como la licitación del Mutún, bandera regional de unas elites cruceñas que le ha dado sólo una tregua al nuevo gobierno, o la política frente a petroleras como Repsol, que habría registrado en la bolsa de Nueva York las reservas de gas boliviano como patrimonio propio.

Frente a estos desafíos las condenas inapelables de unos resultan tan inútiles como la admiración acrítica de otros. Para concluir con una paráfrasis, como el artículo comentado, quizás valga aquella expresión de que “quienes buscan revoluciones perfectas no las encontrarán más que en el paraíso”.

Publicado en el semanario Pulso. La Paz.

Tomado de BolPress, 2/02/2006.

 

 

Presidente Morales: Peculiar Comienzo en Bolivia

Escribe: James Petras

 

Las federaciones más importantes de sindicatos, los grandes movimientos sociales vecinales (en la combativa ciudad de El Alto) y los movimientos rurales de los sin tierra expresaron su consternación y rechazo ante algunos de los ministros nombrados por el Presidente Morales para que integren su gabinete, así como por las prioridades políticas inicialmente formuladas, que van en contra de las promesas hechas durante la campaña electoral del candidato Morales.

Nombramientos en el Gabinete: Neoliberalismo Multicultural

Uno de los peores pronósticos de la mayoría de las políticas gubernamentales aparece conformado por la retórica que se despliega durante las campañas. Este es especialmente el caso de los candidatos presidenciales que se van deslizando desde una posición de izquierdas hacia el centro. Se obtiene un indicador mucho más fiable de las políticas concretas que un régimen recién inaugurado puede desarrollar tras analizar a quién se ha nombrado ministro de gabinete para los ministerios más importantes.

El Presidente Morales nombró a 16 ministros de gabinete, de los cuales siete han sido ya cuestionados por los movimientos de masas que llevaron a Morales a la Presidencia. Mientras que comentaristas y propagandistas extranjeros alabaron la presencia de varios “indios” y cuatro mujeres en el gabinete, los movimientos populares en Bolivia están consternados por las pasadas trayectorias políticas de casi la mitad de los nuevos ministros. Salvador Ric Riera, un empresario conservador de Santa Cruz y acreditado multimillonario, acusado por los dirigentes del sindicato local de blanqueo de dinero y otras actividades sospechosas, fue designado para el Ministerio de Obras y Servicios Públicos. En todos los regímenes anteriores, Obras Públicas fue uno de los ministerios más tristemente célebres por su corrupción, especialmente a la hora de asignar contratos para la construcción de autopistas del Estado. Teniendo en cuenta la importancia que Morales ha dado a la lucha contra la corrupción, la mayoría de los activistas se sintieron espantados por el nombramiento de Riera, quien apareció como donante financiero de última hora en la campaña de Morales. Su nombramiento es considerado como una concesión al sector de la oligarquía de Santa Cruz.

El Ministerio clave de Minas ha sido entregado a Walter Villarroel, que desertó de la derechista UCS para subirse al carro de Morales. Su nombramiento fue denunciado por el dirigente minero Cesar Lugo por las anteriores contribuciones de Villarroel en el gobierno, ya que durante el mismo ayudó a desmantelar la Corporación Minera Boliviana (COMOBOL) y a privatizar una de las mayores minas de hierro del mundo. También ha sido atacado por apoyar al anterior Presidente neo-liberal Carlos Mesa, quien antepuso las cooperativas privadas al fortalecimiento de las empresas estatales bajo control de los trabajadores.

El estratégico Ministerio de Defensa fue asignado a Walter San Miguel Rodríguez, abogado y anterior director de las Aerolíneas Bolivianas Lloyd (LBA), acusado de encubrir la privatización ilegal de las anteriores aerolíneas estatales. Actualmente, la Asociación de Pilotos ha pedido al Estado que intervenga en la firma para investigar delitos e irregularidades. El Ministro de Defensa es desde hace tiempo miembro del derechista MNR y un antiguo partidario del ex Presidente Sánchez de Losada, el Presidente que masacró a decenas de manifestantes en 2003 antes de volar al exilio en EEUU. ¡Menuda selección adecuada e “incorruptible” para liderar a los militares!

La Confederación de Profesores ha rechazado el nombramiento efectuado por Morales de Felix Patzi Paco como Ministro de Educación porque no tiene experiencia en la profesión, no tiene conocimientos en ese campo y es claramente incompetente para afrontar la crisis actual que sufre la educación.

La Confederación del Trabajo (COB) ha criticado duramente el nombramiento de Luis Alberto Arce para encabezar el Ministerio de Hacienda. Arce estuvo conectado durante mucho tiempo con las instituciones financieras internacionales (FMI, Banco Mundial y Banco de Desarrollo Inter-Americano) y fue siempre partidario de sus regresivos programas de ajuste estructural. El Ministerio de Hacienda es el responsable del establecimiento de los parámetros para el resto de los ministerios, incluidas las inversiones, los gastos e ingresos sociales.

El Ministerio de Asuntos Exteriores será dirigido por un antiguo concejal del ayuntamiento de El Alto, David Choquehuanca. Fue un estrecho colaborador del corrupto ex Presidente neo-liberal Jaime Paz Zamora. Tiene capacidad para defender sus políticas de libre mercado tanto en español como en aymara.

La designación hecha por Evo Morales de Abel Mamani para el Ministerio de Agua fue muy protestada por los dirigentes de la Federación de Consejos Vecinales (FEJUVE) de El Alto, la organización principal que encendió la mecha de las insurrecciones que derribaron a los dos anteriores presidentes neoliberales y que dieron a Morales una rotunda mayoría del 70% en El Alto. Morales y Mamani actuaron sin consultar con las asambleas populares de FEJUVE, a pesar de la importancia del tema del agua en El Alto. Además, Mamani, antiguo dirigente de FEJUVE, fue criticado por malversación de fondos y por su fracaso a la hora de conseguir satisfacer la demanda general de nacionalización de los derechos de distribución de agua en El Alto, que siguen siendo de propiedad extranjera. Los grupos vecinales se sintieron menos impresionados por la facilidad de Mamani para hablar en quechua que por su falta de militancia y por su oportunismo político.

Los movimientos sociales alabaron los nombramientos de Morales para Hidrocarburos (André Soliz Rada) que prometió promover la nacionalización del gas y del petróleo, Justicia (Casimira Rodríguez Romero, una dirigente de la Unión de Trabajadoras Domésticas), Trabajo (Alex Galve Mamani, un antiguo líder de la Confederación de Trabajadores de la Industria). En cuanto al resto de Ministros, no hay, por el momento, ni oposición seria ni alabanzas. Sin embargo, en el nombramiento de Soliz Rada para Hidrocarburos debe tenerse en cuenta que era un antiguo dirigente del partido de centro-derecha CONDEPA, que cohabitó con antiguos presidentes neo-liberales, incluso cuando polemizó contra la ilegal liquidación de los recursos estatales petrolíferos. El Ministro de Asuntos Agrarios y Campesinos es un intelectual de Santa Cruz, sin vínculos con los movimientos campesinos importantes de los Andes o Cochabamba.

Los puestos económicos clave han ido a parar a manos de tecnócratas y liberales mientras que los “ministerios sociales” han recaído en izquierdistas. Aunque esta situación da la impresión de diversidad en la representación, de hecho es el ministerio económico (Hacienda), el que establecerá los parámetros económicos para conceder los presupuestos que influirán profundamente en cualquier cambio social.

La Agenda Post-Electoral

En su discurso inaugural en el Congreso, Evo Morales fue categórico en su defensa de los grandes propietarios de plantaciones y en su oposición a cualquier redistribución de tierras fértiles y productivas. “Quiero contarles, distinguidos Congresistas, mi posición en cuanto a la política sobre la tierra. Quiero decirles que la tierra productiva, tanto si es productiva o ha sido prestada para usos sociales económicos, será respetada en los tamaños de 1.000, 2.000, 3.000 o 5.000 hectáreas. Pero aquellas tierras que estén siendo utilizadas para propósitos especulativos revertirán al Estado para redistribuirlas entre los campesinos sin tierra” (22 de enero de 2006). Morales también condenó la esclavitud en las regiones orientales de Bolivia.

La exclusión de todas las grandes propiedades de la tierra, plantaciones y latifundios hecha por Morales satisface las promesas pre-electorales hechas a los ricos oligarcas y empresarios del agro de Santa Cruz, pero implica una negación de sus promesas de reforma agraria a los movimientos campesinos y a los sin tierra. Como ya ocurrió en el pasado, los asentamientos promovidos por el gobierno en remotas tierras públicas de suelo precario, que se sitúan lejos de instalaciones de mercados, transportes y de facilidades para la obtención de créditos, están destinados al fracaso.

En su discurso al Congreso, Morales destacó la “austeridad” de los salarios gubernamentales para los legisladores y para él mismo. Sin embargo, esa moralidad personal fue aprovechada para llevar también la austeridad a los presupuestos estatales – una posición claramente articulada por su reciente nombramiento de Luis Arce como Ministro de Hacienda. Tan pronto como Arce tomó posesión de su cargo, convocó una reunión con los directores del Banco Central, la Oficina de Impuestos e Ingresos, los Ministerios de Desarrollo y Planificación y otros para anunciar que Bolivia seguiría cuatro “ejes” en política: mantener la estabilidad macro-económica, generar una nueva conciencia para pagar impuestos, animar a los consumidores a comprar productos hechos en Bolivia y fomentar el uso de la divisa boliviana en lugar del dólar.

La defensa de Arce del pacto de estabilidad macro-económica respaldada por el FMI es una garantía de que los programas sociales patrocinados por el gobierno se verán severamente limitados y de que no se emprenderán cambios estructurales ni menores ni mayores (expropiaciones de tierra, industrias, bancos y minas). Las cuatro prioridades de Arce excluyen cualquier programa redistributivo y favorecerán la adopción de medidas intrascendentes que, en términos absolutos, tendrán un impacto cero a la hora de reducir las desigualdades o la pobreza y, como mucho, sólo lograrán aumentar un mínimo los servicios sociales.

Ya se había intentado anteriormente animar a los consumidores para que “compraran productos bolivianos” y se había fracasado porque el contrabando proporciona un sustento decente en ausencia de programas de trabajo a gran escala financiados públicamente (lo que es impensable con la estrategia de austeridad fiscal de Arce). Además, sin incremento sustancial alguno en el salario mínimo mensual de 50$, los consumidores preferirán el contrabando de productos chinos más baratos a los productos manufacturados locales. Finalmente, dado el enorme ejército de vendedores callejeros ‘informales’ que dependen de vender importaciones baratas, cualquier tipo de inversión pública en alternativas de empleo condenará las campañas de consumo “nacionalista”. El nuevo Ministro de Asuntos Exteriores de lengua aymara, David Choquehuanca, tras tomar posesión, afirmó que Bolivia estaba abierta a discutir un acuerdo de libre comercio con EEUU – algo que el anterior régimen neo-liberal no pudo avanzar. )”. Reiteró, en cuanto se hizo cargo del Ministerio de Exteriores, “No rechazamos entrar en el Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA)”.

Y fue más lejos aún, “Vamos a tener relaciones con todo el mundo, tenemos que hablar de acuerdos de libre comercio con varias naciones y analizar la situación con la Comunidad Andina, el Mercado del Cono Sur (MERCOSUR), organizaciones con las que Bolivia tiene acuerdos comerciales”. Continuó aludiendo a los viajes de Morales al extranjero por varios países latinoamericanos, europeos y por Sudáfrica antes de su toma de posesión. “Cuando Evo viajó al exterior dijo que aprendió cómo hacer buenos negocios”. Efectivamente, el periplo de Evo por el extranjero y sus conversaciones con el Embajador de EEUU en Bolivia (Greenlee) y el Secretario de Estado Adjunto para Asuntos del Hemisferio Occidental, Thomas Shannon, se produjeron esencialmente para asegurarle a Europa y a EEUU su ortodoxia en el campo de la economía, para fomentar más y mayores inversiones en el sector de la minería y para asegurar su certificado de buena conducta.

Puestos a recordar la retórica de su campaña, aunque los nombramientos de Morales para los puestos clave de su gabinete y el apoyo entusiasta que le prestan las comunidades indias pueden parecer “contradictorios” a los observadores extranjeros, todo es en realidad compatible con el lado menos público de su trapicheo y negociaciones políticas con las elites políticas y económicas que se desarrollaron antes y durante su campaña electoral.

De hecho, desde que se presentó para la presidencia en el año 2002, el Presidente Morales se ha opuesto a muchas de las demandas de los movimientos sociales de masas que han tenido lugar durante estos últimos años. No apoyó ni participó en los movimientos insurreccionales populares que derrocaron al Presidente neoliberal Sánchez de Losada en octubre de 2003, ni en el movimiento popular que expulsó al Presidente Carlos Mesa en mayo-junio de 2005. Apoyó un referéndum del Presidente Mesa (2004) para aumentar el pago de impuestos sobre el gas y el petróleo que excluía de forma explícita la nacionalización. Durante su campaña electoral y en sus encuentros con las masas, Morales manifestó que apoyaba la “nacionalización” al tiempo que aseguraba a las compañías extranjeras alrededor del petróleo y del gas que garantizaría sus activos, inversiones y beneficios con la condición de que aumentaron sus pagos de impuestos. En su viaje a Brasil, Argentina, España y Francia reafirmó su compromiso de proteger las inversiones existentes en los sectores del petróleo y del gas, y fue más allá pidiéndoles que aumentaran y ampliaran sus inversiones en explotaciones mineras y en el tratamiento del producto obtenido. Su nombramiento del liberal Walter Villarroel para el Ministerio de Minería, a pesar de las decididas objeciones y amenazas de acción en el trabajo de los sindicatos mineros (que le llevaron al poder), es indicativo de la determinación del Presidente Morales de seguir un modelo ortodoxo de explotación minera basado en la inversión exterior.

Carlos Villegas, Ministro de Desarrollo Sostenible y Planificación del Desarrollo, tras tomar posesión de su cargo declaró que REPSOL (la corporación multinacional española) y TOTAL (el gigante del gas francés) “han manifestado que deseaban renegociar sus contratos para proporcionar una cuota mayor de beneficios a Bolivia (Financial Times, 23.1.2006)- La “nacionalización”, según la administración Morales, se reduce a poco más que un aumento de los ingresos obtenidos a partir de los impuestos. El compromiso de Bolivia con “el mantenimiento de la estabilidad macro-económica” viene fundamentalmente a significar que los nuevos ingresos procedentes de los impuestos seguirán sirviendo para pagar la deuda pública y exterior en la que incurrieron los corruptos regímenes anteriores, que casi nunca se invirtió en actividades productivas.

El viaje de Morales a Cuba y Venezuela y las promesas de ayuda socio-económica obtenidas han servido para proporcionarle legitimidad “izquierdista”; sus viajes a España, Francia, Holanda, Bélgica, Sudáfrica y Brasil para discutir acuerdos políticos y económicos que limitarán a Bolivia a su papel convencional de exportador minero y energético. Más importante que sus muy publicitados viajes al extranjero fue su encuentro en La Paz con el Embajador de EEUU, David Greenlee, en la residencia del Embajador antes de su viaje a Cuba y Venezuela. Aunque no se facilitaron detalles sobre la conversación que mantuvieron, ambas partes dieron por sentado que no habían aflorado conflictos importantes. El Vicepresidente García Linera anunció que el encuentro fue cordial y que sirvió para fundamentar futuros acuerdos.

Privatizando MUTUN: Bolivia en Venta

Uno de los proyectos de explotación minera más lucrativos a los que el régimen de Morales tiene que hacer frente es el de las minas de propiedad estatal de hierro y manganeso de Mutun, en Santa Cruz, con 40.000 millones de toneladas en depósitos de hierro. Expertos bolivianos estiman que el valor de la materia prima del hierro que contienen es de 400.000 millones de dólares según los precios actuales; una vez transformado en barras de hierro o acero para la construcción se valoraría en 30.000 billones de dólares menos los costes de producción e inversión. Mutun está lista para ser subastada y varias multinacionales compiten para obtenerla. La subasta, que fue fijada con anterioridad a la toma de posesión de Morales, se fundamentó en la excavación y exportación de barras de mineral de hierro, sin intención de añadirles valor mediante su conversión en acero. Para que el régimen de Morales pudiera “industrializar” la materia prima, consiguiendo valor añadido y aumentando los ingresos nacionales, sería preciso canalizar el gas natural para que funcionaran las refinerías de acero. Eso a su vez requeriría la nacionalización de la producción del gas, porque la multinacional brasileña PETROBRAS podría ciertamente no cooperar, ya que los beneficios de sus ventas en el interior de Bolivia se reducirían al tener que poner precios mucho más bajos que en Sao Paulo.

La afirmación de Morales de querer “industrializar” la producción de la materia prima entra directamente en conflicto con su política de garantizar la propiedad extranjera de los recursos de hidrocarburos a cambio de tasas de impuestos más altas. Morales usa un doble discurso: su oposición al “neo-liberalismo” se contradice con su apoyo a las “políticas macro-económicas de estabilización”; su defensa de la austeridad presupuestaria y el rechazo de su Ministro de Hacienda a triplicar, o incluso aumentar, el salario mínimo (“se está estudiando un aumento para ver si es compatible con las políticas macro-económicas de estabilidad”, según el Ministro de Hacienda) no armoniza bien con su promesa de reducir la pobreza; sus garantías a las inmensas plantaciones actuales de los empresarios del agro se oponen a las demandas de millones de campesinos sin tierra, o con parcelas de subsistencia; y sus garantías hacia las corporaciones multinacionales de exportación que controlan la situación en el sector de los hidrocarburos chocan con las demandas nacionales que defienden que se debe aprovechar la energía para el consumo y la industrialización locales.

Antes que después, las diferencias polarizadas de intereses entre aliados y oligarquías del mundo empresarial locales y extranjeros y las masas que lucharon y se sacrificaron para llevarle al poder se encaminarán hacia una nueva ronda de conflictos y confrontaciones. Morales está montando dos caballos que van en direcciones opuestas. Los fotogénicos rituales tradicionales andinos, el color y el boato de la inauguración electoral se desvanecerán frente a la continuidad de la pobreza, la desigualdad y las graves concentraciones de la riqueza. Con el pasar del tiempo, se irá extendiendo un profundo desencanto alrededor de un presidente que habla para el pueblo pero trabaja para los ricos, incluidos los extranjeros ricos. Por ahora, la Central Obrera Boliviana y los dirigentes de los principales movimientos de mineros, profesores y vecinos han enviado un claro y franco mensaje a sus afiliados de que se preparen para la acción directa en caso de que Morales reniegue de las tres demandas fundamentales del pueblo: nacionalización del gas y el petróleo y expulsión de las compañías multinacionales del petróleo; expropiación de las grandes propiedades de terratenientes y redistribución de 25 millones de acres de tierra a los campesinos sin tierra; y aumento inmediato del salario mínimo nacional. La gran mayoría de los dirigentes de movimientos y activistas (indios y mestizos) no se han dejado impresionar por los rituales indios y el teatro cultural organizado por el entorno de Morales. Están preparados para relanzar las movilizaciones de masas cuando los pobres tengan claro que Morales ha abrazado la agenda de los banqueros, de las corporaciones transnacionales y de los propietarios de la industria del agro.

Bolivia no es Brasil ni Argentina ni Uruguay ni Chile, donde los regímenes de centro-izquierda controlan sindicatos y sectores de los movimientos sociales. Los sindicatos más importantes son totalmente independientes del Estado, del partido de Evo, del Movimiento por el Socialismo (MAS) y de su gabinete. La transición del líder campesino de masas al complaciente hombre de Estado ante las corporaciones multinacionales no será una operación fácil ni suave: lo más probable es que Evo tenga que enfrentar los desafíos y la inestabilidad política que envió a sus predecesores a una temprana jubilación.

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández.

Tomado de Rebelión, 2/2/2006.

 

 

La “peculiar” sociología de James Petras

Escribe: Pablo Stefanoni

James Petras parece haber encontrado un “nicho” de mercado como crítico del gobierno del Movimiento al Socialismo (MAS) que acaba de asumir en Bolivia. Luego del artículo “Gestos populistas con fondo neoliberal” publica ahora “Presidente Morales: peculiar comienzo en Bolivia”, donde, como en el texto anterior, no se propone contribuir al proceso de cambio que vive el país andino, sino que se conforma con denunciar las “traiciones” de Evo Morales. En su texto anterior había elaborado la lista de traiciones que ahora se confirmarían con los primeros pasos del gobierno del MAS.

No se trata de defender acá, de forma apologética, al nuevo presidente indígena, sino intentar visualizar las potencialidades y límites de un proceso de cambio que esta vez se presentó en “envase electoral” y no como “toma del palacio”, y que depende de un conjunto de condiciones “objetivas” y “subjetivas” de las cuales el propio Evo Morales es, hasta cierto punto, producto.
En todo caso: ¿la tarea de un intelectual de izquierda es excomulgar a los dirigentes de los actuales procesos de cambio o contribuir, mediante una crítica firme pero constructiva, a la profundización de esos procesos? El sociólogo estadounidense parece haber elegido el primer camino. En esa línea denuncia que Evo Morales “ha abrazado la agenda de los banqueros, de las corporaciones transnacionales y de los propietarios de la industria del agro”, anticipa un “profundo desencanto” de los movimientos sociales e, incluso, “una temprana jubilación” del mandatario boliviano, siguiendo los pasos de sus antecesores neoliberales.
 
Lo cierto es que el gobierno de Evo Morales ha tenido un comienzo muy diferente al del resto de los gobiernos de centroizquierda de la región, pero Petras insiste, contra toda evidencia, que los ministerios importantes quedaron en manos de neoliberales. A tal punto que la nueva administración boliviana contribuyó al derrumbe de las acciones de Repsol-YPF en las bolsas en un contexto de precios récord del petróleo.

En Hidrocarburos, quizás el ministerio más importante en el actual contexto boliviano, aterrizó no un “neoliberal” sino un crítico de izquierda del MAS, que denunció el referéndum sobre hidrocarburos de Carlos Mesa y se opuso a los precios “solidarios” de venta de gas a Argentina. Incluso, ya como ministro, desconoció a la Cámara Boliviana de Hidrocarburos –organización corporativa que agrupa a las petroleras transnacionales– y anunció que negociará por separado con cada una de ellas.

Tampoco Planificación Económica –que tiene parte de las funciones que Petras le atribuye a Finanzas– cayó en manos de un neoliberal, ni tampoco las carteras de Gobierno o Presidencia, esta último en manos de Juan Ramón Quintana, quien declaró a la prensa que “las FF.AA. y la Policía bolivianas deben dejar de ser un apéndice de las fuerzas de seguridad de Estados Unidos”. En el viceministerio de Defensa Social –ahora de la Coca y del Desarrollo Integral– Morales nombró a un ex cocalero y el embajador de Bolivia en Washington será, si lo aprueba el Senado, Sacha Llorenti, ex presidente de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos de Bolivia (APDH) con la misión expresa de conseguir la extradición de Gonzalo Sánchez de Lozada por la masacre de octubre de 2003. Una misión de difícil cumplimiento pero que emite algunas señales claras.

El caso de los ministros cruceños que menciona Petras merece algunas precisiones. Se trata de Hugo Salvatierra (Asuntos Campesinos), de origen trotskista y con una larga trayectoria en la izquierda boliviana, y Salvador Ric (Obras Públicas), un empresario acaudalado pero no “orgánico” de las corporaciones empresariales cruceñas y que apoyó al MAS antes de su victoria electoral. Petras se queja de que Salvatierra carece de “vínculos con los movimientos sociales de Cochabamba o el altiplano”, justo cuando uno de los principales desafíos de la izquierda es extender hacia el oriente del país la hegemonía que ya posee en el occidente. Además, el nombramiento de Salvatierra (vinculado a la lucha por la tierra) emite una señal política en un contexto en el que las elites cruceñas intentan colocar el tema tierras bajo jurisdicción regional.

Desde su primera frase, el texto comentado presenta varias imprecisiones: las organizaciones sociales y sindicales mayoritarias no cuestionaron el gabinete, que incorporó a varios de sus dirigentes. Pero Petras sólo parece acordarse del “currículum” de los dirigentes sociales cuando estos se incorporan al gobierno. Así Abel Mamani, nombrado ministro de Aguas, es un “antiguo dirigente de la Federación de Juntas Vecinales (Fejuve)… criticado por malversación de fondos y por su fracaso a la hora de conseguir satisfacer la demanda general de nacionalización de los derechos de distribución de agua en El Alto” y Walter Villarroel, ministro de Minas y dirigente de los cooperativistas mineros, “desertó de la derechista UCS para subirse al carro de Morales” y, con anterioridad, “apoyó Presidente neoliberal Carlos Mesa, quien antepuso las cooperativas privadas al fortalecimiento de las empresas estatales bajo control de los trabajadores”.

Pero estos son los dirigentes de los movimientos sociales idealizados por Petras hasta que pegan el salto al Estado. La realidad es que el MAS es una federación de corporaciones populares y una sociología política más fina debería abordar las potencialidades y límites de este tipo de agregación de demandas populares. El carácter sui generis de la izquierda boliviana –alejada de las formas partidarias tradicionales y con fronteras ideológicas más difusas– obliga a hacer ese esfuerzo, al que poco contribuyen las “listas de traiciones” y las excomuniones apresuradas para mantener una supuesta “pureza” doctrinaria.

El ministro que sí desató críticas es Walker San Miguel, de Defensa, por su actividad como síndico en varios procesos de capitalización (privatización) de empresas públicas. San Miguel habría sido propuesto por el alcalde paceño y aliado del MAS, Juan del Granado, pero más que como parte de un “gabinete neoliberal” fue percibido por muchos como una “mancha” en un gabinete que marcha en línea con las propuestas de campaña del MAS…. La excepción más que la regla.

Para forzar el análisis, Petras menciona promesas que nunca existieron, como la de reforma agraria. Como señalamos en un artículo anterior (“Los límites de la sociología doctrinaria. Una respuesta a James Petras”) la posición del MAS frente al tema de la tierra siempre fue ambigua y ensayamos una respuesta “sociológica” a esa cuestión, indicando, por ejemplo, la debilidad de los Movimientos Sin Tierra. Por otro lado, el MAS siempre planteó “redistribuir tierras improductivas” y respetar el resto. Y nunca propuso una nacionalización “radical” de los hidrocarburos, sino un mayor control estatal con aumento de la carga impositiva. El actual vicepresidente, Álvaro García Linera, habló de una “salida pactada” entre el movimiento popular emergente y las elites empresariales de Santa Cruz y de un modelo de “capitalismo andino” en caso de llegar al gobierno.

Y no se trata aquí de defender esa perspectiva sino de echar algo de luz sobre un proceso político concreto que no ha avanzado en dirección socialista sino nacionalista y, en menor medida, indigenista, que recupera parte de la matriz populista que sustentó la Revolución Nacional del ‘52. Esto es lo que votó el 53.7% de los bolivianos, cifra que llegó hasta el 70% entre las “masas” de El Alto a las que Petras asigna un radicalismo a toda prueba, sólo matizado por la supuesta capacidad disciplinadora de Evo Morales… ¿por qué, por ejemplo, no hubo candidaturas a la izquierda de Evo Morales y quien que se postuló para ese espacio, Felipe Quispe, no llegó al 3% de los votos?

Algo similar ocurre con el TLC, parte de la potencial lista de traiciones de Evo Morales. Pero aquí vale otra precisión “sociológica”: uno de los “baluartes” de la demanda del TLC es la “combativa” ciudad de El Alto, donde la exportación de textiles, joyas y muebles hacia Estados Unidos está entre sus actividades económicas más importantes. El anterior alcalde alteño, José Luis Paredes, ganó con más del 50% de los votos defendiendo no sólo el TLC sino el ALCA y, hace pocos meses, una masiva marcha organizada por los empresarios textiles congregó alrededor de 10.000 personas ante la embajada de EE.UU. para reclamar la firma del acuerdo de libre comercio.

Quizás uno de los puntos relevantes del artículo de Petras es el referido a la reserva minera del Mutún, que constituirá sin duda un desafío para el gobierno del MAS dada la presión de las elites cruceñas para que avance la licitación. Se trata posiblemente de un tema que definirá parte del rumbo de la agenda de cambio que la izquierda indígena pretende llevar adelante y en el que aun no está dicha la última palabra… del MAS… sí de Petras, que sigue escrutando lo que pasa en Bolivia a través imágenes distorsionadas por unos dogmas que no dejan ver los avances de las fuerzas populares que, en una experiencia inédita, lograron transformar las movilizaciones sociales en potencia electoral.

Tomado de Rebelión, 04-02-2006.

PVP - Partido por la Victoria del Pueblo - Frente Amplio - Uruguay