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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

Por los caminos de Evo
Escribe: Emir Sader

Los movimientos sociales fueron los mayores protagonistas en la resistencia a las políticas neoliberales durante dos décadas en América Latina. La conversión de gran parte de la izquierda tradicional –partidos nacionalistas, socialdemócratas— dejó a esos movimientos prácticamente solos en la lucha.

Esas movilizaciones contribuyeron decisivamente al agotamiento del modelo neoliberal, tras el evidente incumplimiento de sus promesas y del aumento de la desigualdad, de la miseria y de la exclusión social. Los gobiernos enterquecidos en el mantenimiento de ese modelo fueron cayendo uno tras otro.

Bolivia, Ecuador y Argentina fueron los países en que los movimientos sociales más contribuyeron a derribar gobiernos empecinados en mantener y reproducir las políticas neoliberales. En Ecuador, los movimientos indígenas protagonizaron movilizaciones de alcance nacional que llevaron a la renuncia a tres presidentes de la República. En una ocasión, apoyaron a un candidato que se había comprometido con sus causas –Lucio Gutiérrez— pero que, tras resultar electo, y antes de tomar posesión del cargo, viajó a Washington y se comprometió allí con medidas radicalmente opuestas a las que había prometido en su campaña.

Un golpe que repercutió duramente en la CONAIE, la Confederación de Movimientos Indígenas. Pero supo recuperarse a tiempo y, junto a otros movimientos sociales urbanos, derribar a Gutiérrez. Más recientemente, esos movimientos lograron impedir la firma del Tratado de Libre Comercio que el vicepresidente de Gutiérrez, Alfredo Palacios, tras un efímero período progresista, iba a cerrar con el gobierno de los EEUU. Las movilizaciones populares lo impidieron, exigiendo una consulta nacional sobre el asunto, así como la expulsión de la empresa estadounidense Occidental y la convocatoria de una Asamblea Nacional Constituyente.

A resultas de esas movilizaciones, la firma fue postergada y el gobierno de Palacios decidió expulsar a la empresa petrolera estadounidense, que había subrogado ilegalmente a otras empresas las concesiones de que disponía. En ademán de réplica inmediata, Washington retiró la propuesta de Tratado de Libre Comercio, consumándose así una importante victoria de los movimientos sociales ecuatorianos.

Aproximándose las elecciones presidenciales de octubre, esta vez la CONAIE y el movimiento político Pachakutik resolvieron no seguir delegando su representación política, lanzando la candidatura de su más importante dirigente político – Luis Macas – a la presidencia de la República. Su plataforma recoge exactamente las reivindicaciones históricas del pueblo ecuatoriano: convocatoria de una Asamblea Constituyente, suspensión definitiva de la firma del TLC, nacionalización de los recursos naturales del país, además de la expulsión definitiva de la empresa Occidental.

Tal decisión adquiere todavía mayor relevancia porque se da en uno de los países de mayor presencia indígena de la región, justamente junto a Bolivia, en donde los movimientos indígenas tuvieron la iniciativa inédita y pionera de lanzar a su principal dirigente –Evo Morales— a la presidencia. El gobierno de Evo representa una referencia para todos los movimientos indigenistas y para todos los movimientos sociales, que deben formular sus propias alternativas y luchar por ellas. Entre éstas se halla precisamente la lucha por una izquierda y un movimiento plurinacional que atiendan a las características reales de esas sociedades.

De manera distinta, porque se trata de una sociedad de distinta composición étnica y social, la Confederación de los Trabajadores Argentinos –la más importante y la más innovadora central sindical argentina— decidió, tras muchos años de debate, lanzar a su principal dirigente –Víctor di Gennaro— como candidato a la presidencia de la República para las elecciones que han de celebrarse en abril de 2007.

También aquí se trata de una posición inédita en la izquierda argentina, marcada por una fragmentación grupuscular de carácter ideológico que ha impedido la traducción en el plano político de la fuerza social acumulada por los movimientos, sobre todo desde la resistencia al gobierno de Carlos Menem y el derribo del gobierno de Fernando De la Rúa. Baste decir que en las últimas elecciones la izquierda argentina se dividió entre una posición de abstención o voto nulo y una miríada de candidatos que impidió la multiplicación de su fuerza.

Con posiciones como las la CONAIE y del Pachakutik en Ecuador y la de la CTA en Argentina, en la dirección emprendida por los movimientos sociales bolivianos y el MAS, la lucha por un proyecto de hegemonía alternativo, por un proyecto post-neoliberal, gana nuevos perfiles, ahora directamente protagonizados por las fuerzas sociales que dirigieran la lucha de resistencia contra el neoliberalismo. Ahora, a la hora de formular y poner por obra las alternativas de gobierno, cabe a esas mismas fuerzas, traducidas al plano de la política, desempeñar el papel fundamental.

Tomado de SinPermiso.org, 28/5/2006.

Traducción: Casiopea Altisench

Fuente original: Carta Maior, 2 junio 2006

 

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