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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

Armamentos postmodernos

Escribe: Francesco Piccioni

Será una casualidad, pero el fin de la "guerra fría", lejos de abrir una fase de paz duradera, ha multiplicado la frecuencia y las dimensiones de la "guerra caliente". Con dos transformaciones decisivas en la concepción y conducción del denominado "arte de la guerra".
En primer lugar, terminó la época varias veces milenaria de la "guerra simétrica", en la que dos enemigos –dos estados- se enfrentan disponiendo más o menos del mismo tipo de armamento (aviones, tanques, misiles, infantería, buques, etc.)
La absoluta preponderancia de los Estados Unidos en cuestión de tecnología militar respecto a cualquier otro estado ha puesto las bases para el estudio y la "práctica" de la "guerra asimétrica". O sea, aquella en la cual sólo una de las partes beligerantes dispone de todas las tecnologías decisivas, y la otra –quienquiera que sea-  está constreñida a practicar formas de guerra "no ortodoxas", categoría que comprende todas las formas de guerrilla y de resistencia popular, como así también el "terrorismo" (señalemos que la ONU no ha logrado hasta aquí dar una definición consensuada de este término). La asimetría conceptual inviste no sólo la forma de la guerra, sino también la figura del "enemigo" y las razones mismas –las oficiales y las "públicas"- por las que se combate. Hasta trastornar los "límites" que habían sido fijados como insuperables luego de la segunda guerra mundial.
En segundo lugar, ha sido desarrollada una generación de armamentos que señala una discontinuidad drástica con los construidos hasta ahora. De la prehistoria a hoy, de hecho, la humanidad ha fabricado armas "cinéticas", o sea, maquinarias que matan golpeando al enemigo con un "proyectil" al que se le aplica alguna forma de energía cinética –del garrote a la bomba atómica. Ahora están ya activas, y aumentan las pruebas de que ya hayan sido usadas en Irak o que estén siendo usadas en este momento en el Líbano, armas de energía directa.
Estas armas no disparan proyectiles, sino fases de energía de tipo variado. Pueden ser "letales" o "no letales", pero la diferencia es sólo una cuestión de "grado" en la verificación de la potencia de "fuego". La investigación de Sigfrido Ranucci y Mauricio Torrealta para Rainews ha hecho ver con claridad cómo estos sistemas de armas están ya activos sobre el terreno en forma "experimental". Así como el protagonismo exclusivo de Estados Unidos e Israel en este campo. Aun cuando China y Rusia se esfuerzan por mantener el paso, y ésta habría alcanzado un discreto arsenal de e-bombas, ojivas montadas sobre misiles convencionales y capaces de producir ondas electromagnéticas con frecuencias entre 4 y 20 ghz; lo que basta para "cegar" los más importantes sistemas informáticos, eléctricos, telefónicos, etc. de una ciudad.
Una nueva especie de armas que, como las "clásicas", puede ser utilizada de acuerdo al tipo de energía empleada o de acuerdo a los objetivos. La única "buena noticia", en este frente, es que entre las armas de energía directa –en cuanto a potencia destructiva- todavía no se entrevé el arma "fin del mundo", parangonable a los misiles nucleares. No por esto se trata de armas "más buenas". Al contrario.
Las primeras clasificaciones de la nueva especie distinguen las armas láser (montadas sobre dispositivos móviles terrestres o aéreos) en función de defensa antiaérea y antimisilística (un fragmento del fracasado proyecto "guerra de las estrellas"). "Prometedoras" como instrumentos antitanque y antibúnker son consideradas las armas de plasma y de impulsos, en las que es disparado un "proyectil" de "materia cargada eléctricamente, compuesto de electrones, protones y neutrones". Les siguen, al fin, las armas de microondas, cuyos efectos son profusamente ilustrados en esta misma página por el general Termenti y por nuestro Dinucci.
¿Pero para qué tipo de "enemigo" han sido pensadas la mayor parte de estas armas? Tanto la de plasma como la de microondas tienen por objetivo el "disciplinamiento de la multitud" (bien entendido: también nosotros). Las microondas emitidas por el Active Denial System, por ejemplo, penetrando en la piel hasta alcanzar las terminales nerviosas, provocan un dolor insoportable, al punto de obligar a quien sea a huir. Mientras que algunas de las de plasma se han demostrado capaces de aturdir a hombres y animales hasta la parálisis. El mismo efecto debería provocar, en los proyectos de la Hsv de San Diego, un láser de rayos ultravioletas en curso de experimentación.
La importancia de este tipo de armas esta directamente conectada al carácter asimétrico de la guerra contemporánea. Los "combatientes enemigos" ya no pueden ser soldados de uniforme ni ser dispuestos en posiciones fijas (demasiado fácilmente individualizadas por los numerosos sistemas de miras montados en los aviones o en los satélites); sino que "deben" mimetizarse entre su pueblo, concentrarse en las ciudades antes que desperdigarse en el campo. La guerra asimétrica se despliega entonces, sobre todo, en ambientes urbanos, donde "neutralizar" al combatiente enemigo significa neutralizar al pueblo.
La imposibilidad práctica –por otro lado no prevista ni siquiera con esta nueva generación de armas— de distinguir al civil del "combatiente" lleva consigo también el desplazamiento de los "límites"de lo que se puede hacer en la guerra. Después de Coventry, Dresden e Hiroshima se había llegado a convenir que el bombardeo –con cualquier instrumento— de las ciudades fuera considerado un crimen de guerra y un acto contra la humanidad. Bagdad, Gaza y Beirut declaran ahora que aquel límite ha dejado de existir. Y que "la multitud" puede ser tratada como carne de cañón. Como en las "guerras coloniales" de principios del siglo XIX. ¡Qué novedad, el posmodernismo...!

 

Tomado de www.sinpermiso.info 21/8/06.

Traducción de Ricardo González-Bertomeu.

Fuente original: Il Manifesto, 13 agosto 2006.

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