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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

La pobreza empezó a crecer a mediados de los ‘90 y no se detuvo hasta 2004

 

La indigencia ha cobrado relevancia como producto de la concentración de la riqueza y de la caída de los ingresos de los hogares uruguayos

El valor del índice de desarrollo humano (IDH) de Uruguay cayó del lugar 40º al 46º en el ordenamiento mundial de 173 países, según revela el Informe de Desarrollo Humano en Uruguay preparado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (Pnud) durante 2003 y 2004. El equipo encargado de la elaboración de este estudio, en el que participó la Universidad de la República (UdelaR), tuvo como coordinadoras a las economistas Andrea Vigorito en la sección de desarrollo humano y pobreza y Lucía Pittaluga en la sección sobre estrategia de desarrollo basada en el conocimiento. Trabajaron como investigadores César Failache, Verónica Amarante, Rodrigo Arim, Bibiana Lanzilotta y Cecilia Llambí, todos ellos docentes del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas. A continuación se publica el resumen de la entrevista que ECONOMIA & MERCADO realizó con los economistas Marcos Lorenzelli, analista de políticas del Pnud en Uruguay, Andrea Vigorito y Bibiana Lanzilotta, en la que se analizaron las conclusiones de dicho informe.

—¿Cuáles fueron los resultados del reciente Informe Nacional de Desarrollo Humano en Uruguay?

Andrea Vigorito —Al igual que en el Informe Mundial de Desarrollo Humano publicado en 2003, aunque con datos correspondientes a 2002, se observa una caída importante de Uruguay —del 40º al 46º lugar— en el ordenamiento general según el índice de desarrollo humano (IDH). Hay dos temas a destacar al respecto. Por un lado, el valor del índice de Uruguay cae de manera importante, siendo la primera vez que baja desde el comienzo de la crisis. Esto se explica básicamente por el fuerte descenso del ingreso de los hogares, representado en el IDH por el PIB per cápita, como consecuencia de la profunda recesión económica vivida entre 1999 y 2002. Esta situación no es habitual en este tipo de mediciones ya que, por lo general, el rezago sucede a causa de un mayor avance de otros países. Por otro lado, la caída del IDH no fue de la misma magnitud que el descenso del producto por habitante pues los otros componentes del índice —esperanza de vida, tasa de analfabetismo y tasa bruta de matriculación combinada— se mantuvieron o aumentaron porque su propia construcción refleja deterioros a largo plazo y sus movimientos son mucho más tenues que los del PIB per cápita o el ingreso de los hogares.

—¿Qué componentes del índice de desarrollo humano (IDH) no experimentaron cambios o incluso mejoraron con respecto al informe anterior?

A.V. —Esta situación se observó particularmente en la matrícula de educación secundaria que se incrementó fuertemente entre 1999 y 2002. Si bien el producto por habitante se redujo, el componente de educación lo compensó ya que en el IDH se incluye la tasa de alfabetización de adultos y la matriculación en los tres niveles de enseñanza (primaria, secundaria y terciaria). La proporción entre las personas menores de 23 años que asisten a un centro educativo y toda la población de ese segmento etario aumentó durante la crisis porque se incrementó la escolarización de los varones entre 14 y 17 años pertenecientes a los quintiles de los hogares de menores ingresos. Antes de la recesión esos jóvenes presentaban tasas de asistencia más bajas y una mayor actividad laboral. Entonces, el retorno a las aulas de este grupo poblacional podría deberse tanto a la reforma educativa del ciclo básico de educación secundaria como a la falta de oportunidades laborales. Es importante el modo de interpretar las mejoras en las dimensiones del IDH, ya que podría ocurrir que esas personas vuelvan a desertar del sistema educativo una vez que aumenten las opciones laborales para los adolescentes.

—¿Cómo evolucionaron los logros en materia de una vida sana?

A.V. —La esperanza de vida ha crecido entre 1991 y 2002, al tiempo que la tasa de mortalidad infantil registró una caída, excepto en 2003, cuando este índice subió. Sin embargo, no se sabe aún si es un caso puntual o si refleja un cambio de tendencia. Es evidente que se hicieron esfuerzos para lograr una reducción de dicha tasa, pero otros países con estructuras socio-demográficas similares a la uruguaya que partieron de niveles parecidos, como Chile, Costa Rica y Cuba, lograron mayores descensos. Por lo tanto, de mantenerse la tendencia, el aumento de la mortalidad infantil en 2003 constituye un alerta sobre los importantes efectos de la crisis económica reciente, que trascienden los cambios coyunturales en el ingreso. Sin embargo, no es posible realizar afirmaciones en base a lo ocurrido en un año aislado. Por otra parte, los censos de talla muestran indicios de deterioro en la situación nutricional de los escolares, hecho que llama la atención sobre la necesidad de monitorear adecuadamente estos aspectos e implementar intervenciones de política en esta área. Además, la dispersión de la mortalidad infantil y la desnutrición por áreas geográficas y departamentos indica que las condiciones de salud podrían esconder variaciones importantes por estratos socioeconómicos.

—¿Cuáles fueron los hallazgos de la investigación en cuanto al acceso a recursos de la población uruguaya?

A.V. —Si se lo evalúa en términos del ingreso de los hogares, el Informe del Pnud indica disparidades importantes. Desde los últimos años de la década de los noventa se evidencia una caída en el valor real del ingreso de los hogares y un aumento de la desigualdad, el cual ya se había marcado en diversos trabajos previos. Los hogares integrados por personas de menor nivel educativo y con presencia de niños han visto distanciados sus ingresos de aquellos hogares que incluyen personas de nivel educativo alto. Si bien esta tendencia ya era visible en las remuneraciones laborales desde comienzos de la década de 1990, se observa un debilitamiento de los factores que operaban como fuerzas contenedoras y que impedían que la desigualdad de las remuneraciones laborales se trasladara enteramente a desigualdad entre hogares. Estas consideraciones refuerzan la idea de que, tal como lo han demostrado los trabajos de otros economistas como el de Bucheli y Furtado, los impactos de la crisis fueron diferenciales por niveles socioeconómicos y los grupos que se configuraban previamente como vulnerables fueron golpeados con mayor fuerza durante el período crítico. Esa situación, entonces, se debe al aumento de la desigualdad salarial y a la pérdida de valor real de las transferencias públicas hacia los sectores más vulnerables, básicamente las asignaciones familiares.

Pobreza e indigencia

—¿Cuál es la situación de la población uruguaya que vive por debajo de la línea de pobreza?

A.V. —La pobreza aumentó no sólo en términos de ingreso sino también medida con los índices multidimensionales de pobreza humana desarrollados por el Pnud. La pobreza de ingresos comenzó a crecer a mediados de la década de los años noventa, o sea antes de la crisis, continuó incrementándose en 2003 con respecto a 2002, cuando ya se había producido una cierta reactivación económica, y no cayó en 2004. A pesar de que el año pasado la economía se recuperó y el desempleo se redujo, más de un 30% de los uruguayos tenían ingresos inferiores al valor de la línea de pobreza. Por lo tanto, el vínculo entre crecimiento económico, generación de empleo y pobreza es un tema preocupante para el futuro.

—¿Qué prevé que puede ocurrir de no revertirse rápidamente la caída de los ingresos en Uruguay?

A.V. —En períodos recesivos, los hogares pueden experimentar fuertes cambios en su acceso a recursos sin deterioros relevantes en otras dimensiones durante un cierto tiempo. Si la caída de los ingresos tiene un impacto de corto plazo para los hogares, con la posterior reactivación estos se irán recuperando para volver gradualmente a los niveles anteriores a la crisis. Sin embargo, estas fluctuaciones de corto plazo podrían verse reflejadas en decisiones de largo plazo que impacten sobre otras dimensiones de la pobreza como, por ejemplo, retirar a los jóvenes del sistema educativo para que trabajen y aporten al núcleo familiar.

No sabemos si esta situación puede revertirse rápidamente. De hecho, los datos de 2004 nos ponen de manifiesto que el crecimiento del PIB y la reducción del desempleo no alcanzan para revertir la situación, aunque admito que es algo precipitado opinar luego de que la economía creció sólo durante un año y medio. Lo preocupante es que, si bien hay recuperación, ese crecimiento económico no está permeando a los hogares más vulnerables, lo que también ocurrió en el mercado de trabajo en la década de los noventa cuando se acentuaron las desigualdades salariales. Por lo tanto, parece muy difícil para esos sectores conseguir trabajo con ingresos que les permitan superar la condición de pobreza. Es decir que no alcanzaría sólo con el crecimiento económico para revertir algunas situaciones críticas.

—A simple vista la cantidad de uruguayos en situación de calle parece crecer año tras año. ¿Ha sido verificado ese fenómeno social por la investigación científica del Pnud?

A.V. —El informe no ha estudiado a las personas en situación de calle. Existe un estudio realizado por la ONG Gurises Unidos donde se presentan estimaciones para 2003 del número de niños en situación de calle en el área metropolitana. En el informe del Pnud se presenta información sobre la extrema pobreza o indigencia. Durante los años noventa la tasa de indigencia fue de 2% aproximadamente. A partir de la crisis, empieza a aumentar y lo que es llamativo es que, de acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE), pasa de 2.8% en 2003 a 4% el año pasado. Si se observa la indigencia por tramos etarios, el 20% de los niños y jóvenes menores de 17 años de Montevideo están comprendidos en esta categoría. Esto llama poderosamente la atención porque hasta ahora en las investigaciones realizadas por economistas no se le prestaba mayor atención a este indicador, pero hoy ha cobrado relevancia como producto de la concentración del ingreso y de la caída de los ingresos de los hogares así como de la implementación del Plan de Emergencia.

—¿En qué sectores se tendría que poner más énfasis para mejorar el IDH?

A.V. —El IDH varía cuando varían sus componentes, es decir, el producto bruto por habitante, la esperanza de vida y el acceso al conocimiento. Para tener un conocimiento más amplio de la situación de la población en términos de desarrollo humano, no basta con los indicadores que componen el IDH. Uruguay debería hacer un esfuerzo en la generación de datos estadísticos que permitan tener una visión multidimensional más completa del bienestar de los hogares y personas, abarcando un conjunto de aspectos más amplio del que disponemos actualmente.

Innovación tecnológica

—¿De qué modo el Pnud está involucrado en el desarrollo de la innovación tecnológica en Uruguay?

Marcos Lorenzelli —Varias iniciativas para promover el conocimiento técnico y la innovación en Uruguay cuentan con el apoyo del Pnud. Entre ellas, se destaca el Polo Tecnológico de Pando que pertenece a la Facultad de Química de la UdelaR, que tiene como objetivo facilitar la investigación y el desarrollo en las industrias farmacéuticas y alimenticias. Colabora también con el Centro de Ensayos de Software (CES), que es una institución surgida a partir del acercamiento entre los sectores académicos y empresariales vinculados a las tecnologías de la información. El Pnud, asimismo, ha colaborado en la instalación del Instituto Pasteur de Montevideo que contribuirá a crear una red de formación e investigación científica a nivel regional.

—¿Cuál es la contribución de la tecnología al crecimiento económico de Uruguay según el Informe de Desarrollo Humano del Pnud?

Bibiana Lanzilotta —La tecnología es muy difícil de medir ya que no hay un indicador específico para ello. En economía, una forma de medir la contribución de la tecnología a la generación de Producto Interno Bruto es a través de la Productividad Total de Factores (PTF). Se entiende que la PTF es una forma de aproximar cuánto contribuye la tecnología aún no incorporada en bienes de capital y en capital humano a la generación de PIB. En este informe se realizó un estudio específico sobre los últimos veinte años, llegándose a una conclusión muy similar a la de otros estudios, que la contribución de la PTF al crecimiento del producto uruguayo ha sido prácticamente nula. Los factores que sí han contribuido al crecimiento han sido el empleo calificado (capital humano) y el capital físico, aunque este último ha tenido un rol mucho menos relevante que el primero. Trabajos similares que toman un período más prolongado llegan a conclusiones similares.

Progreso técnico

—¿Cómo se posiciona Uruguay en materia de progreso técnico a nivel internacional?

B.L. —La conclusión que surgió de la utilización de tres indicadores globales: la inversión en investigación y desarrollo (I+D), el índice de adelanto tecnológico y la contribución de la PTF al crecimiento del PIB, es que Uruguay se encuentra en un nivel medio, pero muy por debajo de Argentina y Brasil en materia de progreso técnico. La inversión en I+D es menor que en los países de la región y notablemente inferior a la del promedio mundial. Si bien nuestro país tiene una buena posición en cuanto a la formación de su población y a la difusión de innovaciones de paradigmas tecnológicos maduros, está rezagado en lo que respecta a su capacidad para exportar productos intensivos en conocimiento, patentar sus invenciones o percibir ingresos por su explotación en el extranjero.

—¿A cuánto asciende la inversión que realiza Uruguay en investigación y desarrollo (I+D)?

Marcos Lorenzelli —En este aspecto nuestro país también está posicionado en un lugar bastante mediocre ya que se ubica por debajo del promedio de América Latina. Por ejemplo, en 2003 Uruguay invirtió 0.22% del PIB en I+D cuando el promedio regional es tres veces más. Como conclusión general se puede afirmar que el país está con problemas en cuanto a generación de conocimiento y a lo poco que la innovación tecnológica está contribuyendo al crecimiento del producto.

Estrategia

—¿En qué condiciones se encuentra Uruguay para encarar una estrategia de desarrollo basada en el conocimiento?

B.L. —Para contestar a esa pregunta, examinamos, en primer lugar, las ventajas y desventajas acumuladas por Uruguay en materia de desarrollo de un proceso de innovación endógena. Se hizo un diagnóstico de la industria a partir de la encuesta que realizó la Dirección Nacional de Ciencia y Tecnología (Dinacyt) específicamente sobre la industria manufacturera. Si bien hay que tener en cuenta que el estudio se hizo en un año en que la economía estaba en recesión, los resultados de la encuesta indican que el sector industrial prácticamente no incorpora tecnología y, si lo hace es a través de la adquisición de bienes de capital, siendo contados los sectores que invierten en I+D.

En la agropecuaria la incorporación de nueva tecnología no es una práctica extendida pese a que existen sectores específicos o incluso agentes particulares innovadores. La innovación tiene un fuerte componente importado, aunque existen recientes desarrollos que podrían constituirse en un incipiente proceso de innovación endógena, siendo este sector donde el Estado ha invertido más en I+D.

—¿Cuál es el diagnóstico general respecto a las posibilidades de aplicar una estrategia de desarrollo en base al conocimiento?

B.L. —Se puede afirmar que, en general, Uruguay está en una situación desfavorable para encarar una estrategia de desarrollo por una serie de razones. En primer término, el país posee una débil base empresarial poco propicia a la innovación tecnológica y con experiencia escasa en los mercados internacionales. En segundo lugar, su estructura productiva presenta un conjunto de empresas desarticuladas entre sí, sin integración para generar, distribuir y utilizar los conocimientos, y propagarlos al conjunto de la economía. Tercero, si bien existe un conjunto de investigadores que generan conocimientos científicos y tecnológicos de excelencia, el mismo es débil en términos relativos. No obstante, existen algunas fortalezas sobre las que se puede comenzar a transitar por un camino de innovación endógena.

—¿Existen puntos de apoyo a partir de los cuales Uruguay podría emprender un proceso de innovación?

B.L. —Frente a ese diagnóstico general, el Pnud y el Instituto de Economía condujeron su propia encuesta, intentando identificar grupos de agentes económicos que tuvieran la capacidad de facilitar y multiplicar la innovación de la economía en su totalidad. Se buscaron ámbitos donde el cambio tecnológico es dinámico, y a la vez, fueran proveedores de externalidades tecnológicas para el resto de la economía. Se identificó y encuestó a actores radicados en territorio nacional dentro de cinco ámbitos de actividad intensivos en conocimientos: software y servicios informáticos, biotecnología, servicios empresariales de ingeniería, industria ambiental y farmacéutica. El primer hallazgo, que configura en sí mismo un punto de partida para emprender un proceso de innovación endógena en Uruguay, es que se comprobó que existe una "masa crítica" de agentes organizados en torno a estos ámbitos intensivos en conocimientos.

—¿Qué sector se destaca por una generación importante de innovación tecnológica?

B.L. —El resultado fue que no existen grupos ni sectores de empresas virtuosos, sino dos grupos con características innovadoras parciales. Hay un primer grupo de empresas con una modalidad de innovación "autocentrada", que posee fuertes capacidades internas y relativamente mejores resultados en sus actividades innovadoras, pero que no se relaciona con su entorno. En este grupo se encuentran la mayoría de las firmas de los ámbitos de software e ingeniería de procesos. Un segundo grupo, donde están más representados los ámbitos ambiental, farmacéutico y biotecnológico, se caracteriza por desarrollar una mayor sinergia con el entorno y más actividades de I+D en forma externa. No obstante, las capacidades internas a la empresa no son tan fuertes.

Índice de desarrollo humano

—¿Cómo define el Pnud el desarrollo humano?

Marcos Lorenzelli —Para el Pnud el desarrollo humano es visto como la ampliación de las oportunidades de la gente para vivir dignamente en una determinada sociedad en un determinado momento. Estas opciones, que pueden ser infinitas, cubren tres grandes áreas: disfrutar una vida larga y saludable, adquirir conocimientos y tener acceso a los recursos necesarios para lograr un nivel de vida decente. A partir de ellas se construye el índice de desarrollo humano (IDH) compuesto por la esperanza de vida como un indicador de la dimensión "vida larga y saludable", matriculación y alfabetización como aproximación a la dimensión "conocimientos", y el PIB per cápita como indicador del "acceso a recursos". Es una visión alternativa a otras ideas que están basadas en una sola dimensión —como, por ejemplo, el ingreso o la satisfacción de las necesidades básicas— para medir el grado de desarrollo. Desde 1990 el Pnud publica informes anuales a nivel mundial en los que se hace un estudio de la marcha del desarrollo humano en base a los avances —y no las carencias— en materia de alfabetismo, matrícula educativa e ingreso per cápita de cada sociedad. A su vez las oficinas de este organismo internacional en los distintos países están encargadas de llevar a cabo un informe nacional en forma periódica. En Uruguay ya se han realizado tres estudios y el objetivo es profundizar aún más esta labor de modo que sus resultados vayan más allá del IDH en clave comparada con los demás países.

Crear una red virtuosa del conocimiento

—¿Qué se requiere para que las actividades intensivas en conocimiento se transformen en motores de la economía uruguaya?

Bibiana Lanzilotta —Una de las claves es el desarrollo de redes donde tenga lugar el intercambio tanto de estos bienes y servicios como de conocimientos y habilidades, que involucren a todos los actores y sectores de la economía y articulen un verdadero sistema nacional de innovación. Es preciso que en esos ámbitos tenga lugar la articulación entre las empresas productoras de bienes y servicios intensivos en conocimientos, los usuarios, y las entidades de investigación de forma de generar un círculo virtuoso que promueva un proceso de innovación.

—¿Cómo se podría diseñar una estrategia de desarrollo basada en el conocimiento?

Marcos Lorenzelli —La conclusión del Informe del Pnud es que hay que apoyar y promover este tipo de actividades y, sobre todo, hay que intentar que existan estos núcleos y que ellos se puedan abrir y difundir en la comunidad. Un país que se desarrolla en base a la tecnología y la innovación no lo hace a partir de la sumatoria de sectores muy dinámicos pero encapsulados en sí mismos. Al contrario, se desarrolla con sectores que se abren y generan una red virtuosa de interacción, intercambio y difusión del conocimiento y de la innovación. Eso es lo que hoy está faltando en Uruguay. Para lograrlo se requiere diseñar políticas activas y coordinar entre instituciones públicas y privadas para lograr una integración adecuada de todos los sectores de la producción, los portadores del conocimiento y los múltiples actores locales.

Tomado de El País, 8 de julio 2005.

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