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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

El desarrollo de la sociedad se sostiene en la actividad de hombres y mujeres del ámbito energético
LA CLASE TRABAJADORA DEBE LIDERAR LOS PROCESOS DE CAMBIO EN EL CONTINENTE, PARA CONSTRUIR LA PATRIA GRANDE Y APRENDER A MIRAR REGIONALMENTE
III Foro Latinoamericano y Caribeño de los trabajadores y trabajadoras de la Energía - Bolivia 2007

 

Discurso pronunciado por Alvaro García Linera, Vicepresidente de Bolivia, en el III Foro Latinoamericano y Caribeño de de Trabajadores y Trabajadoras de la Energía, que se realizó en La Paz - Bolivia del 24 al 26 de julio/07.

¿A qué nos referimos cuando hablamos de energía? En términos físicos, todo es energía, distintas formas u objetivaciones y materializaciones de la energía; incluso las propias ideas son un tipo de energía, las cosas, los objetos que palpamos son formas, son modificaciones de la energía. Y si nos referimos fundamentalmente a la energía de la cual ustedes son productores, productores de gas, productores de carbón, productores de petróleo, productores de electricidad, de energía atómica. En el fondo la sociedad moderna, la sociedad contemporánea se mueve, se sostiene, se amplía por este trabajo y esta riqueza energética.

Quítenle un día, media hora de energía eléctrica a nuestros aparatos, a nuestras fábricas, a nuestras calles, a nuestras computadoras, a nuestras oficinas y precisamente regresamos a la edad de las cavernas. Todo... todo, comunicación, transporte, industria, vida, actividad, recreatividad, todo, se sostiene sobre el núcleo de la producción energética.

¿Qué significa esto? Que sin ustedes como trabajadores, obreros de la energía no hay país, no hay sociedad, no hay continentes, no hay mundo. La modernidad, el progreso, el desarrollo de nuestra sociedad se sostiene sobre los hombros, los brazos, la inteligencia de hombres y mujeres que trabajan en el ámbito energético.

En algunos países esta conciencia del poder que se tiene se ha traducido en grandes organizaciones obreras, locales, nacionales que han obtenido un conjunto de derechos, a lo largo de los últimos 40, 50, 60 años. En otros países comienza, aún no hay todavía, una percepción del poderío real y comienza a articularse esta conciencia proletaria de su fuerza y de su dominio. Bajémosle durante 10 minutos la palanca a la energía y el mundo entero se detiene. Y es esa conciencia, de ese poderío de los trabajadores, esa conciencia del poderío de los países y del continente que hoy tiene que articularse, potenciarse, reforzarse y unificarse. No solamente ustedes son los que le dan luz, movimiento, actividad, fuente de calor a todas nuestras actividades laborales, productivas y cotidianas; sino que también ustedes hacen del continente un continente energéticamente muy poderoso. No tengo los datos, seguramente en los debates saldrán, respecto a la totalidad de la energía que se pone en movimiento y el aporte energético que hacemos, que hace el continente latinoamericano y centroamericano; sin embargo, claramente hoy, en términos de petróleo y gas, el continente controla el 10% de las reservas de petróleo y gas del mundo entero. Como mínimo, produce el 13% y consume menos del 8% o del 7% del total del consumo planetario. Es decir que el continente tiene una de las llaves, no la única, pero una llave muy fuerte, muy poderosa de lo que es hoy la fuerza que mueve el desarrollo de la sociedad. El continente tiene reservas de gas, reservas de petróleo, tiene reservas de carbón, tiene ríos, tiene inteligencia, capacidad, conocimiento para la producción de energía atómica; el continente, no cabe duda, es una potencia energética. Y si la energía es progreso, la energía es desarrollo, el continente tiene una de las fuentes fundamentales de esa energía y de ese progreso para el Siglo XXI.

Bolivia humildemente en este contexto tiene lo suyo. Tenemos la segunda reserva de gas más importante en América Latina, tenemos una serie de pozos y reservorios de petróleo, potencialmente mayores posibilidades de petróleo, tenemos ríos, cuencas que son potenciales fuentes de generación de nueva energía para el país y para el mundo, y Bolivia al igual que el continente latinoamericano en los últimos años, en las últimas décadas, quizá con mayor fuerza que en otros países, ha vivido un proceso de desnacionalización de esa fuente energética. Quien controla la energía, controla el desarrollo y si un país, un estado pierde ese control, pierde la capacidad, la fuente y la direccionalidad de su desarrollo. Eso le pasó a Bolivia y seguramente a algunos países en América Latina, con algunas notables excepciones en el Caribe. Bolivia hasta los años 70, años 80, tenía bajo propiedad del Estado la empresa que generaba electricidad, las empresas que sacaban, producían y exportaban el petróleo y el gas. Le otorgaban al país, pese a las dificultades una soberanía material, objetiva en la definición de sus políticas económicas. En los últimos 20 años, bajo el llamado Consenso de Washington, que en los países de América Latina se tradujo en política neoliberales, hubo un proceso gradual de desnacionalización. Los efectos fueron de carácter económico y fundamentalmente de carácter político. De carácter económico empresas estatales que pasaron a manos de inversionistas privados. De carácter político porque el país perdía la capacidad de definir el norte y el horizonte de su desarrollo como nación, como estado soberano. Y en poco menos de 15 años, cerca del 30% del producto interno bruto del país, de las riquezas que se generaban en el país, pasó a manos privadas. Las ofertas de modernidad, de empleo, de desarrollo y de progreso bajo las cuales rige este proceso de desnacionalización de la riqueza rápidamente se mostraron como ilusiones de patas cortas, no hubo más progreso, no hubo más modernidad, no hubo más empleo, no hubo mejoras en las condiciones de vida. Lo que hubo es la supeditación de nuestras fuentes energéticas a los intereses de empresas extranjeras que estaban calculando la rentabilidad de sus inversiones y la manera de garantizar externamente el abastecimiento de energéticos.

Se podría decir que Bolivia vivió 20 años de oscuridad. En unos países con mayor fuerza, en otros con menor fuerza este proceso de pérdida de la soberanía y de la capacidad en el control de las decisiones energéticas se expandió por el continente; sin embargo, este proceso ha llegado a su fin. En América Latina, en la mayoría de los países, con notables excepciones de los cuales esperemos, sus pueblos puedan modificar rápidamente, ha habido un proceso gradual de transformación y de recuperación de soberanía, de dignidad y de definición de nuevas políticas del estado. Desde Nicaragua, como mencionaba nuestro compañero, hasta Bolivia, pasando por Venezuela, Ecuador y otros países, en mayor o menor magnitud han comenzado a modificar la definición de sus políticas públicas y la forma de ubicarse en el contexto internacional.

En Bolivia en menos de un año, a la cabeza de nuestro presidente Evo Morales Ayma, ha habido cambios drásticos; radicales como se requería para modificar este proceso de pérdida de control de los recursos naturales.

El 1º de Mayo en el país, mediante un decreto, el presidente Morales, en un campo petrolero rodeado de trabajadores petroleros dicta un decreto de nacionalización de los recursos hidrocarburíferos. ¿Qué significó eso para el país?, muchas cosas, lo primero que a partir de ese momento éramos nosotros los bolivianos los que definíamos y los que asumíamos la propiedad del gas y del petróleo, a 5000 metros bajo tierra, en boca de pozo, en el ducto, hasta tanto llegara a ser procesado en las factorías o hasta en tanto lo exportáramos a otros países.

En segundo lugar este decreto significó que desde entonces, somos nosotros los bolivianos los que decimos que se hace con el gas, que se hace con el petróleo. (aplausos) si lo procesamos internamente, si lo vendemos, a que precio lo vendemos, cuando lo vendemos, a quien lo vendemos. Eso que hoy parece algo natural, no los teníamos nosotros los bolivianos. A quien vender, era una decisión que se definía entre una empresa extranjera y la filial en el país.

Permítanme darles un dato, en acuerdo entre negocios y entre empresas extranjeras, se decidía vender el millón de BTU a 1 dólar, cuando en el mercado internacional hoy está en 5 ó 6 dólares el millón de BTU. Acuerdo entre empresas, ellos podían decidir si abastecían al mercado interno, si no lo abastecían, si lo vendían a un dólar, a dos, a tres o a cinco, o a siete o si lo vendían a cero cinco como llegó a darse en el momento del proceso de privatización, que aquí se llamó capitalización de las empresas estatales.

A partir del 1º de Mayo somos dueños, a partir del 1º de Mayo nosotros decidimos precios, volúmenes, utilización. A partir del 1º de Mayo, de cada 4 dólares que genera el ámbito hidrocarburífero 3 son de los bolivianos y solamente 1% pertenece al inversionista, donde esa empresa ha invertido para perforar pozos o construir ductos (aplausos).

Hacia el año 2005 la relación era a la inversa, de cada cuatro dólares, tres se quedaban en manos de la empresa petrolera, uno pertenecía al Estado. Esto ciertamente ha llevado a tensiones; modificar la relación de tres a uno, por uno a tres no le agrada a ninguna empresa y tuvimos que soportar tensiones, en algunos casos chantajes, presiones de un lado y de otro, sin embargo, esta era una decisión de Estado, era una decisión de soberanía y fundamentalmente es una decisión de la gente, de los 9 millones de personas que como recientemente en ese Cabildo celebrado, como han podido ver ustedes recientemente, le dijeron a Bolivia y al mundo, esto no va más, Bolivia cambia, los recursos energéticos pasan indeclinablemente a manos del estado (aplausos). Es en esta fuerza que nos hemos sostenido y definitivamente podemos decir a nuestros compañeros trabajadores, hoy Bolivia depende de ustedes.

Bolivia genera anualmente 10 mil millones de dólares, es una economía pequeña, menos de lo que produce Petrobras en su conjunto, o PDVSA, o PEMEX. Toda Bolivia genera 10 mil millones de dólares; sin embargo, de esos 10 mil millones de dólares, 2 mil millones, el 25%, el 20%, incluyendo desde el procesamiento de petróleo y de derivados a través de las refinerías, cerca del 20% al 25% de nuestra riqueza, de nuestro producto interno bruto, depende simplemente de gas y petróleo, si a esto le incorporamos el papel y el aporte de la generación de electricidad en termoeléctricas y en hidroeléctricas, no utilizamos carbón y todavía, algún rato tendremos que tener, no generamos energía atómica. El 50% de nuestras exportaciones depende de los trabajadores de gas y petróleo, del 20% al 25% de nuestros ingresos como sociedad y como país depende de los productores de energía. Petróleo, gas y energía eléctrica; es decir, nuestra economía y seguramente buena parte de las economías latinoamericanas, en el caso de Venezuela, en el caso de México, en el caso de Ecuador, dependen fundamentalmente del aporte de la actividad y del producto del sector energético.

Sin embargo, ¿cuál es la situación actual?, ¿cuál ha sido la situación de los trabajadores de la energía?, están aquí representantes de nuestra gloriosa Central Obrera Boliviana, representantes, dirigentes trabajadores del sector petrolero y de Luz y Fuerza y, fácilmente les voy a comentar que durante 20 años lo que otrora fue una unidad una central obrera, de conciencia proletaria que logró articular al resto de los sectores campesinos, indígenas, populares y de clase media, los últimos 20 años, al igual que en el resto del mundo la clase trabajadora ha venido sufriendo una serie de procesos de disgregación y fragmentación de las condiciones de trabajo.

En Bolivia las grandes fábricas, las grandes empresas, una por una han sido descuartizadas, fragmentadas, y precarizadas. La clase obrera heroica de los años 30, 40, 50, 60 y 70 que se sostenía sobre grandes factorías industriales comenzó a desaparecer. No es que no había obreros, es falso que no había obreros, lo que pasa es que se estaba fragmentando, se estaba precarizando la conducción obrera. Contratos a destajo, contratos a plazo fijo, contratos por obra, subcontratación, tercerización de las actividades, fueron descomponiendo los grandes núcleos obreros en un mar de pequeñas, micro empresitas, de las cuales muchas eran unipersonal. Un mecanismo de fragmentación de la clase trabajadora mundial, latinoamericana y boliviana. Esto le quitó poder y si a esto sumamos este proceso de atenuación generacional del mundo obrero, pro renovación generacional que venía de manos del joven, hombres y mujeres, nuevos obreros que no tenían derecho a sindicalización, derecho a organización, que eran desplazados de una región a otra y despedidos permanentemente convirtiéndose en obreros nómadas de la actividad laboral, generaron y han generado hasta el día de hoy un proceso de debilitamiento de las estructuras obreras revolucionarias y si a ello sumamos esta letanía conservadora y neoliberal de veinte años respecto al individualismo como supuesto motor de bienestar en contra de la sociatividad y de la unidad como mecanismo de conquista de derechos, generaron un proceso de despolitización, fragmentación material y debilitamiento objetivo de la conducción obrera mundial, de la conducción obrera latinoamericana y de la conducción obrera boliviana.

Ha medida que se debilitaban los núcleos obreros de energía, de petróleo, de minerales, de las fábricas, se consolidaba el núcleo duro de un modelo económico conservador transnacionalizado y supeditado a la lógica de la rentabilidad del capital internacional.

Este proceso, decíamos, ha comenzado a modificarse, en algunos países de manera más radical, en otros países a medias, hay un proceso de reconstitución del tejido social en el caso de Bolivia, liderizado por el movimiento social campesino indígena, indudablemente, que es el que más rápidamente ha podido reconstruir los tejidos de sociabilidad desde las comunidades y ha permitido este proceso de transformación en nuestro país, pero también gradualmente, lentamente, quizá más lento de lo que quisiéramos, en un proceso gradual de rearticulación de la textura y del tejido del mundo obrero contemporáneo.

El continente está cambiando y para bien. Bolivia está cambiando y para bien. La clase trabajadora está cambiando. Y cuáles son los nuevos retos que se les presentan a los trabajadores en estos tiempos, en este inicio, en este despertar del siglo XXI. Muchos retos, quizá los más importantes, repolitizar la conciencia obrera adormecida, especialmente, hablando del caso de Bolivia y de América Latina, adormecida estos últimos años por la competencia, la competitividad, el individualismo y el corporativismo.

Es un proceso largo, la conciencia revolucionaria no es algo que se inyecta, ni viene desde afuera, ni algo que se hace simplemente con lectura, la conciencia es algo que se adquiere en la práctica, en la acción colectiva cotidiana, en la movilización cotidiana. Pero esto es un reto. Hoy quien tendría que liderizar estos procesos de cambio en el continente debería que ser la clase trabajadora, sus organizaciones obreras, poderosas, vigorosas, pero aún no tenemos eso. Tenemos despertares muy lentos, muy fragmentados y en el ámbito energético con más razón.

Estaba revisando las cifras, solamente 3 empresas estatales en el continente PEMEX, PDVSA y PEMEX Refinación generan cerca de 270 mil millones de dólares y eso es la riqueza que genera el trabajador, el trabajo que es objetiva bajo la forma de vivir, pero no hay una correspondencia al poderío económico del ámbito energético y obrero con la fuerza, la cohesión y la unidad de las estructuras obreras nacionales y continentales.

En este sentido tengo que saludar y mostrar mi mayor de los respeto a esto, a estos encuentros, que son eso, el ordenar cotidianamente lo que es un proceso de potenciamiento, fortalecimiento continental de la clase obrera y de su núcleo energético, porque en el fondo, sin ustedes no hay sociedad. (aplausos)

La politización de la clase trabajadora en el mundo y en América Latina, es un proceso largo, hay nuevas generaciones de jóvenes que no han vivido en el viejo sindicalismo y que tienen que asumir su propia experiencia. Hay procesos de fragmentación al interior de las empresas, incluso estatales y no digamos de las privadas, de precarización laboral, de subcontratación que han reducido al mínimo el núcleo duro del obrero sindicalizado y han generado un mar de obreros precarizados aún en el ámbito energético.

En el caso de Bolivia ni el 10% de los trabajadores de la energía tienen sindicato, ni el 10%. Y eso es un reto para nosotros, los revolucionarios, los comprometidos, estemos o no estemos en el gobierno (aplausos), pero también es muy importante la articulación con otros sectores. Lo que ha hecho el neoliberalismo es colocar barreras internas mentalmente y objetivamente entre trabajadores de una fábrica y de otra, entre trabajadores de una sección y de otra, entre trabajadores de un país y otro. Se requiere articular paciente pero comprometidamente los tejidos de articulación y de unidad.

Un segundo reto de esta nueva clase trabajadora, revolucionaria del Siglo XXI, pasa sin duda por lo que se menciona acá, en este gran encuentro respecto a la soberanía.

Permítanme algunas pequeñas reflexiones por el tema de la soberanía energética. ¿Qué entendemos por soberanía energética?. Fundamentalmente que el Estado sea el propietario, el custodio, el administrador de la energía de un país. La energía es tan importante, tan decisiva, tan estratégica que no se puede dejar en manos de la inversión privada la definición del núcleo estratégico y energético de una sociedad y de un país. (aplausos)

Las guerras modernas ¿por qué son? Por el control energético y las futuras guerras en este mundo, que ojalá no las haya, pero si las habrá, serán fundamentalmente por el control de los recursos energéticos. En sus distintas formas. Lo estamos viendo en el medio oriente con el petróleo, lo estamos viendo en la zona de Europa del Este, lo estamos viendo en cuanto al control de tránsito para los ductos en el caso de Afganistán, estamos viviendo el conjunto presiones y las políticas, las estrategias que los grandes poderes del mundo decidan en torno al control de la mayoría, en nuestro continente. Lo hemos visto en el golpe de estado en Venezuela.

La energía no solamente es fuente de vida y de desarrollo, es también la fuente de control político y de las tensiones y los enfrentamientos entre grandes poderes y los países que queremos mantener un ámbito de soberanía.

Si no en la totalidad, el Estado tiene que ser propietario, soberano de las fuentes energéticas de una sociedad. Sino cómo hablar de soberanía pidiéndole permiso a un dependiente extranjero si quiero aumentar la producción de gas o de petróleo, tocándole la puerta a un inversionista para pedirle que me dé mas kw para mi ciudad o para la fábrica. No puede haber soberanía dependiendo de la buena o mala voluntad, del interés o del bajo interés de una inversión extranjera. Está claro que ellos tienen su área, tienen que trabajar. No vamos a pensar en sociedades autárquicas, al margen de la inversión extranjera, tienen que tener su área; pero es un gran error dejarle la parte estratégica del sistema energético de un país a la inversión extranjera. Esta tiene que volver a manos del Estado, tiene que estar bajo control del estado y colateralmente en una actitud de complementaridad o de colaboración, respetando sus derechos de ingreso y de rentabilidad, tendrá que estar la inversión extranjera, pero no con un fin de lucro.

Consideramos que una de las tareas estratégicas del movimiento obrero es transitar, potenciar, movilizarse. Está la recuperación del núcleo estratégico energético en cada una de nuestras sociedades. Esa es la base material para el siguiente paso de lo que podríamos denominar la soberanía energética.

El siguiente paso de soberanía estratégica ¿cuál es? El permitir que nuestras sociedades puedan garantizar, con sus recursos propios su desarrollo, su utilización y su consumo energético. Pero está claro que un país solo no puede, y aquí tenemos que abandonar la vieja mirada de los años 50 donde cada nación, cada país quería convertirse en un micro universo. No va, no puede ir, es insostenible, tenemos que mirarnos regionalmente. La Patria Grande, de que hablaba aquí el compañero.

La Patria Grande tiene musculatura, tiene huesos, es decir lo que le dan materialidad y objetividad es la energía. Es la integración energética regional la que nos puede garantizar una soberanía energética regional. Hay países que tendrán más petróleo, y otros países que tendrán más gas, y otros que tendrán más carbón y otros que tendrán más hidroeléctrica y otros que tendrán una enorme capacidad para generar energía atómica; en fin, tenemos que imaginar ya no este tema de la soberanía en función de cómo cada país garantiza su auto sostenibilidad en términos energéticos. Eso va a ser imposible, tenemos que verlo continentalmente. Tenemos que imaginar procesos de articulación, de infraestructura, de precios, de mercado y de inversiones a escala continental. Creemos que quien tiene una mirada más estratégica en este sentido en sin duda Venezuela.

Venezuela en los últimos años ha comenzado a trazar una serie de propuestas que están sobre el debate, sobre la mesa de esta integración objetiva y materialmente. Bolivia es beneficiada de esa intención integradora. Nosotros no producimos diesel, nuestro petróleo es demasiado ligero para producir diesel, tenemos que importar diesel. ¿De dónde viene el diesel para Bolivia? De Venezuela. Nosotros tenemos gas abundante y hay otros países que necesitan gas. Brasil necesita gas. Argentina necesita gas. Tenemos que darles a esos países. Brasil necesita más energía no solamente del gas sino del agua, energía hidráulica. Tenemos que encontrar un mecanismo de integración, de modo de articulación, de producción conjunta de energía, utilizando nuestros recursos naturales, utilizando nuestros conocimientos y nuestras habilidades.

Creemos que ha llegado el momento de pasar del discurso a los hechos concretos. ¿Cómo integramos objetiva, material e irreversiblemente a nuestros continentes? Hay que comenzar a tomar decisiones. Hoy es un tiempo en que la izquierda revolucionaria, el recargado revolucionario no solo tiene que tener proyectos a largo plazo. Hoy las fuerzas progresistas y revolucionarias tienden a ser mayoría en el continente y es el momento en que hay que empezar a ejecutar, tomar decisiones, implementar acciones para avanzar cotidianamente y prácticamente en estos procesos de integración regional.

Las peleas son muy grandes, entonces para nuestra clase trabajadora, pero lo trabajadores, lo decía el viejo Marx, al que hay que recordarlo y levantarlo orgullosamente (aplauso), la clase trabajadora no es pobre, todo lo que se levanta, todo lo que está ante nuestros ojos, es fruto del trabajo, el micrófono, este equipo, esa silla, esa luz, la ropa que tenemos, es fruto de creadores, de trabajadores, de proletarios.

Y cuando hay proletarios, hay utopía, hay horizonte participativo. En el caso de América Latina, del mundo andino, se articula con la otra utopía originaria, comunitaria de los pueblos indígenas. No tiene por qué haber competencia entre estas dos utopías, ambas son complementarias, ambas se necesitan. La vitalidad organizativa agraria, asociativa, productiva del mundo indígena campesino y la actividad modernista, creativa y productiva de la clase trabajadora del país y del continente. Si hay movimiento en el continente es porque hay energía y quien produce energía son ustedes. El continente está en sus manos. Ayúdennos a producir este proceso de cambio. Muchísimas gracias (aplausos)

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