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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

Represión en AL.

Escribe: Gloria Muñoz Ramírez

El manual de la represión de los movimientos sociales en América Latina es el mismo. La estupidez policiaca se repite. San Salvador Atenco, en México, y Santiago, en Chile, cobran las mismas víctimas: gente de abajo que se resiste a las leyes del mercado. Los mismos son los campesinos en México y los estudiantes en Chile (y los indígenas de ambos países).

Centenas de estudiantes brutalmente golpeados con bastones, puños y pies; jóvenes ultrajadas sexualmente, más de 700 detenidos y varios periodistas heridos, es parte del saldo de una movilización estudiantil sin precedente en las pasadas tres décadas en Chile.

El grito inconforme de más 600 mil estudiantes se escuchó en todo el país andino el pasado 30 de mayo. Lo que inició hace unos meses como una simple protesta de alumnos de secundaria, se convirtió rápidamente en la demanda nacional por una profunda reforma educativa.

En unos meses, el movimiento estudiantil ha conseguido legitimar sus demandas encontrando el apoyo de importantes sectores de la sociedad chilena, razón por la que la "jornada reflexiva" convocada por los líderes estudiantiles, que llamaban a mantenerse en los planteles ocupados, se transformó en marchas multitudinarias. Los jóvenes, en promedio de 16 años, desobedecieron a sus "cúpulas" y ocuparon las ciudades apoyados por universitarios, profesores y padres de familia.

En Chile los carabineros han acumulado experiencia en represiones. No son nuevos en estas artes, por lo que la especial brutalidad esgrimida contra los estudiantes tuvo que ser planeada y ordenada (como sucedió en San Salvador Atenco). Y, también como en el poblado mexiquense, la barbarie institucional ahora lleva el nombre de "algunos excesos", como el disparo de una bomba lacrimógena en el pecho de un joven que se reporta en estado grave (siguiendo con las dramáticas coincidencias).

Las manifestaciones, aunque llenas de indignación y rebeldía, se desarrollaban pacíficamente. La represión llegó con el argumento de que "no hubo ninguna autorización para realizar marchas", según relata en este diario el corresponsal Enrique Gutiérrez. La explicación del intendente de Santiago, Víctor Berruelo, parece decir: "si sales sin mi permiso, tengo derecho a golpearte salvajemente, a herirte y a detenerte, en el mejor de los casos".

A los golpes, los estudiantes han respondido con mayor organización. Nuevas protestas y paros indefinidos proliferan en cientos de planteles educativos. Tienen a la gente con ellos y no tienen miedo.

Graves problemas de legitimidad enfrenta la presidenta Michelle Bachelet. Tiene las cárceles de Santiago llenas de estudiantes, mientras en la prisión de Temuco permanecen Patricia Troncoso, Jaime y Patricio Marileo y Juan Carlos Huenulao, luchadores mapuches que aunque decidieron deponer la huelga de hambre que iniciaron el pasado 13 de marzo, siguen llamando a la movilización internacional.

La Jornada, 3/06/2006

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