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Perú, Vargas Llosa y la democracia imperial

Escribe: Atilio Borón.

En una entrevista publicada este viernes en Clarín, el inefable Vargas Llosa asegura que “con Ollanta Humala desaparecería la democracia”. La ocasión le permite al escritor peruano volver a rumiar sus ocurrencias sobre la democracia y, a los lectores, asombrarse una vez más ante la elementalísima rusticidad de sus razonamientos sobre la materia

Como buen dogmático, el mundo político de Vargas Llosa se divide en dos categorías maniqueas: está el bien, la democracia; y el mal, personificado en gobiernos como el de Chávez o Velasco Alvarado, “dos modelos absolutamente autoritarios y antidemocráticos”. Pero la coyuntura peruana de hoy le juega al desmemoriado autor de Conversación en la Catedral una mala pasada. Si Humala es el mal absoluto, no queda más remedio que votar por un dinosaurio como Alan García, cuyo gobierno exhibió niveles de corrupción, represión e ineficiencia que abrieron la puerta a la década infame del fujimorismo, versión peruana de nuestro Menem. Pero todavía hay esperanzas, y se puede votar a Alan aunque sea “tapándose la nariz”. El hombre ha dado muestras de haber abandonado su arcaico populismo y parece haberse reconciliado con la economía de mercado y aprendido de gente como Felipe González y Tony Blair. Además, se está acercando a los Estados Unidos y está dispuesto a concretar el TLC firmado por otro gran demócrata peruano, el presidente Alejandro Toledo, cuyo partido fue arrollado en las urnas en la última elección presidencial y que pese a su total deslegitimación democrática (apenas un 7 por ciento de aprobación popular) fue a Washington a hipotecar el futuro de los peruanos firmando las bases de un tratado profundamente lesivo para su país. Tamaña infamia, antidemocrática hasta la médula, no motivó ninguna protesta de Vargas Llosa. Fue un gesto democrático, que no le mereció el menor reproche. El escritor adhiere sin vueltas a la doctrina imperial de la democracia publicitada ad nauseam por Condoleezza Rice y sus epígonos. Hay una izquierda sensata, realista, proamericana, que cree en los mercados y es democrática. Es la que representan la Concertación chilena, Lula y Tabaré Vázquez. Pero también está la otra: autoritaria, estatista y populista, encarnada en las figuras de Fidel, Chávez y Evo, con Kirchner sospechosamente afectado por “reflejos” que, según Vargas Llosa, van en esta misma desafortunada dirección. Para el escritor, que Evo Morales respete escrupulosamente sus promesas electorales de nacionalizar los hidrocarburos y avanzar con la reforma agraria es prueba irrefutable de su identificación con la izquierda antidemocrática; que Tabaré Vázquez haya enterrado el programa del Frente Amplio/Encuentro Progresista es, en cambio, un signo inequívoco de su inquebrantable vocación democrática.

La desorbitada represión descargada sobre los estudiantes secundarios chilenos y sobre los mapuches son claras muestras de sensatez democrática de la Concertación, mientras que la tolerancia de Chávez con una prensa sediciosa que incita al magnicidio y con fuerzas opositoras golpistas es motivo de gran preocupación para el tándem Rice-Vargas Llosa. Que no haya “niños de la calle” en Cuba, o que su población goce de una atención médica muy superior a la que los Estados Unidos ofrecen a sus habitantes son clarísimas muestras de la incurable naturaleza despótica de su gobierno; en cambio, las centenares de miles de familias campesinas que desde hace años acampan en los caminos de Brasil a la espera de la reforma agraria son elocuentes ejemplos de la vitalidad democrática de Lula.

Para el imperio y sus voceros, democracia es la que hay en los Estados Unidos, con sus matanzas de civiles inocentes en Irak autorizadas por el secretario de Defensa y por la propia Casa Blanca y, por lo tanto, no atribuibles a “excesos” de una patrulla de marines acosados. Democracia es organizar una red mundial de centros de detención a donde se envía, en vuelos secretos, a prisioneros para que sean “legalmente” torturados. Democracia es abandonar a su suerte a los barrios pobres de Nueva Orleans y la zona del Golfo y dejarlos que se conviertan en carne de los huracanes Katrina y Rita. Democracia es hacer que los ricos paguen menos impuestos y los pobres más. Esto es lo que Vargas Llosa propone como modelo. ¡Y encima se enoja cuando los peruanos no lo votan!

 

Tomado de Página12, 5/06/2006.

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