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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

 

Cuba

Escribe: Boaventura de Sousa Santos

Cuba está entrando en un proceso de transición política cuya complejidad recorre la naturaleza y duración del régimen todavía en vigor, el peso de la personalidad de Fidel Castro y la amenaza de intervención externa por parte de los EUA. A pesar de muchas de las promesas de la revolución que no se habrían cumplido y de que sean aún hoy visibles en la sociedad cubana algunos trazos del periodo pre-revolucionario, la revolución cubana continúa siendo una referencia fuertemente enraizada en el imaginario político para muchos de los que luchan contra la injusticia social. Ni los más feroces críticos de Cuba osan equiparar a Fidel con Pinochet o el régimen de Cuba al de Arabia Saudita. ¿Cuáles son las razones de la perplejidad que Cuba suscita en algunos y de la fascinación en otros?

La revolución cubana fue uno de los acontecimientos más notables de la segunda mitad del siglo XX. Un país empobrecido por la rapiña de las oligarquías, sujeto a la constante tutela norteamericana para salvaguardar sus abultados intereses económicos, transformado en un inmenso burdel y paraíso de mafias y gobernado por un dictador corrupto, Fulgencio Batista, se levanta en armas en nombre de los ideales igualitarios y humanísticos en que se destacan la reforma agraria, el efectivo acceso de todos los cubanos a los derechos a la salud, a la educación y a la habitación y la lucha contra la dominación extranjera.

El éxito de la revolución fue una luz de esperanza para millones de latino-americanos oprimidos y explotados, al mismo tiempo que dejó los EUA estupefactos ante la osadía del desafío a su dominio regional por parte de un pequeño país, situado la pocas decenas de kilómetros. La reacción no se hizo esperar y dura hasta hoy: invasión (Bahía de Cochinos), tentativas de asesinato de Fidel Castro (que incluyeron lapiceras con tinta venenosa y habanos explosivos), guerra biológica (la CIA contaminó la isla con gérmenes de fiebre porcina africana lo que obligó los cubanos a matar 500 mil cerdos), bloqueos militares y el embargo económico condenado por las Naciones Unidas desde el inicio. A pesar de eso, el pueblo cubano resistió con éxito y es asombroso que lo haya hecho ante un enemigo tan poderoso y tan poco escrupuloso en sus medios de injerencia.

El endurecimiento ideológico, la dependencia de la URSS y su fin brusco, el embargo y la amenaza siempre inminente de una invasión norteamericana impidieron que muchas de las promesas de revolución se realizaran, particularmente la democracia representativa y participativa y la mejora del bienestar económico y social para toda la población. Aún así son conocidos los éxitos en el área de la salud y de la educación. La Casa de las Américas es una de las instituciones culturales más notable de todo el continente, y a lo largo de varias décadas la política externa de Cuba se caracterizó por la solidaridad internacionalista, de que son ejemplo los médicos cubanos que hoy trabajan en muchos países del llamado Tercero Mundo, y el apoyo a Angola en su lucha contra la invasión de la Sudáfrica del apartheid.

A pesar del silencio público, Cuba es hoy un crisol fermental de ideas sobre la transición. Y, pese a las muchas diferencias entre ellas, dos principios las unen: la defensa intransigente de la independencia nacional; y la búsqueda de una solución democrática que garantice la continuidad y la profundización de las conquistas de la revolución. Es difícil encontrar en el mundo pueblo más celoso de su independencia y de su dignidad. Y tal vez aquí resida la contribución más importante de Fidel Castro para la lucha de los pueblos por una sociedad más justa: la dignidad y la altivez de decir No a la arrogancia de los más fuertes. Aquí reside también la fascinación que la revolución cubana continúa ejerciendo.

Tomado de Carta Maior, 24/8/06.

Traducción de Angel Vera.

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