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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

Sí hay alternativas*

Por Atilio Borón

 

¿Es posible afirmar que nos encontramos ante el surgimiento de una o algunas alternativas al neoliberalismo?, se pregunta el académico argentino Atilio Borón. La respuesta a esa pregunta integra uno de los capítulos –del cual se transcriben pasajes– del libro “La nueva izquierda en América Latina. Sus orígenes y trayectoria futura”,** de próxima aparición.

 

A partir de la experiencia del último cuarto de siglo es evidente que las alternativas, porque serán muchas, sin duda, al neoliberalismo contendrán, en grados variables, los siguientes elementos. En primer lugar, una vigorosa reconstrucción del Estado, destruido o “jibarizado” por las políticas ortodoxas. El Estado es el terreno sobre el cual puede apoyarse la democratización de la sociedad, salvo que se piense que es posible instaurar a la democracia en el mercado o en una sociedad civil dividida en clases.

Por otra parte, sin Estado no habrá fuerza posible capaz de asumir la prometeica tarea de someter a los mercados a un marco regulatorio que proteja el interés general, preserve los bienes públicos y ampare a las grandes mayorías a las cuales el neoliberalismo despojó de sus derechos más elementales. En segundo lugar, deberá reorientarse radicalmente el rumbo económico en dirección al mercado interno, la redistribución de las riquezas y los ingresos, la promoción del desarrollo y la sustentabilidad ecológica. Esto no significa volver al período de sustitución de importaciones ni a un ilusorio capitalismo nacional, anacrónico en los tiempos que corren; pero sí que la comunidad, a partir de su expresión política en el Estado, debe asumir el control de la producción y la distribución de la riqueza.

Es imprescindible someter a revisión todo lo actuado durante la era neoliberal. Por ejemplo, las empresas privatizadas deben ser puestas bajo control público y democrático. Algunas quedarán en manos de sus actuales dueños, otras pasarán a formar parte del sector público y unas terceras accederán a nuevas formas de propiedad mixta bajo una variedad de modalidades que combina en grados diversos la participación de diferentes sectores: capital extranjero, capital nacional, sector público, trabajadores, consumidores, público en general, ONG. Será igualmente necesario revisar meticulosamente todo lo actuado, tanto en cuestiones de fondo como de forma. Es sabido que la implementación de las políticas neoliberales fue un inmenso foco de corrupción y que el traspaso a manos privadas de la riqueza social acumulada en las empresas del Estado sólo por excepción se hizo de manera transparente y honesta. Se requerirá, por consiguiente, desprivatizar gran parte de lo privatizado, volver a regular lo que había sido desaprensivamente desregulado, poner fin a la liberalización imperante y comenzar a poner en marcha políticas activas en diversas áreas de la economía y de la sociedad. Se necesita, en suma, detener las mal llamadas “reformas económicas” inspiradas por el Consenso de Washington que, en realidad, son verdaderas contrarreformas, y empezar con un genuino programa de cambios económicos de fondo que coloque a la economía al servicio del bienestar colectivo y del desarrollo social. Bajo el primado del neoliberalismo son éstos quienes se hallan al servicio de los mercados y que establecen una perversa jerarquía de valores cuyos efectos están a la vista.

Un área prioritaria en esta gran reconstrucción que tendrá que llevarse a cabo es, sin duda alguna, la política tributaria. Ésta constituye el talón de Aquiles de las economías latinoamericanas. El baldón que significa ser la región con la peor distribución de ingresos y riquezas del mundo tiene, como su reverso, el hecho de que esta parte del globo es también la de mayor inequidad tributaria a escala mundial. En nuestro continente prevalece el “veto tributario” de las clases dominantes. La larga experiencia colonial ha sedimentado una tradición por la cual los grupos sociales herederos de la riqueza y los privilegios de los conquistadores disfrutan de irritantes prerrogativas a la hora de pagar impuestos. En la práctica es sabido que los sectores más pobres de la población sobrellevan una carga tributaria superior, en relación con sus magrísimos recursos, a la que soporta el decil superior de la distribución del ingreso. Si los nuevos gobiernos no atacan de raíz este problema, y hasta ahora no han dado señales de tener esa voluntad, todas sus promesas y su retórica antineoliberal se vendrán al suelo como un castillo de naipes. Sin una reforma tributaria profunda no habrá ni reconstrucción del Estado ni políticas activas para resolver los grandes desafíos de nuestro tiempo. Y sin estas dos cosas las cosas seguirán como hasta ahora.

Para concluir con este punto. Así como no hubo un solo modelo keynesiano en los años de la posguerra, tampoco habrá un único modelo de política posneoliberal en los años venideros. Si antes el keynesianismo presentó rostros tan diversos como los que se encontraban en Suecia, Japón y Estados Unidos, ¿por qué esperar que el posneoliberalismo deba ser una propuesta uniforme para todos los países? Tal uniformidad tampoco existió en la más reciente experiencia neoliberal, donde se puede distinguir una variedad de subtipos y modalidades concretas de funcionamiento. Las alternativas al neoliberalismo serán tan variadas como las fórmulas económico-políticas que le precedieron. Todas, en su momento, fueron keynesianas o neoliberales, porque ésa era la tonalidad principal que las coloreaba más allá de los rasgos que las diferenciaban. Lo mismo ocurrirá con el advenimiento de los posneoliberalismos.

La maldición del posibilismo conservador. Llegados a este punto y admitida la existencia de alternativas al posneoliberalismo, surge una inquietante pregunta: ¿hay espacio para las políticas neoliberales? La respuesta tiene que ser matizada. En algunos casos es positiva sin reservas; en otros, también es positiva pero con algunas reservas. Veamos el caso más optimista: Brasil. Cuando uno pregunta a los amigos en el gobierno por qué Brasil no ensaya una política económica que se aparte, aunque sea mínimamente, del decálogo del Consenso de Washington y que pretenda ser algo distinto a la profundización de las políticas neoliberales precedentes, la respuesta que viene de Brasilia es un calco de la que ofrecen los manuales de las escuelas de negocios de Estados Unidos: "Brasil necesita atraer la confianza de los inversionistas internacionales, precisamos que vengan capitales externos y tenemos que respetar una muy estricta disciplina fiscal, porque de lo contrario el riesgo país se iría a las nubes y nadie invertiría un dólar en Brasil". No hacen falta muchos esfuerzos para demostrar la insanable fragilidad de esta argumentación. Si hay un país que tiene todas las condiciones para ensayar exitosamente una política posneoliberal en el mundo es Brasil. Si Brasil no puede, ¿quién podría? ¿El gobierno del Frente Amplio en Uruguay? ¿Un posible gobierno de Evo Morales en Bolivia? Argentina, tal vez, pero sólo si hubiera condiciones internacionales muy favorables. Brasil, en cambio, lo tiene todo: dispone de un inmenso territorio que cobija toda clase de recursos naturales, agrícolas y ganaderos; de enormes riquezas mineras; de fenomenales fuentes energéticas renovables en algunos de los ríos más caudalosos del planeta; de ocho mil quilómetros de costa con toda la riqueza ictícola a su disposición; de una población cercana a los doscientos millones de habitantes; de una estructura industrial de las más importantes del mundo; de una sociedad flagelada por la pobreza, pero con un elevado grado de integración social y cultural; de una elite intelectual y científica, y de una cultura exuberante y plural. No obstante, aunque Brasil tiene capitales suficientes y una base tributaria potencial de extraordinaria magnitud, todavía permanece inexplorada debido a la fortaleza de los dueños del dinero, que han vetado cualquier iniciativa al respecto. Si con esta superabundancia de condiciones Brasil no puede salir del neoliberalismo, entonces estamos perdidos, y lo mejor será postrarse humildemente ante el veredicto de la historia que consagra el triunfo final y definitivo de los mercados.

Afortunadamente las cosas no son así. El corolario del "posibilismo conservador", hijo dilecto del pensamiento único, es que nada se puede cambiar, ni siquiera en un país de las excepcionales condiciones de Brasil. Ensayar lo que está fuera del horizonte de lo posible y abandonar el consenso económico dominante, aseguran algunos encumbrados funcionarios, expondría a Brasil a terribles penalizaciones que liquidarían al gobierno de Lula. Sin embargo, una atenta mirada a la historia económica reciente de Argentina puede ser aleccionadora. Este país cultivó intensamente el "posibilismo", desde poco tiempo después de iniciado el gobierno de Raúl Alfonsín hasta los momentos de la hecatombe final, durante el gobierno de Fernando de la Rúa. Ese falso realismo, alentado sin pausa por las usinas ideológicas del neoliberalismo en todo el mundo, condujo a Argentina a la peor crisis de su historia, al encadenar la voluntad política y la gestión del Estado a los caprichos y la codicia de los mercados. La tentación posibilista está siempre al acecho de cualquier gobierno animado por intenciones reformistas. Ante la dificultad objetiva y subjetiva de la revolución, rasgo que caracteriza al momento actual no sólo de Brasil sino de toda la región, una mal entendida cordura impulsa a contemporizar con los adversarios y a buscar en los entresijos de la realidad alguna pequeña ruta de escape que evite una capitulación tout court. El único problema con esa estrategia es que la historia nos enseña que después es imposible evitar el tránsito del posibilismo al inmovilismo y, luego, a una catastrófica derrota.
 

* El título pretende, humildemente, "responder" a la célebre afirmación "there is no alternative" de Margaret Thatcher, una máxima que se transformó en el lema del neoliberalismo.

** La nueva izquierda en América Latina. Sus orígenes y trayectoria futura, César Rodríguez, Patrick Barret y Daniel Chaves, editores. Grupo Editorial Norma. Se trata de un análisis colectivo de la nueva situación planteada a partir de la emergencia de nuevos movimientos sociales y de los desafíos a los que se enfrentan, a escala local y/o nacional, los partidos de izquierda en el gobierno. El libro es el resultado de un proyecto de investigación de dos años –que contó con el respaldo del Heavens Center de la Universidad de Wisconsin y el Transnational Institute– e incluye estudios de casos de movimientos sociales y partidos de izquierda en Brasil, Uruguay, Venezuela, Colombia, Ecuador, México y Bolivia así como la participación de Borón y Boaventura de Sousa Santos.
 

Tomado de Brecha, Suplemento "Detrás de los números", 29/4/05

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