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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

Por una Argentina alternativa
Por Guillermo Almeyra

I ¿Pro o contra Kirchner o con línea independiente?

La Argentina de 2005 no es ya la que surgió del hundimiento de diciembre de 2001 y del naufragio político, económico y moral de los primeros meses de 2002, ni tampoco duró el gran impulso de renovación y creatividad social que se expresó sobre todo en las asambleas populares, los piqueteros, las fábricas recuperadas. En el primer semestre de 2003, en la presidencia de Eduardo Duhalde había, por ejemplo, 54 por ciento de pobres, que se redujo ahora a 38.7 por ciento y 27.7 de indigentes, transformado hoy en 14 por ciento.

El gobierno ha atenuado la presión de los desocupados y, al mismo tiempo, reforzado su control clientelar. Los 200 mil subsidios en tiempos de De la Rúa pasaron a un millón 300 mil beneficiarios del Plan Jefes y Jefas de Hogar en octubre de 2003 y a un millón 760 mil en la actualidad. Esos subsidios no alcanzan a 50 dólares por mes y no son un seguro de desempleo ni preparan el reingreso al trabajo, ni son una política asistencial real, pero son controlados en 90 por ciento por los alcaldes, que son peronistas, y sólo en 10 por ciento por alguna de las muchas corrientes de piqueteros que compiten entre sí por el dinero que maicea el gobierno. La desocupación se ha reducido un poco (de 21.5 por ciento en 2002 a 18.4 por ciento) y hay unos 5 millones de personas, entre desocupados y subocupados, de los cuales menos de 200 mil están organizados. Entre éstos, las organizaciones mayores (la Federación de Tierra y Vivienda, de la Confederación de Trabajadores Argentinos-CTA, Barrios de Pie y, en gran parte, la maoísta Corriente Clasista y Combativa) han sido cooptadas mediante planes de vivienda y apoyos para sus afiliados. El gobierno, además, ha respondido con la represión a las corrientes opositoras de izquierda (comunista como el Movimiento Territorial de Liberación, trotskistas de diverso pelaje, guevarista como el movimiento Teresa Rodríguez) o de derecha, como el Movimiento Independiente de Jubilados y Desocupados (MIJD) de Castells, ligado a Menem y al ultraderechista López Murphy, y hay más de 5 mil 500 procesados y decenas de encarcelados por efectuar manifestaciones y piquetes.

Este control de la resistencia popular lo ha extendido al movimiento de las fábricas recuperadas, que está dividido entre un sector "realista" pro gubernamental y otro, más pequeño, independiente. La maniobra se ha visto facilitada por la evolución de la economía que ha permitido recuperar parte de los salarios reales perdidos y dar una sensación de "normalidad" a las clases medias más acomodadas y conservadoras, que se han separado de los piqueteros y repudian los cortes de calles y puentes, y también por la transformación en kirchneristas de algunos políticos e intelectuales, llamados "transversales", y del periódico Página12, así como la integración en el gobierno de la ciudad de Buenos Aires y en el nacional de buena parte de los dirigentes de centroizquierda, pertenecientes incluso a partidos formalmente opositores.

De este modo hay kirchnerismo en la CTA, en el Partido Socialista, en el Partido Comunista, en combate con los antikirchneristas. Para colmo, en 2005 se celebrarán elecciones y en 2007 se elegirá presidente, de forma que pululan los electoralistas y los oportunistas en busca de puestos y los problemas sociales y económicos reales del país pasan para ellos a segundo plano.

Dejo para otro artículo problemas importantes como el "estilo Kirchner", la política económica y las relaciones con el FMI, el Mercosur, los 2 mil millones de dólares inyectados a la economía bajo la más que discutible forma de un aumento general de salarios por decreto, los efectos de las relaciones con China y otros semejantes. Quiero en esta nota sólo destacar algo sobre lo cual se hizo un silencio interesado, tal como sucedió con el Diálogo Nacional organizado en México por algunos sindicatos importantes y grupos de la sociedad civil. En la ciudad de Rosario, con vieja tradición de lucha obrera y alcalde socialista se realizó, en efecto, un encuentro nacional de la oposición política y social de centroizquierda (grupos piqueteros de esa corriente, CTA, Partido Socialista, Partido Comunista, personalidades intelectuales y eclesiásticas, cooperativas, principal aunque no exclusivamente), según el modelo del Frente Amplio uruguayo. El programa fue consensuado durante siete meses y hace hincapié en los problemas políticos y sociales fundamentales y en la lucha por un país antimperialista y alternativo. La discusión, contrariamente a las tradiciones argentinas, fue fraterna y respetuosa de las diferencias. Se evitó hablar de las elecciones de 2005 y aún más de una candidatura común para 2007 y se resolvieron, más bien, luchas y movilizaciones. Sin embargo todas las organizaciones presentes tienen un ala kirchnerista y, en el Partido Obrero y en parte en el Partido Comunista, existe la tendencia a decir que Kirchner es agente del FMI, que es neoliberal y agente del imperialismo y otras sandeces equivalentes a las de quienes ven al señor K como un constructor de la independencia nacional y un antimperialista militante. De modo que el encuentro no dejó aún nada claro ni ligó los problemas políticos con el previsible despliegue de la combatividad de los trabajadores estatales y de las empresas privatizadas que cambia el panorama. Pero sobre esto volveremos...

II ¿La Argentina de Kirchner o un país alternativo?

Como era lógico y previsible, a pesar de los "teóricos" que hablaron de una desaparición del proletariado industrial, la reanimación económica produjo en Argentina una reactivación de la lucha de clases (durante los acontecimientos de 2001 y de 2002 buena parte de la sociedad permaneció inmóvil) y de las luchas sindicales.

De la crisis están surgiendo también nuevas direcciones sindicales, independientes, de izquierda, democráticas y hay desplazamientos en las viejas burocracias sindicales, las cuales han perdido dos tercios de los afiliados a sus organizaciones y se encuentran sometidas a gran presión de la base.

Al mismo tiempo, la recuperación económica y las excelentes ventas de soya y otros productos primarios han dado mayor peso político y mayor capacidad de presión a la oligarquía terrateniente, ligada al capital financiero internacional, mientras la recuperación, seguida de peticiones masivas de aumentos salariales, y el temor al ingreso de mercancías chinas, alejaron del gobierno los restos maltrechos de la industria nacional que, además, en general se oponen al Mercosur porque éste favorece a Brasil.

Hay más de 150 conflictos por salarios y condiciones de trabajo, las huelgas son combativas y con métodos directos (piquetes, marchas, manifestaciones). Estas abarcan ahora los gremios estatales y las empresas privatizadas, pero se extenderán, previsiblemente, a metalúrgicos o al automóvil, ya que esos sectores han recuperado su producción de 2001 pero mantienen salarios que perdieron la mitad de su poder adquisitivo.

La mitad de los asalariados gana menos de 500 pesos por mes (unos 2 mil pesos mexicanos), o sea, sólo un tercio de la canasta básica. Para evitar una explosión, Kirchner acaba de decretar un aumento masivo de 100 pesos para los salarios menores y dio un aumento también a los jubilados, inyectando así a la economía más de 2 mil millones de dólares.

Pero los telefónicos, con su huelga vencedora, arrancaron 20 por ciento de incremento para todos, cuando la patronal española sólo ofrecía 2 por ciento. De modo que el decreto será bienvenido pero no frenará las reivindicaciones, porque lo nuevo es que se puede ganar esta pelea. Kirchner goza aún de una aprobación superior a 70 por ciento, pero no tiene partido (es peronista y el peronismo le trabaja en contra) además, hasta ahora no ha reunido ni una vez su gabinete y trabaja como un patrón de empresa: con dos o tres fieles, y en una relación unilateral con sus ministros, de manera que no recibe consejos ni coteja opiniones.

En parte nace de esto su idea de pagar al Fondo Monetario Internacional (FMI) los 15 mil millones de dólares que el país debe, según él, para reducir presiones y ganar independencia. Aunque es obvio que no se debilita al FMI pagándole y que su presión política continuará, al pagar aparece evidente la contradicción con las anteriores declaraciones del señor K (el FMI es corresponsable de la deuda y de la explotación). En vez de dedicar las divisas a desarrollar el mercado nacional, a ganarse un sólido respaldo social dando trabajo y aumentos de salarios, dando dinero a la enseñanza y a la salud, las reservas irían a fortalecer al FMI, que es obsoleto y está en crisis.

En estas condiciones, y en un año electoral que es la etapa para las elecciones presidenciales de 2007, se reunieron en Rosario, provincia de Santa Fe, algunos de los grupos más importantes de izquierda y de centroizquierda y la Central Argentina de Trabajadores (CTA) para intentar establecer un acuerdo común de acción, sin depender de las elecciones.

Este encuentro es similar al Diálogo Nacional organizado en México por los electricistas y otros sindicatos más de organizaciones campesinas y populares pero, a diferencia de éste, su eje no es el movimiento sindical sino la alianza entre los débiles partidos, sobre todo entre los partidos Comunista (PC) y Socialista (PS) (el primero sólo tiene un diputado y casi no tiene influencia sindical; el segundo, en cambio, es un poco más fuerte).

Aparte del hecho de que en ambos partidos y en la misma CTA hay sectores que son kirchneristas, partidarios de un acuerdo privilegiado con el señor K, o que están directamente en el gobierno, en posiciones subalternas, es evidente que el proceso electoral comenzará a pesar en su actuación diaria.

El PC ya habla de formar una nueva agrupación política (se supone que al estilo del Frente Amplio uruguayo o sea, un pool de partidos y agrupaciones de izquierda) mientras el PS está empeñado en definir su línea y reforzar su organización como fuerza independiente y de izquierda.

El problema central, sin embargo, no son los cálculos electorales o las actividades organizativas, sino la falta de claridad en el centroizquierda sobre qué fue y es el peronismo, en general, y qué es su variante kirchnerista.

Los comunistas tienden a ver en Kirchner un agente más del FMI y a no comprender el lento proceso de construcción de nuevas direcciones sindicales combativas ni las formas ocultas y confusas que adopta la fuerza que se manifestó en el 2001-2002 .

Ambos partidos tampoco ven al país en perspectiva, en la situación económica y política mundial, por lo que no encuentran cómo formular algunas ideas-fuerza movilizadoras que aglutinen sobre una base clasista amplios sectores que hoy son todavía peronistas.

El encuentro que acaba de nacer puede tanto morir como desarrollarse y avanzar. Es una perogrullada, pero habría que apostar a lo último.

Tomado de La Jornada de México, 19 y 26/12/2004.

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