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Partido por la Victoria del Pueblo ANULAR LA LEY DE IMPUNIDAD

 

 

La segunda derrota de la izquierda

Por EMIR SADER

La disyuntiva “Estar en el PT o salir” debe ser analizada desde la perspectiva siguiente: ¿en qué medida contribuye a la unidad o a una división aún mayor de la izquierda brasileña? Salir del PT es media respuesta. Porque instala otra cuestión: ¿hacia dónde ir?

Como evitar ese dilema  para poder retomar la iniciativa. La primera y la mayor derrota de la izquierda es la representada por el gobierno de Lula. Por lo que es y por lo que no es. Es un gobierno que dio continuidad al contenido de las políticas heredadas –con algunas excepciones, como la política externa, la de educación y la de cultura– y no ha representado un punto de partida para la transformación de Brasil en un país justo y solidario. Ocupa el lugar de un gobierno de izquierda, es visto así por el pueblo, sin que represente un gobierno favorable a las clases populares.

Reelegido o no, la cara que tuvo hasta ahora hará que pase a la historia la versión de que el país tolera que un ex-líder obrero, apoyado en un Partido de los Trabajadores, haya conseguido ser electo presidente de la República. Y haya gobernado como los otros. Será una derrota estratégica para la izquierda, que coloca Brasil en la misma ruta defensiva general de los virajes históricos que en las últimas décadas se planteó la izquierda a escala mundial.

En este periodo, el socialismo y el anticapitalismo dejaron de ser una alternativa contemporánea, el liberalismo triunfó económica e ideológicamente, la hegemonía imperial se expandió en el mundo, la democracia se quedó identificada con su versión liberal, el movimiento sindical y la izquierda nunca estuvieron tan enflaquecidos y desfigurados. Surgen nuevas fuerzas, sobre todo movimientos sociales, que demuestran capacidad de resistencia a las políticas neoliberales, pero como no pueden sustituir las fuerzas políticas ni, solos, crear alternativas políticas, no consiguen salir de la posición defensiva estratégica en la que la izquierda y el movimiento popular fueron puestos.

En un periodo caracterizado por la victoria del bloque capitalista, con su ropaje neoliberal e imperial, su capacidad para estabilizarse se demuestra frágil, por la vulnerabilidad económica que los propios modelos neoliberales imponen, con el papel protagónico del capital financiero y su incapacidad para generar las condiciones de un proyecto consensuado, por las dificultades para materializar sus “guerras infinitas” y por la resistencia de las luchas en varias partes del mundo y principalmente en América Latina. Sin embargo, al no surgir alternativas globales, vivimos un periodo de profunda inestabilidad, en el que el modelo hegemónico demuestra señales fuertes de agotamiento, pero sin que se vislumbren alternativas en el horizonte. Es un momento en que lo viejo perece y lo nuevo aún no tiene condiciones de afirmarse. Un periodo que puede prolongarse mucho y cuyo desenlace no necesariamente lleva a la muerte de lo viejo y a la consolidación del nuevo, porque lo viejo puede reciclarse y lo nuevo frustrarse, volver a ser derrotado, aún antes de afirmarse.

En el caso de Brasil, esa primera derrota podrá desdoblarse en otra, que suele acompañarla, según las experiencias históricas similares, la fragmentación de la izquierda y del movimiento popular. La multiplicación de una miríada de pequeños grupos diferenciados por visiones ideológicas y políticas distintas, colocan en el centro del debate las responsabilidades de la derrota y sustituyen los debates sobre las alternativas políticas por los debates de cuño doctrinario. Si la primera derrota ya llevó al aislamiento de la izquierda, a la recuperación de la iniciativa por la derecha, esta segunda puede consolidar el aislamiento social de la izquierda, incapacitándola para retomar un ciclo de movilizaciones populares y volver a construir una alternativa propia para la crisis brasileña. La fragmentación hace mucho más difícil retomar la iniciativa por parte de la izquierda.

“Quedarse o salir del PT” es uno de estos dilemas que, colocado en el centro del debate, en vez de ser respuesta a la crisis, sólo la multiplica. Se puede estar dentro del PT o fuera, manteniendo una posición de izquierda, es decir, contra el modelo neoliberal. Lo fundamental ahora, para evitar una segunda derrota, es unir a la izquierda y no fragmentarla. Toda posición que no lleve a la agregación, a la unión de la izquierda, es negativa.

El “Quedarse en el PT o salir” debe ser analizada desde la perspectiva siguiente: ¿en qué medida contribuye a la unidad o a una división aún mayor de la izquierda? Salir del PT es media respuesta. Porque instala otra cuestión: ¿hacia dónde ir?

¿Existe un espacio mejor para contribuir a la unificación de la izquierda o se coadyuva a su atomización? ¿Representa un paso favorable a las relaciones con los movimientos sociales o una forma de aislamiento y de distanciamiento de ellos?

La unificación de la izquierda requiere la recolocación del centro del debate en torno al modelo neoliberal –raíz y multiplicador de la crisis brasileña, inclusive en su ropaje inmediato, el de la corrupción, como expresión de la mercantilización de la política. Luchar por la iniciativa de la ley presentada por la OAB –vetada en primera instancia por Roberto Freire, de la base tucano-pefelista en el gobierno de FHC –, del derecho a referendos y plebiscitos sobre cuestiones esenciales para el país y convocar inmediatamente a una consulta sobre la política económica actual es el mejor instrumento para “re-centrar” correctamente el debate nacional, para romper el aislamiento social de la izquierda, para unificarla y para atacar el neoliberalismo en su punto más frágil,  la falta de apoyo popular por el desastre social que acentúa.

Ese el gran desafío. No es el de quedarse o no en el PT sino el de trabajar para unificar la izquierda y no para dividirla y dispersarla aún más. Evitar esta segunda derrota está en la mano de la izquierda, para poder comenzar a revertir la primera.

Tomado de Carta Maior, 25/8/2005.

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