Distribución del ingreso y concentración de la riqueza en Uruguay (Dossier)

por en 15/01/17 a 4:00 pm

La semana pasada difundimos un resumen del estudio de Jorge Notaro “Los ingresos del capital, Uruguay 2008 – 2013”. Hoy agregamos tres contibuciones al debate y la información de la concentración de la riqueza. La primera es un resumen de la tesis presentada por Mauricio de Rosa en diciembre de 2016. La segunda es un reportaje que hiciera el semanario BRECHA a de Rosa. La tercera es la exposición en video del informe “El estado del arte de los estudios distributivos en Uruguay” de Mauricio De Rosa, Sabrina Siniscalchi, Andrea Vigorito y Henry Willebald de junio de 2016.

En Uruguay, la mitad de la población no posee riqueza

Por Natalia Uval

La riqueza financiera y la riqueza empresarial son las que explican en mayor medida la desigual distribución de la riqueza en Uruguay. La riqueza inmobiliaria, aunque mejor distribuida, se alcanza en edades tardías, y las mujeres concentran menos riqueza que los hombres en todos los tramos de edad. Estas son algunas de las conclusiones de la tesis de maestría en Economía defendida por Mauricio de Rosa a fines del año pasado en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Universidad de la República, que estudia la distribución de la riqueza en Uruguay a partir del método de la capitalización.

El trabajo hace una estimación del nivel, la composición y la distribución personal de la riqueza neta en Uruguay en 2012 a partir de los ingresos provenientes de la riqueza que poseen los individuos. Como fuentes de información se utilizaron los registros tributarios y fuentes de información secundaria que combinaron registros administrativos de propiedades y encuestas de hogares.

Una de las primeras conclusiones que surgen del estudio es que en Uruguay la riqueza está mucho más concentrada que el ingreso. Mientras que en 2012, la distribución de ingresos arroja un índice de Gini de 0,5 -según un estudio de los economistas Gabriel Burdin, Andrea Vigorito y De Rosa-, la distribución de la riqueza presenta un índice de Gini de 0,8, según el análisis realizado por De Rosa.

La mitad de la población no posee riqueza. El 10% más rico acumula 62% de la riqueza neta total, el 1% concentra 26%, y el 0,1% acumula 14%. Esto significa que aproximadamente 25.000 personas poseen más de un cuarto de la riqueza neta total, y que 2.500 personas poseen casi 14%. De Rosa señala que, en términos de comparación internacional, estos resultados son similares a las estimaciones realizadas para Reino Unido, donde el 1% más rico acumulaba entre un quinto y un cuarto del total, y sustancialmente menores a las relativas a Estados Unidos, donde ese 1% acumulaba el 60% de la riqueza.

En cuanto al nivel de la riqueza, según las estimaciones realizadas por De Rosa, los integrantes del 0,1% más rico acumulan en promedio cinco millones de dólares, los integrantes del 1% más rico poseen cerca de un millón de dólares, y el 10% de la población tiene una riqueza de aproximadamente 250.000 dólares.

La desigualdad en la distribución de la riqueza está explicada en gran medida por la posesión de riqueza empresarial y financiera. La riqueza total está compuesta en 87% por riqueza inmobiliaria (que incluye tanto viviendas como tierras), en 7% por riqueza financiera, en 5,5% por riqueza empresarial y en 0,5% por incrementos patrimoniales. De Rosa señala en su tesis que este resultado es esperable, en parte, por el peso que tiene en general la riqueza inmobiliaria en la riqueza total, pero también por las características de Uruguay como país agroexportador, “donde en el factor productivo la tierra es particularmente relevante”.

Cuando se observa la distribución de cada uno de estos tipos de riqueza por percentiles de riqueza, se observa que la riqueza inmobiliaria está mucho mejor distribuida que la empresarial y la financiera. Para 99% de la población, prácticamente la única forma de riqueza poseída es la inmobiliaria, mientras que el 1% restante, y en particular el 0,1% más rico, acumula las dos formas restantes de riqueza. El 1% más rico acumula sólo 17% de la riqueza inmobiliaria y concentra, en cambio, 99% de la riqueza empresarial y 79% de la riqueza financiera. El autor concluye que la desigualdad de la riqueza empresarial y la financiera explican más de tres cuartas partes de la desigualdad total observada.

Hombres, y veteranos

El análisis de la distribución de la riqueza muestra las mismas desigualdades entre sexos que se registran en estudios realizados sobre distribución de los ingresos. La riqueza neta total de las mujeres es siempre inferior a la de los varones, en todos los grupos de edad. “Resulta interesante apreciar cómo la diferencia entre varones y mujeres se acrecienta conforme crece la edad, hasta aproximadamente los 60 años, donde comienza a reducirse. Esto puede deberse, por ejemplo, a que, en virtud de las diferentes tasas de mortalidad entre los sexos, las mujeres viudas vean incrementado su patrimonio ante la muerte del esposo”, señala De Rosa en el estudio.

La balanza de la riqueza también se inclina en favor de los más viejos frente a los más jóvenes. La desigualdad en la distribución de la riqueza cae a medida que la edad crece, con excepción del intervalo de 60 a 70 años. “Parte de la explicación de esta marcada tendencia se encuentra asociada a que el número de poseedores de riqueza aumenta conforme crece la edad”, sostiene De Rosa.

Los poseedores de riqueza inmobiliaria son en mayor medida quienes se ubican en los tramos etarios de entre 55 y 59, y mayores de 70. Recién en los tramos etarios a partir de los 55 años se registra que casi la mitad de la población de esos segmentos es poseedora de riqueza inmobiliaria. En el caso de los menores de 40 años, menos de 2% de esos segmentos es poseedor de riqueza inmobiliaria.

Los poseedores de riqueza financiera se ubican mayormente en los tramos etarios de 45 a 64 años, al igual que sucede con la riqueza empresarial, aunque esta última también se registra en importante medida en el tramo etario de 40 a 44 años.

Finalmente, el estudio compara la distribución de la riqueza con la distribución de los ingresos, y concluye que, en promedio, los grupos de altos y muy altos ingresos poseen también los niveles de riqueza más elevados. En el 1% de mayor riqueza, 85% se encuentra en el percentil de mayores ingresos, y más de la mitad en el 1% superior. “Es decir, la mitad de los miembros del 1% de mayor riqueza son también miembros del 1% de mayores ingresos”, señala De Rosa.

El autor concluye subrayando que el 0,1% de la población de mayor riqueza en Uruguay tiene control sobre más de la mitad de la riqueza financiera y más de 90% de la riqueza empresarial. “Estas formas de riqueza (especialmente la empresarial) dan cuenta de control sobre procesos económicos. Es decir que un conjunto muy acotado de personas, que en el caso del 0,1% supera apenas los 2.500, posee control sobre la mayoría de la riqueza uruguaya asociada directamente con el poder de decisión sobre la economía”, advierte De Rosa. “Si consideraciones tan antiguas como las de Adam Smith respecto de la asociación entre riqueza y poder siguen siendo ciertas, entonces los resultados aquí presentados sugieren que el poder económico está fuertemente concentrado en Uruguay”, agrega. De Rosa también cita al padre del liberalismo económico al comienzo de su tesis, con una frase de La riqueza de las naciones: “La riqueza, como dice Mr. [Thomas] Hobbes, es cierta especie de poder”.

Tomado de LA DIARIA, 3/12/17, https://ladiaria.com.uy/articulo/2017/1/en-uruguay-la-mitad-de-la-poblacion-no-posee-riqueza/

El poder del dinero

Por Andrés Alsina

Al menos la cuarta parte de la riqueza en poder de hogares de Uruguay pertenece a 25 mil personas, el 1 por ciento de la población. De ellas, 2.500 personas de 20 y más años (el 0,1 por ciento) tienen 13,69 por ciento del total, lo que equivale a por lo menos 12.300 millones de dólares. “Hablar de la riqueza y de su concentración refiere en verdad a la concentración del poder”, dice Mauricio de Rosa, autor de esta investigación.

La mitad de los habitantes de Uruguay no es poseedor de riqueza. Un 40 por ciento (un millón de personas) tiene el 38 por ciento de la riqueza, y un 9 por ciento tiene el 36 por ciento. El total de la riqueza es estimado en forma conservadora en 90.000 millones de dólares.

Esta fuerte concentración de la riqueza es demostrada por la tesis de maestría de Mauricio de Rosa, presentada la semana pasada en las VIII Jornadas de la Red sobre Desigualdad y Pobreza de América Latina y el Caribe (Capítulo de Uruguay) realizado en la Facultad de Economía (Udelar). Su título es “La distribución de la riqueza en Uruguay. Una aproximación por el método de capitalización” y constituye una novedad en un tema que el mundo académico llevaba décadas sin encarar en forma sistemática. Mejores fuentes de información y mejores métodos de trabajo abrieron esta puerta para una investigación que insumió casi dos años.

La tesis fue tutorada por la economista Andrea Vigorito, del equipo del Instituto de Economía, y forma parte de las líneas de investigación de éste. El aporte fue definido como el puntapié inicial de un trabajo de mayor aliento sobre la riqueza y su distribución.

El trabajo señala que los antecedentes en la materia son escasos, y destaca el de 1987 de Stolovich, Rodríguez y Bértola, en el que se estudian los grupos de poder económico asociados a la posesión de capital. Ellos sostuvieron, examinando la situación en 1980, que la fuerza hegemónica de la economía uruguaya, asociada a lo que denominan “gran capital”, se encontraba concentrada en algunas decenas de grupos familiares y un acotado número de unidades productivas privadas. Ellas representaban el 59,1 por ciento del valor agregado industrial, el 40 por ciento del valor apropiado por el comercio mayorista, el 12,5 por ciento de las tierras productivas y el 79,1 por ciento del valor de las exportaciones.

En entrevista con Brecha, De Rosa señaló que se sabía sobre la evolución de la desigualdad de ingresos (en particular de 1986 en adelante) mas no de la riqueza: “El índice Gini de de­sigualdad en los ingresos se mantiene más o menos estable luego de la dictadura y en los noventa trepa en el período de crecimiento económico, sigue creciendo cuando la economía se estanca y continúa creciendo cuando la economía entra en crisis. O sea, crece sistemáticamente hasta bien entrada la década del 2000. Con el gobierno del FA, a partir de 2005 y hasta 2007, la distribución de ingresos mantiene la desigualdad que traía, con una moderada tendencia al alza, hasta que entran en juego una serie de reformas: fundamentalmente la transformación del régimen de asignaciones familiares, que actúa sobre la parte baja de la distribución, mientras el Irpf actúa sobre la alta. Esto sumado a los consejos de salarios y el incremento del empleo, que elevan fuertemente la masa salarial de los trabajadores, provoca una brusca caída de la desigualdad, en el entorno de unos 6 puntos del Gini desde 2008 a 2012 [el año estudiado por su tesis]. Es una de las caídas más importantes de América Latina, sobre todo porque ocurre en un período muy corto de tiempo y partiendo de niveles ya bajos. Recordemos que Uruguay se ha caracterizado por tener una de las desigualdades de ingresos más bajas del continente. Después de 2012 este proceso se detiene y queda estable desde entonces”. Pero en materia de riqueza, la de esta tesis “es la primera foto, es de 2012, y da cuenta de una de­sigualdad muy marcada”.

Su trabajo hace una estimación de la distribución de la riqueza en Uruguay en ese año “por medio del método de capitalización, con énfasis en la participación de los fractiles superiores en la riqueza total”. A los efectos, trabaja sobre tres grandes categorías: las riquezas de tipo empresarial, financiera e inmobiliaria. El autor propone que el resultado “realice un aporte al estudio de la distribución de la riqueza en países en desarrollo, para los que existen muy pocos antecedentes, al tiempo que contribuya al debate público sobre la distribución de la riqueza y el ingreso”.

El método de capitalización consiste, según su definición, “en calcular el stock de riqueza subyacente [en tanto no se observa] de cada individuo a partir de los ingresos provenientes de ésta percibidos, empleando para realizar este cálculo un factor de capitalización para cada categoría de riqueza”. A los efectos, define riqueza como “el conjunto de activos menos las deudas, incluyendo el conjunto de bienes inmobiliarios, las propiedades de las empresas y las colocaciones financieras”.

Un aspecto importante de esta fuerte concentración de la riqueza es que con el mero transcurrir del tiempo los ricos serán más ricos. “Si el retorno del capital es mayor que la tasa de crecimiento de la economía, entonces el capital va a tender a tener una mayor participación en el producto conforme pasa el tiempo. En la medida que este capital se encuentra muy concentrado, esta tendencia empeora a su vez la distribución de la riqueza y por su intermedio la del ingreso”, dice su tesis.

Y también “si individuos más ricos tienen acceso a más y mejor información o tienen mayores posibilidades de eludir impuestos, entonces los retornos del capital estarían positivamente correlacionados con el nivel de riqueza. Si esto efectivamente ocurre, a los individuos más ricos se les estaría aplicando un factor de capitalización más alto del que les correspondería, sucediendo lo opuesto para los menos ricos”.

La clave radica en que “la riqueza es importante más allá de su rol en tanto proveedora de ingresos”. La riqueza es poder, según sostenía ya Adam Smith (a quien cita) en el siglo XVIII, apoyándose en Thomas Hobbes, del siglo XVI.

A continuación, un resumen del diálogo de De Rosa con Brecha:

—La concentración de la riqueza implica poder, dice la tesis. ¿Qué poder?

El poder económico en primer lugar, en tanto poder sobre los procesos productivos. Una de las decisiones más importantes de una sociedad es cómo invertir sus recursos, y el poder sobre los procesos productivos significa poder incidir en las características de esa inversión. Qué producir, cómo producir y para quién producir.

—¿Implica influenciar el poder político?

Implica tener más margen de maniobra individual que el resto de la población para ensayar actividades económicas como le plazca. Y en particular implica poder de influencia política. O sea, es una riqueza para influenciar el proceso productivo y para influenciar las políticas.

—La relación del poder de la riqueza con su capacidad de influir en el proceso político no debe de estar estudiada.

—No en Uruguay y en particular no desde la economía como disciplina, sobre todo porque los mecanismos son difusos. La forma del poder de actuar es a través del lobby, por medio del financiamiento de partidos políticos y otros mecanismos. Quiero establecer con claridad que esto de la riqueza como poder es parte de la fundamentación del estudio de la riqueza, pues yo sé que hablar de la riqueza y de la concentración de la riqueza refiere en verdad a la concentración del poder. Pero yo no estudio ni los mecanismos mediante los cuales esto opera ni ningún proceso de esa naturaleza.

—¿Influencia ese poder económico al Estado?

—Y sí. El Estado, que se relaciona dinámicamente con el sector privado y en particular con las unidades productivas, se está relacionando con un conjunto acotado de personas, que en el caso del 0,1 por ciento no supera las 2.500. Es un conjunto muy acotado que tiene una gran capacidad de coordinación interna, que evidentemente pueden articular entre ellos y con el Estado. Y pueden coordinar o presionar a la administración pública, por supuesto.

La riqueza inmobiliaria es dominante por cuantiosa, el 85 por ciento del total de la riqueza, y es también la mejor distribuida, y la empresarial y la financiera se reparten en partes iguales el restante 15 por ciento. Lo interesante es que para el 99,9 por ciento de la población, si tienen riqueza, es básicamente inmobiliaria. Es recién en el 0,1 por ciento restante donde irrumpen violentamente, por altamente concentradas, las riquezas empresarial y financiera, con la riqueza inmobiliaria bajando en este último fractil al 35 por ciento. Esta fuerte concentración de las riquezas empresarial y financiera hacen que, a pesar de representar relativamente poco de la riqueza total, expliquen más de tres cuartas partes de la desigualdad observada. Recordemos que las 2.500 personas que integran el 0,1 por ciento más rico controlan más de la mitad de la riqueza financiera y casi el 80 por ciento de la empresarial.

—Esto actúa sobre los procesos productivos.

—Sobre todo lo empresarial, porque lo financiero refleja básicamente depósitos bancarios, por ejemplo, que tienen poca influencia. En cambio, el empresario define inversión, distribución de utilidades, contratación de personal, cambios tecnológicos, etcétera.

Esta concentración es un desafío para un gobierno electo con el compromiso programático de luchar contra la desigualdad y también para el resto del sistema político.

—Ciertamente. El desafío es enorme. Incluso el de bajar la desigualdad en los ingresos es grande. La historia y la experiencia han demostrado, en Uruguay y en el mundo, que con políticas públicas se puede bajar la de­sigualdad. La riqueza es un poco más… terca, pero igual se puede disminuir. Insisto: de esto se ha hablado muy poco. Ahora sabemos un poco más, pero todavía nos falta saber mucho. Estos números dan cuenta de que algo muy grande está pasando, que la riqueza está realmente muy concentrada y que desde el punto de vista de las políticas públicas sería interesante atacarlo de frente.

—¿De frente?

—Esto que aporta el trabajo es una novedad para el campo político. Y en particular para sus integrantes que busquen disminuir las desigualdades, pues el problema tal vez sea más grande del que se suponía.

Ojalá tome nota la clase política de este tipo de números, que son importantes. Y lo son para la deliberación pública y para discusión de la ciudadanía; para la acción política, en el sentido más amplio y lindo del término. Desde la ciencia lo que podemos hacer, en el mejor de los casos, es aportar insumos para una discusión que en realidad no es técnica sino política pues refiere a la ciudadanía y a la forma en que la sociedad decida encarar este tema. El asunto al final del día es que la riqueza está muy concentrada, en particular aquellas formas de riqueza más directamente asociadas con el poder económico y político, y esto genera problemas muy grandes y es sin duda un desafío para la política pública.

Tomado de Brecha, 14/10/2016, http://brecha.com.uy/poder-del-dinero/

El estado del arte de los estudios distributivos en Uruguay

En este documento se presenta una síntesis de resultados y una agenda de investigación para la profundización de los estudios de la distribución del ingreso y la riqueza en Uruguay. La primera parte presenta un marco teórico general, la segunda parte se centra en los años 1986-2014, período para el que se dispone de microdatos de Encuestas de Hogares del INE y otras fuentes de información a nivel individual. Se recogen resultados de investigación de estudios previos, con especial énfasis en los hallazgos surgidos a partir del uso de registros administrativos en el marco de los convenios previos CEF-FCEA, y la tercera parte muestra un relevamiento de los trabajos existentes de largo plazo sobre la temática, así como la exploración de posibles fuentes para la estimación de series desde fines del SXIX.

Evolución reciente de la distribución del… por Victorica

Estimación de la desigualdad histórica – CEF por Victorica

Se puede acceder al documento completo del CEF en http://cef.org.uy/images/Informes/El%20estado%20del%20arte%20en%20estudios%20distributivos%20en%20Uruguay.pdf

Tomado de http://cef.org.uy/investigaciones/el-estado-del-arte-de-los-estudios-distributivos-en-uruguay-1/

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