Entrevista a Atilio Borón: “En Latinoamérica hay que fortalecer nuestra autonomía nacional mediante acuerdos de integración”

por en 06/12/08 a 12:05 am

Por Marcelo Colussi

Tomado de ARGENPRESS.info, 5/12/08

Atilio Borón, argentino, sociólogo, profesor universitario y autor de numerosas publicaciones, es hoy uno de los más destacados analistas políticos surgidos en Latinoamérica. Con una rigurosa formación académica (en Argentina, Estados Unidos y Chile), su posición política ha sido inclaudicable a través de largos años, siendo en la actualidad uno de los baluartes teóricos más importantes del pensamiento crítico, del pensamiento de izquierda –marxista, para decirlo sin cortapisas, aunque eso pudiera habérsenos hecho creer recientemente que estaba “pasado de moda”–.

Con gran hondura analítica, y al mismo tiempo con un atractivo discurso que invita a la charla amena –¿quién dijo que lo profundo debe ser pesado y aburrido?– habló con Argenpress, por medio de su corresponsal Marcelo Colussi, de temas relacionados con América Latina, de nuestro futuro como Patria Grande, de las estrategias continentales de Washington. Como dijo el Premio Nobel de la Paz, el argentino Adolfo Pérez Esquivel, “el único país del continente que tiene una estrategia hemisférica coherente es Estados Unidos. Aunque ella no es, precisamente, la que necesitamos cada uno de los países del área”. ¿Qué hacer en estos tiempos de tratados de libre comercio y bases militares estadounidenses diseminadas por toda nuestra región? ¿Para dónde va Latinoamérica?

Argenpress: Después del triunfo electoral de Barack Obama en Estados Unidos, ¿qué podemos esperar en América Latina?

Atilio Borón: América Latina tiene que darse cuenta que no debe esperar nada de afuera, y mucho menos de un gobernante de Estados Unidos, porque éste va a estar siempre fuertemente condicionado por los factores permanentes de poder que son independientes de los resultados electorales y que son los que determinan los grandes lineamientos de la política exterior de Washington hacia todo el mundo y en particular hacia América Latina. Esto no quiere decir que Obama no pueda tener algunos gestos, algunas pequeñas iniciativas que sean importantes, que hay que valorar en su justa medida; pero pensar de que desde Estados Unidos con Obama puede venir un cambio muy significativo para la región, me parece que es un error mayúsculo. Creo que si hay algo, puede ser que se relajen alguna de las absurdas restricciones que puso el presidente Bush para el intercambio entre familiares cubanos residentes en Estados Unidos y en la isla. Tal vez relaje algo el tema de las remesas y algunas pocas cosas más, pero no veo mayores cambios en materia de inmigración. Obama estuvo a favor de la construcción del muro entre México y Estados Unidos; no creo que revea eso, y si no estuvo a favor explícitamente, por lo menos no se opuso en forma abierta. Puede ser que insista en no firmar el TLC con Colombia, lo cual ha sido una promesa de campaña, por las flagrantes violaciones a los derechos humanos que tienen lugar en ese país, igual que por la agresión al medio ambiente que se consuma a diario ahí. Pero me parece que mucho más que ese tipo de cosas, no podemos esperar; incluso: no debemos esperar. El imperio tiene una lógica que prescinde mucho de las características de los emperadores de turno, de manera tal que me parece que lo mejor que podemos hacer en la región es plantearnos seriamente nuestra propia estrategia de desarrollo, nuestra propia estrategia de profundización democrática, de avance en las grandes reformas sociales que necesita este continente, para no hablar de la revolución que necesita. Aunque para hablar de revolución social obviamente no están dadas hoy las condiciones ni objetivas ni subjetivas; tal vez sí las objetivas, pero en el terreno de las ideas, en el terreno de la conciencia, de la ideología, todavía estamos sometidos a la dictadura del neoliberalismo. Por lo tanto me parece que para los procesos revolucionarios esas condiciones no se dan en este momento en América Latina, aún en países como Venezuela, Bolivia y Ecuador en donde sí se están registrando procesos sumamente alentadores de reformas sociales, económicas y políticas. Procesos todos estos, en algunos casos con avances muy profundos, que hay que valorar en su justa dimensión. Yo diría que esas son las tareas ahora, y que el cambio de gobierno en Estados Unidos no debe alterar este plan. Por tanto deberíamos fortalecer la propuesta de ir avanzando en una creciente integración de los pueblos y de los gobiernos de América Latina, superando obstáculos y mezquindades que hacen por ejemplo imposible todavía la plena integración de Venezuela al MERCOSUR, la cual sigue siendo vetada por el Senado brasileño ante no sé si llamarle negligencia o pasividad del gobierno de Lula. Hay que remover eso, hay que avanzar en los grandes proyectos estratégicos que el presidente Hugo Chávez ha planteado para América Latina: el Banco del Sur, el gasoducto del Sur, armar la PETROSUR, todo este gran conjunto de ideas que implican el proyecto de autonomía regional latinoamericana que está contenido en los planteamientos que hace el presidente bolivariano. Y me parece que independientemente de eso, se debe negociar con Estados Unidos o con la Unión Europea, que quiere establecer con América Latina un acuerdo comercial que es tan lesivo para los intereses nacionales y para el bienestar popular como el ALCA que impulsara Washington. En ese sentido no hay que pensar que la Unión Europea tiene un esquema muy diferente al que tenían los norteamericanos con el ALCA; básicamente es el mismo esquema calcado sobre la base de una ideología que es el neoliberalismo y que realmente, de aplicarse en nuestra región, tendría consecuencias profundamente negativas, como ya se están viendo en el caso de México, que es el país de donde es originaria la planta del maíz y de la que se autoabasteció por siglos, resultando ahora que el 75% del maíz que se consume allí proviene de Estados Unidos generando un fenómeno de éxodo rural masivo, empobrecimiento de las masas campesinas, con migración del campo a la ciudad y por supuesto migración hacia los Estados Unidos enfrentando los enormes riesgos que hoy tiene el cruzar esa frontera de forma ilegal. O sea que si el TLC fracasó en el Norte, entre México, Estados Unidos y Canadá, si hasta el propio Obama dice que es necesario revisar ese TLC porque ha favorecido a unos pocos y perjudicado a muchos en los tres países, es fácil darse cuenta que el avance de esta política en nuestra América Latina condenaría a nuestros pueblos a nuevos y renovados sufrimientos, de manera que hay que pensar en esquemas completamente diferentes y con total independencia de los cambios que se produzcan en quienes ocupan la Casa Blanca.

Argenpress: En ese sentido tenemos una propuesta de integración latinoamericana como el ALBA, la Alternativa Bolivariana para las Américas que, a diferencia de los tratados de libre comercio vigentes, pone el acento en mecanismos de cooperación solidarios para achicar asimetrías y para beneficiar al conjunto, no a un solo polo hegemónico. ¿Cómo ves este proyecto hoy? ¿Qué futuro tiene esto?

Atilio Borón: El ALBA comenzó en medio de un profundo escepticismo. Mucha gente no creía que iba a funcionar. Comenzó como un acuerdo entre Cuba y Venezuela, pero el ALBA ha demostrado tener una gran capacidad de crecimiento y expansión, y de manera más o menos implícita ha ido ampliándose considerablemente, por ejemplo: los acuerdos entre Venezuela y Argentina o Venezuela y Brasil, en donde hay casi un centenar de protocolos firmados que estimulan el intercambio económico, formas de comercio más equilibradas. Todo esto representa una serie de nuevos arreglos económicos que favorecen a los pueblos en lugar de favorecer a las transnacionales. Todavía hay mucho por hacer porque existen muchos obstáculos. La presión del imperio es muy fuerte; países como Brasil y en menor medida Argentina, han demostrado una falta de convicciones muy fuertes a la hora de darle un impulso al ALBA. En el caso de Argentina realmente es increíble por ejemplo cómo el gobierno nacional todavía no se haya decidido a darle vía libre a la difusión de Telesur siendo Argentina uno de los socios firmantes que crearon a esa entidad televisiva de carácter regional. Esto habla de las ambigüedades del gobierno nacional de Argentina que por un lado dice apoyar el ALBA y apoyar los esquemas alternativos de comunicación como Telesur, pero después no le otorga un espacio en el éter, en el ámbito radiofónico televisivo; entonces ahí se nota la grave dificultad con que encuentra el ALBA. Es solo un ejemplo, pero demostrativo de cómo está la situación. En el caso de Brasil, lo mismo: ahí está la forma cómo se rechazó, con argumentos tecnocráticos insostenibles, la creación del Banco del Sur. Chávez proponía un Banco del Sur donde sus creadores tuvieran una paridad de votos en el directorio, y Lula y en alguna medida también Argentina plantearon el modelo tradicional de que los votos van a estar ponderados por los aportes económicos de esos países, con lo cual se reproduce el esquema del Fondo Monetario Internacional, del Banco Mundial o del BID. Y justamente lo que Chávez con toda razón dice es que para eso nos quedamos con esas instituciones ya existentes; si se trata de crear algo nuevo tiene que tener una lógica de funcionamiento diferente. Nuestros gobiernos de bocas para fuera apoyan la creación del Banco del Sur pero luego, en la práctica, ponen toda clase de obstáculos técnicos, porque en el fondo sienten la presión del imperialismo y no tienen fuerza o no tienen vocación para hacer caso omiso de tales presiones.

Argenpress: Quien siente también la presión del imperialismo, pero de todos modos ha dado y sigue dando pasos adelante, es Venezuela. ¿Qué perspectivas ves en el proceso bolivariano que se está desarrollando ahí, y qué importancia puede tener eso para el resto de Latinoamérica?

Atilio Borón: Creo que es un proceso muy de fondo, muy importante. Hay cosas que han pasado en Venezuela que significan una vuelta de página en la historia de ese país y que, por lo tanto, implican que Venezuela ya no va a ser nunca más lo que era antes. Me parece que más allá de las limitaciones, de los errores a veces cometidos por el gobierno de Chávez, hay en marcha un proceso con una dinámica extraordinaria que abre enormes posibilidades. Sin duda que hay errores, pero errores cometen todos los gobiernos; tampoco hay que pensar que los otros gobiernos no comenten errores y el de Chávez sí. Todos los gobiernos los comenten. Hay dificultades sobre todo cuando se trata de un gobierno como el de Chávez, que está haciendo políticas absolutamente inéditas en la historia de América Latina, con la excepción de Cuba naturalmente. Es cierto que la burocracia no funciona tan bien como debería funcionar, es lenta, está atosigada de grandes proyectos, hay un problema de formación de los cuadros dirigentes de la revolución, pero entiendo que más allá de todos estos problemas, la revolución en las conciencias que produjo la erupción del chavismo es un el fenómeno irreversible, y en ese sentido creo que Chávez va a seguir ganando elecciones más allá de que se susciten polémicas acerca de algunas cuestiones que son motivo de controversia. Pero este es un proceso democrático, por tanto la pluralidad de opinión es bienvenida. Lo que significa todo este proceso bolivariano puesto en marcha es que abre enormes esperanzas para el campo popular, y la fuerza que esto tiene, no sólo para Venezuela sino para los países vecinos de la región, es muy importante.

Argenpress: Volviendo a Estados Unidos, con Obama o sin Obama, el Plan Colombia se mantiene, es un ariete de vital importancia para la estrategia continental de Washington en Latinoamérica. ¿Qué relaciones de fuerza crea eso acá entre nuestros países? Lo pregunto porque con este dispositivo tenemos al imperio cada vez metido en nuestra casa, con una serie de bases por toda la región y el Plan Colombia como cabeza de toda esa parafernalia militar. ¿Qué hacemos ante esto?

Atilio Borón: Ante esto me parece importante fortalecer los mecanismos de integración política dentro de los países de América Latina empezando por los de América del Sur, que son países que están más autonomizados de la influencia aplastante de Estados Unidos en la región centroamericana y del Caribe. Esta autonomía es menor en el caso de Chile, un país que está muy sujeto a los avatares de la política norteamericana. De hecho Chile se ha convertido en un portavoz de los intereses norteamericanos en la región; eso quedó patentemente demostrado en la reunión del ALCA en noviembre del 2005 en Mar del Plata, donde la defensa del modelo norteamericano quedó a cargo del presidente chileno Ricardo Lagos y del mexicano Vicente Fox, para deshonor de esos países. Mientras tanto, lo que hay que hacer es fortalecer nuestra autonomía nacional mediante acuerdos de integración; ir trabajando con Brasil, con Argentina, para que junto con Cuba, Venezuela, Bolivia y Ecuador se vigorice un escenario latinoamericano que tenga mejor capacidad de negociación con el imperio, y que poco a poco vaya haciendo posible la remoción de esas bases, aumentando los potenciales de autonomismo nacional de nuestros diferentes países en el sentido de evitar esa sujeción tan absoluta a los designios del imperio que ejerce Estados Unidos sobre naciones muy pequeñas o muy débiles como el caso de Paraguay o el caso de Bolivia, naciones muy presionables, porque son naciones que desde el punto de vista económico tienen una cierta fragilidad, pero que han demostrado, sobre todo el caso de Bolivia con un liderazgo impresionante como el de Evo Morales, una enorme capacidad de resistencia, una gran dignidad nacional. Por tanto, hay que fortalecer eso, así que creo que estos son los imperativos del ahora y no caer en la confusión de pensar que con Obama puede venir un capitalismo de rostro moreno, de rostro mulato, un capitalismo humano, porque eso sería un error fatal. Capitalismo es capitalismo, con este rostro o con otro rostro; la lógica es la misma, los principios productores son los mismos, los objetivos fundamentales del proyecto económico son los mismos, sólo que los intérpretes de la obra cambian, pero el guión es exactamente el mismo de forma tal que no hay espacios para hacerse ninguna ilusión. Nosotros tenemos que seguir haciendo la tarea de construcción de la unidad latinoamericana, hacer real el sueño bolivariano, y en función de eso nuestros países van a poder ir mejorando y progresando y teniendo un futuro mejor, asegurando un futuro mejor para sus hijos. De lo contrario seguiremos sumergidos en esta barbarie y en este subdesarrollo que por el momento sigue siendo absolutamente degradante, ofensivo ante cualquier espíritu medianamente crítico de nuestro tiempo. Para decirlo sólo con un dato revelador, y el ejemplo podría repetirse en cualquier país latinoamericano con características no muy distintas: en Guatemala, en Centroamérica, durante la temporada de la zafra cañera, que dura cuatro meses, desde noviembre hasta marzo, trabajan niños indígenas entre 10 y 11 años con jornadas laborales de 12 horas; se trabaja de sol a sol, de 6 de la mañana a 6 de la tarde, y esos chicos prácticamente no reciben paga alguna, trabajan descalzos y trabajan 7 días a la semana, no hay vacaciones, no hay sábado ni domingo, el único día en que interrumpen sus labores es el 25 de diciembre. Eso es un escándalo que mueve a una convocatoria a la revolución, y sin embargo está dado en un país en donde este horror no aparece prácticamente en ninguna de las grandes noticias que circulan por nuestra América. Es importante tener en cuenta que todavía en América Latina seguimos sumidos en esta situación. Esa es nuestra realidad cotidiana, natural, aceptada.

Argenpress: Hablamos de las bases militares estadounidenses en la región. Esto lo podríamos ligar con el supuesto combate al narcotráfico que promueve la Casa Blanca, este nuevo demonio que se ha venido construyendo estos últimos años y que justifica, entre otras cosas, el Plan Colombia y el futuro Plan Mérida. ¿Constituye eso, en definitiva, una nueva estrategia de control de nuestros países?

Atilio Borón: El narcotráfico, los paramilitares, las bases militares: acá hay datos muy interesantes. ¿Cómo podría explicarse que en un país como Colombia, que está prácticamente ocupado por fuerzas norteamericanas, algunas abiertamente visibles y otras en forma encubierta, el cultivo de la coca se haya expandido el 26% el año pasado si, supuestamente, esas fuerzas están para combatir el auge de la narcoactividad? Lo mismo ocurrió en Afganistán con el cultivo de la amapola de la cual se extrae luego la heroína: país ocupado por las fuerzas militares norteamericanas, y el cultivo de la amapola sigue creciendo. Es decir: acá hay un entramado de intereses muy fuertes que está detrás del negocio del narcotráfico. No nos podemos olvidar que el narcotráfico es funcional al lavado de dinero, y el lavado de dinero tiene como sus grandes beneficiarios la banca de los países del capitalismo desarrollado. Son ellos los que sostienen esas cuevas de ladrones que son los paraísos fiscales. De manera tal que me parece que el combate al narcotráfico, si se mantiene la presencia militar norteamericana, si se mantiene el peso de los paramilitares como elemento de disuasión y de control político y militar sobre las poblaciones de América Latina, va a seguir creciendo porque es un gran negocio. Además, lo que habría que preguntarse es por qué Estados Unidos no hace algo para mejorar la salud pública de su población y evitar tener una masa tan enorme de consumidores de estupefacientes en su propia sociedad; si no hubiera tal demanda, no habría la oferta. Creo que el problema acá es desarrollar una política integral de salud pública en Estados Unidos para acabar con el flagelo de la drogadicción. De esa manera, desaparecida la demanda, va a ser muy difícil que pueda seguir habiendo toda esta proliferación de cultivos y de tráfico de drogas que existe en todo el mundo. Pero el gran mercado que atrae a todo ese negocio infame es la existencia de una masa de consumidores enorme en los Estados Unidos de América. Estados Unidos tendría que preguntarse por qué esa sociedad genera esa patología con rasgos tan profundos y tan gravísimos como los que tiene ese país. Me parece que habla por sí mismo de la alienación que genera el capitalismo norteamericano en vastos segmentos de su población.

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