jueves 18 de julio, 2019

El Parque Público Punta Yeguas: gestión democrática de los espacios públicos

Publicado el 12/02/19 a las 6:30 am

Entrevista a Graciela Garín y Adriana Simicic1

Por Álvaro Berro y la colaboración de Brenda Bogliaccini

Bajo el título “Experiencias y luchas en Montevideo por el derecho a la ciudad y la vivienda” se realizó el 27 de octubre un encuentro en el local de FUCVAM. Convocado por la Asociación Civil Montes de la Francesa, Centro de Promoción y Defensa de los Derechos Humanos, Comisión Derecho de la Ciudad/Plaza 1, Cotidiano Mujer, La Poderosa (Uruguay) y PIM-CSEAM (Udelar), participaron integrantes de diversas organizaciones sociales y territoriales como la Unión de Comisiones Vecinales del Cerro, Por el costado de la vía, colectivo Habitadas, Radio Pedal, Por un mañana mejor (realojo de Isla de Gaspar), Coovipedro, La Pitanga, Colectivo Por la Rambla Sur, Red Intersocial Oeste, entre otras experiencias y colectivos. Fue una primera jornada de intercambio para conocerse entre las múltiples experiencias y para construir un camino hacia una red de estos colectivos que permita sumar aprendizajes y apoyar luchas por el derecho a la ciudad y la vivienda. 

Una de las experiencias que se hizo presente fue la de vecinos y vecinas participantes del Espacio de Gestión del Parque Público Punta Yeguas. 

El Parque Público Punta Yeguas:
una experiencia de gestión democrática
de los espacios públicos

En la zona oeste, limitando con el barrio de Santa Catalina, se encuentran 113 hectáreas pertenecientes a uno de los predios naturales y costeros más ricos de Montevideo: el Parque Público Punta Yeguas. Desde hace poco más de doce años, constituye un ejemplo de gestión de los espacios públicos, que realiza la Intendencia de Montevideo con la participación democrática de vecinos y vecinas, y otros actores sociales. Con la finalidad de conocer esta experiencia que contraviene en lo político a la tradicional verticalidad del Estado, o la supuesta “eficiencia” de la licitación a privados, conversamos con dos de las vecinas que se han puesto al hombro el desafío: Graciela Garín y Adriana Simicic. Con ellas analizamos el proceso desarrollado y su experiencia de participación en la toma de decisiones y de trabajo en asociación con el Estado.

La lucha por un Parque público,
ambiental y educativo

La experiencia comienza en el año 2002, cuando un grupo de vecinos constató el impacto generado en la zona por las extracciones de hasta 5000 metros cúbicos de arena, que en forma mensual realizaba una empresa con el permiso de la Dirección Nacional de Minería y Geología del Ministerio de Industria. En opinión de Graciela Garín, eso los llevó a organizarse para analizar las medidas a tomar frente a las autoridades, también empezaron a pensar en los predios, que en ese momento eran privados, como un futuro parque público y se conformaron en el Grupo Proparque: Nosotros sabíamos que cuando Tabaré Vázquez era intendente, había parado una explotación de arena de una empresa argentina. Cuando lo de Punta Yeguas era Arana el intendente, y sostenía que si era una autorización de un gobierno nacional no podía frenarlo. Entonces discutíamos con Arana, porque quien rige el uso de los territorios es la intendencia departamental. Se buscó en los archivos la resolución y lo único que se cambió fue el nombre de Tabaré por Arana, las fechas y a los cuatro o cinco días Arana prohibió la extracción de arena. 

Este proceso implicó también observar los distintas usos que los vecinos le daban al predio, para luego plasmarlas en un proyecto de política ambiental: La gente que no tiene vacaciones, lo utiliza todo el verano y hasta en otoño ves cantidad de gente con niños. En verano no bajaba de 70 carpas por más que no hay camping habilitado. Entonces vimos que podíamos aspirar a plantear su expropiación. Lo cual implicó estudiar la situación de propiedad de los terrenos, para aprovechar las alternativas de acción que esta permitía: En un principio, eso estaba en manos de un consorcio malayo, que tenía un equipo técnico para trabajar en el diseño de una ciudad satélite. Eso quedó en la nada cuando Mariano Arana les pidió como contrapartida el saneamiento para toda la zona oeste, que era muy costoso. Ahí desaparecieron. El equipo técnico que diseñó el proyecto hizo una demanda por las deudas que quedaron. Había además deudas de años de contribución rural. En base a eso y a los múltiples planteos de los vecinos y vecinas al intendente Ricardo Ehrlich de que esos predios se convirtieran en un parque público, este decidió en 2006 participar en el remate de los predios, y los compró la intendencia a un precio bastante menor de lo que realmente valían.

Un nuevo modo de gestión

 A partir de ahí se comienzan a buscar formas de diseñar y gestionar el futuro parque: Nosotros teníamos conocimiento de la gestión participativa que llevan en el Parque Avellaneda de Buenos Aires, a través de un compañero que se radicó en la zona. Él nos empezó a hablar de los pro y los contra y se generaron muchas discusiones. Nosotros éramos muy desconfiados de cómo sería esa forma de planificación participativa y de gestión asociada. Eran épocas de la descen-tralización de Montevideo, de los Concejos Vecinales, de las ONG, de vecinos haciéndose cargo de bienes públicos. Inspirados en la experiencia del Parque Avellaneda quisieron experimentar un modo nuevo de gestión participativa, no ser ONG, ni representantes de vecinos, sino crear un modo en que la sociedad pueda participar directamente en la toma de decisiones junto al Estado. Según Adriana Simicic, eso generó la realización de instancias de encuentro para pensar el perfil del nuevo parque desde una multiplicidad de puntos de vista: En noviembre del 2006 se hace el primer seminario con la participación de vecinos y vecinas del Oeste, académicos de la Facultad de Ciencias, algunos ediles, directores y técnicos de la IM, al que se suman 2 o 3 compañeros del Parque Avellaneda para pensar el plan y las líneas estratégicas que queríamos llevar adelante. Allí diseñamos el primer Plan de Manejo del parque, definimos también la forma de gestión, a través de un espacio en donde participaran los vecinos interesados, la intendencia como dueña y propietaria del predio, y distintas facultades, para pensar de forma integral el parque. Se forma así el Espacio de Gestión del Parque Público Punta Yeguas.

Graciela Garín sostiene que también se plantea la idea del parque como una escuela a cielo abierto: Escuela a cielo abierto son todas las actividades que se pueden hacer en torno a la diversidad de aves y plantas aromáticas, es un escenario ideal para múltiples aprendizajes ambientales, sociales y culturales. Nosotros hicimos seminarios donde tuvimos video conferencias con gente del parque Avellaneda, de un Parque de Ecuador que son espacios que funcionan como escuelas a cielo abierto.

Una vez definido el proyecto, había que lograr que la Intendencia formalizara esta propuesta de trabajo asociado que rompía con todas las prácticas que hasta el momento desarrolladas. Tal como lo cuenta Adriana Simicic: Se trabajó en talleres en locales cedidos por la Junta departamental y se logra que el intendente Ehrlich, firmara un decreto que legaliza el Espacio de gestión como lugar de toma de decisiones. 

El resultado fue la resolución n.º 732/10, del 25 de febrero de 2010, donde define al Parque Público Punta Yeguas como una unidad ambiental y de gestión; establece los objetivos de preservación ambiental y desarrollo del patrimonio histórico, cultural y educativo; y ratifica las prácticas participativas y la metodología de planificación participativa y afirma la creación de un espacio de gestión del parque: Lo que dice el decreto, es que el plenario del Espacio de gestión es un espacio abierto que está conformado por los vecinos, las instituciones interesadas y un coordinador que tiene que estar nombrado por la intendencia. Las potestades de este plenario, trascienden los aspectos ambientales para involucrar temas de carácter social, la implementación del Plan de Manejo y la gestión del parque: Lo que trabajamos es el parque y el entorno, porque no es solo el parque en sí mismo, sino las cosas que pasan alrededor, a nivel social o afectaciones por emprendimientos que se puedan hacer en la zona. Trabajamos las líneas del parque y su complejidad territorial. 

Este avance significativo resultó ser apenas el primer paso de un camino más difícil, el de la lucha por el establecimiento de su presupuesto: que ha permitido la contratación de una cooperativa de mantenimiento básico del parque, así como la presencia de servicio de guardavidas en las dos playas dado que es un parque costero, y presupuesto para la elaboración de folletería y realización de actividades culturales, sin embargo, no logramos aún tener nuestros propios guardaparques, no hay ningún servicio de camping, ni baños, ni agua. Ha faltado voluntad de invertir lo necesario en ese espacio. Ahora hay una propuesta de cien mil y pico de dólares, que pese a que es un avance, es insuficiente. En este sentido, pese a los esfuerzos, los resultados en infraestructura continúan siendo escasos: Hasta el momento sigue siendo el predio natural y lo que se ha logrado es que trabaje una cooperativa que hace las tareas de limpieza, corte y vigilancia. Se hizo este año un llamado, para trabajar toda la parte educativa. No obstante esto, para Graciela Garín ya se están comenzando a ver los primeros frutos: Hay maestras que llevan a los chiquilines al parque para dar sus clases de ciencia. Hay una huerta funcionando, que ya cumplió un año y ahora van a empezar a hacer un invernadero. Es un grupo de jóvenes que viven en Santa Catalina y que engancharon a los muchachos de la cooperativa que hacen el mantenimiento del parque. La huerta está hermosa. 

La integración de diversas actividades, constituyen en opinión de Adriana Simicic, uno de los principales desafíos para el desarrollo del parque público: Hemos aprendido de los compañeros de Argentina sobre los riesgos de fractura del espacio público entre distintos proyectos. Está bueno tener cierta autonomía pero tener presente que todos sean parte de un único proyecto. Esta integralidad es clave para la finalidad política del proyecto, de construir ciudadanía a partir del empoderamiento colectivo de los espacios públicos: Nosotros tenemos un plan educativo y recreativo para ver como construimos ciudadanía con la idea de un parque educativo, porque esto de que las personas se puedan involucrar en la discusión de las políticas públicas, es construcción de ciudadanía en la práctica. 

Asimismo en este momento está en marcha el proyecto de construcción participativa del Salón multiuso en bioconstrucción, objetivo planteado desde hace muchos años. Es un proyecto entre la Facultad de Arquitectura (FADU) y el Espacio de Gestión que se desarrollará durante 2018 y 2019 con múltiples instancias de intercambio en el diseño y en la construcción entre estudiantes, docentes de la FADU y vecinos y vecinas del Oeste y todos los actores del Parque, entre ellos los técnicos y arquitectos de Espacios Públicos de la IM y de otras facultades.

Asociados con el Estado

A lo largo de estos doce años, uno de los más importantes desafíos que los vecinos enfrentaron, fue aprender a relacionarse tanto con los representantes de la intendencia, como con los de la Universidad de la República. A intercambiar y tomar decisiones juntos. En este sentido, Adriana Simicic sostiene que: Hay tensiones en esta forma de gestión, porque las asimetrías de poder entre la intendencia, los vecinos o la universidad, son grandes. Las mismas derivan del poder institucional, de los recursos, de la situación legal y laboral en que se encuentran los distintos actores, a la hora de gestionar el espacio: Tenés el requerimiento de que la participación tiene que ser constante, cuando en realidad los vecinos que participamos somos honorarios y trabajamos en otras cosas. Muchas veces se demanda que los vecinos estén más presentes, sin entender que uno participa de la toma de decisiones, pero después no va a poder estar en todas las actividades, pero sí aportamos en múltiples acciones. Para Graciela Garín se torna necesario, el establecimiento de vínculos perdurables con la burocracia estatal: Tenemos que tener aliados en todos esos organismos y saber cómo movernos, porque a un vecino que no está informado le es difícil. Lo cual es refrendado por Adriana Simicic: Hay momentos en que la cosa fluye mejor, porque podés llevar un buen proceso con el funcionario que estás trabajando y hay veces que se tranca, que no se entiende. Esto, no implica la pérdida de autonomía por parte de los vecinos: Nosotros nos podemos reunir aparte para pensar una propuesta y mantener nuestra autonomía. Muy por el contrario se puede fortalecer la participación vecinal desde distintos roles. Pese a lo cual las dificultades se compensan, por los niveles de aceptación que las decisiones acordadas generan: También hay ventajas, porque vos estás discutiendo y pensando juntos las decisiones de gestión, ese es el sentido de este modo de gestión participativa. Son mejores decisiones, porque son pensadas entre muchas miradas diferentes y porque son tomadas en consenso. Esto en opinión de Graciela Garín, permite por un lado concretar mejor las aspiraciones de los vecinos.

La experiencia desarrollada llevó a los vecinos al convencimiento de que es a través de la democracia participativa que es posible mejorar la gestión del Estado, lo que supone la participación de la sociedad junto al Estado en las decisiones. Y a su vez que los bienes públicos, como el Parque Público Punta Yeguas deben seguir siendo públicos y para ello también la gestión debe ser pública, una gestión asociada entre el Estado y la sociedad. Algo que según Adriana Simicic, es desestimado por los discursos que predominan en las organizaciones estatales: Hay cierta postura de que para solucionar problemas de gestión, es más sencillo transferir recursos a una asociación civil para ahorrar movimientos burocráticos. Nosotros no estamos de acuerdo en hacerlo de esa forma, porque consideramos que es el Estado el que tiene que hacerse cargo de los dineros públicos. Lo público tiene que ser público, tiene que seguir manteniéndose así. Ello implica ejercicios de democracia directa, de gestión asociada o cogestión de lo público como única garantía para dar cabida en igualdad de condiciones a las distintas lógicas e intereses que se ponen en juego: Hay diferentes lógicas, diferentes formas de pensar. Veníamos dis-cutiendo cómo se generan ciertos espacios de poder en las comisiones barriales, porque ser presidente de una comisión es un espacio de poder, es mínimo pero es un espacio de poder. Al mismo tiempo es una forma de desprenderse de responsabilidades del vecino que va y vota a la comisión y después le exige respuestas a la comisión. En vistas de lo cual, el consenso surge como antídoto de las asimetrías: Es una toma de decisiones compartida, porque también cuenta el Coordinador de la intendencia. Nos tenemos que poner todos de acuerdo en el plenario y si hay disenso, se sigue trabajando hasta llegar a un acuerdo. Nosotros participamos en espacios que sean de toma de decisiones, sino nos vamos. Nos cansamos de que nos consulten y no saber esa consulta a dónde va. Necesitamos un Estado que regule, que se haga cargo de un espacio público con nosotros adentro, pero que se haga cargo. 

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1| Mientras la revista Compañero estaba en la fase final del proceso de edición surge la información —a través de los medios de comunicación— de la compra por una empresa china de predios de Punta Yeguas que están en uno de los costados del Parque. La voluntad de esta empresa china es la de instalar un puerto pesquero. La información generó alarma en los vecinos del Oeste por los posibles impactos ambientales, y ya comenzaron a organizar reuniones y preparar iniciativas para tratar de incidir en las decisiones que los afectarán directamente.

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