sábado 23 de febrero, 2019

Al fascismo no se lo combate con timidez

Publicado el 14/01/19 a las 6:30 am

por Virginia Cardozo

Estamos en la previa a un año electoral que será seguramente difícil y donde los desafíos a enfrentar serán nuevos y no va a ser posible poner piloto automático y seguir adelante. El ya usado “Vamos bien” o “Llevo  certezas” con una lógica de autosatisfacción y mesura no nos arma para responder a la coyuntura actual. 

Al fascismo que crece en la región y que está latente en nuestro país no se lo combate con timidez. A las lógicas rupturistas por derecha sólamente se las enfrenta con la audacia de las imágenes de rebeldía por izquierda. 

Uruguay se encuentra como la aldea de Ásterix, rodeado del imperio y resistiendo a la conquista, de los últimos bastiones de la izquierda en los gobiernos latinoamericanos que se mantienen en pie. Y los fenómenos que dieron pie al crecimiento del fascismo en Brasil están incipientes en nuestro país. El discurso de odio que empieza a crecer en lo público, el descreimiento en los partidos y en la política, el discurso centrado en las denuncias de corrupción, el enfrentamiento de pobres contra pobres, la desesperanza y el sinsentido de la vida. 

¿Cómo nos armamos para enfrentar cada uno de estos componentes del caldo de cultivo del fascismo?

• El discurso de odio y fomentar el miedo son las herramientas de la derecha por excelencia. Un fenómeno como el de Bolsonaro en Brasil solo puede ser posible si el desprecio, el odio, la discriminación se convierte en una pulsión que busca ser representada por alguien, si refleja una parte de nosotros que deja de estar censurada y pasa a tener valor político. Por el contrario, nos decía el “Che” Guevara que el verdadero revolucionario está movido por grandes sentimientos de amor. ¿Cómo fortalecer la victoria del Eros sobre el Thanatos? ¿Cómo hacer que se fortalezcan los sentimientos de solidaridad y respeto por el otro de forma tal que demanden ser representados políticamente? El miedo al otro, a la otra y los prejuicios son el material con el que se construye la muralla que nos separa de los demás. Por eso para combatirlos tenemos que apostar al encuentro, al reconocimiento, a la integración social para que surja la empatía, el ponerse en el lugar de la otra persona. Cambiar la mirada simplista por la comprensión de la complejidad de las realidades. La participación social es una herramienta fundamental para avanzar en este sentido que no hemos logrado fortalecer en gobiernos que han asumido cada vez más una lógica tecnocrática que aleja a la gente de la búsqueda de soluciones a las problemáticas sociales para que se encarguen “los que saben”, los técnicos.

• El descreimiento en los partidos políticos: ante el alejamiento de estos de la gente a través de lógicas de elitización de la toma de decisiones, sumado a las conductas alejadas de la ética y la burocratización de la política han sido factores que incidieron en el aumento el descontento con los partidos. La democratización de las estructuras, la política como herramienta de lucha para transformar la realidad renunciando a privilegios y la transparencia deben ser elementos centrales para combatir este aspecto. Hacer política con compañeros y compañeras de izquierda y no con izquierdistas. Frei Betto define al izquierdista como aquel que adora la academia de izquierda pero odia el tufo a pueblo, que no tiene principios sino intereses y por esto la comodidad de los cargos y un buen salario rápidamente hacen que se olvide de la necesidad de luchar contra las injusticias. Esto no quiere decir que no se crea en la política, muchas personas desenamoradas de los partidos militan por causas puntuales, por “pequeñas utopías” o “revoluciones moleculares” como le llama Leonardo Boff, causas ecologistas, de género, de diversidad sexual, sobre discapacidad, afrodescendencia, etc. Incorporar, validar estas luchas, complejizarlas, tender puentes entre ellas, politizarlas en un proyecto más amplio es una tarea necesaria.

• Denuncias de corrupción: Nos decía el Che que en la actitud de nuestros combatientes se vislumbra al hombre y la mujer del futuro. A la derecha nunca le importó mucho combatir la corrupción ya que es un elemento estructural de su política pero para la izquierda es una herida grave. Al perder la moral un militante desmoraliza la causa que representa se vuelve funcional a la derecha. Buscar intereses personales por sobre las causas colectivas desacredita el proyecto político. La austeridad no debe verse en el presupuesto para las políticas públicas sino en el estilo de vida de nuestros cargos políticos. Pero la ética no se juega solamente en los temas de corrupción, se  juega también en la concentración del poder, en los cargos políticos como fin en sí mismo y en el alejamiento de las causas populares.

• El enfrentamiento de pobres contra pobres: el aumento del individualismo y la falta de pertenencia social hace que se valore el derecho del otro o la otra como competencia con los derechos propios. Reforzar esos discursos poniendo a personas trans contra diabéticos; a personas empobrecidas de nuestro país contra la población migrante solo fragmenta aún más a la sociedad. El discurso de la inseguridad, como la derecha lo asume, colabora a colocar al extraño como enemigo peligroso, desarma la trama social y nos vuelve más vulnerables a las lógicas capitalistas. Esto claramente aleja a la población de un proyecto político que busca avanzar en derechos y especialmente para quienes son más vulnerados y vulneradas. Desde la izquierda debemos combatir la lógica de pobre contra pobre con la lucha de clases. Para eso debemos sacar de nuestro proyecto político la mirada de conciliación de clase y canalizar la inconformidad en energía transformadora.

• Pérdida de sentido: cuando el sentido de la vida es individual y no colectivo, cuando el consumismo llena los vacíos que deja la pertenencia social, las lógicas de derecha o ultraderecha permean con mayor  facilidad y cuando la situación económica del país ya no es de bonanza económica, si se tocan los bienes afectan el sentido mismo de la existencia. Construir desde nuestro discurso sentido a través de la pertenencia a sueños y construcciones colectivas es un proceso necesario. Debemos construir un relato, un sentido de pertenencia a un nosotros y nosotras que es desde las luchas de los sectores populares, una solidaridad entre las causas y una pertenencia a un mismo sueño en el que todos y todas tenemos lugar.

Necesitamos imágenes y espacios políticos que nos permitan desarrollar las herramientas para combatir el fascismo y defender nuestro proyecto político. Quiero con esto aclarar que esto no es defender lugares o cargos políticos, sino defender un proyecto en favor de los más vulnerados y de los sectores populares y esto, lamentablemente, no siempre son sinónimos. Pelear en el imaginario social estos aspectos implica asumir los riesgos de soñar. 

Soñar que el cuarto gobierno frenteamplista puede profundizar los cambios, que una próxima gestión de nuestro gobierno avanzará en tocar privilegios para seguir avanzando en derechos, soñar con construcciones colectivas desde abajo, desde los sectores populares, soñar en representar verdaderamente las luchas populares y vincularlas en un proyecto de país, soñar contra la lógica del posibilismo, con utopías.

Es desde la necesidad de construir un espacio político, de encuentro de luchas desde donde militar la esperanza, que es el único antídoto contra el fascismo, que el Espacio 567 apoya la precandidatura del compañero Oscar Andrade. 

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