domingo 16 de diciembre, 2018

Una tormenta se abate sobre la Argentina y se llama Macri

Publicado el 04/10/18 a las 10:59 pm

Por Daniel Ximénez1

Hasta ahora la preocupación principal de muchos uruguayos radicados en Argentina, en relación con las consecuencias del nuevo gobierno sobre la realidad en su país, pasaba por advertir a sus compatriotas disconformes con el gobierno del Frente Amplio sobre las consecuencias nefastas que tendría para ellos un recambio a la Argentina. Parecía fácil al principio, la contundencia de los hechos, las políticas aplicadas, las mentiras y sus consecuencias, hablaban por sí solas. 

La dificultad, se vería luego, estaba en otro lado. El problema era cómo hacer conocer esos hechos y mostrar su verdadero sentido cuando todos los grandes medios de comunicación masiva construían un escudo protector absoluto, un encubrimiento cómplice nunca antes visto. Las medidas económicas más brutales no llegaban, sin embargo, al conocimiento de la población oriental y su interpretación, cuando se conocían, era la oficial: “es necesario sincerar la economía”, “el gobierno anterior nos hizo vivir en una ilusión”, “ahora hay que pagar el derroche de esa fiesta irresponsable”, “tenemos que remontar la herencia recibida”. Así pasaron devaluación del 100%, los primeros despidos en el Estado, el tarifazo del 1000% en la luz, el gas y el transporte, inflación oficial de más del 100% (y mucho más en los alimentos) en 3 años, sin acompañamiento acorde de los salarios (que sufrieron una baja promedio del 40%), ajuste y más despidos masivos en el Estado, rebaja de impuestos a los ricos y grandes empresarios, apertura indiscriminada de las importaciones. 

Y ese mazazo al ingreso popular y a la pequeña y mediana empresa local trajo aparejado una lógica baja del consumo y la producción, con cierre de miles de comercios. O sea, la peor pesadilla, estanflación, una mezcla explosiva, estancamiento más inflación. Consecuencia inevitable: crece la pobreza y aumenta la desocupación, un mal del que nos habíamos casi olvidado. 

Mediante la figura del blanqueo lavaron más de 100.000 millones de dólares que los de su clase, familiares incluidos, no habían declarado y fugado, y todo sin costo judicial ni impositivo alguno. 

Y además, ataque a la ciencia, la educación y la cultura. Leyes quitando derechos, rebajando las jubilaciones, anulando conquistas. Hubo también una generalización de la represión, con su consecuencia de presos políticos y muertos, el neoliberalismo no cierra sin represión. Un aumento de la corrupción, favores y nepotismo que empiezan a conocerse. ¡Y la mentira!, la mentira instalada antes, durante y después de las elecciones, ocultando y dando vuelta la realidad, así en la cara, con una impunidad indignante. 

Pero lo más grave de todo quizás sea el descomunal nuevo endeudamiento de un Estado que estaba básicamente desendeudado. Argentina es hoy el primer país en el mundo en crecimiento de su deuda interna y externa. Es lo más grave porque compromete a los futuros gobiernos y generaciones (una de las deudas fue pactada a ¡100 años!) con compromisos financieros que no solo serán muy difíciles de honrar, sino que además vienen atados a compromisos adicionales de garantía, tratados de comercio, sometimiento a tribunales extranjeros, con lo cual los márgenes de autonomía para aplicar políticas alternativas es casi nulo.

Lo más absurdo es que todo este plan se justifica en la ideología monetarista que ya demostró su fracaso en este mismo país al menos en dos oportunidades, una con el ministro Martínez de Hoz (de Videla) y otra con el ministro Cavallo (de Menem-De la Rúa, y actual asesor de Macri), ambos discípulos aplicados de Milton Friedman y sus Chicago Boys. El razonamiento, muy básico y simplón, es que el problema principal a resolver es el déficit fiscal (al que se responsabiliza sin dudar de la inflación), el Estado gasta más de lo que recibe, dicen, y ahí estaría la causa de todos los males. Ignoran la evidencia histórica en contrario y también el hecho de que países muy pujantes económicamente, como Estados Unidos, por ejemplo, tienen un déficit descomunal. Pero además no dicen, aunque lo saben, que el déficit lo agravaron ellos al eliminar retenciones a las exportaciones de productos agropecuarios y mineros, bajar impuestos a los ricos, permitir a los exportadores retener las divisas y estimular la fuga de capitales especulativos. 

Cuando asumió Macri no había crisis, ellos la crearon, y con ese pretexto ahora recurren al FMI, justifican el ajuste y atornillan a futuro las políticas impopulares y antinacionales que vinieron a aplicar desde un principio. 

Lo peor está por venir 

Decían, que con el cambio de signo ideológico, vendría una “lluvia de inversiones” que nunca llegó salvo para especular con los bonos de la deuda a tasas de interés desorbitantes (que llegaron al 60%). Ante los reproches de algunos funcionarios a los grandes empresarios ante la falta de inversión le responden con apoyo político nada más, como si le dijeran “para esto te queríamos en el gobierno, para hacer todos estos negocios, llevarnos todo lo que se pueda poniendo lo menos posible”. No contaban con la condición del gran capital financiero transnacional que no tiene patria ni proyecto y que, como al escorpión de la fábula, solo lo impulsa una voracidad inmediata, la búsqueda de ganancia rápida sin medir costos ni consecuencias. Un capital a quien solo un Estado fuerte e inclusivo le puede poner límites y encauzar productivamente.

La deuda, más los intereses, más el recorte de los ingresos, crearon una bomba de tiempo. Al recurrir al FMI cambiaron esa bomba de trotyl por una atómica. Las consecuencias son imprevisibles. Hasta la obra pública, que era el único resorte que dejaba saldos positivos, se va a frenar y reducir. 

Se ha cortado la cadena de pagos, las empresas están dejando de producir, se está acabando el colchón de ahorros que las clases medias juntaron durante el gobierno “populista”, se reducen las reservas y los dólares no aparecen, y el ilegal e ilegítimo acuerdo con el FMI (no fue aprobado por el Parlamento y es rechazado por el 80% de la población), se parece más a un pacto con el diablo que a una solución. Se acaba la confianza, fallaron todos los pronósticos y promesas, se agotaron las mentiras y las metáforas vacías (estamos en una “tormenta”), el presidente ya no se anima a salir a la calle, y en su última y esperada conferencia de prensa (con cantidad límite de preguntas y sin la posibilidad de repreguntar) no explicó nada ni tranquilizó a nadie. Anuncian que los próximos 6 meses van a ser muy duros… entonces, esto que pasó, ¿qué fue?

La preocupación ahora de los uruguayos mirando a su paisito es más inmediata. Recordando el 2001 y observando las similitudes nos empezamos a preocupar para que se tomen los recaudos necesarios, porque sabemos, como ocurrió en 2002, que lo que pasa en Argentina repercute tarde o temprano en Uruguay. 

Almagro en Buenos Aires

Sorpresivamente el Secretario General de la OEA, nuestro compatriota Luis Almagro, concurrió y habló, en un hecho inédito, en el acto que como todos los años se realiza el 18 de julio, recordando el atentado más cruento ocurrido en Argentina, contra la sede de la AMIA, en 1994, y que dejó un tremendo saldo de 84 muertos. 

Como siempre en este acto los familiares de las víctimas y los representantes de la comunidad judía reclaman por saber la verdad y exigen justicia para sus responsables. En todos estos años poco se avanzó en ambos sentidos y lo que sí hubo fueron sucesivos escándalos al descubrirse actos de obstrucción de la investigación y encubrimiento por parte de jueces y funcionarios de los distintos gobiernos y hasta de importantes referentes de la comunidad. 

Desde hace unos años, una parte de la comunidad y los familiares, sin que se conozca ningún elemento concreto que fundamente la hipótesis, suscribieron la acusación de Estados Unidos contra Irán como responsable del crimen. 

Se acusa también de complicidad al gobierno de Cristina Kirchner por haber intentado llegar a un acuerdo con Irán por el cual funcionarios judiciales argentinos irían a tomar declaración en ese país a varios iraníes sospechados de participar en el atentado, y que por tener pedido de captura internacional no viajan al exterior. El acuerdo, que fue estudiado y aprobado por el Parlamento, finalmente no se concretó. No obstante el Procurador General de la Nación, Alberto Nisman, tomó la iniciativa y presentó una denuncia contra la entonces presidenta, pocas horas antes de aparecer en su casa muerto con un disparo en la sien, en circunstancias aún no aclaradas del todo. La denuncia fue desestimada por el juez por carecer por completo de argumentos y pruebas, aunque luego una Cámara ordenó continuar con la Investigación relacionando la muerte de Nisman con todos esos hechos.

Así está esa causa en estos momentos, una causa con obvias implicancias políticas, ya que de prosperar podría terminar sacando de la cancha a la ex presidenta, quien tiene el mayor porcentaje de intención de voto de todos los posibles candidatos para las próximas elecciones.

¿Para qué trajeron esta vez a Almagro?

A lo largo de su largo discurso Almagro repitió varias veces las mismas ideas, que el peor enemigo es el “terrorismo”, que no es admisible la impunidad y que se debe lograr la verdad y la justicia. Pero en dos momentos se salió de ese libreto para decir: “Otro punto cruel de este camino de impunidad fue la cruel muerte del fiscal Alberto Nisman. Nisman investigó el atentado terrorista con un criterio de humanidad, a favor de las víctimas, y su muerte es uno de los hechos que generan particular desconfianza en este proceso. No podemos admitir ninguna impunidad al respecto tampoco. […] Sin embargo, por acciones y omisiones, la verdad y la justicia no han llegado. Estamos asfixiados en un océano de injusticia y de impunidad. Es clara la responsabilidad que tiene Irán respecto a esa injusticia e impunidad, es clara su falta de colaboración con la justicia, es claro que esto no puede ser admisible”.

Está claro entonces, a pesar de su cuidado lenguaje diplomático, a qué vino Almagro. Nada menos que a respaldar las hipótesis de la responsabilidad de Irán en el atentado y la del asesinato de Nisman a causa de su denuncia.

Además aprovechó el viaje para continuar en su campaña en pro del aislamiento y la condena internacional de la Revolución Bolivariana, visitando y entregando al presidente Mauricio Macri un informe sobre las violaciones a los Derechos Humanos en Venezuela. La prensa no informó si entregó informes también sobre represión y violaciones en otros países como Colombia, México, Honduras, etcétera, ni si se interesó por las muertes y desapariciones aún no aclaradas de Santiago Maldonado, Rafael Nahuel, Julio López o Daniel Solano, entre otros, en la propia Argentina.

Esa misma noche, la presidenta de una de las comisiones de familiares de víctimas de la AMIA recordaba por TV que Nisman había tenido la causa paralizada por 10 años y que por eso mismo ellos habían pedido su remoción.

 

1 |  Licenciado en Sociología. Cofundador y Codirector del Taller de Estudios Laborales de Argentina.  

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