domingo 21 de octubre, 2018

General Víctor Licandro Un legado que interpela

Publicado el 01/06/18 a las 5:54 pm

Edición Álvaro Berro

El pasado 14 de marzo la Cámara de Representantes rindió tributo a la figura del compañero Víctor Licandro por los cien años de su nacimiento. El diputado Luis Puig recordó y reivindicó aspectos del pensamiento de este pilar de la izquierda uruguaya. Compartimos algunos fragmentos de su intervención, como un modo de recuperar una trayectoria de vida de la que hay mucho por seguir aprendiendo hoy y también de rendirle homenaje desde Compañero.

Los desafíos del homenaje 

El centenario del nacimiento del General Licandro nos convoca no solo a resaltar sus virtudes como persona, sino a descifrar su pensamiento político, como un militar que permanentemente luchó por la democracia. Queremos recordar su compromiso antiimperialista, su convicción de que era imprescindible la subordinación incondicional de las Fuerzas Armadas al sistema político, la depuración de los elementos antidemocráticos del terrorismo de Estado y su visión sobre el papel de estas en las llamadas Misiones de Paz, son tres desafíos que asumimos en este merecido homenaje.

Una visión más amplia del mundo

Comenzamos por referirnos a lo sostenido por Hugo Cores en el prólogo del libro de Aguirre Bayley1: “El general Víctor Licandro ha tenido y tiene esa especie singular de coraje que es actuar de acuerdo con su conciencia, aunque ello lo exponga, como ocurrió, a la pérdida y al sufrimiento: actuar con lealtad a sí mismo, a sus ideas y sus conocimientos, a su palabra empeñada, a sus camaradas de armas y a sus entrañables compañeros de lucha política”. Su figura está unida a la preocupación por verdad, justicia y nunca más dictadura.

En este sentido queremos rescatar su larga trayectoria de lucha democrática que inicia en 1934, cuando Víctor Licandro con quince años participó como estudiante del liceo de Tacuarembó en una movilización contra la dictadura de Terra. Es detenido junto a condiscípulos y ciudadanos, siendo el último en ser liberado, porque por ser menor tenía que ir a buscarlo un familiar. Un año después ingresa al Liceo Militar y posteriormente a la Escuela Militar. En esa época también se preocupa por su formación humanista y en política internacional. Al respecto se reunía en casa de su hermano con jóvenes preocupados por la situación de la República Española; allí conoce sus canciones y aprende a tener una visión más amplia del mundo, que va a desarrollar a lo largo de toda su trayectoria.

El monstruo en sus entrañas 

Se graduó en 1939 como alférez. En 1964, gana una beca para participar en el Colegio Interamericano de Defensa en Estados Unidos. Parafraseando a Martí, Licandro pudo decir: “Conocí al monstruo en sus entrañas”. Relató cómo en el Comando de la Fuerza Aérea de Estados Unidos el mundo se hallaba repartido en siete teatros de operaciones, cada uno de ellos a cargo de un general cuatro estrellas que ante el llamado de la superioridad, debía contestar en cuestión de segundos. Seguramente la llamada tendría que ver con el transporte de divisiones enteras, para incidir en la realidad de algún país del mundo.

Licandro cuenta –en el libro anteriormente mencionado–  cómo los ejércitos latinoamericanos se supeditaron a la estrategia de Estados Unidos; cómo desde los albores de la Segunda Guerra Mundial se generaba la dependencia, tanto desde el punto de vista del equipamiento militar, como de los reglamentos que iban adoptando. La mayoría de los ejércitos latinoamericanos se adscribieron a la estrategia norteamericana en la Guerra Fría, pasando a ser piezas del ajedrez de una OTAN (Organización del Tratado del Atlántico Norte) que Estados Unidos cubría con su paraguas atómico. A su vez cada uno de los ejércitos latinoamericanos tenía funciones de control interno que debían llevar adelante en sus países. 

Una admirable alarma

Mientras tanto, en los años 60, avanza el autoritarismo en nuestro país. Licandro pide pase a retiro en 1968 porque discrepa profundamente –y así lo hace saber– con la escalada represiva contra trabajadores y estudiantes. Participa en la fundación del Frente Amplio, siendo una de las personalidades que junto al general Seregni, el coronel Zufriategui y el coronel Montañez constituyen, junto a una multitud de hombres y mujeres, esa formidable alarma, a partir del 5 de febrero de 1971.

En plena dictadura cívico-militar, el 9 de julio de 1973, es detenido junto al general Seregni en la casa del coronel Zufriategui, que horas después también sería arrestado. Trasladados a la Región Militar N.º 1, escuchan cuando sus captores reciben la orden de encapucharlos, a lo cual se niegan enfáticamente. Esto obliga a sus captores a trasladarlos sin ser encapuchados. Una actitud más que testimonia la dignidad de estos militares y del conjunto de aquellos que enfrentaron la dictadura en las peores situaciones. Permanece nueve años, nueve meses y nueve días en un duro encarcelamiento. Cuando es liberado se suma, en 1983, a la lucha por la democracia y la reivindicación de los derechos humanos.

Las continuidades de la doctrina

A lo largo de su vida, Licandro fue un estudioso profundo del tema de la Defensa Nacional. Tenía la convicción de que había una continuidad de la doctrina de la Seguridad Nacional en la formación militar posterior a la dictadura, más allá de algunos cambios formales. Esto se debía al papel jugado por los centros sociales de las Fuerzas Armadas. Él decía claramente que ya en el período democrático, el Centro Militar y el Círculo Militar, recolectaban fondos, pagaban abogados y hacían declaraciones políticas para acentuar la impunidad. Algo que vemos concretarse día a día. No hace mucho que el Centro Militar hizo una exposición pública cuestionando una ley aprobada por este Parlamento: la creación de una fiscalía especial en el tema de Derechos Humanos.

Con respecto a las llamadas Misiones de Paz, los estudios de Licandro demuestran que no están destinadas para generar estabilidad en los países donde se instalan, sino para las transnacionales que allí operan. En una entrevista concedida al semanario Voces2 expresaba: “[…] cuando Uruguay envió tropas a Mozambique ¿qué era lo que ocurría? La empresa que sacaba sus productos de las minas de África por el Océano Índico lo hacía a través de esa república de África oriental. El conflicto de Mozambique les cortaba las líneas de comunicación y las Fuerzas Armadas uruguayas con las Naciones Unidas fueron a dar orden y seguridad, no al gobierno, sino a las grandes empresas que ni siquiera estaban establecidas en Mozambique. Las Misiones de Paz, por lo tanto, se crean para resolver situaciones que el colonialismo había dejado pendientes y que el nuevo mapa político del mundo y la presencia de los Estados Unidos tampoco resolvía”.

En relación a la intervención en Haití, cuando algunos sostenían que al participar las Fuerzas Armadas uruguayas se beneficiarían con un importante  entrenamiento, Licandro les contestaba que allí las tropas uruguayas hacían tarea policial, de control interno y que eso nuestro país ya lo había sufrido teniéndolas como fuerza de ocupación.

Licandro nos habló también de la absoluta inconveniencia de la llamada “acción social de las Fuerzas Armadas”, cuando pretenden aparecer ante la población realizando actividades como resultado de la demanda de diferentes sectores para que asuman tareas que le corresponden a los civiles, como forma de penetración ideológica.

La unidad de las izquierdas

Como integrante del Frente Amplio, Licandro tuvo un destacado papel. Era integrante de su Mesa Política y presidente del Tribunal de Conducta Política, lo cual no le impidió ser crítico con las posiciones de nuestra fuerza política y nuestro Gobierno. Algo que siempre hizo con altura, respeto y fraternidad, pero sin dejar de lado la firmeza. Como él decía: “Lo que pasa es que yo sé que pongo cara de sueco cuando discuto; soy duro para discutir, pero me une a los compañeros frenteamplistas un profundo respeto”. Ese respeto tiene un componente fundamental que es la unidad para luchar. Unidad que no es un artículo suntuario sino de primera necesidad, para lograr las transformaciones de las que está imbuida la izquierda uruguaya.

Más allá de las discrepancias y las discusiones, tenía claro que la más amplia acumulación de la izquierda uruguaya está sintetizada en el Frente Amplio. Al igual que Hugo Cores, veía que el Frente Amplio va más allá de sus dirigentes y organismos; que el Frente Amplio se construyó desde abajo, entre quienes compartieron las movilizaciones, enfrentaron a la represión y alumbraron la esperanza de un país más justo, más fraterno y solidario. 

Un legado que interpela

Este año destinado por el Frente Amplio al homenaje a Víctor Licandro, nos interpela sobre la necesidad de retomar sus estudios y definiciones en el plano de la Defensa Nacional. Algo que no hemos tenido debidamente en cuenta. Sin duda, que sabremos aceptar el desafío de recoger sus enseñanzas para que no haya temas tabú y que se pueda discutir la Defensa Militar en todos sus componentes, para que digamos claramente que construir la democracia implica Verdad, Justicia, Memoria y Nunca Más, como aspectos imprescindibles. Por eso, rendimos hoy homenaje al General Víctor Licandro como ejemplo ético para llevar adelante las transformaciones que él planteaba, y que aspira el conjunto de nuestro pueblo.

______________________

1 |    Aguirre Bayley, Miguel, El Frente Amplio: La admirable alarma de 1971, 2005, Ediciones Cauce. También para esta intervención se consultó del mismo autor: Los militares antigolpistas. Una opción ética, 2016, Ediciones de la Banda Oriental

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