lunes 18 de junio, 2018

El modelo de desarrollo actual no es inclusivo más allá que los números macro te muestren descenso de la pobreza

Publicado el 31/05/18 a las 5:47 pm

Con Luis Eduardo Morás 1  Entrevista de Daniel Gerhard

–A comienzos de año los autoconvocados no solo hicieron apreciaciones sobre asuntos rurales, también afirmaron que la plata que se les extrae viene a Montevideo y se gasta en los pobres, y los que no trabajan. El FA ha defendido su gestión pero no a los pobres. ¿El gobierno le soltó la mano a los pobres?

Es una pregunta compleja, creo que no solo los autoconvocados, sino que es una visión muy extendida en la sociedad uruguaya, la idea del malgasto en los ‘vagos’, ‘atorrantes’, ‘pichis’ de un volumen extraordinario de recursos. Y que eso no ha tenido retorno en lo que tiene que ver con la seguridad pública. Creo que los procesos de largo aliento requieren más tiempo de recuperación. Siempre cito a la figura incontrovertible de Juan Pablo Terra con el diagnóstico que hizo con la situación de la infancia y publicó en el año 1986, donde plantea el tema de la infantilización de la pobreza. Más del 40% de los niños nacen, crecen y se reproducen en situación de pobreza y él plantea el término “infantilización” y augura un oscuro horizonte para el país si no se resuelve ese problema. Entonces un proceso de largo plazo no se soluciona con un proceso de 12 años de algunas prestaciones muy puntuales, que no fueron millonarias, económicamente no son decisivas. 

Por otro lado, no son solamente los autoconvocados o los sectores más a la derecha, sino que esa idea ha ganado a sectores de clase media, votantes del Frente e incluso algunos dirigentes sindicales. La crítica a la pérdida de la cultura del trabajo la han manifestado dirigentes sindicales. Hay estudios que muestran que antes de perderse la cultura del trabajo se perdió el trabajo. Lo que se perdió es la FUNSA y todo lo que se movía, la compañía BAO en La Teja, los frigoríficos, las textiles de la calle Veracierto, se perdió primero el empleo estable con cobertura social. Un empleo que te daba identidad, autoestima, generaba reglas de solidaridad y el compartir otras cosas además del trabajo. Hay una especie de mito de que se perdieron los códigos y la cultura del trabajo. ¿Pero qué paso? ¿Los jóvenes se despertaron un día y perdieron eso? Es un proceso mucho más complejo, no explica nada decir que se perdieron los valores, la cultura del trabajo… lo tenés que explicar. 

No es que el problema empieza en la droga y termina en la rapiña o el homicidio, en realidad empieza antes. Con el consumo problemático de drogas y por qué se meten en eso, qué les da el narcotráfico, y que después los lleva a lo otro. La pregunta es por qué encuentran la única posibilidad de futuro en el narcotráfico o en el arma que te da una sensación de poder, de respeto y autoestima. Es un espacio de reconocimiento –alienado y violento sin duda– pero es un espacio de reconocimiento entre pares y tenés que explicar por qué no lo consiguen de otra manera. 

–¿Hay una convicción en muchos jóvenes de “no posibilidad” de futuro?

Yo creo que sí. Esa idea de que estamos cada vez mejor es válido para determinados sectores sociales. Pero no para toda la sociedad. Más allá de que el indicador de pobreza te dé que están un poco mejor. Yo fui a la escuela de la calle Besares, viví algunos años de mi infancia en el barrio Ituzaingó, y es uno de los barrios más violentos. Yo fui al barrio hace poco y está peor, había casas quintas, yo vivía en un pedacito alquilado con mi madre de una casa quinta, y ya no está. Ahora el barrio está peor que hace 50 años. Hay un factor simbólico muy importante, en momentos en que la sociedad está regida por la exacerbación del consumo, el fetichismo de la mercancía, hace que aunque tengas determinadas necesidades mínimas satisfechas no te alcanza, no permite construir una sensación de pertenencia a la sociedad. Bauman dice, todas las ideas de felicidad hoy terminan en una tienda. Si no tenés acceso a determinados bienes de consumo, no existís, no tenés valor como ser humano. 

Dentro de la sociedad hay una sensación de fastidio con los que no logran encajar en eso y se los responsabiliza, “el problema es tuyo”, por qué no ahorrás, no trabajás, no aprovechás oportunidades.

–En 2005, existía un consenso de que había que atender una emergencia, destinar recursos para transferirlos. Hoy, poco tiempo después esta idea parece muy minoritaria.

Hay un problema, es duro decirlo, no hay demasiadas alternativas con este modelo capitalista. El Frente como una fuerza policlasista no puede salirse de determinado libreto hegemónico que pasa por cuidar el déficit fiscal, el PBI, toda la parte macroeconómica. Por otro lado, los signos de éxito son la cantidad de cero quilómetros vendidos, el nivel de consumo en toda la sociedad, la cantidad de viajes al exterior que se hacen, la cantidad de electrodomésticos y productos importados. Entonces si entraste en esa lógica, aquellos que no consumen empiezan a ser incómodos, porque o reconocés que el modelo no los incluye, o que la inversión no fue suficiente o no estuvo aplicada con eficiencia. Entonces llega el momento de la autocrítica: el modelo de desarrollo actual no es inclusivo más allá que los números macro te muestren descenso de la pobreza e indigencia. 

Se necesita ver que hacen los países nórdicos, porque para la educación Finlandia es bárbaro, ahora cuando vos decís por qué no traen al Ministro del Interior de los finlandeses para ver cómo no tienen casi presos … ¡a no, eso acá no! ¿Cuánto invierten en programas sociales, en la infancia, en los adolescentes y jóvenes? 

Estamos en un cuello de botella y algo no cierra, por qué tantos asentamientos, tanta gente durmiendo en la calle y tenés gurises que no les importa nada pegarte un tiro. Entonces tenés una problemática social importante que ¿cómo la explicás? Y ahí sale el ‘perdieron los códigos’… ‘Hay que aplicar mano dura porque no se puede ser ingenuo y creer que esto se arregla con políticas sociales o con la educación a largo plazo’. Por eso hay discurso que no es solo de la derecha, aunque esta la va a utilizar al máximo para aplicar la motosierra. 

–¿Qué opinión te merece la creación del INISA (Instituto Nacional de Inclusión Social Adolescente) fuera del INAU? ¿El “no a la baja” perdió?

Sí, me parece que no se ha elaborado una política de seguridad ciudadana integral que atienda las distintas facetas y la complejidad que tiene la realidad. El INISA repite el modelo histórico. Se puede reconocer una mayor preocupación por los derechos humanos en las últimas administraciones, pero en los hechos no sé en qué medida se traduce en las prácticas. Pero hay otro problema que no estamos entendiendo, se puede ver por la cantidad de policías muertos, en situaciones absurdas como estar en el living cuidando a una mujer, entra un tipo, mata a la mujer y al policía, el caso de Quebracho y tantos otros, y no hay personal policial con vocación y capacidad para ser incorporado a una fuerza policial con niveles mínimos de profesionalidad. Gana la idea de que con más cantidad vamos a estar mejor. Y hay un problema con la calidad. Y pasa lo mismo con las cárceles, que vienen creciendo entre un 7 y 10% anual. No hay capacidad de que los recursos humanos (educadores, psicólogos, funcionarios penitenciarios, trabajadores sociales) crezcan en ese porcentaje, capacitados, con vocación y formación, que puedan poner otro contenido que no sea el represivo. El Frente no ha salido de esa lógica de leyes cada vez más duras y más gente en privación de libertad, y creo que es evidente que penas más duras no resuelve el problema. Y generan otros problemas. Porque esto generó la cultura carcelaria. O sea, la solución trajo otro problema. 

Es difícil, hay que dar la batalla cultural hegemónica, que el Frente no está dando, de un nuevo paradigma para construir una sociedad distinta. Con otros contenidos y no el consumismo e individualismo. Una cosa asombrosa es el discurso del odio, se puede ver en las redes sociales, como el fiscal Zubía, un personaje siniestro (por suerte ahora blanqueó la situación y va a hacer, lo viene haciendo) que habla de los delincuentes como ratas y cucarachas. El discurso del odio es la fase previa a, simbólicamente, la “solución final”. A los caballos no los podés maltratar, a las ballenas hay que salvarlas, pero a ellos… que se limpien entre ellos. Este discurso genera el resentimiento del otro. 

–Vos que has investigado mucho sobre los gurises privados de libertad, ¿qué has encontrado de lo que están sintiendo y pensando? 

El rechazo y el estigma va generando un fuerte resentimiento y se reafirman en la violencia: el pibe que no mirás o mirás con asco, rechazo, si el pibe tiene un arma ya es otra cosa. Entonces el pibe empieza a ver que la única forma de reconocimiento y respeto es a través de la violencia, reafirma ese camino. 

–O sea, que no solo es un medio para adquirir bienes.

No, eso es importante y hay que entenderlo. El caso de La Pasiva, el botija por qué mata al planchero, porque una gurisa que trabajaba ahí, que la echa el encargado, le pasa el dato que a tal hora en tal momento hay tanta guita, pero que le dé un escarmiento al encargado. El pibe entra y la diferencia entre un encargado y un planchero… vio a alguien atrás del mostrador y pumba. El Pepe dice “acá hay algo raro, o es la droga…”, pero no es consumidor porque yo lo entrevisté, está en la ficha. Se va al shopping a comprar, al otro día se gasta toda la guita. El arma no es solo un medio para bienes, sino que te da un sentimiento de respeto y sos un ganador en el barrio con las gurisas. Hay que entender esa lógica. No digo que se justifiquen o que no haya que tomar medidas represivas. Pero si no entendés lo que está atrás, esa búsqueda de reconocimiento, no vas a solucionar el problema. Porque más policía es más oposición, le tiran a la gorra y ya tienen más estatus.

–¿El caso de Kiki está dentro de esta lógica?

Está, mucha gente decía, “si hubiera una pena de 45 años en vez de 30 el Kiki no hubiera hecho esto”. Y él se aplicó a él mismo la pena muerte. Me parece bien claro que el incremento de penas no soluciona nada. 

–Y la forma en que difunde los medios estos casos, ¿cómo impacta en estos gurises?

Justamente, por un lado genera en la sociedad la idea de que hay un Kiki en cada esquina. Y que en cualquier momento podés ser boleta. Siendo que este caso es muy particular. Mata a la novia, un caso de feminicidio, la madre lo denuncia por violencia doméstica (y estaba con protección policial) y la fiscal y la prensa dicen que es un feminicidio, aunque Gustavo Leal dice que no saben nada porque era un problema de armas, que la novia se las había ocultado, y sería un ajuste de cuentas. O sea, amenaza a la madre, mata a la novia y después mata a la cajera. Es un caso muy especial pero la permanente repetición lo amplifica, y en el caso de los gurises el caso mitológico, novelesco, de aquel que tuvo una vida rápida, la hizo rápida y estuvo en la tapa de todos los diarios…, puede provocar el efecto de imitación. 

Si la difusión fuera un debate con nivel de análisis, la posibilidad de pensar para evitar futuros Kikis, sería diferente. Pero en realidad es un botín político, sirve para interpelar un ministro, pedir medidas más duras. Para exhibición mediática de políticos para decir hay que hacer esto o lo otro, que siempre es lo mismo, y no para reflexionar como fue el proceso de construcción de un Kiki. Si lo querés evitar, prevenir, tenés que ver como es la génesis de un proceso de alienación que llevó a un gurí de veinte años a perder todo aprecio de la vida del otro y la propia. Si vos pensás que poniendo penas más severas vas a frenar a los que perdieron el aprecio a la vida del otro y la propia… no estás entendiendo. 

–Esto que compartís, se escucha en otros países del continente, que la violencia va incrementando, estamos en un mismo camino. ¿Es un drama civilizatorio?

Sí, me gustó la palabra civilizatorio. Es un profundo cambio civilizatorio de todas las instituciones que guiaron a la modernidad, las ideas que tuvieron vigencia en la modernidad están en crisis. No digo catástrofe sino crisis, que implica la oportunidad de oportunidades. La crisis tiene que ver con la exacerbación del individualismo, el consumismo, que no es solo de productos. El religioso, las religiones son un producto, y las que prosperan son aquellas que proponen la venta de indulgencias: el jabón de la descarga, la espada de Canaán. Es una solución inmediata, a un problema concreto individual. El jabón es para vos. Los relatos son sencillos, las butacas individuales, la literatura es la del autoayuda, diez reglas para obtener el éxito, cinco para la felicidad… la “psicología tangible”. Hay un profundo cambio hacia el consumismo, individualismo y una infantilización. Porque nos hace dependientes del consumo, si no lo hacemos tenemos sensación de malestar, y la forma de superarlo es consumir. Es un cambio civilizatorio que mina las bases de soluciones más colectivas.

–Haciendo un esfuerzo de optimismo, ¿qué cosas que se están haciendo con los jóvenes están dando resultados?

No tengo demasiados elementos para decir esto da resultados, pero hay experiencias micro que creo que sí, que dan resultados. Hay un movimiento de avanzada en el que Uruguay está, y es el Sistema de Cuidados. Creo que ahí hay que meterle, sé que tiene pocos recursos y le retacean… Cuando hice la investigación en el SIRPA y entrevisté a 530 gurises, había de todo. Las gurisas, que eran pocas, treinta y pico, no habían terminado los estudios porque no tenían quién les cuidara el bebé. Para mí el tema del Sistema Nacional de Cuidados es fundamental para que las gurisas puedan terminar el ciclo educativo. Con los gurises también son prioritarios los programas de primera experiencia laboral. Pero son escasos. Contrariamente a lo que se cree, 8 de cada 10 había laburado antes de caer preso: construcción, horno de ladrillos, chacras y quintas, feria, changas…

–¿Y cayeron cuando perdieron el laburo?

Perdido… perdés algo que tenés, son laburos ocasionales, y a veces ilegales. Hay gurises que con doce años laburaron en hornos de ladrillos. La idea de que el chorro nació chorro, la familia es chorra y nunca va a ser otra cosa que chorro. Hay que entender que ese gurí no es tan distinto al resto, que muy probablemente haciendo una intervención en algún momento, se hubiera evitado esa historia. Los mismos que hacían changas cuando no salía nada tenían momentos de afane. El 46% se había trancado en el primer año de secundaria. Es fundamental que ningún gurí que quiera trabajar no trabaje porque no consigue. Y ninguno debería dejar de estudiar porque lo rechaza el sistema educativo. Cuando uno mira la ficha dice “nivel educativo: primaria completa”. Y claro, con 16 años es un nivel bajo. Pero lo que no te dice es sí se anotó y asistió un tiempo a secundaria, una, dos, tres veces. Después prueban en la UTU… y abandonan. El gurí llega al convencimiento de que “no me da la cabeza”.

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1|  Luis Eduardo Morás es sociólogo y docente universitario, con casi treinta años de experiencia en el trabajo con niños y adolescentes en situación de vulnerabilidad. Es autor de varios libros, entre ellos Los hijos del Estado : fundación y crisis del modelo de protección-control de menores en Uruguay, Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales, Udelar, Servicio Paz y Justicia Uruguay, 1992, Montevideo.

Un Comentario para “El modelo de desarrollo actual no es inclusivo más allá que los números macro te muestren descenso de la pobreza”

  1. Ingrid Gabrielzyk

    Jun 5th, 2018

    Agudisimo y clarísimo.

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