martes 17 de octubre, 2017

La trascendencia del Che¹, publicado en el No.6 de la revista Compañero

Publicado el 10/10/17 a las 2:50 pm

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Simone de Beauvoir, Jean Paul Sartre y Ernesto “Che” Guevara en Cuba, foto Alberto Korda/

Alfredo Rada

Se cumplen 50 años de la muerte del Che este 9 de octubre

Se cumplen 50 años de la muerte del Che este 9 de octubre. Por muchas décadas la izquierda mundial conmemoraba el 8 de octubre como el día del “Guerrillero heroico” y se averiguó que no era como habían dicho los militares bolivianos de que el Che había muerto el 8 de octubre. Fue herido ese día en combate en la Quebrada del Yuro, posteriormente fue apresado y el 9 de octubre fue asesinado, lo fusilaron.

Por eso es que el 9 de octubre –compañeras y compañeros vengo a invitarles–, vamos a recordar los 50 años de la muerte del Che en el lugar donde fueron encontrados sus restos. Lo vamos a hacer en el aeropuerto de Vallegrande, porque al lado de la pista estaba la fosa común donde estaban los restos del Che junto a varios de los compañeros que hasta lo último estuvieron con él.

¿Cuál es la trascendencia del Che?

El siglo XX inició con una oleada revolucionaria. Este año también se recuerdan los 100 años de la Revolución rusa. Esa oleada revolucionaria que comenzó en 1905, triunfó en 1917. Podría haberse convertido en más procesos revolucionarios, pero sabemos la historia: fue aplastada la insurrección en Alemania en 1919, ahí mueren la gran Rosa Luxemburgo y Karl Liebknecht, fue aplastada la revolución en Hungría, no se produjeron levantamientos en Inglaterra ni en Francia, menos en Estados Unidos. La Revolución rusa fue cercada. Luego de años de guerra civil triunfa finalmente, sin embargo queda como un proceso aislado y empiezan a surgir en su interior tendencias burocráticas que años más tarde darán lugar al surgimiento del estalinismo.

El estalinismo en la Unión Soviética y las derrotas en otros procesos –la principal será la derrota de los revolucionarios españoles poco antes de la Segunda guerra mundial– fueron encapsulando el pensamiento revolucionario. Las revoluciones eran vistas según los manuales soviéticos, como el resultado del incesante crecimiento de las fuerzas productivas que en determinado momento entran en contradicción con las relaciones de producción capitalistas, y uno se pregunta ¿dónde está el ser humano? Había desaparecido el ser humano en medio de ese mecanicismo dogmático.

Luego vino la Revolución china en 1949 más como resultado de la derrota de Japón en la Segunda guerra mundial. Pero es la revolución de 1959 en Cuba la que devuelve la esperanza y salva el ideario socialista del siglo XX.

Hay un episodio de esos años, en 1960 Jean Paul Sartre y su compañera Simone de Beauvoir visitan Cuba y se reúnen toda una noche con Ernesto Che Guevara, que en ese momento era presidente del Banco Central de Cuba. Esa es una reunión fascinante porque se encuentran vertientes del pensamiento revolucionario. El Che que ya cuestionaba la orientación estalinista y años después la cuestionó aun más no solo en economía sino también en la política. Jean Paul Sartre con una visión humanista del socialismo y Simone de Beauvoir precursora del feminismo.

Yo creo que esa reunión de una noche muestra muy bien lo que fue la recuperación de un ideario socialista. Dentro de poco va a ser publicada en Cuba una reseña de ese encuentro y podrán leer cómo se analizó crítica y autocríticamente lo que sucedía con el pensamiento socialista en ese siglo XX y cuál era el camino para recuperarlo. Había que recuperar al ser humano y ustedes saben que el Che formuló una teoría sobre la construcción del hombre nuevo. Seguramente Simone de Beauvoir le debe haber dicho “¿y qué pasa con la mujer? Es pues el hombre y la mujer nuevas”.

El Che nos deja ese legado. Nos deja un legado ético, la coherencia entre el pensamiento, la palabra y la acción, que es tan difícil hoy. Una cosa se dice en los discursos, otra se está pensando y otra se hace en la práctica. Recuperar la coherencia guevariana entre lo que uno piensa, dice y hace es también recuperar un legado ético revolucionario del Che.

Creo yo que ese encuentro entre humanismo, socialismo y feminismo explica que se haya revitalizado el pensamiento socialista en la segunda mitad del siglo XX.

En los albores de este siglo XXI, a propósito de los 500 años de la invasión europea a América –que no se llamaba así, se llamaba Abya Yala–, que fue una invasión y no un encuentro entre dos mundos, cuando en 1992 se conmemoraron los 500 años empieza a emerger otro pensamiento que no solo recupera al ser humano, al humanismo revolucionario, este empieza a recuperar lo que es la comunidad de vida con la naturaleza. El discurso de la madre tierra, lo que en Bolivia llamamos la Pachamama, ese es otro aporte de los pueblo amerindios al pensamiento revolucionario. El darnos cuenta que no podemos ser revolucionarios y revolucionarias si no mantenemos una comunidad de vida con todas las formas de vida de nuestro planeta. En otros lados a eso le llaman socialismo ecologista o ecosocialismo, llamémosle como le llamemos ese pensamiento hoy es indispensable para un revolucionario.

Yo creo que el legado del Che es el que abrió la compuertas nuevamente a la esperanza en América Latina. Cuba fue la revolución que más impactó en América Latina y nos abrió las puertas del siglo XXI. Cincuenta años después de su muerte seguimos hablando del Che. Un periodista en Bolivia ha dicho que dentro de cincuenta años vamos a seguir hablando del Che. La vigencia de su pensamiento, más allá de la muerte del hombre, radica precisamente en la vitalidad de ese legado.

 

1 | Fragmento final de la intervención de Alfredo Rada en el acto lanzamiento del Tercer Encuentro Nacional del Espacio 567, en La Huella de Seregni, 1º de setiembre de 2017.

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