Lunes 21 de Agosto, 2017

Pantalón cortito políticas sociales y sus alcances:

Publicado el 16/05/17 a las 10:58 pm

Entrevista a Sandra Leopold

por Brenda Bogliaccini

 

 

 

 

 

 

 

¿Por qué realizaron la investigación sobre los programas “Cercanías” y “Jóvenes en Red” del Mides? ¿Cuáles fueron sus objetivos?1

Es una línea de trabajo e investigación que el Departamento de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales (Udelar) viene desarrollando con el Ministerio de Desarrollo Social (Mides) y especialmente con la Dirección Nacional de Evaluación y Monitoreo (DINEM). Este trabajo de investigación, que ha sido de difusión pública, en torno a estos dos programas es nuestro segundo trabajo con la DINEM. El Departamento de Trabajo Social también había realizado previamente una lectura sobre los programas Uruguay Integra, Uruguay Trabaja, Jóvenes en Red y Cercanías,2 estos dos últimos eran programas que nosotros venimos poniendo la mirada, a solicitud de la DINEM, desde el comienzo.

El Departamento de Trabajo Social ha conformado un equipo en el que está Ximena Baráibar, Carolina González, Laura Paulo y yo, que se ha mantenido trabajando en esta línea de investigación en los últimos cuatro años. Hemos tenido la posibilidad de pensar y dialogar entre el ámbito de ejecución de la política y el ámbito académico universitario sobre cuestiones que nos preocupan y creemos que son sustantivas para los procesos sociales de Uruguay. No siempre entre estos ámbitos se produce el mejor diálogo. En este caso todos los actores han jugado un papel para lograr que nos reuniéramos a pensar juntos. Para el equipo del departamento ha sido algo muy valorado. Nuestra pretensión no es apedrear las políticas sociales, sino pensar problemas porque nos preocupa la suerte de la población que está en estos dispositivos de política.

Cercanías y Jóvenes en Red son propuestas programáticas que han sido concebidas en este último período histórico en Uruguay en clave de programas interinstitucionales e intersectoriales, más allá de que los espacios de coordinación queden más en relación al Mides. Son programas en que se ha procurado construir una interinstitucionalidad donde participan distintos organismos públicos además del propio Mides, como el INAU, la ANEP, etcétera.

Cercanías es un programa pensado para la atención de familias en situación de extrema vulnerabilidad social, y en el caso de Jóvenes en Red, de jóvenes en situación de extrema vulnerabilidad social que tiene una expresión particular: que no estén estudiando, ni trabajando, y que no hayan culminado el ciclo básico de secundaria. Estos dos programas han sido concebidos y definidos explícitamente, como acciones de política que procuran como propósito último, que aquellos sujetos que pasen por estos programas puedan posteriormente insertarse en otros espacios de las políticas y hacer uso de otros tipos de políticas en claves universales, e integrarse en el mercado formal de trabajo. Estos programas se han planteado un propósito explícito de inclusión e integración social. O sea que aquellos jóvenes o núcleos familiares que están en una situación de extrema vulnerabilidad social, una vez que transiten por las propuestas programáticas de estos programas, puedan resolver su existencia, entrar en el mercado formal de trabajo y acceder a los formatos universales de políticas.

Son entonces políticas focalizadas con pretensión de universal.

Es una política focalizada con pretensión de convertirse en puente para el pasaje a lo universal, con una definición política que nosotros creemos que es sustantiva: de que todos los sujetos deberían tener resuelto su acceso al bienestar social con los mismos parámetros para todos. En el sentido de que todos puedan acceder por las mismas vías, los mismos servicios y políticas a resolver el bienestar.

En la investigación ustedes señalan dificultades para obtener esos logros. ¿Cuáles fueron las causas y los problemas que ustedes vieron por los que no se llegan a los objetivos?

El estudio que es de alcance nacional, no es solo la mirada de Montevideo, también se tomaron zonas diversas del interior, lo que permitía tener una perspectiva más amplia, con el objetivo de intentar identificar qué sucede con los procesos de intervención de estos programas y qué pasa con esos objetivos declarados.

Lo que aparece en este estudio, y es el centro de la preocupación, es el hecho de que la población que participa de estos programas asistenciales focalizados parecerían no poder salir del circuito asistencial. Entonces, ese propósito político tan relevante, sustantivo, que tienen estos programas en su diseño, en sus formulaciones, parecerían encontrar importantes dificultades para que estos sujetos puedan encontrar un lugar en el mercado formal de trabajo, o para que puedan acceder a algunos dispositivos de política en clave universal, esto es la educación formal, la salud, etcétera.

A esto lo llamamos movilidad lateral, el sujeto siempre está en el mismo carril, pasa de un programa asistencial a otro programa asistencial, de un programa de trabajo protegido a otro programa de trabajo protegido. Pero nunca logramos que puedan salir del carril de la asistencia. Para nosotros esta es una cuestión importante a pensar que interpela y no exclusivamente a los programas asistenciales, debería interpelar a toda la estructura de protección del país. Ese es para nosotros un punto clave para poder pensar.

¿Quiénes participan de la estructura de protección y deben sentirse interpelados?

Esto no debería ser interpretado exclusivamente a partir de lo que Jóvenes en Red o Cercanías pueden hacer. Sino que el resto de la institucionalidad pública, las sectoriales de políticas: educativas, de salud, de vivienda, la propia regulación del mercado de trabajo, deberían jugar un papel crucial en poder recibir a esta población dentro de su institucionalidad. La verdad es que aparecen desde prácticas de mucha estigmatización sobre esta población, que a veces tiene una expresión muy cruel. Algunos te dicen “por suerte acá no tenemos a estos muchachos de Jóvenes en Red”, “por suerte no tenemos a ninguno de ellos”.

En el trabajo señalan que estas instituciones tienen una visión bastante positiva de sí mismas en relación a lo que realizan, por ejemplo en educación, salud y vivienda. 

Nuestro trabajo arroja que la institucionalidad pública, que no es la asistencial, parece autopercibirse desarrollando las acciones de forma correcta. Parecería que el resto de nuestra institucionalidad pública no tuviera nada que pensar de por qué esta población no está yendo a sus instituciones. Y que pensarlo les corresponde exclusivamente a los programas asistenciales: que lo piensen Cercanías y Jóvenes en Red que tienen a esa población.

Nosotros también llamamos la atención sobre la construcción de los términos, dado que empieza a circular una terminología en el campo de lo social donde ahora tenemos una “población Mides”, que parecerían ser una categoría diferenciada de ciudadanos. Que su suerte no parecería ser responsabilidad de toda la institucionalidad pública, sino exclusivamente de aquellos programas que, en realidad, no son exclusivos del Mides, pero se definen en términos del sentido común social como la población que asiste el Mides.

¿Por qué plantean el riesgo de una “dualización”, que quede instalada una política para esos sectores y otra diferente para el resto de la sociedad?

Este riesgo también está en el centro de la reflexión política más relevante porque cuestiona la vieja noción de igualdad. Nos coloca ante la dificultad de poder pensar un tratamiento por los mismos carriles para todos para la resolución de nuestras necesidades.

Reconocemos que en este último período histórico Uruguay ha tenido un desarrollo en el campo de la política social significativo, relevante. Además si lo consideramos en relación al proceso histórico anterior, de la década de los 90 y de comienzos del siglo XXI, hay un desarrollo de políticas sociales muy interesante. Estamos en un momento crucial, casi en esos momentos de encrucijada, más allá de lo hecho, de la declaración explícita de que la política asistencial no está pensada como de categoría inferior –y quiero insistir en que hay una definición explícita en la política que recupera la visión de la integración social–, pero los hechos e investigaciones realizadas van arrojando que la dificultad está planteada. Incluso otras investigadoras de esta facultad, como Carmen Midaglia y Florencia Antía, han venido trabajando también con estas ideas de la dualización, de la posibilidad de que se configuren como campos duales. El riesgo es importante.

Son programas de cercanía que se proponen hacer de puente e incidir en las trayectorias de las personas. ¿Se expresa en estos programas una cierta perspectiva teórica de “individualización” de los problemas sociales?

Vinculado a procesos sociales de las últimas dos décadas del siglo XX, donde quedaron expuestas las dificultades para hacerse efectivas las iniciativas que a lo largo del siglo habían planteado alternativas a la sociedad capitalista, más la profunda crisis que el capitalismo empezó a experimentar a partir de la década de los setenta y a la restructuración capitalista posterior, todo eso supuso que comenzara a predominar una forma de concebir la regulación estatal que se puede remitir a aquella frase histórica de Margaret Thatcher: “la sociedad no existe, lo que existen son individuos”. Esto marcó un punto de inflexión en la concepción acuñada durante el siglo XX de poder pensar la sociedad, de cómo hacer buena sociedad y cómo constituirnos en una sociedad de iguales.

Sobre fines del siglo XX comienza a primar una concepción individualizadora sobre las dificultades sociales. Aunque históricamente ha existido esta perspectiva, a finales del siglo XX hay una exacerbación muy importante de concebir que la suerte de cada uno de nosotros depende exclusivamente de las decisiones buenas o malas que hemos tomado, y no de concebirnos como dimensión colectiva, y fundamentalmente lograron eliminar de la discusión la profunda desigualdad estructural que tiene la sociedad en que vivimos.

Esta concepción también tuvo una traslación al plano de las políticas sociales, a un refuerzo de la lógica de que el pobre es pobre porque algo incorrecto habrá hecho. Trajo consigo el que las estrategias de política con estos sujetos deberían pasar porque el sujeto se “active” y asuma las decisiones correctas para poder salir de su situación, como si la situación de cada uno de nosotros dependiera exclusivamente de nuestras decisiones y para nada de las condiciones de existencia de cada uno de nosotros.

La expresión de esta concepción en las políticas sociales para nosotros ha significado un punto de preocupación también en relación con las políticas asistenciales, no porque las políticas asistenciales de este período hayan sido pensadas con esta matriz, pero sí porque parecería haber algo en el proceso de implementación de la asistencia que termina culminando con cierta lógica de responsabilización en los sujetos más vulnerables de la sociedad. Parecería que hay algo en el proceso de implementación de esta política que conducen a esta lógica, de lo que nosotros recuperábamos de Merklen en la investigación sobre la “individuación”:3 es el sujeto el que tiene que activarse, empoderarse, movilizarse para salir de la situación.

Por otro lado, también estos programas quedan muy desprovistos de cuestiones materiales sustantivas, quienes intervienen en este campo de las políticas sociales y asistenciales lo han planteado muchas veces y ha sido objeto de discusión. Estamos ante cuadros de severas dificultades sociales, muchas veces la prestación material es muy reducida, entonces los que gestionan estas políticas asistenciales terminan casi en un cuerpo a cuerpo con el sujeto tratando de convencerlo de que en algún punto se movilice para algún lado. Lo cual sin la pretensión de que esto suceda así, pero hay algo en el accionar de la política que luego deviene en una lógica de individuación.

Limitada prestación material y muy escasas posibilidades de inserción en el mercado formal del trabajo. Esta es la otra cuestión: ¿cómo van a entrar estos sujetos en el mercado formal de trabajo?

¿De acuerdo a la investigación es muy difícil que accedan a un trabajo formal y se mantengan en él, además en un contexto donde existen tercerizaciones, formas desreguladas y precarizadas de trabajo? También que consideran que se deben hacer cambios más estructurales ¿a cuáles se refieren?

A la intervención en la regulación del mercado de trabajo, que no es una cuestión tan fácil de instrumentar si uno piensa cómo se organiza el sistema de producción hoy en el mundo y en esta parte del mundo.

Históricamente la asistencia se pensó en clave temporaria, al sujeto se lo asistía en momentos de emergencia o de crisis, pero se suponía –esa era la lógica con la que se operó en el siglo XX vinculada a la noción de progreso–, que se lo asistía un tiempo porque estaba en un momento complejo, pero de esa situación iba a salir y además el sujeto iba a entrar en el mercado formal de trabajo y no iba a requerir más asistencia. Pero lo que sucede en las últimas décadas es que algunos sujetos ya no pudieron volver al mercado formal de trabajo y algunos nunca entraron.

También una discusión de la política social que no considere la dimensión del trabajo es una discusión muy parcial. No es posible pensar la protección social, si uno no coloca en esa discusión por el acceso al bienestar, la dimensión del trabajo.

Durante el primer proyecto hicimos una lectura también del programa Uruguay Trabaja, que es una de las experiencias históricas cuando el surgimiento del Mides. Había cuestiones muy interesantes, difíciles de pensar y de encontrar las salidas. Por un lado, los programas como Uruguay Trabaja, y todos los programas que tienen que ver con el trabajo protegido, terminaban formulando una propuesta que no necesariamente era realmente de trabajo. Pero por otro lado, quienes operaban directamente con las personas decían “lo que pasa es que si nosotros les ponemos una estructura de trabajo con las exigencias que tiene el mercado de trabajo esta población no puede con ellas”, no puede por niveles de capacitación, por las dificultades para administrar las regulaciones de tiempo, de presencia, de dedicación que exige el mercado formal de trabajo. Lo cual hacía que nosotros recordáramos la reflexión de Castel: “para algunos sujetos parecería ser que no hay un trabajo posible”. Esto nos coloca en una disyuntiva que no es coyuntural.

Hay un fractura social mucho más fuerte de lo que los uruguayos estamos dispuestos a ver. ¿Es el sentido de la preocupación de tu reflexión?

Sí, todas estas cosas nosotros también las pensamos en relación a cómo nos pensamos como sociedad, cómo nos vemos.

Pero, también tiene que ver con cuestiones que no siempre son de tratamiento cotidiano. En algún momento el escenario político, institucional y social de este país va a tener que enfrentarse a este tipo de discusiones. Porque una discusión sobre estas cuestiones también somete al debate si se va a asumir de que es posible vivir en una sociedad con sujetos sacrificados o no, por ejemplo. Si se va a aceptar un modelo social en el que uno pueda decir “con estos intentamos pero no se pudo hacer más nada”, entonces los mantendremos en algún lugar casi de sobrevivencia física, pero sin permitir de que formen parte de la vida social y de lo que nos corresponde en tanto seres humanos a todos nosotros.

Es una discusión muy profunda en relación con qué tipo de sociedad queremos. Y hasta dónde debemos esforzar nuestra mirada, perspectiva y capacidad de propuesta acerca de qué vamos a hacer con estos límites tan severos que muestra la sociedad uruguaya con esta población. Nos coloca en una discusión que no es solamente sobre qué se va a hacer con aquella población que está en el extremo de la vulnerabilidad social. La existencia de esta población de extrema vulnerabilidad social nos cuestiona como sociedad. ¿Qué vamos a hacer con eso? Hay un campo de discusión política importante.

Por eso también la preocupación cuando analizábamos los programas asistenciales, y veíamos que había cuestiones que no le competen solamente a las políticas asistenciales, por eso la preocupación de cómo va a jugar el resto de la institucionalidad, la educación, la salud, la vivienda, el trabajo, etc. Porque la suerte y la existencia de estos sujetos no puede quedar encapsulada en el programa asistencial. Esto hay que poder pensarlo como un tema de la sociedad en su conjunto. Por eso la advertencia sobre la dualización es una advertencia fuerte. Esto hay que atenderlo porque corremos un riesgo severo de instalar el quiebre y darlo por hecho. Hay que pensar cómo salir de esto.

1 |Leopold, Sandra; González, Carolina; Baráibar, Ximena y Paulo, Laura (2015), «Informe de investigación. Las trayectorias de inclusión como estrategias de integración social», Cuaderno de Ciencias Sociales, n.º 2, Montevideo: Facultad de Ciencias Sociales, Udelar.

2 |González, Leopold, Baráibar y Paulo (2013): Estudio de los fundamentos y supuestos implicados en el diseño, planificación, implementación y evaluación de programas sociales del Mides. Informe de análisis de los programas: Uruguay Integra, Uruguay Trabaja, Jóvenes en Red y Cercanías desarrollados por el Ministerio de Desarrollo Social. Montevideo: Convenio del Departamento de Trabajo Social de la Facultad de Ciencias Sociales de la Udelar con la DINAM (Mides).

3 |  “La idea misma de integración social es ajena a las políticas de individuación”, afirma Merklen (p. 78), dada su inspiración liberal que, al mismo tiempo que ignora la existencia de una estructura o sistema social, coloca al sujeto como actor responsable de su propia vida, bajo obligaciones de activación. Estos requerimientos conducen a los sujetos más vulnerados y menos pertrechados para enfrentar cualquier eventualidad a unas exigencias a las que no pueden responder ya que carecen de los medios necesarios para ello y al mismo tiempo “sufren tanto los mandatos de individuación que los responsabiliza de su suerte como los cantos de sirena que les proponen mayor autonomía y movilidad” (Denis Merklen, 2013, “Las dinámicas contemporáneas de la individuación”, en Castel, Kessler, Merklen y Murad: Individuación, precariedad, inseguridad. ¿Desinstitucionalización del presente?, Buenos Aires: Paidós).

2 Comentarios para “Pantalón cortito políticas sociales y sus alcances:”

  1. Maria del carmen sosa

    May 21st, 2017

    Excelente trabajo. Recoge la preocupacion de muchos equipos que trabajamos en territorio; que visualizamos la necesidad de un enfoque diferente dado q la inclusion tal cual laventendemos es muy dificil. Y mas aun cuando desde pa perspectiva de pa promocion de derechos incluimos el concepto de individuacion y automomia. Me parecio muy completo y esclarecedor el articulo. Hay q seguir trabajando creando nuevas formas de trabajo sin dejarnos ganar x el desánimo.

  2. Luis

    May 21st, 2017

    Realmente interesante la nota comparto todo lo expuesto pienso que algunas de las políticas sociales deberían tener un cambio la mayoría son de asistencialismo sin generar nada en el individuo entonces se torna un circo vicioso ese no es el espíritu original de las políticas sociales.

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